3.549. Jean François, baron de Bourgoing. El Puerto a finales del XVIII

Jean François, baron de Bourgoing Diplomático y escritor francés, afincado en España durante varios años como secretario de la Embajada y posteriormente como embajador. Recibió a lo largo de su vida diversas condecoraciones y nombramientos como Comendador de la Legión de Honor, miembro del Instituto de Francia en su vertiente de ciencias morales y políticas, de la Academia de Ciencias de Copenhague y de la de Bellas Artes de Estocolmo.

Aprovechando los nueve años de secretario de la Embajada francesa escribió un libro en el que recogía una radiografía de la monarquía española, de sus instituciones, de su economía y de sus costumbres. Este fue El Puerto de Santa María que conoció.

“El camino de Jerez al Puerto de Santa María, comienza por un terreno desigual y poco cultivado, y termina en medio de las arenas. Lo hacemos para llegar a el Puerto de Santa María, bonita ciudad casi toda reconstruida de nuevo, en la que la mayoría de las calles son largas y tiradas a cordel. Es propiamente la residencia de la Capitanía General de Andalucía; pero el conde de O’Reilly, que aglutina este cargo al de Gobernador de Cádiz, vive en esta última ciudad. Había conseguido, después de algunos años, que la Escuela militar que había fundado en Ávila, cuando era Gobernador de Madrid, fuera trasladada al Puerto de Santa María. Un extenso cuidado comenzó a sacarla de este estado de languidez, al que habían reducido su lejanía y la guerra, hasta que la trasladó a las dos bonitas plazas que la fijaron en este suelo.

| Nouveau voyage en Espagne ou tableau de l’état actuel de cette monarchie. Tomo tercero.?Ch. Regnault. Paris, 1789.

Se tiene la primera impresión de la Bahía de Cádiz desde una colina que está casi a medio camino de Jerez al Puerto de Santa María. Este golpe de vista es muy paisajístico, sobre todo para quien ha visto antes unos planos de esta vasta bahía. Desde allí se abraza todo el contorno como sobre un mapa topográfico: se ve incomparablemente los dos puntos que forman la entrada de la Bahía, el fuerte de San Sebastián en un lado y la villa de Rota en el otro. Cádiz está enfrente, se ve la lengua de tierra baja y estrecha que la separa de la Isla de León, el recorrido casi semicircular que realiza entonces la Bahía para bañar la Carraca, Puerto Real y finalmente el Puerto de Santa María. Es así sin duda como las provincias, las cadenas de montañas, las sinuosidades de las costas y las orillas se ofrecen a la mirada de los pájaros que con el pecho desnudo escapan de nosotros. Es así como estos objetos en su generalidad y en sus detalles han sido vistos por estos atrevidos rivales del aire, estos viajeros aéreos en los que con su intrepidez ha soñado algunos instantes nuestro entusiasmo, lo mismo cuando nos encontramos más deprimidos que cuando nos vemos más exaltados, pero puede ser que nuevamente se ven- guen de nuestra desdeñosa ligereza, inmortalizando sus nombres y perfeccionando sus descubrimientos.

| "Vista del Puerto de Santa María", óleo sobre lienzo, 70 x 95 cm, 1781-1785 (propiedad del Museo del Prado, en depósito en el Museo Naval de Madrid) [P1151]. Autor: Sánchez, Mariano Ramón (Valencia, 1740-1822). Pintor y miniaturista español. Se trasladó a Madrid cuando contaba siete años, para ingresar, en 1752, en la Academia de San Fernando.

El pintor está situado, aproximadamente, a la altura del Matadero Viejo. En la perspectiva vislumbramos el Muelle de Reinoso. En primer término, bloques de piedra que no  pueden ser otra cosas que la estructura del acueducto romano que transportaba el agua a Cádiz, en su fase más espectacular y compleja, y que bien pudiera haber servido como puente sobre el Guadalete. Se observa, a la derecha, el caño del Molino y los muros de las tenerias y otras fábricas existentes en los alrededores del Convento del Espíritu Santo. En el centro, el puente de barcas. A la derecha arriba la torre-mirador de la casa, desaparecida, donde está el Restaurante Flores. Finales del XVIII o los principios del XIX, al estar el puente de barcas. Son interesantes los personajes.

Llegado al Puerto de Santa María, tenía que escoger entre dos rutas; la que lleva derecho a Cádiz atravesando la Bahía, y la que hace el camino por tierra, pasando por Puerto Real y la Isla de León. Me decidí por la primera, alquilé por 60 reales uno de estos barcos de los que los patrones vienen ofreciendo a porfía el servicio a los pasajeros, y en menos de una hora fui llevado con un buen viento largo hasta el muelle de Cádiz. El Puerto de Santa María está situado cerca de la desembocadura del Guadalete, que a fuerza de acarrear sus arenas a la Bahía, forma una barra que, durante el invierno sobre todo, no se puede pasar sin peligro. Los barqueros, interesados en alimentar el miedo en los que caen los pasajeros, no hacen más que exagerar este peligro; y en el momento en que es más inminente, pronuncian una oración y luego piden enseguida el dinero para una colecta, pero los pasajeros más miedosos e igualmente los más devotos, tienen sin embargo más confianza en la habilidad de sus conductores que en la intersección del santo que ellos invocan”. Págs. 160-164

“El agua que van a buscar penosamente a las fuentes del Puerto de Santa María no suple más que imperfectamente esta falta...”

“Cádiz paga, normalmente al año, 96 mil piastras por el socorro precario que le prestan las fuentes del Puerto de Santa María...”

“Este acueducto vendría el mismo a desembocar en las barricas de los barcos de guerra, mientras que durante la última guerra se ha visto que, preparados a ponerse a la vela, retrasaron veinticuatro horas su salida por esperar del Puerto de Santa María su provisión de agua”. Pág.182-183

“Hay en el Puerto de Santa María, en la isla de León y en Jerez, unas fábricas de telas pintadas que prosperan bastante.” Pág. 196

“Hay en el Puerto de Santa María una blanqueadora de cera, por la cual debe pasar toda cera extranjera que quiera embarcar para América; está sin embargo tan mal purificada, tan mal blanqueada, que los comerciantes prestos a embarcar la que les viene del norte, pagan gratuitamente a los administradores de la fábrica, los dos ducados en que está tasado cada quintal blanqueado por ella, y la exportan tal y como ella les ha llegado”. Pág. 199

“Las salinas se extienden por todo el contorno de la bahía, desde el Puntal hasta el Puerto de Santa María”. Pág. 201 | Texto: Juan Gómez Fernández. ‘El Puerto enla visión de los viajeros ilustrados y románticos.

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