580. EL PUERTO SE ENTREGÓ AL EJÉRCITO NAPOLEÓNICO HACE 200 AÑOS.
9 03 2010
(En la imagen, retrato de Modesto Barragán, caracterizado de José I ‘Pepe Botella’ y a su derecha, óleo con la imagen verdadera del fallido rey de las Españas, durante el pasado pregón del Carnaval de El Puerto 2010).
El pasado día 5 de febrero, se cumplieron doscientos años de la entrada de las tropas napoleónicas en El Puerto, donde durante el asedio del ejército francés a Cádiz había de mantenerse el cuartel general del I Cuerpo Imperial hasta el 25 de agosto de 1812. Casi con la vanguardia de este ejército, que mandaba el general Agustín Darricau, llegó el propio Rey José I, que estuvo en la ciudad del 16 al 25 de febrero.
Un recorrido por las actas capitulares de aquellos días revela, sin embargo, que la entrega la había decidido el cabildo portuense ya el día 1 de febrero, alineándose con la suerte seguida por Jerez a donde, en vista de “las noticias esparcidas sobre la aproximación del ejército francés” y “para tratar lo más útil a la salvación del pueblo”, había enviado dos días antes a los regidores Juan Mª Añino y Miguel Bocanegra para conocer las decisiones de aquel cabildo y con la instrucción concreta que “caso que el ejército francés ocupare aquella ciudad se presenten a su comandante en jefe pidiéndole le manifieste su determinación sobre este pueblo”.
Conocido el informe de estos regidores, el cabildo portuense decidió que ellos y los diputados de fiestas y del clero pasasen “a Jerez o al sitio que juzguen más oportuno para recibir y cumplimentar al Ejército francés y su comandante en jefe una legua de distancia de esta ciudad, dando parte a ella con oportunidad para que su Ayuntamiento, con su corregidor y demás vecinos de distinción, salga a recibirle con la solemnidad que acostumbra en su formación a las entradas de este pueblo”.
Para el alojamiento de los franceses fueron comisionados el diputado de Guerra, Mariano de la Vega, y otros dos regidores: Diego Amador y Andrés Piña. Quedaba preparado el abastecimiento de trigo y de carne e incluso se acordó “hacer arcas” y entregarlo al comisario de Guerra, aunque extrayendo 34.000 reales pertenecientes al Hospital de la Providencia.
Inútil resultaba el alistamiento general para tomar las armas que se había llevado a cabo en la ciudad tan sólo tres días antes, precedido incluso de la predicación de una misión, aunque ya se había paralizado, al disponer el cabildo el día 30 que el pueblo permaneciese tranquilo y que los que habían sido alistados el día anterior se dedicasen a sus ocupaciones “pues nada se dispone de su marcha por ahora”.

El momento histórico en el que se desarrolló el pregón de Carnaval 2010, el del 19 de febrero de 1810, 200 años antes del día en el que Pepe Botella ya está en El Puerto de Santa María- lleva solo unas horas ya que llegó la tarde anterior para asistir a la corrida de toros con la que le agasaja el ayuntamiento a la que prácticamente no acudió nadie de la ciudadanía. (En la imagen, óleo de Juan Lara. ‘Corrida de Toros en la Plaza de la Herrería’).
Sí fue efectiva para la defensa de Cádiz la decisión del cabildo portuense del 31 de enero de no cortar entonces el puente de San Alejandro “teniendo presente que ya se halla en la ciudad de Jerez un Ejército nuestro a cargo del Excmo. Sr. General Duque de Alburquerque, (en la imagen de la izquierda) a quien se le podría impedir el paso en una desgracia, obligándolo a entregarse o capitular, y atendiendo también a que la operación de cortar el puente de San Alejandro es instantánea y puede verificarse en el momento de mayor urgencia”.
Era la respuesta portuense ante una orden del mismo día del gobernador de Cádiz, don Francisco Venegas, quien decía que “en la premura de acercarse el enemigo, es indispensable impedirle el paso por todos los medios posibles. Entre todos es el principal cortar los puentes por donde puede dirigirse a esta Plaza. Así lo ha determinado esta Junta Superior de Gobierno y lo comunico a V.S. para que sin pérdida de momento se ejecute, previniendo igualmente a ese pueblo por un edicto que en esta ciudad no se admitirán mujeres, niños ni ancianos y que sólo encontrarán en ella su asilo los jóvenes y hombres robustos que se presenten armados o vengan con designio de armarse, pues debe ser este el punto de reunión para atacar al enemigo y rechazarlo librando de su dominio a los pueblos de la comarca…”
Era también la respuesta que enviaba al cabildo de Puerto Real que, el mismo día y con dos escritos llenos de inquietud, había pedido igualmente a El Puerto las órdenes “que esta villa ha de practicar sobre y en razón de su defensa, mediante a carecer de persona que la dirija, pues está decidida a correr la suerte de esa ciudad” y preguntaba “si se ha de cortar el paso del río San Pedro, previniéndole que en esta villa no hay pólvora, cartuchos ni ninguna clase de armas”. (En la imagen, tomo con las actas capitulares).
De la situación en El Puerto en aquellos días finales de enero de 1810 nos da idea la fuga, ante la orden de su traslado dada por el gobernador de Cádiz, de los vecinos franceses que se encontraban detenidos en el monasterio de la Victoria, de los que sólo quedaron cuatro enfermos y los ancianos, o el traslado unos días antes, el 25, a la Nueva Población de San Carlos de los 878 prisioneros franceses que permanecían en el Real Hospicio de Misiones y su embarque en pontones surtos en la Bahía, cerrándose con estos acontecimientos un ciclo de patriotismo vivido en la ciudad desde el levantamiento popular al favor de la monarquía española y contra la dominación francesa llevado a cabo el 29 de mayo de 1808. (Texto: José Ignacio Buhigas).

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«Fernán Caballero» es el nombre de pluma de Cecilia Francisca Josefa Böhl von Faber (24 o 27 de diciembre de 1796 — 7 de abril de 1877), hija de Johann Nikolaus Böhl von Faber (quien nació en Hamburgo en 1770, es comerciante con casa en Cádiz, después cónsul, después noble, después católico; muere en 1836) y Frasquita Larrea (una gaditana [de Cádiz], hija de español e irlandesa y aficionada lectora de Mary Wollstonecraft). Frasquita y Johann se casaron en 1796. Cecilia nació en Morges, Suiza. Tuvo varios hermanos: Aurora (n. 1800), Juan Jacobo (1801) y Ángela (1803). Por una separación familiar de siete años, Cecilia, quien permanece con su padre en Alemania (mientras Doña Frasquita vive en España con dos de sus hijas), habla primero el alemán y el francés que el español. Al encontrarse sus padres en Cádiz de nuevo, Cecilia observa lo español con ojos de extranjera. Cecilia se casó tres veces: La primera vez en 1816 con Antonio Planeles Bardají, capitán de infantería, con quien se marcha a Puerto Rico, donde su esposo murió un año después (Cecilia regresa a Cádiz en 1818 y viaja con su hermano por Alemania y Francia).
VIVIÓ EN EL PUERTO.
SU NOVELA PRINCIPAL. LA GAVIOTA.
La Gaviota es un mosaico de cuentos, chascarrillos [chistes], coplas, tradiciones, relaciones, versos, romances, juegos, bailes, oraciones, anécdotas, chistes, cuentecillos, cuchufletas [bromas], chilindrinas [equívocos], modismos, refranes recopilados por la autora.
OTRAS NOVELAS.

(En la imagen de la izquierda, la familia de Francisco Quijano Rosende, mujer e hijos. La hija Concha, es abuela de nuestro protagonista, Javier).
LAS BODEGAS DE QUIJANO.
ATANASIO QUIJANO CIEZA.
MOSCATEL ‘LAS CINCO PERLAS’.


MASTER EN MADRID.


Con estos datos consultamos el libro “Carnaval: un siglo de historias de El Puerto (1836-1936)”, de nuestros amigos José Ignacio Buhigas y Tily Santiago. En la descripción que en este libro se hacia de las agrupaciones presentes en el año 1907, encontramos un Coro que coincidía tanto en su vestimenta, como en los ornamentos, con los personajes del retrato.


El director de coro, Antonio Vázquez Valoria, mencionado anteriormente, ya había dirigido otros grupos carnavalescos, en total lo fue de 19 agrupaciones, desde el año 1902 a 1931. Los temas mas tocados por este autor: la muralla del río, la finalización del Parque Calderón, o la eliminación de la barra del río, como vemos son asuntos vitales para el desarrollo de la ciudad. (En la imagen de la izquierda, etiqueta de Vda. de F. Morillo, uno de los negocios anunciado en el libreto de nuestro coro de hace un siglo).







(En la imagen de la izquierda, José Fernández Sanjuán, Pepe ‘el del Vapor’. Foto: Faly). Antonio Carbonell, Secretario que fue de la Cofradía de Pescadores refería una tarea desarrollada por el Vapor en relación con el mundo de la mar: «Pepe y el Vapor fueron durante muchos años indispensables para el mantenimiento de la actividad pesquera portuense. Pues resulta que antes de construirse los espigones de Poniente y Levante en la desembocadura del Guadalete, obras que finalizaron en 1970, la entrada de arenas que arrastraban las corrientes litorales y formaban la barra en la boca del río, impedían que la práctica totalidad de los barcos pudieran pasar por el Guadalete a media marea o bajamar escorada. Entonces Pepe, a bordo del Vapor, con un instrumento formado por una pesa u otro metal colgado de una cuerda (sonda de mano, escandallo o plomada), no sólo medía la profundidad del río, sino que de la misma manera al colocar cebo en la pieza de metal, con tan solo tocarlo, iba conociendo la calidad de fondo de la desembocadura del Guadalete. Y Claro. Con esta maniobra, le permitía, al esquivar los cascajos y arenas del río, alcanzar la navegación correcta y, así, los barcos, al seguir el rumbo del Vapor, entraban en puerto sin esperar la pleamar. Esta laboriosa operación, además, era fundamental para evitar cualquier desgracia cuando las condiciones meteorológicas eran adversas, como por ejemplo, la niebla.»
El principio del milenio, nos ha llevado otra vez a lo antiguo, a recuperar costumbres y tradiciones que nunca se debieron abandonar, a volver a aplicar tecnología que han sido útiles durante miles de años y que, de forma inexplicable estaban prácticamente desaparecidas en nuestra Bahía de Cádiz.



Estamos convencidos que, cuando las líneas marítimas de pasajeros, numerosas y múltiples en sus recorridos, rápidas y con horarios amplios, frecuentes y flexibles, sean una constante en la Bahía, como lo son hoy los catamaranes puestos en marcha por el Consorcio nuestro Vapor Adriano III volverá a ser el buque insignia de la flotilla de barcos de pasajeros gaditanos, y de quienes nos visiten, pues el uso turístico es su mejor y más claro cometido de presente y futuro.
Tal dignidad no se alcanza de forma gratuita, pues son ya 80 años, desde que aquel lejano 1929, José Fernández Fernández, y sus cuatro hijos, llegasen a bordo del ‘Adriano I’ a aguas de nuestra bahía para cubrir el trayecto de El Puerto-Cádiz. 








































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