1.526. JUAN F. CAAMAÑO. Pintor costumbrista Porteño

Juan Antonio Fernández Caamaño nació en El Puerto de Sta. María, el 14 de junio de 1956  en pleno corazón del barrio alto. La Calle de la Zarza,  el entorno del Hospitalito, fue testigo mudo de los juegos de su infancia. Tercero de seis hermanos, la familia se sorprendería al ver que su madre, Mariquilla de la Colonia, dio a luz a un pepón de la época, casi cinco kilos de zagal dispuesto a luchar en la vida como así lo demostraba sus primeros llantos. Ser de familia portuense por ambas ramas le llevaría, desde niño, a tener su patria chica por bandera y al mar, a veces recio,otras, remanso de paz, como inspiración absoluta.

Su padre, Manuel Fernández Medina, conocido como ‘el Ponce’ que era el segundo apellido del abuelo, era un hombre de bien y trabajador nato. Pluriempleado, desempeñó su vida laboral entre las bodegas Terry --lo recuerda siempre impecablemente uniformado de ujier en la portería o de barman como relaciones públicas-- y operador cinematográfico en la empresa portuense Nuchera que regentaba los locales de moda en la ciudad en los años cincuenta y sesenta, entre otros, el Teatro Principal, Central Cinema, Cinema España y el Cine Colón. Los escasos ratos libres, El Ponce, los dedicaba a relacionarse con sus amigos en la ya desaparecida Cervecería Casa Sánchez en la céntrica calle Ganado, famosa por sus tapas de ensaladilla rusa

Juan era un chiquillo sin apetito y malo de comer por lo que su padre le proporcionaba el revitalizante Nunca faltaba la Quina San Clemente. A falta de Quina, ‘el Ponce’, siempre y cuando le llevara el bocadillo a la bodega, le daba esa media copita de Pedro Ximénez, manjar de dioses, que le sabía a gloria y que le daba verdaderas ganas de comer. /Juan, con dos años, en el Estudio de Fotografía de Pantoja.

Su Madre María Luisa Caamaño Bernal. Era también porteña por los cuatro costados. De pequeña las amigas la apodaron  de la colonia por que los abuelos maternos, Vicente Caamaño y Encarnación Bernal, eran los porteros-cuidadores de la antigua casa de la Colonia Escolar Obrera Jerezana situada en la calle San Francisco esquina con Gatona. Instalaciones propiedad de los sindicatos a las que venían,  en época estival, expediciones de niños y niñas de la vecina localidad para darse los salubres baños de sol y agua salada recomendados por los médicos de entonces.

Es digno de resaltar su buena y especial relación con su abuela materna Encarnación Bernal Rube,  a la que recuerda como su segunda madre, debido a que le pusieron el mismo nombre en memoria de un hijo suyo que murió cuando aún era un bebé. Ella, con su cariño exclusivo hacia su nieto preferido y casi siempre a escondidas, le preparaba el menú que más le gustaba: las tostadas con aceite de oliva y las poleás de El Puerto: las gachas de la abuela.

Los padres de Juan, Manuel Fernández y María Caamaño.

EL JUAN NIÑO.
En su infancia recuerda la calle Zarza aún sin asfaltar. La calzada era de chinos ‘pelúos’  y las aceras de grandes losas de pizarra de Tarifa, sin apenas tráfico rodado. Después de la escuela, una legión de chavales invadía, con motivo de la merienda, la vía pública. Los bocadillos de pan con aceite y azúcar o chocolate eran engullidos por los infantes hambrientos entre partido y partido de fútbol, con las consiguientes molestias para el vecindario; al son del grito  «¡Que viene el guardia!», la calle quedaba desierta. También era un sitio estupendo para jugar a las canicas, entre chino y chino excavaban los hoyos. Las tardes lúdicas, Juan y sus amigos, las completaban con la realización de expediciones en busca cochinillas y bichitos de luz debajo de las piedras de las aceras o con juegos populares como ‘el salto de múa’.

Otro de los aspectos a estudiar en la vida más temprana de Caamaño, es la experiencia educativa. La primera que recuerda es la inscripción en la ‘miga de Paca’, situada en la calle Cruces, en la que en una habitación se reunía con un grupito de niños bajo las órdenes de la Señorita Paca. Una guardería precaria, como todas las de aquel tiempo, a la que tenía que llevar todos los días la pizarra, el pizarrín y el banquito de madera.

La fotografía del Colegio La Salle.

Luego vendría el centro educativo Luisa de Marillac con la hermana Sor Aguilar (ver nótula núm. 1.520 en GdP) que era el icono de aquel colegio. Juan se llevó en la memoria el olor intenso a aceite de oliva al pasar por el despacho que había en la calle Diego Niño caminito de los quehaceres académicos. Sus padres, preocupados por la nueva etapa escolar que se avecinaba lo apuntan, en el verano de 1962, en las clases particulares del Hospitalito de las que salió un alumno preparado que apuntaba maneras en las artes plásticas, Juan F. Caamaño, nuestro Juan, ya estaba preparado para ingresar en las Escuelas de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, La Salle Santa Natalia.

El primer curso como lasaliano fue 1962-63, año que coincide con la Primera Comunión. De esta etapa guarda muy gratos recuerdos de personas que le marcaron su vida como por ejemplo, los Hermanos, Ignacio, fundador de la obra, y Gonzalo, gran maestro de la vida. A este último lo rememora con la sotana arremangada en el centro de campo jugando al fútbol y organizando unas magníficas fiestas de fin de curso de las que hacía partícipes a todas las familias.

En dicho colegio de la calle la Rosa, cursó Primaria, Ingreso y Bachiller. Había una materia menor, dibujo, la asignatura que más le encantaba y que mejor se le daba. Don Antonio Izquierdo era el profesor titular y por mucho que Juan se esforzaba, nunca le puso el diez que tanto anhelaba. Izquierdo le condujo al estudio de las Bellas Artes pues, según le comunicó, a posteriori, jamás le puso la máxima calificación para que no se relajase. El profesor estimaba la valía de aquel niño pintor y el mejor servicio que le pudo hacer fue entrevistarse con sus padres y aconsejarles el ingreso en la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia, decana de la enseñanza de las artes plásticas en la Bahía de Cádiz y cuna de grandes pintores.

Esteban Caamaño y su mujer, Lola, tíos de nuestro pintor.


LUIS ORTEGA Y BELLAS ARTES.
Sin embargo la familia de Juan era humilde y sus ingresos no alcanzaban a darle a Juan esa formación tan perentoria como necesaria en su carrera cuyos resultados disfrutamos en la actualidad. Su tío Esteban Caamaño hizo de mecenas y en el verano de 1969 ingresa como pupilo en las sesiones particulares impartidas por Luis Ortega García (ver nótula núm. 829 en GdP), profesor de la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia, como paso previo para entrar a formar parte de la gran institución sita primero en la calle Santo Domingo y después en Pagador.  Caamaño recuerda con cariño los aromas y las sensaciones de ese gran primer día de Academia. Olía a una mezcla de papel, grafito, aceite de linaza y esencia de trementina. Cientos de bustos de escayola y caballetes le saludaban, estáticamente, en su lento caminar sorprendido como el que entra por primera vez en una gran catedral. Para el curso 1969-70 se matricula, oficialmente, en la Academia de Bellas Artes, siendo su primer mentor el profesor de los más jóvenes, Pepe Sánchez (ver nótula núm. 1023 en GdP), bajo la atenta supervisión de Luis Ortega.

Una de las últimas comparecencias públicas de Juan Lara durante una conferencia en un instituto de enseñanza de El Puerto, acompañado por su hijo Ángel. Pocos meses después fallecería el pintor de la luz. (Foto: David Clares).

LOS LARA, PADRE E HIJO.
Las tardes en las aulas pasaban entre mucho dibujo, carboncillos y difuminado. Entre los compañeros tiene la suerte de conocer a su luego amigo Ángel Lara Barea, (ver nótula núm. 615 en GdP) hijo del pintor portuense, maestro de maestros, Juan Lara Izquierdo (ver nótula núm. 1.328 en GdP). Juan Lara ha sido una de las personas que más han influido en la conformación de los valores personales y pictóricos de Caamaño, además de su excelente técnica, Lara legó a Caamaño los resortes de la filosofía del saber estar y saber vivir en la intensidad de los retos y en la cotidianidad de la vida. Revive con suma emoción las jornadas veraniegas ociosas en la caseta de la Puntilla, las de pesca en el espigón, las tardes en el estudio de Juan Lara preparando lienzos con la selladora y la cola de conejo para luego colocarlos en sus bastidores, lavando su Austin Victoria color verde esmeralda y visitando ganaderías de reses bravas para hacer fotos que luego se convertirían en documentos paradigmáticos de los lienzos de Juan. Le encantaba observar, en silencio, como se esmeraba el pintor con mayúsculas y beber lentamente de su arte.

Recibiendo un diploma de dibujo y pintura en Bellas Artes, de manos del directivo y concejal de entonces, Eligio Pastor Nimo.

Otra de las personas que claramente influyeron en su adolescencia fue su tío Vicente Caamaño. La brisa del océano golpeaba su cuerpo mientras que lo acompañaba de copiloto en su Lambretta para viajar a la costa y vivir intensos ratos de playa, a comienzos de septiembre, cuando les solía llover y desafiaban las nubes del agonizante verano nadando en el mar. Otras veces mataban el tiempo marisqueando en la boca del río San Pedro, las docenas cañaíllas y caracolas, extintas hoy en nuestra Bahía, aguardaban para ser consumidas en la cena, antes la obligada visita a la venta El Maka y su deliciosa tapita de dorada frita. Entre cañaillas, casetas de playa, bocetos y espigones, el tiempo avanzaba en su imparable itinerancia así, Caamaño, finaliza sus estudios en La Salle y su padre le advierte que la pintura no le dará de comer, aconsejándole aprender un oficio, una profesión con la que ganarse la vida.

Juan Antonio, en sus años mozos.

SAFA.
En el curso 1971-72 iniciaría su formación profesional en Las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia, SAFA-San Luis, de nuestra localidad en la especialidad  de estructuras metálicas y calderería, actividad que iba compatibilizando con su continuidad por las tardes en La Academia. En el curso 1973-74, se produjeron dos hechos significativos en la vida del artista, la conclusión de su etapa de formación profesional con el correspondiente titulo de oficialía y la calificación de sobresaliente con diploma en dibujo y pintura de Bellas Artes. Su progenitor le animaría, entonces, a hacer Maestría industrial y en el curso 1974-75 entra a formar parte del cuerpo de estudiantes de maestría  industrial en Cádiz capital  dejando, irremediablemente,  la Academia a la que quedará vinculado a través de la participación en concursos y exposiciones colectivas.  Los días de asueto los pasaba junto a su pandilla de buenos amigos en las tascas de ’La Caballa’ y ‘El Abuelo’, esta última tomaba su nombre del apodo de la persona que lo regentaba, más amigo del pintor que camarero.

ESCUELA DE INGENIEROS Y SERVICIO MILITAR.
Terminada la maestría industrial, en el curso 1977-78 ingresa en la Escuela de Ingenieros Técnicos industriales, dependiendo de la universidad de Sevilla. A Comienzos de 1979, el servicio militar obligatorio trasladaría, por imperativo legal, a nuestro personaje hasta El Ferrol quedando sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial inconclusos. La Armada lo llamaba y dejando a un lado su actividad por la labor militar, casó su amor por el mar con la propia mili, realizando el curso de patrón de embarcaciones menores de la Marina de Guerra y ascendiendo al grado de Cabo 2ª de Marinería. Completaría su vida militar con la toma de destino en el Transporte de Ataque TA11 Aragón con la misión del pilotaje de una lancha de desembarco de tropas del tipo “papa”. /Con su abuela, Encarnación Bernal, durante el Servicio Militar.

En el verano de 1983 contrajo matrimonio en la Iglesia Mayor Prioral de El Puerto. Fruto de dicho matrimonio nacieron sus tres debilidades, sus hijos Jennifer, Juan Francisco y Blanca que inspirarían a partir de ahora sus trazos a modo de musas del mundo clásico.

EL PINTOR.
En octubre de 1981 tras ser seleccionado por la multinacional Delphi, mientras construían las instalaciones, realizaría un intenso curso de un año de preparación para una forma de ganarse el pan que le ocuparía los siguientes 27 años de su vida hasta que la coyuntura económica negativa llevó al cierre de la fábrica. Su vida profesional la compaginó con su faceta artística gracias a su fuerza de voluntad, inspiración y vocación, que hicieron crecer su curriculum cultural.

Caamaño es el pintor de la luz. Criado entre el olor de las botas de vino, el viento de levante, el aroma a sal y pescado y la luz de la costa atlántica andaluza, siempre se vió abocado a manifestar a través de las artes plásticas la realidad y la experiencia de la vida mirada con el prisma de pintor consagrado. /En la imagen, óleo de la bajada del Castillo.

Su técnica es suelta dando en cada pincelada plasticidad y volumen que casi se puede llegar a tocar con los sentimientos. En cuanto a la perspectiva de sus obras, el Sfumato envuelve, en numerosas ocasiones, el aire que respiran sus personajes y paisajes costumbristas. Dominando siempre el dibujo, este es obviado a favor de los límites imprecisos de los contornos de los diferentes motivos expresados.

La perspectiva lineal y caballera mediante fondos de planos hacen que sus escenas cobren vida, una tercera dimensión provocadora hasta el punto que los caballos pueden trotar o las plantas cobran movimiento al son del viento que sople. Las composiciones equilibradas y proporcionadas coronan sus óleos y acuarelas a modo de colofón de la obra. Su paleta abarca una amplia gama de colores desde los más fríos de masas de aguas de sus marinas, hasta los más cálidos de sus atardeceres. El mar, los motivos ecuestres, retratos, escenas de la vida cotidiana del ámbito agropecuario, naturalezas muertas, bodegones, paisajes y la belleza femenina, son tratados magistralmente como temas predominantes con la sensibilidad humana del pintor espiritual orgulloso de la tierra que le dió la vida. /En la imágen, óleo del Castillito de la Puntilla.

Su temática nos transmite sensaciones de felicidad, optimismo y esperanza,  valores como la tradición, la conservación del patrimonio histórico-artístico, ecología y el respeto por el ser humano como soporte de lo cotidiano.

Óleos, carboncillos, acuarelas y sanguinas se nos abren en abanico para ofrecernos el arte que viene del sur y va al sur, que nace y muere en Cádiz.

HITOS ARTÍSTICOS.
Aunque había participado en multitud de muestras colectivas, el debut como expositor individual no le llegaría hasta el año 2006 en el céntrico café La Luna. En 2007, bajo el título Guaches, expondría una treintena de trabajos de corte costumbrista en el Centro Cultural Alfonso X, El Sabio de la ciudad portuense.. Posteriormente, nuestro artista se especializó en  ilustraciones de revistas culturales y portadas de libros, participando en un movimiento regenerador del mundo cultural porteño que cristalizaría en la Asociación Cultural  Razzia Artis, de la que es miembro fundador y actual secretario.

  • 1.974, Diploma especial de dibujo y pintura por la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia de El Puerto de Santa MarÍa.
  • 1.976, participa en la Exposición colectiva organizada por la Casa de la Cultura. Excmo. Ayto. de El Puerto de Santa María.
  • 1.976, Primer Premio en el Primer Certamen de Dibujo y Pintura Ciudad de Rota, organizado por el Club Hurta y El  Excmo. Ayuntamiento de Rota.
  • 1.980, participa en la exposición colectiva de artistas portuenses, organizada por la Casa de la Cultura. Excmo. Ayto. De El Puerto de Santa María.
  • 1.982, participa en el certamen de pintura Las flores en primavera organizada por la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia de El Puerto de Santa María y patrocinada por el Grupo Osborne.
  • 1.985,  lo incluyen en el  censo provincial en la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, en la sección de Bellas Artes como autor.
  • 1.988, consigue un accésit XX Exposición de Ciudad de Cádiz organizada por la Real Academia de Bellas Artes y la Excma. Diputación de Cádiz.
  • 1.996,  participa en la I Exposición Colectiva de Pintura del Grupo de Empresa Delphi.
  • 1.997, participa en la II Exposición Colectiva de Pintura y Escultura del Grupo de Empresa Delphi.
  • 2.003, participa en la exposición Un siglo de actividad e historia, organizada por la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia de El Puerto de Santa María.
  • 2005, ilustra la revista Ubi Sunt?, nº 18, dedicada monográficamente al bicentenario de la Batalla de Trafalgar.
  • 2006, junio, realiza la exposición individual en el Café Luna. El Puerto de Santa María.
  • 2006, es nombrado asesor artístico e ilustrador de la revista Horizonte Libre, facultad de filosofía y letras de la Universidad de Cádiz.
  • 2006, ilustra varias portadas de la colección de libros Tempus Fugit, de la   Asociación Cultural  Horizonte Libre.
  • 2007, realiza la exposición individual Guaches, Centro Cultural Alfonso  X, El Sabio. El Puerto de santa María.
  • 2008, es designado como asesor artístico de la revista ecléctica de las artes Tresantié,  de la Asociación Cultural Razzia Artis.
  • 2008, participa en la exposición colectiva en Rota titulada Cuatro la Merced Cuatro. Asociación Cultural Razzia Artis.
  • 2009, ilustrador revista ecléctica de las artes Tresantié nº2..
  • 2010, colabora en la elaboración del catálogo de la exposición homenaje al pintor Alonso Santiago. El Puerto Santa María.
  • 2010, febrero-marzo. Participa en la exposición-protesta de sobre el cuadro de los Costus Los Mojosos.  Asociación de Prensa de Cádiz.
  • 2010, julio. Participa en el  I Festival de Danza y Artes Plásticas de El Puerto de Santa María.
  • 2010, noviembre. Participa en la Exposición colectiva Entre Copas, Casino Bahía de Cádiz. El Puerto de Santa María.
  • 2011, marzo. Exposición colectiva Sobreviviré: Vivir de nuevo. Casino Bahía de Cádiz.

Actualmente,  trabaja en un proyecto de exposición individual con el Excmo. Ayto. De Alcalá de Henares para el año 2013. Actualiza y mejora su blog personal elpatiodelasjacarandas.blogspot.com asì como  su página web www.elpatiodelasjacarandas.com

La buganvilla. Año 2011.

EPÍLOGO.
Juan Antonio  F. Caamaño, provoca ensoñación,  un aura de belleza levita en la atmósfera que rodea sus trabajos. Juan no atrapa la luz sino el resplandor, mantiene vivo el sol entre la hojarasca de los árboles y lo pasea por los muros de piedra y paredes encaladas. Desplaza los rayos de luz entre las flores del patio para colorear sus cuadros. Caamaño da vida a las sombras llenándolas de personajes remansando la vista del espectador en las sombras de sus trabajos. Domina la perspectiva finita en trabajos geométricos tanto como la profundidad perdida en los paisajes, reflejando en sus cuadros el gesto de la tarea, el sofoco del caballo al galope, la paciencia del recolector de algodón, la esperanza de la mariscadora, el esfuerzo del paleador de sal, el movimiento de la mar meciendo las barcas, la espumilla de las olas al morir en la arena, el piar de los pajarillos por jardines y macetas.

La pintura de Juan trasciende al mundo racional que representa,  consiguiendo encerrar el sincretismo del arte y de la escuela costumbrista de forma. No abandona la sencillez del paisaje de su tierra y los paisanos que la habitan, él nos traslada siempre a un cielo de relax y belleza. Caamaño no deja de sorprendernos con cada nuevo trabajo, depurando su técnica en un baile de acuarelas, temperas y óleos para llenar en las telas un mundo de detalles pictóricos.

La desembocadura del río Guadalete con el desaparecido puente de hierro parra el tren. Año 2002.

En cuanto a su inspiración pictórica, tiene especial predilección por dos grandes maestros: Rembrandt,  maestro de las formas y Juan Lara, pintor costumbrista de la luz y el color. En sus obras, igualmente, podemos intuir influencias de la terrebilitá de Caravaggio o la perspectiva aérea velazquiana.

Tiene obras repartidas por todo el territorio nacional, EE.UU. y gran parte de la Unión Europea. Caamaño actúa cual notario del paisaje que observa; otorga un levantamiento de luz dando fe con los pinceles. (Texto: Ángel Quintana Fernández).

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