Al rato, mientras todos reían, Perico entró de nuevo al Bar jurando en arameo poniendo de vuelta y media a todos los fieles a la causa. No fue para menos. Porque al bueno de Perico le habían regalado un jamón, pero hecho de yeso, pringoso, grasiento, y abetunado de manera magistral. Claro, cuando Perico metió el cuchillo la ‘pieza’ se resistía y los esfuerzos hicieron sudar la gota gorda hasta que asombrado veía el polvo de yeso que desprendía la ‘pata de jamón’.
Se le pasó rápido el disgusto y aquella broma, entre copas y risotadas, terminó a las tantas de la noche bailando Perico sobre una mesa de formica y acordándose de todas las castas de los cachondos de turno.
Fue una noche para el recuerdo de un personaje como la copa de un pino, Perico, el hijo de Carlota.
]]>Esta reflexión, en mi opinión, nos debe permitir, por una parte, valorar la gran valentía de los homosexuales de aquella época, obviamente los menos pudientes porque nunca tuvieron que salir del armario ya que era pública y notoria su vida al llevar por bandera su clara tendencia sexual y, por otra parte, que su misma dignidad se puede comparar con las de aquellos que lucharon por la defensas de las libertades durante la época franquista.
Vaya desde aquí mi recuerdo para Sebastian Ganaza Cañas, ‘Ojito’, bastión y defensor de todos estos hermanos suyos, seres desamparados, entre ellos, el gran Perico, el hijo de la Carlota, el de los besos y miradas penetrantes en la distancia.
]]>Miguel, si eres el que creo, te recuerdo lo de las fotos.
]]>Hace escasos momentos, las mismas fuentes consultadas explican que era práctica habitual de los parguelas más pudientes durante la represión en la dictadura franquista sobornar a las autoridades para campar a sus anchas. Añadiendo que Perico no merodeó la calle Palacios en la ‘noche de autos’ y que todo el entramado se inició en la tapia del viejo Dato, antiguo campo del Racing… Mucho ha llovido desde entonces, y muchas cosas han cambiado, felizmente, desde aquel 12 de septiembre de 1962.
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