2.906. La travesía de los vinos, por el Guadalete.

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Bajo el padrinazgo del Tío Pepe, se ha reabierto la ruta que hacían las botas de jerez desde Jerez a Cádiz, al Trocadero. En carretas de bueyes bajaban de las grandes bodegas al río Guadalete, que descendían en barcazas hasta El Puerto de Santa María y luego, cruzando la bahía, a Cádiz. De allí, al mundo. Como no me entusiasma salir del marco que dibuja ese viaje, me encanta que, dentro, por compensar, se abran nuevas rutas o, mejor aún, se rehabiliten las viejas. No tengo nada contra la novedad si está cerca y es tradicional.

Esta vez no estoy solo y en un vídeo de la página web de Diario de Cádiz se puede constatar el entusiasmo de los invitados a la travesía. El gran Pepe Monforte (ver nótula 2.400 en GdP) destaca la unión entre Jerez y Cádiz, entre campiña y mar océana. Diego Joly, (ver nótula núm. 189 en GdP) que va a lo esencial, destacaba el maridaje perfecto --en la garganta reseca por el salitre y el levante-- entre una copa de fino y el aire salado de la tierra.

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La iniciativa podría redondearse con las décimas que Juan Ignacio Valera Gilabert (ver nótula núm. 1.047 en GdP) escribió al curso del Guadalete, donde el río comenta y canta a sus orillas. Javier Sánchez de Medina rodó un precioso documental sobre esos poemas. Yo recitaría algunos según la travesía del vino pasase por los meandros versificados. Por ejemplo:

“Un kirieleisón de aguja
clavé en mi vestido malva,
que escuché misa del alba
al pasar por la Cartuja.
La neblina se apretuja
entre los sauces llorones
y vienen cien oraciones
dándome acompañamiento…
Atrás se queda el convento
lleno de renunciaciones".

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Además, está Tolkien. Lo cuenta José Manuel Ferrández Bru en La conexión española de J. R. R. Tolkien. Francis Xavier Morgan Osborne, (ver nótula 910 en GdP) nacido en El Puerto en 1857, fue tutor y benefactor del escritor inglés, y le habló constantemente de nuestra tierra. La geografía y la arquitectura de Minas Tirith, ciudad del reino de Gondor, está imaginada sobre la de Arcos de la Frontera y uno de los capítulos de más emoción de El señor de los anillos se inspiró, justamente, en esta travesía del vino por el Guadalete.

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La Compañía del Anillo aprovecha, para escapar, las botas que se echan al río como método de transporte. Eso da lugar a una persecución trepidante, que recrea muy bien la película de Peter Jackson. La Travesía del Guadalete, transfigurada por la memoria, la imaginación y el arte, ha acabado formando parte, pues, de uno de los libros más admirados y traducidos de nuestro tiempo. /Texto: Enrique García-Máiquez.

 

 

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