2.497. La Taberna ‘El Ocho’

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Corral-arboleda de la finca donde estuvo instalada la Taberna “El Ocho”, la puerta se comunicaba con el despacho. Delante, la imponente figura de “Arnay” con terno blanco de maestro albañil.

En los años de mil novecientos cuarenta y mil novecientos cincuenta del siglo pasado, existían en el barrio alto de nuestra ciudad un porcentaje importantes de corrales-arboledas. Recuerdo los que había en las calles Zarza, Cruces y Santa Clara. Corrales que con el paso de los años fueron desapareciendo, convertidos en viviendas en toda su superficie o en parte. Los corrales formaba parte de la despensa de los propietarios, eran pequeños huertos dentro de la ciudad, en algunos casos eran bonitos jardines.

Al margen de la fruta de temporada que producían sus árboles, se hacían pequeños huertos de regadío que producían cantidades de verduras y hortalizas para el consumo diario; además algunos tenían un gallinero o una zahúrda con un inquilino al cual le esperaba su San Martín; en fin que el corral resultaba ser “muy avioso”. A mi memoria viene con nostalgia los albérchigos de Zarza 24, propiedad de Eloy Fernández Moro.

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Eloy Fernandez Moro, ya jubilado, en la tienda que regentó durante años en Sierpes esquina con Vicario.

En uno de aquellos corrales, actualmente lo que hoy es en la calle Zarza desde el número 33 al 39, existió la taberna “El Ocho”. Como dije en la nótula 131 de Gente del Puerto, dedicada a Pansequito, que esta taberna era del un tal Sr. Arnay, quizás dije esto porque en casa creíamos que este señor se llamaba así de apellido; pero él utilizaba Arnay como apodo, más adelante lo explicaré.

Manuel García Gómez alias “Arnay”, fue maestro albañil de terno blanco, metro de madera plegable, dispuesto a ser usado en el bolsillo de la chaqueta impecablemente blanca, reloj Roskof con cadena de níquel sujetada al ojal de la solapa.

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Manuel García Gómez alias “Arnay” en su juventud

En aquellos años había un colectivo bastante numeroso de maestros albañiles en El Puerto, tantos que, casualmente existían dos maestros albañiles con los mismos nombres y apellidos, es decir, dos Manuel García Gómez. Uno de éstos Manuel García Gómez alias “Arnay” fue el constructor y primer propietario de la taberna “El Ocho”. Manuel, nuestro Manuel, hombre experimentado y acostumbrado en su profesión, para ser mejor identificado entre sus conocidos y clientes, adoptó este apodo de “Arnay”; pues su abuela cuando enviudó casó nuevamente con un señor apellidado Arnay, que debió ser caballero de buena prensa.

Como en los años anteriores a la guerra incivil, el que no estaba sindicado o asociado se exponía a ser boicoteado en su profesión o actividad, Manuel se colocó de ayudante del Maestro Mayor del Ayuntamiento Don Manuel Romero y asi evitaba problemas de sindicación que no debía gustarle demasiado.

Manuel estuvo trabajando en esta profesión desde 1936 a 1941, fecha en que su puesto tuvo que ser ocupado por una persona que era mutilado de guerra. Manuel fue trasladado como encargado en el Cementerio, hasta que su amor propio le condujo un día de pleno Municipal a personarse en el Salón de Plenos cuando estaban reunidos alcalde y concejales y entregarle a Don Francisco Quijano las llaves del cementerio diciéndole que él servía para algo más. Manuel era un hombre que tenía madurado esta decisión y como era aficionado a la carpintería se puso a fabricar mostradores de la futura taberna que la llamaría “ El Ocho”, en recuerdo de una restaurante que se llamaba El Ocho que hubo en Sevilla, y que Manuel lo solía visitar regularmente.

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Plano de planta de lo que fue el corral-arboleda donde estuvo instalado la taberna “El Ocho”

Efectivamente nuestro protagonista abrió su establecimiento con un contador de luz eléctrica que le cedió mi padre en calle Zarza en el tramo comprendido desde el numero 33 al 39 actuales, siendo inaugurado el sábado 30 de Julio de 1941. Los vinos que se vendían eran de las bodegas de González Rico Hermanos y solo se vendían vinos. Existía en la parte derecha de la taberna una entrada especial para mujeres. Las tapas eran las siguientes: Caracoles gordos, coquinas, chocos aliñados y papas aliñadas . El primer dependiente que tuvo nuestro protagonista se llamaba y se llama Antonio Fernández García, nieto de Manuel, con un salario semanal de una peseta, al cabo de un año Antonio recibía un estipendio de cinco pesetas a la semana, en un año le multiplicaron el salario por cinco. Igualito que hoy. Antonio Fernández estuvo trabajando en “El Ocho” desde 1941 a 1943, desde esta fecha Antonio trabajó en la firma Fernando A. de Terry, S.A. hasta su jubilación.

El padre de Antonio se llamaba Juan Fernández de los Reyes, tonelero de profesión y gran catador de nuestros vinos, fue propietario de la taberna “El Guácaro”. “El Ocho” era visitado por personas de todas clases, algunos por la juerga y otros por curiosidad, en el verano de 1944, un zapatero portuense llamado Magrañal que conocía al polifacético Mario Cabré, quiso invitar a éste a comer; como carecía de recursos económicos para llevarlo a un restaurante de postín, habló con “Arnay” y lo llevó a comer a “El Ocho”, el menú fue el siguiente: “Papas aliñadas” con todo sus avíos y “Caballas asadas”, ni que decir tiene el que cortó en esta ocasión oreja y rabo fue Magrañal.
Manuel García Gómez, fue propietario de la taberna El Ocho hasta 1951, fecha que vendió la finca y negocio incluido a Rosario Stenterello, industrial carbonero, por la suma de cuarenta y cinco mil pesetas.

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Manuel García Gómez “Arnay”, en una imagen de su última etapa en este mundo.

Después la taberna “El Ocho” pasó a manos de Antonio Navarro Bravo, mayeto de profesión con una prole de veinticinco hijos (actualmente viven cinco hijos), cuando Navarro se deshizo del negocio, la finca fue vendida a trozos y construida, algunos de ellos fueron Eduardo Teja y Antonio Feria Fernández.

“El Ocho” fue una taberna típicamente flamenca, sobre todo los fines de semana y cuando los marineros volvía a casa después de treinta o cuarenta días de duro trabajo en la mar, deseosos de un poco de juerga y allí la encontraban. “El Ocho” era un punto de encuentro y lugar de reunión de todo aquel aficionado al flamenco que quería escuchar “de cantar”. Allí llegaban reuniones de El Puerto y de otras ciudades limítrofes; siempre había un clima adecuado para pasar un rato para escuchar cantar y ver algún aficionado bailar por bulerías.

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Fernando Gatica “cantaor” y “bailaor” cliente “El Ocho”

Uno de los artista que solía frecuentar “El Ocho” fue Fernando Otero Gatica, nombre artístico Fernando Gatica. Fernando trabajaba en los cabarets del Campo de Gibraltar y cantaba y bailaba muy bien, tenía un estilo tan depurado bailando que era consultado por muchos artistas, solía ir con toda la familia al completo y formaba unos “saraos” que duraban todo el día. Otro artista que estuvo fue “El Cojo de Huelva”. Aficionados al cante, baile y guitarra como Paco Navarro, Rafael Arana, Antonio Cruz, El Mono, El Caneco, los hermanos Suárez, Roberto Iglesias, Joaquín Albaiceta, el maestro Guilloto, la familia Loliti, El Sardina, Perejil, Veneno y Jeroma, Mariquini, etc. Palmeros, aficionados y curiosos, vendedores de telas y géneros que no perdían la oportunidad de hacer un negocio entre el público. Familias que celebraban la vuelta a tierra de sus seres queridos después de un turno de más de un mes en la mar, recuerdo la gran familia de Rosario la Sanluqueña, marido e hijos, Rosario era pequeñita de estatura y de pocas carnes y el marido e hijos eran todos altos y fuertes; pero los manejaba a todos con una energía increíble, formaban unas juergas de todo el día. 

Poco a poco el gran corral de “Arnay” fue desapareciendo como tal y borrándose el recuerdo de lo que en aquellos tiempos fue como taberna y lugar de reunión de un colectivo deseoso de distracción y poder olvidar durante un rato las necesidades de entonces. /Texto y fotos: Francisco Bollullo Estepa.

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