Reloj solar, en La Puntilla, junto al Castillito de la Pólvora.
Cierro los ojos y pasa por mi mente una película de personajes, como para hacer un documental, eran tantos que intentaré recordarlos y llevarles un homenaje de cariño y sentimientos, porque todo fue bonito y tan inocente…
Si hablamos de La Puntilla, es obligación recordar a Paco Neto y a su mujer María; él buenísima persona, como su hijo Mariano el que estuvo en Bodegas Terry, su padre montaba y desmontaba casetas, haciendo posible que pudiéramos veranear en ellas que eran como nuestras propias casas durante el día, con anafe incluido para calentar las comidas, después vendría el petróleo. Y María saciándonos la sed, con aquellos cántaros de Lebrija, que por solo 50 céntimos, teníamos al instante. Veraneos del 15 de Junio al día de la Virgen.

Las casetas de playa, detrás las Dunas de la Puntilla.
Las tardes tenían sus personajes, por ejemplo el Arropiero, creo que padre del famoso y desgraciado criminal, «–Arropías, las tengo largas y retorcías. Niña, que larga las tengo!». Y otros días veíamos venir a Cándida la Negra, cubana que después fallecería sola en un incendio en su casa, arrastrando los pies por la arena de caseta en caseta pidiendo la voluntad, mientras que todos corríamos a escondernos.
Personajes muchos como los de los autobuses de Bootello: los conductores Trigo, Gallo y Juan el cobrador, que después salió del armario y nos vino muy bien no por los escarceos, sino que con la gracia y la conversación, dejamos de pagar. Hoy ya no se donde quedaba la parada, pero si veía por allí el Bar Priñaca, que lo han tirado el año pasado, porque por lo visto estorbaba, para no se que proyecto de costas, ¡leche migá! También estaba en La Puntilla al principio junto a otro que no me acuerdo y que eran víctimas de las arriadas de las mareas de Santiago.

Aquellos SEAT 1500 y 600, en el aparcamiento detrás de las casetas, cuando se hizo un camino y se desmontó la duna…
«–¿Tú vas esta tarde al desencajonamiento? A las niñas las dejan ir, nos vemos por allí». Y allí íbamos a la Plaza Real a ver los toros que lo echaban al ruedo y mientras nos comíamos un curruco. Corridas de Pepe Álvarez, Emilio Oliva, etc.…Y decían los aficionados: «Mañana va a hacer Levante, porque torea Rafael Ortega».
Me acuerdo del fotógrafo, todo vestido de blanco con la Leika al cuello y con los pantalón es arremangaos, que me hizo fotos a mi y a mi hermana Juanita y que ya buscaré para sacarla en la próxima entrega.

La playa de La Puntilla, hoy.
Suspiros, avellanas de La Pastora,… »–Ya que voy por el pan, dame para un suspiro». Y la respuesta: «–Cómo te queda vuelta de dinero, en La Bodeguita, cuando compres el octavo de vino, de las dos pesetas, te quedan 10 céntimos, júntalo y te compras el suspiro». Suspiros. Sic.
Y al fondo el Castillito de la Pólvora, que en aquellos años estaba cerrado y solo servía para subirnos al tejado e intenta plasmar en el tronco un corazón con las iniciales de C y JL, J y A. Allí había más letras que en el Banco Español de Crédito. Letras que al año siguiente íbamos para ver si continuaban allí o la corteza las había tapado. (Texto: José Luis Calle).
(*) No se sabe a ciencia cierta si, por el contrario, es un porteño en Sevilla.
Una de las modalidades de fiesta taurina más populares en la Edad Media era la de los toros del Corpus, astados enmaromados que se soltaban por las calles de una villa siendo dirigidos en su recorrido urbano por los mozos del pueblo que utilizaban las cuerdas atadas a sus cuernos para obligarlos a frenar y a seguir la dirección deseada.
Aunque en determinados pueblos de la provincia de Cádiz su conexión tenga más que ver con la Pascua de Resurrección, véanse si no el Toro del Aleluya de Arcos, el Toro Embolao de Vejer o el Toro de Cuerda en Benamahoma entre otros, es probablemente El Puerto con el Toro del Aguardiente el que se sale de esa tradición acomodada a las más substanciales celebraciones del cristianismo.
Las primeras referencias que se tienen en nuestra ciudad de este acontecimiento lúdico-taurino datan del año 1866, en donde y como complemento de un día de corrida en el estío porteño, a las siete de la mañana, se corrió el toro llamado del aguardiente, costando cuatro cuartos la entrada a la Plaza. Después de lidiado, se regalaron 500 reales en la forma de costumbre, esto es, a la persona poseedora del número igual al extraído del clásico cilindro contenedor de papeletas de la época.

Corrida medieval. Cantigas de Santa María, número 144. Alfonso X ‘el Sabio’.
Al año siguiente, hubo corrida a plaza partida el día 1 de septiembre, y en su víspera, salieron a las cinco de la tarde de la misma Plaza dos gallumbos –toros enmaromados- que prepararon el ambiente para el encierro del día siguiente. De alguna manera el famoso día de toros en El Puerto se vivía desde la jornada anterior.
La controversia con estas prácticas de suelta de morlacos por las calles, ha existido desde sus orígenes, no en balde en 1869 se amenaza por parte de las autoridades locales con la suspensión de las mismas o en su defecto, embolar o despuntar las astas de los toros, además de obligar a que en el redondel del coso hubiera dos diestros que evitaran cualquier acontecimiento desagradable.
Los distintos aconteceres y peripecias que sufrió el Toro del Aguardiente durante el último cuarto del s. XIX ponen de manifiesto las dudas sobre este festejo. A veces se anuncia que sería “banderilleado y estoqueado por el simpático joven…”, otras se prohíbe ponerle banderillas; en ocasiones el toro era de la misma ganadería que los de la corrida e incluso era señalado con su propio nombre (“Montejaque”, de 6 años, castaño…). También es denominado “toro de prueba”, siendo lidiado por cierto número de aficionados bajo la dirección de un banderillero, no pudiendo exigirse más suertes que la de capa y banderillas.

El Toro del Aguardiente en la Plaza de Toros, en 1910.
La Revista Portuense publica el 31 de agosto de 1910 un artículo firmado por Javier Piñero, que va preparando el terreno para lo que vendría después. Bajo el título “Escuela de barbarie” plantea lo siguiente: «No es posible dejar pasar sin la más enérgica protesta, el vergonzoso espectáculo que se dio el domingo por la mañana en la plaza de toros del Puerto. Cuando tanto se clama, por lo elementos intelectuales del país, contra las corridas como espectáculo bárbaro e inculto… / … en las gradas una abigarrada muchedumbre goza de las emociones de la mañana, cuya síntesis puede ser: sangre y aguardiente.»… El articulista termina con esta reflexión: «Las costumbres cuando no son buenas deben abolirse. ¿Qué es el progreso sino una constante modificación de las costumbres?»
En 1901 los toros enmaromados fueron prohibidos por Real Orden. Ese fue el curso prohibicionista que siguieron los toros enmaromados. No obstante testimonios orales sostienen que los efectivamente prohibidos fueron los toros embolaos y no los enmaromados. El Diccionario enciclopédico gaditano dice que en El Puerto de Santa María, por ejemplo, la prohibición estuvo vigente desde 1912 hasta 1981 en que se recuperó una tradición que ya casi ni los más viejos del lugar recordaban.
Pero como segundas partes nunca fueron buenas, en 1985 el alcalde Rafael Gómez Ojeda se vio en la tesitura de tener que hacer desaparecer el Toro del Aguardiente del calendario de festejos de la ciudad, debido en su mayor medida, a las salvajadas que tuvieron lugar en el coso portuense tanto con los animales como con las propias instalaciones de la Plaza. La misma historia repetida y la irracionalidad de los siempre no tuvieron piedad con esta tradición. (Texto: Manolo Morillo).
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José Ignacio Delgado Poullet, ‘Nani’ proyecta en el Teatro de Puerto Sherry, el 29 de julio a las 20:30 el documental ‘Costas del Sur’, con degustación incluida. Primero se hará una presentación del documental con imágenes de las factorías de salazón de El Puerto que datan de los siglos IV y V a.c. Posteriormente se proyectará el documental con entrega previa de un díptico con los romances que se pueden escuchar en el documental. Para finalizar, habrá degustación de mojama con aceite de oliva y almendras molidas, que rememora las épocas que se han vivido en el documental. Colabora el Club de Pesca Portuense.
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Este ejemplar funcionario, agente judicial, alguacil, por mal nombre, que nunca quiso que así se le llamara, apareció por este Gran Puerto sin saberse de dónde vino. Sirvió en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de este Partido, desde los tiempos de Don Miguel Moreno Mocholi hasta los de Don Pedro Núñez Ispa, pasando por los Jueces Don Diego Martínez Valbuena, Don Fernando Ramos Pasalodos y Don Rafael Caballero Bonald.
Luis Ballesteros Hidalgo, que así se llamaba nuestro personaje, tenía algunos defectos. El primero es que era medio cegato y usaba unas grandes gafas con cristales de culo de vaso; el segundo que se le achacaba era ser socio del Real Madrid y amigo personal de Don Santiago Bernabeu, con quien se escribía; el tercero, ser admirador incondicional de Antonio Ordóñez; el cuarto ser aficionado a la zarzuela…
Cuando empezó a servir a la Administración de Justicia, Luis vivía en los altos del propio Juzgado y se tapaba, cuando dormía, con la gloriosa enseña nacional, que por las mañanas volvía a enarbolar en el balcón principal.
Como era un impenitente socio del Real Madrid y se escribía con Bernabeu, cada vez que llegaba carta al Juzgado, se le gastaban bromas como que se decía que él se “entendía” con Don Santiago. Luis se deseperaba y se desgañitaba afirmando que los dos –él y don Santiago– eran unos caballeros y unos hombres de cuerpo entero.

Homenaje a Luis Ballesteros, ‘el del Juzgado’, que aparece en el centro de la imagen. A la izquierda Luis Ramón Suárez Rodríguez, a la derecha Pedro Serrano Piedra, agente judicial del Juzgado Municipal, que aparece en tantas y tantas fotos de bodas en el momento de firmar tras la ceremonia católica y entregar el Libro de Familia.
Pero su mayor calvario fue cuando el Real Madrid perdió contra el Recreativo de Las Palmas por 6 a 0. Aconteció que el lunes apareció en la mesa del Agente Judicial una inmensa piña de plátanos traída por alguno desde la frutería de Félix Pérez o de la de Cañadilla, muy próximas. No era lengua la de aquel hombre que, arrancando uno a uno los plátanos, se los fue tirando, airado, a diestro y siniestro.
Aunque beatíficamente soltero, abandonó efímeramente su estado casi a punto de morir. Ocurrió que, en tiempos, tuvo una novia que murió de tuberculosis. A partir de aquello, se fue a vivir con la madre de su novia y con la hermana de ésta–Maruja- con la que, en el lecho de muerte, Don José Rivas, Párroco de San Joaquín, lo unió en Santo Matrimonio facie ecclessiae, a fin que la viuda cobrara la pensión del esforzado Agente. Muerto Luis, a las pocas horas de casado, Maruja nos llamó a Pepe Martínez Govantes y a mí para darnos la infeliz noticia y fuimos, los dos, a la casa mortuoria. Allí estaba Luis, feísimo, sin gafas, vestido de fraile, con un enorme crucifijo en las manos, en el ataud, entre cuatro velas. Y aunque la cosa era tocante a la risa, no nos reímos, porque a Luis lo respetábamos, a pesar de las cosas que le hacíamos; porque fue amigo fiel de sus amigos y porque, sobre todo fue un hombre esencialmente bueno. (Texto: Luis Suárez Avila).
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Pablo Merello Díez nació el 14 de diciembre de 1965 en Jerez de la Frontera, el año en el que nombran Papa a Pablo VI. Aquel año nuestro Pablo y muchos otros fueron llamado así en honor del pontífice. Hijo del porteño Serafín Merello Álvarez-Campana y de la jerezana Margarita Díez Lacave, es el cuarto hijo de los siete del matrimonio. De pequeño vivió en la calle Luna, en la casa de los Merello Alvarez-Campana, desaparecida y hoy sede de Banesto, hasta que la familia se traslada a Jerez. Allí, Pablo estudia en los Marianistas hasta COU, licenciándose en Derecho en la facultad jerezana.

Diferentes botellas de Destilerías Pico embotalladas a lo largo de su historia.
AÑO 1965.
El año del nacimiento de Pablo, lo es también del dramaturgo Juan García Larrondo, Premio Internacional de Teatro de Mérida. Se crea AFANAS, asociación de familiares de personas con disminución de la capacidad intelectual. La comparsa del Carnaval de Cádiz, ‘Los hombres del mar’, interpreta un tema de Paco Alba, dedicado al vapor, que se ha convertido en el himno oficioso de El Puerto. El R.C. Portuense ficha al jugador Carlos Pumar Algaba.

Cabecera de la publicación local con ámbito de bahía, La Voz de la Bahía.
Nace ‘La Voz de la Bahía’, un nuevo medio de comunicación con vocación de Bahía; tuvo una vida efímera: apenas un año, al convertirse en un medio crítico con el poder de la época y ser vetado por los grandes anunciantes de la zona. Era alcalde de la ciudad Luis Portillo Ruiz.
María Teresa León, primera mujer de Rafael Alberti, publica su obra dedicada al supuestamente fundador de El Puerto ‘Menesteo, marinero de abril’. TVE produce una película, basada en la obra de teatro de Pedro Muñoz Seca, ‘La veganza de Don Mendo’, con Tony Leblanc, Manuel Alexandre, Amparo Baró, Jaime Blanch, Gemma Cuevo, José María Escuer, Fernando Guillén, Luis Sala, Antonio Ozores, Mari Carmen Prendes y Ana María Vidal. Nace en San Fernando, la pintora afincada en El Puerto, Asunción Muñoz-Cruzado Poce.
(En la imagen de la izquierda, reclamo publicitario de una botella de gran tamaño de Cacao Pico).
Manuel Martínez Alfonso inicia una cruzada en ‘La Voz de la Bahía’ para evitar que se construyeran bloques de pisos en la Plaza del Polvorista, al igual que ocurriera en la Plaza de la Pescadería cinco años antes. Se crea el conjunto músico vocal ‘Los Simbronis’, que funcionará hasta 1967. Se crea el Grupo Scout Católico en la Parroquia del Carmen.
Pablo siempre ha vivido rodeado de artistas: su padre, hermanas, primos, sobrinos, son aficionados a la pintura, pero él se considera una nulidad en esta disciplina creativa.vCasado con Mercedes Díez de la Cuadra, tienen dos hijos varones de 10 y 7 años. El hecho de que su mujer trabaje en una compañía aérea hace que viajar con cierta frecuencia no sea algo ajeno al matrimonio. (Fachada de Destilerías Pico, en la calle Cielos, número 26, esquina con la calle Espíritu Santo, construída exprofeso a mediados del siglo pasado para las Destilería, sobre el solar de una antigua vaquería existente en pleno casco antiguo).
Los Merello han sido siempre muy portuenses y aunque sus padres se fueron a vivir a Jerez, siempre ejerció de portuense,algo que inculcó a sus hijos, ya que siempre “barría para el Puerto”.

Los alambiques de la Destilería, en 1928.

El embotetallo antiguo, fogografía tomada también en 1928.
Es un apasionado del mundo del vino, las bodegas, los destilados y licores,… Tras una corta experiencia laboral en Caja Madrid, decide dedicarse a los negocios familiares, en especial a la portuense Destilerías Pico, donde se elabora, entre otros, el célebre Cacao Pico, además de Ponche, Ginebra, Menta y la Crema de Cacao.
Esta destilería fue fundada por Manuel Pico en 1824, llamándose entonces el licor ‘Crema de Cacao Manuel Pico’ (En la imagen de la izquierda podemos ver una botella del primer cacao que se produjo en la Destilería).
Con posterioridad la empresa pasa a ser propiedad de su sobrino, Federico Pico, que había regresado de América. Éste llama a trabajar con él a Antonio Barcia (nótula núm. 171 en GdP) en la fábrica que ya existía en Pozos Dulces, estando el alambique por la calle Albareda . En 1940, con la crisis económica de la posguerra y la falta de materia prima, se produce un nuevo cambio de manos, y de denominación, Destilerias del Cacao Pico S.A., sociedad constituida por un grupo de socios: principalmente Fernando Terry del Cuvillo, Manuel Díez, Ivison, Quintanilla. En 1947 la nueva denominación de la sociedad será Destilerías Pico S.A. y es en 1952 cuando pasa a manos de los Hemanos Merello- Alvarez Campana: Jesús, Serafín, Francisco y Estanislao).

Cartel publicitario de Merello Hermanos, donde se afirma ser Abastecedores de SSMM los Reyes de España, Suecia y Noruega y Extractores de Vinos de Jerez, Sanlúcar y Málaga. En la lámina aparece un grabado de la Ciudad visto desde la Otra Banda, las bodegas de la calle San Bartolomé, el Cortijo y Viña de Los Milagros y las lagunas de El Puerto, propiedad de los Merello.

Botellas existentes en Despacho Recibidor, que se conserva como en los años 40 del siglo pasado.

Despacho recibidor desde la Sala de Muestras.
En 1992 se transforma en sociedad limitada y en 1995 es adquirida por Serafin Merello a sus hermanos, pasando ese mismo año a ser gestionada por las manos de sus hijos: los hermanos Merello Díez, siendo Pablo, en la actualidad, el Presidente Ejecutivo de la firma.
En el año 2004, Cacao Pico obtuvo en el Salón Saveurs de París el Premio al Mejor Licor, adjudicado por un jurado compuesto por periodistas especializados, sumilleres y especialistas en el mundo de la grastronomía gourmet, tras una exhaustiva cata a ciegas. . Este salón francés está especializado en productos de gourmet y delicatessen. Representa una de las más importantes citas feriales de bebidas y alimentación de Francia. Cacao Pico se introdujo de la mejor manera en el merdado francés
En el año 2005, con motivo del 180 aniversario de la firma, sacaron una serie limitada de botellas, fabricadas una a una de forma artesanal en Italia, de vidrio soplado de una sola pieza. Estas piezas, exclusivas, se pueden encontrar en tiendas de gourmet y en los espacios especializados de las grandes superficies

Tueste del cacao, artesanalmente, en la destilería de la calle Cielos, días pasados.
Desde sus inicios hasta la fecha la produccion del principal producto de la
destileria ha sido el Cacao Pico, elaborado de forma artesanal como hace 185 años. Desde entonces se somete a un proceso de tueste con leña del aromático cacaco americano hasta alcanzar el punto adecuado; después se deja reposar, se muele y se deja macerar por un tiempo para obetner la destilación oportuna, rica en graduación y aroma.

Alambiques donde se destilan los licores.
La destilación se produce en alambiques de cobre al “baño maría” especialmente diseñados. Cada uno tiene un nombre, una particularidad, un tamaño, una característica que los hace únicos y, conociéndolos, es como se le saca el mayor rendimiento en relación con la calidad artesanal, del Cacao Pico.

Acceso a la Sala de Destilación (izquierda) y a la Sala de Muestras (derecha).
EL LICOR QUE SE BEBE… Y SE COME.
El Cacao Pico, además de ser un clásico de la Navidad, es una singularidad en la industria licorera andaluza y española. Además, se usa, además de en coctelería, en repostería: trufas de cacao, helados, tartas, macedonias, creps, batidos e incluso zumos; También se usa como edulcorante de postres… y es marca blanca de diversas empresas y cadenas de alimentación de primer nivel. Un producto elaborado en El Puerto que se comercializa y consume no solo en España, sino en el mundo. Una importante empresa de respostería con distribución a nivel nacional, usa el Cacao Pico en sus postres, por lo que dicho producto también se come con cuchara. (En la imagen de la izquierda, diversos útiles que se usaban antiguamente para la faena del jarreo, con medidas).
Pepe Mesa, maestro respostero local (nótula núm 242. en GdP), igualmente lo usa en algunos de sus productos. Juan Franco, maestro coctelero y propietario de Cafetería Milord es el creador del cocktaill Café Porteño, elaborado con Cacao Pico.
COCKTAIL CAFÉ PORTEÑO.
Ingredientes:
1 café negro (en copa o en vaso) Catunambú.
1 cucharadita de azúcar blanca.
1 copa de Cacao Pico.
Nata montada o líquida.
Se calienta el cacao y se puede decorar con canela. En verano se puede tomar con hielo picado. (Original del Maestro Coctelero, Juan Franco del Valle).
Los cócteles Alexander: Brandy Alexander, Gin Alexander y Whisky Alexander, llevan todos en sus ingredientes 2/4 partes de Crema de Cacao Pico.

EL CACAO
El grano de cacao que se usa en estas destilerías es importado de Ameríca (Guayaquil, en Ecuador y Brasil). Como afirma la experta jerezana Fátima Ruiz de Lassaletta, refiriéndose al cacao y en concreto al Cacao Pico:
“Los británicos, durnate los siglos de imperialismo, tomaron cacao por muchos rincones de sus colonias, como un estimulante social. Hasta sus servidumbres en el XIX, gozaron del privilegio a la hora del cacao, al terminar el día. A la española, se tomó más a la hora de la merienda con bizcocho, o al amanecer con churros.
Otra opcion: aquí había muchos y aún hay algunos licores en las bodegas, concretamente el cacao, delicioso. Se bebe pausadamente, dura largo por goloso y hace una buena sobremesa y digestión. Búsquenlo en El Puerto también, que no se ha de arrepentir”. (Plantilla de antigua etiqueta de Cacao Pico).
El chocolate y el cacao, lejos de alterar el peso, puede ser beneficioso para la salud, siempre sin abusar, como afirman los expertos: produce una sensacion de felicidad, saciedad, oxigena la mente produciendo una mayor actividad mental, sus antioxidantes naturales protegen ante enfermedades cardíacas y ayudan a proteger en las degenerativas, además de tener efectos diuréticos, estimula el sistema central. ¡Habrá que preguntarle al médico! (Etiqueta de Crema de Cacao Pico).
Además, están los masajes de aceite de cacao, cosméticos, envolturas corporales de chocolate, baños y máscaras de chocolate… Y hasta el bueno para el feto, durante la gestación, afirman los expertos, reduciendo la fatiga y la tensión.
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Tareas de rescate de las víctimas en el que fue el mayor siniestro de trenes hasta la fecha. (Foto: Manuel Iglesias).
¿QUE PASÓ EN EL PUERTO EN 1972?
Hace 38 años, la Bodega Osborne estaba de enhorabuena: La silueta del Toro, obra de Manolo Prieto, fue elegida por la revista The New York Times Magazine, como la representación de la nueva España. En Madrid, José Luis Galloso confirma su alternativa, el 17 de mayo, apadrinado por Paco Camino y de testigo Curro Rivera. El toro de la ceremonia se llamaba ‘Colino’ de la ganadería de José Luis Osborne. Rafael Alberti publica ‘Canciones del Alto Valle del Aniene’, en la editorial bonaerense Losada. Rafael Caballero Bonald pregona la Semana Santa.

El 29 de enero de 1972 se derribaba el kiosko que había existido en la Plaza de Isaac Peral, usado en los últimos años como palomar e incluso como almacén de Vías y Obras, y donde se instalaba el Nacimiento municipal. (Foto Rafa. Archivo Municipal).
La comparsa ‘Los Galanes’ de José Luis Arniz, gana el primer premio en la modalidad de provincial en el Teatro Falla. Abre la Inmobiliaria Retamar. Se realiza el asta de la bandera de la fundación de la Hermandad del Huerto, en los talleres de Lorenzo Jiménez Rueda. Nace el Concejal de Comunicación, Raúl Capdevila Pedrajas. Nace la bailaora Sara Baras, natural de San Fernando, pero con casa en El Puerto.
Coincidiendo con el centenario de su fundación, el Ayuntamiento regala al colegio del Asilo de Huérfanas los metros necesarios para construir un nuevo centro de acuerdo con la nueva ley de EGB, el hoy Luisa de Marillac. Bodegas Osborne crea ODISA (Osborne Distribuidora S.A.), que comercializa todos los productos de este grupo alimentario con sede en El Puerto.
Días antes del trágico accidente, con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen, se entregaron 176 viviendas del Grupo “Estrella del Mar”, conocida como la “Barriada de los Pescadores”.
RELATO DE UN ACCIDENTE.
Eran las siete y media de la mañana de hace 38 años: viernes 21 de julio de 1972. El ferrobús que hacía el trayecto Cádiz-Sevilla con 200 pasajeros y cuatro vagones, salió de la estación de El Cuervo (Sevilla), a pesar de que las señales se lo prohibían, chocando a los pocos minutos de manera frontal con el tren expreso Madrid-Cádiz, con 500 pasajeros, un convoy con 14 coches tirados por una máquina diesel . (En la imagen de la izquierda, amasijos de hierros de los vagones).
En El Puerto la voz de alarma corrió enseguida. Varios vecinos hacían ese trayecto. Ocho no volverían a su ciudad sino en féretros: Antonio Torres Santiago, su mujer, Mercedes Pérez González, Eugenio Lobato Fernández, su mujer Encarnación Salmerón Aguirre, José Calderón Castro, Carmen Carreto Figuereo, Antonia Zampaña Gutiérrez y su hijo José Manuel Rodríguez Zampaña. También el ayudante del maquinista del ferrobús, que vivía en los pisos de RENFE. El accidente ferroviario más grave ocurrido hasta la fecha en España había sucedido entre los términos municipales de los municipios sevillanos de El Cuervo y Lebrija. 86 muertos y 112 heridos fue el balance final del trágico suceso, ocurrido en el lugar conocido como ‘Paso de la Mohina’, a caballo entre las fincas de ‘La Quincena’ y ‘La Junquera’.

La crónica de aquel fatídico accidente recogida por Diario de Cádiz destacaba detalles muy significativos ocurridos momentos después del accidente .
Al lugar del accidente acudieron en primer lugar unos agricultores que recogían remolacha en el cortijo de ‘La Junquera’, a unos 500 metros del lugar del suceso. Al oír los chirridos y el estrépito del encontronazo, se subieron a una protuberancia del terreno desde donde divisaron el dantesco espectáculo. Usaron el teléfono para dar la alarma en El Cuervo. Las autoridades, civiles y militares, de Sevilla y Cádiz se dirigieron al lugar del suceso.
Las emisoras de Radio de la zona realizaron llamamientos para que los médicos que se encontraran libres de servicio se incorporaran a la Zona Cero. Igualmente se pedían donaciones de sangre, con colas en los centros médicos: la población se movilizó enseguida.
FALLECIDOS DE EL PUERTO. Todos viajaban en el ferrobús.
Antonio Torres Santiago secretario general del R.C. portuense, persona muy querida y que trabajó sin descanso por los colores racinguistas, funcionario del Ayuntamiento, fallecido junto a su esposa Mercedes Pérez González, vivían en la calle Palacios. Los cadáveres fueron identificados por el entrenador del Racing, Manolo de la Torre, que meses antes había salvado del descenso al Racing y que tras la trágica muerte de Torres, con quien tenía prácticamente todo solventado para seguir entrenando, le hizo cambiar de aires, marchándose de El Puerto para entrenar a otro equipo. Cabe recordar que el fallecimiento de Antonio Torres Santiago, también fue un duro golpe para el masajista del Racing Manuel Jarque Martínez, Chicharito, posiblemente el peor de su vida. Nunca quiso hablar de ello. Siempre decía que Antonio Torres fue su segundo padre. (En la imagen de la izquierda, Antonio Torres).
Eugenio Lobato Fernández, 39 años, fallecido también junto a su esposa Encarnación Salmerón Aguirre., 29 años. Encarnación se crió y vivió en la Casa Palacio de Araníbar en la Plaza del Castillo, en el edificio donde hasta hace poco estaban los Juzgados. Dejaban cuatro hijos menores. Su hermano Luis, futbolista, destacó como portero en su juventud y militó en el R.C. Portuense. (En la imagen de la izquierda, Luis Salmerón Aguirre).
José Calderón Castro, que trabajaba como vigilante jurado de RENFE. Curiosamente, también vivió durante muchos años en la Plaza del Castillo, en la Casa de las Flores, donde se encontraba la chatarrería de ‘Churrasca’ por aquel entonces. Casado con Soledad Picón Rizo. Allí nacieron sus hijos, Dolores, Soledad, Rafael, Juan, Pepe, Mari y Milagros. Posteriormente vivió en los pisos conocidos, como de la RENFE, próximo al Colegio La Salle. Su hija Sole nos comenta que momentos antes del trágico accidente se encontraba su padre en el ultimo vagón del tren conversando con Paca, trabajadora de tareas de la limpieza en la Estación y que finalizada la conversación se dirigió hacia el vagón delantero para saludar a Salvador Salcedo Fernández maquinista del ferrobús y al ayudante Gabriel Hernández Castillo. Precisamente, Gabriel era novio de una vecina de José en los pisos de la RENFE. No tuvieron la misma suerte que el revisor que salvó su vida al desplazarse poco antes del accidente, desde el primer vagón, en el que fallecieron todos los ocupantes, hasta el vagón de cola para cumplir con su función, al haberse subido una pasajera en la estación de El Cuervo. Pepe, como lo llamábamos era un buen hombre que se dirigía a Utrera para realizar sus faenas de trabajo. En un principio no aparecía en la lista de las victimas identificadas. Ante la gran desesperación generada en la familia, varios de sus hijos se desplazaron al cementerio Municipal de Lebrija y a través de una fotografía fue reconocido por el personal médico. Su hijo Rafael, buen compañero y excelente profesional, estuvo vinculado al sector de la pesca, formando parte de las tripulaciones de pesqueros de la flota local.
Carmen Carreto Figuereo, que vivía en la Plaza de Juan de la Cosa -de la Plaza de Bizcocheros- de toda la vida, madre de Rafael García Carreto, Rafaelin, que fuera jugador del R.C. Portuense y Puerto Real C.F. además entrenador de Portuense B y Antiguos Alumnos Sindicales C.F.de Puerto Real. (En la imagen de la izquierda, Rafael García Carreto, falleció también hace ya algunos años, victima de cruel enfermedad. Era muy querido por el sector bodeguero y por la afición futbolista de El Puerto).
Antonia Zampaña Gutiérrez de 38 años y su hijo José Manuel Rodríguez Zampaña de 11 años de edad.
ASISTENCIA
Bomberos de Cádiz, Policía Municipal de Jerez y Lebrija, Policía Armada, varios destacamentos de la Cruz Roja, Guardia Civil, Ejército, Base Naval de Rota, Tercio de Infantería de Marina de San Fernando, personal de Ferrocarriles Españoles, y voluntarios entre los que se encontraban vecinos de Jerez y Lebrija, acudieron a socorrer a los heridos y a realizar la difícil tarea de desincrustar a los cadáveres que se encontraban entre los amasijos del ferrobús
Ambulancias de Sevilla, Cádiz, Jerez y Utrera y de la Base de Rota se trasladaron al lugar del accidente. Quince helicópteros de la Armada llevaron a los heridos a los centros sanitarios. En la provincia de Cádiz se celebraron diversos funerales por los fallecidos: 13, Jerez; Cádiz, 7; El Puerto, 8; San Fernando, 5; Puerto Real, 1; Rota, 1

Los cadáveres en fila, tras su rescate entre los hierros retorcidos. (Foto: Manuel Iglesias).
¿QUE SUCEDIÓ?
Según el informe de Ferrocarriles Españoles, el ferrobús hizo su parada en la vía de andén de la estación de El Cuervo; la vía general y agujas de la Estación quedaron dispuestas para que el Expreso pasase por dicha vía pocos minutos después, estando dispuesta la señalización como parada obligatoria para el Ferrobús y vía libre para el Expreso.
El Ferrobús efectuó una parada de un minuto en El Cuervo, poniéndose en marcha en dirección a Lebrija, forzando e inutilizando el cambio de salida. El Expreso había abandonado ya la estación de Lebrija. El choque frontal al circular por una vía única en dirección contraria no se pudo evitar: a 90 kilómetros circulaba el Expreso y a 80 el Ferrobús y, aunque los maquinistas vieron la que se les venía encima, accionando los frenos, no pudieron evitar la catástrofe, empotrándose los tres primeros vagones del Ferrobús, mientras que la máquina del Expreso y los tres primeros vagones descarrilaban, afectando al coche de correos, donde falleció el único pasajero del Expreso, un cartero que se encotraba de servicio. (Textos: Antonio Carbonell y José María Morillo).

La estación de ferrocarril de El Puerto, el 5 de mayo de 1972. (Foto: Rafa. Archivo Municipal).
Gente del Puerto quiere agradecer a Pepe Torres Pérez, hijo de Antonio Torres Santiago y Mercedes Pérez González, así como a Soledad Calderón Picón, hija de José Calderón Castro, su inestimable colaboración en la aportación de datos para la elaboración de esta nótula.
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La Virgen del Carmen, en el falucho ‘Bellita’, el día de la Asunción, hace 80 años.
Hace 80 años que la imagen titular de la hermandad del Carmen, la que se venera en las Concepcionistas, procesionó por la ribera del Guadalete. El 16 de julio de 1930 lo había hecho por las calles de la ciudad, procesión iniciada en El Puerto en el en el verano de 1896. Pero en la Festividad de la Asunción de dicho año, el 15 de agosto, presidió una inédita (hasta entonces) procesión marinera, que se ha convertido en tradición local a partir de los años 50 y que se celebra de forma paralela a la llamada “procesión terrestre”.
La iniciativa del cortejo marítimo partió del Ayuntamiento encabezado por el Alcalde Eduardo Ruiz-Golluri, (en la imagen de la izquierda) quien promovió los festejos durante su mandato. Fue un emprendedor alcalde que truncó su inquieta trayectoria con la llegada de la Segunda República. Entre otros eventos ideó la denominada Fiesta del Vino en el Parque de la Victoria, una de las precursoras de nuestra actual Feria de Primavera. El turismo estival, demasiado elitista entonces, se convertía en uno de los mimos del gobierno local más por prestigio que como una fuente de ingresos de primer orden. Aunque algunos empresarios y políticos visionarios comenzaron a sospechar de las posibilidades del sector.
Como las arcas municipales no podrían acometer demasiados dispendios lúdicos, a través de una cuestación popular se sufragaron los gastos de la llamada Fiesta del Mar, para la que se recaudó entre empresas y particulares 3.557 pesetas (unos 5.000 euros al valor actual). En la tarde del 14 de agosto, en medio de gran expectación, fondearon en el muelle pesquero los Torpederos 16 y 19 de la Armada, como visita excepcional, abriéndose con la bienvenida esta festividad marinera. Por la noche se ofreció en el Consistorio de la Plaza Peral una cena de gala, organizada por el recién nacido entonces Club Náutico. El baile estuvo a cargo de la orquestina del Casino.
La procesión marinera se inició a la calurosa hora de las cinco de la tarde del festivo 15, con el traslado de la imagen desde la Prioral hasta el muelle de San Ignacio. El paso iba portado por los marinos de los torpederos y a las siete y media la Virgen fue colocada en un falucho rotulado como Bellita, adornado como una góndola veneciana. La procesión partió a las ocho, con la escolta del remolcador Nefiche y el vapor Virgen de las Nieves. Los barcos tomaron en principio hacia la sede del Náutico, entonces junto al puente San Alejandro, adornado su perfil con luces de colores, al igual que el desaparecido transbordador de sal, para después recorres la ría hasta La Puntilla. La Virgen fue llevada en su paso hasta la Prioral y al término de la ceremonia se celebró en los baños Termales otra cena de gala y baile, organizados en esta ocasión por otra de las corporaciones señeras de la ciudad, la Academia de Bella Artes. (Texto: Francisco Andrés Gallardo).
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Juan Carlos Gutiérrez Colosía , segundo de cinco hermanos fruto del matrimonio formado por José María Gutiérrez Sánchez de Cos y María Loreto Colosía Molleda, nació en la calle Federico Rubio , entre Conde de Osborne y Cañas, en el año de 1945. Le precedía en el nacimiento, su hermano José María y le seguían tras el propio Juan Carlos, Alfonso (+), Jorge y Elisa María. Su abuelo fue José Gutiérrez Dosal, fundador de la firma en el siglo XIX, que compró a Claudio López Brú, segundo Marqués de Comillas, a principios del siglo XX. Está casado desde 1986 con la mallorquina Carmen Pou Riutort y tienen dos hijas: Carmen y Carlota.

Eriqueta de las Bodegas de las Viñas ‘Pollero Alto’, etiquetadas como ‘antes Marqués de Comillas’ y ’sucesores de Marqués de Comillas’. En una aparece la ciudad de El Puerto y en la otra la denominación del marco: Jerez. En ambas se destaca el año de su fundación: 1837.
Su infancia transcurre en la calle Pozuelo, jugando en unas calles aún no tan transitadas. Estudió en el Colegio de las Carmelitas, –se acuerda de la Hermana Natividad–, en la calle Luna, con la señorita Paca y con 9 años ingresó en el Colegio de la Pescadería, con Miguel Cea Quiroga como director y los profesores Ciro Morata y Antonio de la Torre, entre otros. Luego estaría interno varios años en el Colegio de Nuestra Señora de los Reyes, en Bonzanza (Sanlúcar), dirigido por los hermanos Maristas. Rebelde, decide escaparse del colegio con 14 años, en desacuerdo con los métodos disciplinarios del centro, al terminar el 4º de bachillerato, con lo que se inscribe una nota negra en el libro escolar, lo que le impide acceder a otro centro. Ahí terminan sus estudios reglados –que no su ansia de formarse y conocer, algo que hace de forma autodidacta– y empieza a trabajar en el que ha sido y es su mundo: la bodega. (En la imagen, José Gutiérrez Dosal).
Estamos en 1960. Así, empieza de obrero en la bodega, donde aprendió e hizo de todo. Su maestro: su padre. Allí empujaba botas, trasegaba el vino a jarra, lo rociaba, venenciaba, arrumbaba a mano… En 1966 muere su padre y con 20 años se ve con la responsabilidad de sacar adelante el negocio vinatero. (En la imagen, José Gutiérrez Sánchez de Cos).
Una empresa nada fácil, en un mercado en crisis permanente, que ha vivido todo tipo de vicisitudes. Eran almacenista de vinos y, cuando dejan de comprarle las grandes bodegas, (Williams & Humbert, Osborne y González Byass), alla por la década de los noventa del siglo pasado, las alternativas estaban claras: había que cerrar o salir al mercado.
Y con ese empeño, esa nueva experiencia. Salir a la exportación. Instalan un sistema de embotellado, con nuevas tecnologías lo que supuso grandes inversiones en un momento en el que el mercado de nuestros vinos estaba en recesión. (En la etiqueta que aparece a la izquierda, Amontillado Marqués de Comillas, fundado en 1837. Al segundo marqués compró Gutiérrez Dosal la bodega de la actual firma Gutiérrez Colosía).
Juan Carlos empieza a viajar. Para su sorpresa, cuando en el marco de Jerez muchos pensaban que el vino se vendía solo, había que hacer grandes esfuerzos para colocarlo en un mercado cada vez más competitivo y difícil. En Holanda recibe al principio el rechazo de los importadores. En Alemania, dadas las políticas efectuados por algunos exportadores que habían dejado en muy mal lugar los vinos del marco, desconfiaban. (En la etiqueta ide la izquierda, Fino Toneles, de su abuelo, José Gutiérrez Dosal).
Pero Juan Carlos no se desanima, creía en lo que hacía y en la bondad de sus productos y vuelve a la Feria de Dusseldorf, a los ’show rooms’ de Holanda… a fuerza de voluntad no había quien le ganase. Años más tarde, en Vinoble (Jerez) tendría que luchar contra competidores de la zona, que no le admiten, pero sus productos se acaban posicionando en los mercados de exportación. (A la izquierda, botella de Pedro Ximénez de Gutiérrez Colosía).
En 1995 la Guía Peñín considera los vinos de Gutiérrez Colosía entre los mejores de España, e igualmente son recomendados por la Guía Gourmet.
En 1998 unos exportadores ingleses prueban sus vinos en las bodegas y empiezan a venirle los primeros contratos para el extranjero. Se diseñan nuevas etiquetas de vinos e incluso cambia el tipo de botella. Los productos embotellados por Gutiérrez Colosía, además del vino en rama y el vinagre a granel, tienen una estrecha relación, por su nomenclatura, con El Puerto:
LOS VINOS
Fino Campo de Guía. Recordatorio de la zona de ensanche bodeguero del mismo nombre.
Oloroso Sangre y Trabajadero. En 1982 compró a la desaparecida firma de Cuvillo 300 vasijas con continente y contendio de dicho preciado caldo, usado tradicionalmente en los Astileros de Puerto Real de Navantia, para la botadura de los buques salidos de dicha factoría.
Cream Mari Pepa. De una solera de la desaparecida bodega de Merello Gómez, que sale al mundo a través de ferias que se celebran fuera de España.
A partir de 1999 sus productos ya se pueden encontrar en Alemania, Bélgica, Inglaterra. Además en Suiza, Austria, Italia, Holanda, Irlanda, EE.UU., Japón, Brasil, Canadá,… No cabe duda que sus vinos son conocidos más fuera de El Puerto que dentro de nuestro territorio, paseando el nombre de nuestra Ciudad por el universo mundo.
En el 2000, el Amontilado Colosía obtiene el Tercer Gran Premio otorgado por los Paradores de Turismo de España, dependientes del Ministerio de Turismo, Transporte y Comunciaciones.

Sala de Catas y muestras a principio del siglo XX.

Sala de Catas en la actualidad.
EL BRANDY EL CANO
En 2004 Juan Carlos se decide a embotellar una pequeña solera de brandy procedente del primer tercio del siglo XX, cuando su abuelo, José Gutiérrez Dosal, guardó parte de las existencias tras la Guerra Civil que destruyó muchas de las activos de la firrma. Así bautiza este brandy como ‘ Juan Sebastián El Cano’, calificado por el Consejo Regulador como Solera Gran Reserva, la máxima categoría dentro de esta bebida espirituosa, como homenaje al buque escuela español estrechamente ligado a la Bahía de Cádiz. En las bodegas del buque viajan, durante los periodos de instrucción botellas de dicho brandy para atender los compromisos durante sus escalas. (En la imagen de la izquierda, cachón de botas, firmadas por los Comandantes que ha tenido el ‘Juan Sebastián Elcano’)
Es un producto del que sólo se embotellan 1500 botellas al año con el objeto de que siga manteniendo la calidad que le dan las soleras de cerca de un siglo.
En 2007 la Revista Sommelier, de Alemania califica el fino y manzanilla de Gutiérrez Colosía como número 1 para maridajes.
En 2008 el Palo Cortado Colosía, recibe una nueva distinción, obtieniendo una puntuación de 95 sobre 100 por parte de la Guía Gourmet.
En 2009 la Copa Jerez, campeonato instituido por el Consejo Regulador del Jerez, la gana un chef holandés con vinos de Gutiérrez Colosía.
En 2010 Neuhaus, numero uno en pralinés de lujo desde 1991 en Bélgica, elaborados siempre de forma artesanal, ha elegido como complemento a sus productos al Oloroso de Gutierrez Colosia, dentro de una serie llamada The “Sommelier” collection en la que el Sommelier Maxim de Muynck, elegido sommelier del año 2009 por la prestigiosa Gault Millau, propone una combinación entre el Oloroso de Gutiérrez Colosía y bombones de la colección de Neuhaus.

La bodega, lindando con el río Guadalete, cuando pertenecía a la firma de Sancho Hermanos.

La bodega y el Palacio de Cumbrehermosa, al fondo, a la derecha, a la izquierda la Fábrica de Gas Lebón.
LA BODEGA CATEDRAL
Desde 1837, se encuentran en la desembocadura, del río Guadalete las bodegas de la firma de Gutiérrez Colosía, que fueron adquila única existente junto al río: los vientos secos de Levante y húmedos de Poniente provenientes del Atlántico regulan la humedad ambiental manteniendo las condiciones óptimas para los vinos, aportando la temperatura perfecta para la crianza biológica de los vinos finos bajo el velo “en flor”, que son levaduras o microorganismos que se reproducen en la superficie del vino y que le dan ese sabor tan característico a nuestros finos.

La Bodega, rotulada entonces como ‘De la Viña del Pollero Alto’, en la calle Aurora.

La Bodega, en los años setenta. Apreciamos construcciones de los pisos militares, a su espalda.

La Bodega en la actualidad. A la derecha, la Piscina Municipal cubierta.

Vista aéra de la bodega, antes de la urbanizacion de sus alrrededores. El Vapor, al fondo.
La primera ‘nave catedral’, que es como se conoce a este tipo de bodegas tan grandes y ampulosas, fue construida en 1837 y se conserva prácticamente igual que entonces. Pasó por varios propietarios (Marqués de Comillas, Sancho, Domecq, …) hasta que a principios del siglo xx la mitad de aquella bodega conocida como del ‘Pollero Alto’ la compró el abuelo de Juan Carlos.

Derrumbe del Palacio del Marqués de Cumbrehermosa. Daba a las calles Aurora, Valdés y Bajamar. En la imagen, por la calle Aurora, a continuación podemos ver las actuales bodegas de Colosía. Sobre este solar se construirían después unas modernas bodegas que hoy continúan en pié, pero sin uso vinatero.

Las bodegas que se construyeron en el lugar donde estaba Cumbrehermosa, vistas desde la Avda. de la Bajamar, esquina con Valdés.
En 1969, la familia Gutiérrez-Colosía adquiere las ruinas del Palacio del Marqués de Cumbrehermosa. Juan Carlos recuerda como vió derrumbarse una parte de aquelo edificio y su posterior demolición por cuestiones de seguridad. Eran otros tiempos… En su lugar hicieron construir dos cascos bodegueros más, a principio de la década de los sesenta del siglo pasado que, en la actualidad, están fuera de producción.
Juan Carlos Gutiérrez Colosía, amante de El Puerto, sus cosas y su historia; enamorado de la hoy y siempre difícil profesión de bodeguero, ilusionado por posicionar sus productos en el mundo (en estos días salen para el estado de Virginia (EE.UU.) unas botas de las bodegas Colosía), emprendedor, sigue buscando mercados, ofreciendo catas en origen y destino. En breve estarán en Barcelona; en agosto en Dinamarca, haciendo una degustación con el importador a almacenistas, restauradores y sommeliers; en octubre en Bélgica, y en invierno continuarán asistiendo a ferias y catas abriendo y consolidando mercados internacionales, ayudado por la nueva generación, los Gutiérrez Pou (Carmen y Carlota, en la imagen de la izquierda) y por su incansable esposa y compañera, Carmen Pou Riutort.
A principios del siglo XX la fotografía comercial creció con rapidez y las mejoras del blanco y negro abrieron camino a todos aquellos que carecían del tiempo y la habilidad para los tan complicados procedimientos del siglo anterior. En 1907 se pusieron a disposición del público general los primeros materiales comerciales de película en color unas placas de cristal llamadas Autochromes Lumière en recuerdo a sus creadores, los franceses Auguste y Louis Lumière, siendo peculiar en esta época que las fotografías en color se tomaban con cámaras de tres exposiciones. (En la imagen de la izquierda, Justino Castsroverde, en 1920).
Desde sus comienzos, la fotografía era muy cuestionada. Se movía entre ser considerada obra de arte o simplemente un instrumento de ayuda para los artistas plásticos. Pero fue en el siglo XX cuando en España se agudiza la polémica y surgen fuertes tensiones. Los que defienden el arte fotográfico y los que destacan el carácter automático, mecánico e inmediato de la fotografía.
En la época de los retratos con negativos al colodión y copias a la albúmina de color marrón pardo, pegados sobre cartulinas, nace en nuestra ciudad, el 2 de febrero de 1876, Justino Castroverde García, hijo del abogado portuense José Castroverde Quirós. A decir del historiador Rafael Garófano Sánchez -que ha estudiado la vida de Castroverde-, las circunstancias familiares llevaron a Justino a la fotografía.
Fallecido su padre y pese a su vocación universitaria de farmacia, le llevaron a trabajar a Cádiz como aprendiz en el estudio fotográfico de José Reymundo “con el que estableció no sólo una relación laboral, sino una vinculación personal y afectiva, que perduró hasta el fallecimiento del maestro en 1950″.
Reymundo, considerado uno de los mejores fotógrafos de la época, influyo decisivamente en la formación de su pupilo, sobre todo en un momento marcado por la revolución técnica de la fotografía instantánea, mediante las nuevas emulsiones de la firma Lumière en las placas de vidrio de los negativos. Tanto es así que la Revista Portuense en 1904, con motivo de una exposición en el Estanco de la calle Larga, define a Castroverde como “un artista laborioso, tan modesto como ilustrado, siendo ya un notable fotógrafo”.
El profesor Garófano encuadra a Castroverde en la denominada corriente pictoralista de la fotografía, aquella de pretensiones artísticas que surge como reacción a la fotografía de aficionados, considerada vulgar, reivindicando los valores propios de aquella para la realización de obras de arte en plena igualdad con otras disciplinas artísticas como la pintura, la escultura o la arquitectura. Los fotógrafos del pictorialismo se definen como fotógrafos y artistas en la línea de las teorías del romanticismo propias del siglo XIX, destacando la sensibilidad e inspiración de los autores y otorgando un papel secundario a los conocimientos técnicos.
Los primeros pasos profesionales de Castroverde se encaminaron a los “trabajos a domicilio”, haciéndole la competencia Antonio Gutiérrez que contaba con un prestigioso gabinete en la calle Larga, 54. En cuanto al dominio de las técnicas fotográficas es significativo el trabajo de ampliación que realizó Castroverde, del interior de la Iglesia Mayor Prioral, en unos momentos en los que la toma de interiores y las ampliaciones constituían todo un reto. También destacó por el empleo que hacía para las tomas del fogonazo de luz al magnesio, con el peligro que conllevaba.

En la Fotografía, Quico Pérez Sánchez y su amigo Justino Castroverde, tercero por la derecha, en una visita a las Cuevas Cantera de la Sierra de San Cristobal. (Foto: colección J.L.S.P.)
Cabe destacar entre las obras de este fotógrafo portuense, la irrepetible colección de las Cuevas de San Cristóbal, las tarjetas postales de rincones de nuestra ciudad o de retratos personales y su destacado papel como corresponsal gráfico en las prestigiosas publicaciones: ABC, Blanco y Negro, Mundo Gráfico y La Unión Ilustrada de Málaga o Sevilla.
Fotografió múltiples aspectos de la vida cotidiana portuense, estampas de pesca o de la vendimia, los toros, o acontecimientos religiosos y culturales, como manifestaciones de los usos y costumbres tradicionales de la ciudad que lo vio nacer.

‘Puesta de Sol en el Castillo de la Pólvora’. Premiada en 1951
La guerra civil truncó sus expectativas, ya que la fotografía se sitúo entre los artículos de lujo, y pasó a ocupar un puesto de administrativo en las Bodegas de Osborne, relegando su pasión a un segundo plano, lo que no fue obstáculo para que obtuviese el premio del ayuntamiento de El Puerto por su trabajo ‘Puesta de sol en el Castillo de la Pólvora’, en el II Concurso Provincial de fotografía organizado en Cádiz en 1951.
Fallecido el 19 de diciembre de 1956, Justino Castroverde fue ante todo una persona de su tiempo, apasionada por rescatar y difundir todo un pasado que se estaba transformando y que desde su visión de la modernidad de un nuevo siglo, intentó explicar gracias al valor de las imágenes como testimonio social de la realidad. (Texto: Enrique Bartolomé).
ALGUNAS DE SUS OBRAS.

Un día en la caseta de playa. Sentadas de dcha. a izda.: Nela (abuela materna de Begoña Osborne, que es quien describe a los integrantes de la fotografía), Encarnacion, Lalo, Manolo, y detrás Emilia Tosar Garcia de Valdeavellano. Sentado con chaqueta blanca, desconocido. De pie de dcha. a izda.: dos empleadas, Luisa Fernanda Ruiz de Cortazar y Tosar, Adolfo Tosar Garcia de Valdeavellano, y Luis o Joaquín Osborne Tosar. La niña tampoco sabemos quien es.

Inauguración muelle de San Ignacio.

Feria de Ganado en el Palmar. 1945.
En el año 1959 fue tomada esta instantánea, de niños que vivían en el que fue Casa de Cargador a Indias, luego reconvertida en casa de vecinos, y alrededores. Todavía lucía el barandal de madera, hoy desaparecido. Escalón inferior, de izquierda a derecha, Manolo Soriano, Pepín Soriano, desconocido, desconocida, Eva Soriano, desconocido, Maribel Soriano Gómez, Carmelo Soriano, José Luis Soriano y desconocido. Escalón de en medio, de derecha a izquierda: Perfecta (nótula 078 en GdP), Loli Soriano Gómez y Rafael Soriano. El resto, desconocidos. Animamos a los lectores a identificar al resto de los integrantes en la fotografía. En esta casa vivió el jugador del Racing, Manuel Soriano, (nótula 575 en GdP).

PALACIO DE ROQUE AGUADO.
La conocida popularmente como Casa de Roque Aguado se inscribe dentro del modelo de casas-palacio de El Puerto de Santa María. Su presencia contribuye a delimitar uno de los laterales de la Plaza del Polvorista, ordenando junto a la de Juan de Vizarrón todo el frente sureste de la citada plaza. Esta casa debió construirse sobre una ya existente por cuanto en la documentación gráfica datada en el primer tercio del siglo XVIII, ya aparece este frente de la plaza cerrado, si bien aún no figura la calle Aguado formada probablemente a raíz de la edificación del inmueble.
En 1784 D. Gaspar Aguado presenta un memorial al Municipio, solicitando construir un muelle a espaldas de “sus casas”, Plaza del Polvorista”. Del mismo modo, dos años más tarde, 1786, en la visita de inspección del Maestro Mayor de Albañilería Bartolomé de Ojea Matamoros para la concesión de licencia y acordelado del terreno para la elevación del muelle se cita esta casa como “Casas principales que esta fabricando D. Gaspar Aguado”.

El modelo de casa diseñado presenta la disposición propia de las casas palacio de la burguesía comercial: tres plantas organizadas en torno a un patio. No obstante, es la propia disposición del patio la que muestra una cierta alternativa. Muy sobrio, asentado sobre pilares, en vez de columnas, parece estar concebido como antesala de la casa. La fachada de tres cuerpos, separada por cornisas y rematada por antepecho con remates piramidales, queda articulada por el eje formado por el vano de entrada, adintelado, en cuya clave figura el escudo de Gaspar Aguado, y el balcón que existe sobre él, que probablemente también tuviera algún tipo de decoración. La fachada es de extrema sobriedad, únicamente rota por las barrocas molduras mixtilíneas que enmarcan los balcones de la planta principal.

En esta imagen se puede observar el escudo sobre el dintel de la puerta de abajo. En la inferior ha desaparecido.

REHABILITACIÓN.
La Junta de Gobierno Local celebrada el 10 de enero de 2008 acordó conceder licencia urbanística ‘de eficacia diferida’, a un proyecto de rehabilitación del inmueble, situado en la Plaza del Polvorista, 11, a la empresa inmobiliaria promotora, propietaria de toda la manzana exenta de Roque Aguado, (formada por las calles Cadenas, Polvorista, Aguado y Avenida de la Bajamar). El proyecto contemplaba la construcción de hasta 14 viviendas, así como locales comerciales. En la actualidad viven seis familias en el edificio -personas mayores–, algunos de los cuales nacieron en la Casa Palacio, fue también la casa de Perico el de la Carlota (Nótula 265 en GdP).

El Café Bar Playa El Rempujo ejerce su actividad en la planta baja. El edificio está catalogado con el máximo nivel de protección en el PGOU, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en 2006. Otras casas del entorno, en los años setenta y a principios del nuevo siglo, no tuvieron tanta suerte y cayeron por la piqueta, la incultura y la incuria tan portuense. La crisis económica ha enlentecido la marcha del proyecto.
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Soldados españoles en Cuba, antes de una batalla.

Soldados españoles en Cuba, prisioneros de las tropas norteamericanas.
Aunque en octubre de 1897 llegaron los primeros repatriados enfermos de Cuba, no sería hasta después de finalizada la guerra cuando desembarcó un nutrido grupo de excombatientes heridos y enfermos para los que se habilitaron diferentes puntos de atención sanitaria, una especie de prolongación de los hospitales de campaña en diversas provincias costeras, entre ellas Cádiz. El Puerto sería uno de los lugares elegidos para dicha instalación, nombrándose una comisión que debía estudiar y proponer el lugar adecuado.
El doctor Medinilla propuso la plaza de toros, por su ventilación y aislamiento de la población. Después se pensó en el edificio de Santo Domingo que había quedado vacío al trasladarse el ayuntamiento a la nueva sede en la actual plaza de Isaac Peral. También se barajó la posibilidad de instalarlos en las antiguas dependencias del colegio de la Aurora, en calle San Sebastián pero la rehabilitación resultaba excesivamente costosa. Finalmente, mediado octubre de 1898, se decidió fuera el recinto anexo a la penitenciaría de La Victoria, lugar cercano a la estación de ferrocarril y lo suficientemente alejado del casco urbano el sitio donde atender a los repatriados enfermos y el recinto donde debían pasar la cuarentena aquellos soldados sospechosos de estar incubando la enfermedad. (En la imagen, una ambulancia antigua, en un carro cubierto, tirado por un semoviente).

La estación de ferrocarril de El Puerto, en 1853.

Anuncio de trayectos de trenes, entre Cádiz, El Puerto, Sevilla, Madrid y otros, en 1898.
Los portuenses que se acercaron a los andenes de la estación a recibir a sus familiares y amigos y aquellos otros que lo hicieron en solidaridad con los excombatientes o por simple curiosidad, presenciaron un espectáculo que algunos han calificado de dantesco: jóvenes soldados tambaleándose de debilidad, escuálidos y demacrados; otros, llenos de vendajes sucios y deshilachados; algunos con miembros amputados de urgencia en el viaje de retorno y otros, agonizantes, trasladados en angarillas. Era invierno y la lluvia que en ocasiones complementaba la escena, añadía si cabe, tintes más sombríos a la dramática escena. Y toda la ciudad quedó impresionada:

Poema realizado por Muñoz Seca en su etapa juvenil, estudiante de Filosofía y Letras en Sevilla, publicado en la Revista Portuense en la que colaboraba.
“… llega el día en que los hechos, con su angustiosa y aterradora realidad, aparecen a la vista de los portuenses, y entonces, como si los impulsara mágica influencia, todos abren sus ojos para humedecerlos con el llanto, todos abren sus labios para lanzar frases compasivas. Todos, en fin, abren sus cajas para prestar su material auxilio. Y, en un momento, crece y se desarrolla la venerada Cruz Roja que tiende sus brazos sobre los que sufren en el lecho del dolor y padecen sed y desnudez y hambre, y no tienen padres que los lleven sobre sus hombros, ni madres que les besen las frentes calenturientas.”

Así se expresaba “Justo” en la Revista Portuense. Y cita, dándola como existente, a la que, posteriormente, sería la Asamblea Local de Cruz Roja. En esas fechas ostentaba su presidencia el médico don Adolfo Barra y la componían, entre otros, sus colegas Rafael Rioja y Plácido Navas, el farmacéutico Agapito Ruiz y otros portuenses tan significados como los hermanos Ramón y José Arvilla, Ramón Ameneiro Barba, José Martínez Colom, Francisco Lucuix y Luís Pérez Gutiérrez. (A la izquierda, anverso y reverso de la Medalla otorgada a la Cruz Roja Española, por las Campañas de Repatriación de 1895-1899)
La Cruz Roja canalizó la generosa ayuda que nuestros paisanos aportaron con ese expreso fin, algunos de forma anónima y otros con donativos en especie: tabaco, vinos, ropas. Pagaron los féretros de los muertos, los viajes de los vivos, les dotaron de mudas nuevas, gestionaron sus papeles, les agasajaron con vino y tabaco y, lo que es mas importante, les hicieron compañía, visitándolos y proporcionándoles el calor humano del que tan necesitado estaban, escuchando sus cuitas y penalidades. (Texto: Antonio Gutiérrez. A.C. PUERTOGUÍA).

Dado que el archivo de la Cruz Roja Local es prácticamente inexistente por un periodo que abarca entre que fuera desmilitarizada, –hará aproximadamente 25 años– y su fundación, invitamos a los lectores de Gente de El Puerto que tengan algún tipo de documento, fotografía, recorte de prensa, insignias, recuerdos, bonos, etc… nos lo hagan llegar (original o copia) para la creación de un fondo documental de dicha institución benéfica, que será entregado a la misma para su catalogación y archivo. La Cruz Roja cuenta en El Puerto con más de 100 años de existencia.