Castor Montoto de Sedas y Luis Ramón Suárez Rodríguez.
Leyendo que el Beato de Liébana, en pleno Concilio de Sevilla, el año 785, increpó a Elipando, Obispo de Toledo, influido éste por la herejía adopcionista, y le llamó “Cojón del Anticristo”, me viene a la memoria un santo varón que no pronunció nunca una palabra más alta que otra. Lo más fuerte que se conoce que dijo fue “¡Pardiéz!” y hay algunos que le oyeron decir, en una ocasión, hasta “¡Cáspita!.
Se trata de Don Cástor Montoto de Sedas Raustentrauch y Vigueras, Notario que fue muchos años de esta Ciudad, gran jurista, Caballero del Santo Sepulcro, de distinguida familia sevillana e hijo del ilustre polígrafo Don Luis Montoto Raustentrauch. Don Castor, con el seudónimo de “Gustavo Luis”, escribió una magnífica biografía de su padre y aun otra del predicador Padre Alfonso Torres. S.J. y dio a la imprenta algunos escritos sobre la beata Madre Rafols. (En la imagen de la izquierda, ‘Un orador ascético’ uno de los libros de Castor Montoto, publicado en Cádiz en 1954, prologado por José María Pemán).
Estuvo en dos etapas en nuestra Ciudad. En la primera sucedió a un particular Notario, Don Francisco Rojas, que además de cervantista fue boticario. En la rebotica, alguno de su tertulia le recomendó estudiar Derecho, lo que hizo, y opositó para Notario, lo que consiguió, aportando una fórmula de tinta indeleble, de su invención, que hacía duraderos y legibles los protocolos. En la segunda etapa, Don Cástor sucedió a Don Francisco Rodríguez Perea, Notario que, no se sabe por qué extraña razón, se sabía todas las líneas ferroviarias de España, con sus estaciones, llamaba a su mujer “la cadena perpétua” y a su yerno, militar de profesión y padre los “Murillo”, unos compañeros míos del colegio, “El Gran Capitán”. (En la imagen de la izquierda, la casa donde estuvo la Notaría de D. Castor Montoto, durante su segunda etapa, en Federico Rubio, esquina con Santa Lucía, frente al Estanco de Vicente Peris Tey).
RANCHO DE POLLA TIESA, HIJUELA DEL CHOCHO, LA CACHONDA, CACHONDILLA
En su vida profesional, Don Cástor se vio en serio un apuro, cuando tuvo que autorizar una escritura de compraventa en Rota: se trataba de la finca denominada “Rancho de Polla Tiesa”, que lindaba con la “Hijuela del Chocho”, “La Cachonda” y “La Cachondilla”. Don Cástor enrojeció al leer, para sí, el instrumento. Así que invitó a cada uno de los otorgantes a leer, por sí, la escritura y, pesaroso por tener que autorizar tamaña obscenidad, luego de signar con la cruz patriarcal y las iniciales de sus padres, L (Luis) y A (Asunción) como solía, puso su firma, a continuación de la de los otorgantes, dijo: ¡Cáspita! (En la imagen de la izquierda el padre de Castor, Luis Montoto Rautenstrauch (Sevilla, enero de 1851 – ibídem, 30 de septiembre de 1929), escritor, paremiólogo y folclorista español).
Y es que los santos varones, ya sean el Beato de Liébana o Don Cástor Montoto, algunas veces no tenían más remedio que desfogar por la boca su indignación, lo que es enormemente saludable y, en modo alguno, pecaminoso. (Texto: Luis Suárez Ávila).
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La Virgen del Carmen, en el falucho ‘Bellita’, el día de la Asunción, hace 80 años.
Hace 80 años que la imagen titular de la hermandad del Carmen, la que se venera en las Concepcionistas, procesionó por la ribera del Guadalete. El 16 de julio de 1930 lo había hecho por las calles de la ciudad, procesión iniciada en El Puerto en el en el verano de 1896. Pero en la Festividad de la Asunción de dicho año, el 15 de agosto, presidió una inédita (hasta entonces) procesión marinera, que se ha convertido en tradición local a partir de los años 50 y que se celebra de forma paralela a la llamada “procesión terrestre”.
La iniciativa del cortejo marítimo partió del Ayuntamiento encabezado por el Alcalde Eduardo Ruiz-Golluri, (en la imagen de la izquierda) quien promovió los festejos durante su mandato. Fue un emprendedor alcalde que truncó su inquieta trayectoria con la llegada de la Segunda República. Entre otros eventos ideó la denominada Fiesta del Vino en el Parque de la Victoria, una de las precursoras de nuestra actual Feria de Primavera. El turismo estival, demasiado elitista entonces, se convertía en uno de los mimos del gobierno local más por prestigio que como una fuente de ingresos de primer orden. Aunque algunos empresarios y políticos visionarios comenzaron a sospechar de las posibilidades del sector.
Como las arcas municipales no podrían acometer demasiados dispendios lúdicos, a través de una cuestación popular se sufragaron los gastos de la llamada Fiesta del Mar, para la que se recaudó entre empresas y particulares 3.557 pesetas (unos 5.000 euros al valor actual). En la tarde del 14 de agosto, en medio de gran expectación, fondearon en el muelle pesquero los Torpederos 16 y 19 de la Armada, como visita excepcional, abriéndose con la bienvenida esta festividad marinera. Por la noche se ofreció en el Consistorio de la Plaza Peral una cena de gala, organizada por el recién nacido entonces Club Náutico. El baile estuvo a cargo de la orquestina del Casino.
La procesión marinera se inició a la calurosa hora de las cinco de la tarde del festivo 15, con el traslado de la imagen desde la Prioral hasta el muelle de San Ignacio. El paso iba portado por los marinos de los torpederos y a las siete y media la Virgen fue colocada en un falucho rotulado como Bellita, adornado como una góndola veneciana. La procesión partió a las ocho, con la escolta del remolcador Nefiche y el vapor Virgen de las Nieves. Los barcos tomaron en principio hacia la sede del Náutico, entonces junto al puente San Alejandro, adornado su perfil con luces de colores, al igual que el desaparecido transbordador de sal, para después recorres la ría hasta La Puntilla. La Virgen fue llevada en su paso hasta la Prioral y al término de la ceremonia se celebró en los baños Termales otra cena de gala y baile, organizados en esta ocasión por otra de las corporaciones señeras de la ciudad, la Academia de Bella Artes. (Texto: Francisco Andrés Gallardo).
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El Asilo de Huérfanas, corral, iglesia y colegio, visto desde la esquina de la calle Cervantes, antes Lechería. (Foto: A.G.R.)
En 1872 la Junta Directiva de la Asociación de Católicos de El Puerto pone bajo la protección de una “Sociedad de Señoras” el Asilo de niñas huérfanas denominado de “San José”.

Reunidas en Junta General Extraordinaria y aceptada la responsabilidad y funciones del Asilo, se proponen acoger el mayor número posible de niñas huérfanas para atender sus necesidades, suministrándoles alimento y vestido, instruyéndoles y dándoles una educación básica y formación cristiana a fin de que cuando salgan del establecimiento sepan ganar con el trabajo su sustento y ser en la sociedad ‘mujeres honradas’.
Para conseguir tales objetivos el Asilo de San José se pondrá a cargo de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul. Esta Casa se mantendrá con el producto de suscripciones voluntarias, de los vecinos generosos y caritativos de El Puerto y con las limosnas que puedan obtenerse. (En la imagen, fachada principal del Asilo de Huérfnas, por la calle Cielos).
Las Hermanas creyeron conveniente abrir de inmediato clases gratuitas para niñas pobres externas. Al ir pasando el tiempo fue aumentando el número de internas y externas y al estar al arbitrio de limosnas obligó a las monjas a desplazarse por la zona en busca de ayuda.

Fachada de la iglesia del Asilo de Huérfanas.

A la izquierda, edificio que hoy ocupa el espacio dejado por la iglesia y el Colegio, en la calle Cielos.
Desde su casa en la calle Cielo nº 23 las religiosas tratan de dar al Centro el carácter legal requerido para su funcionamiento. En 1949 el Ministerio de Educación Nacional otorga la autorización definitiva
para impartir Enseñanza Primaria en las “Escuelas del Niño Jesús”. En 1952 se logra el reconocimiento como “Centro Docente Benéfico” lo que le asegura la ayuda del estado. (En la imagen, ficha del Asilo de San José).
En 1957 el Colegio es propuesto por el Ministerio de Justicia, Junta de Protección de Menores, para instalar en él un internado y medio-pensionado dedicado a niñas pertenecientes a dicho departamento. El Delegado Local justifica esta elección “por llevar casi 100 años funcionando en esta localidad dando un rendimiento extraordinario”.

Clase de primaria de niños, de izquerda a derecha, fila superior, la señoritas María Luisa Barriola; José Ignacio Gonzalez Lechuga; Antonio Chamorro; Agustín Peralta Tosar; Jose Esteban Poullet; 3 desconocidos; Murga; Enrique Esteban Poullet; Leopoldo Jimenez Ruiz; la señorita Rosa Alcón. Siguiente fila de izquierda a derecha: Lore (tonelería); Jesus Bononato; Antonio Ojeda Lores; Lores (primo del anterior); José Villar Guerrero; Fosco Antonio Valimaña Lechuga; Juan Monje Reinado; Rosso; otro Rosso; Juan Miguel Fernández; Manuel GarcÌa; García (hno. de Manuel); José Luis Lojo Lozano; Ramón Villar; Vicente Tur; Alvaro Osborne Tosar; Manuel Camacho Villegas; Desconocido; Juan García; Miguel; Desconocido; Desconocido; Tiene el nombre de 2; 2 desconocidos

Foto de niñas perteneciente a la Asociación de la Medalla Milagrosa, acompañadas con las monjas con las antiguas y características tocas, posando en el patio del colegio en la calle Cielos.
En 1970 se incluye en dicho Centro una Escuela Hogar en donde un numeroso grupo de niñas de los campos de la comarca se integraron junto con las internas adscritas a Protección de Menores.
En 1972 el centro cumplió su centenario, y el Ayuntamiento, por acuerdo de la Corporación Municipal donó al colegio los metros cuadrados necesarios para construir un nuevo Centro según la Ley de EGB, una Escuela Hogar y una vivienda para la comunidad religiosa. La construcción se llevaría a efecto con los ahorros aportados por todas las comunidades religiosas de la orden, en la provincia. (En la imagen, niñas jugando en el antiguo colegio).
En 1976 se inaugura el nuevo Colegio denominado a partir de entonces Luisa de Marillac, situado en a calle Maestro Juan Pinto, núm 8. El equipo educativo estaba formado por seis hermanas y cuatro profesoras seglares. Durante el curso 2002/03 el Colegio celebró su 25 aniversario. En la actualidad el equipo educativo está formado por tres hermanas y dieciséis profesores seglares. La comunidad del colegio cuenta con nueve hermanas.

Patio del antiguo colegio del Asilo de Huérfanas.

Fiesta Fin de Curso, en el antiguo colegio.
El colegio Luisa de Marillac, Centro Privado Concertado, tiene como entre sus fines fundacionales el de los Centros Educativos Vicencianos. Ofrece las enseñanzas correspondientes a Educación Infantil, Educación Primaria, Educación Secundaria Obligatoria.
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«Así llegamos a la ocupación de la casa [Larga, 67 antiguo, 27 moderno y 23 actual] por parte de Carlos Sutton Campbell, al que normalmente citan sus contemporáneos como Carlos S. Campbell debido a que en la firma que poseía desde hacía muchos años utilizaba solo este apellido: “Campbell y Hodges”. Dedicada a la crianza y venta al por mayor de vinos, con tonelería propia, transformó la compañía, que paso a llamarse posteriormente: “Campbell & Co.” (Portada de Larga, 67 antiguo, 27 moderno y 23 actual. Foto: A.G.R.)

Libro de Registro del Padrón de Habitantes de El Puerto de Santa María, donde figura Carlos Campbell, el primero de la lista. (Foto: A.G.R.)
Este caballero inglés, nacido a principio del XIX en la ciudad de Edmonton, Vicecónsul de Su Majestad Británica en esta ciudad se había casado por el rito católico en la iglesia Mayor portuense el 2 de Agosto de 1834 con doña Luisa Walsh Linche, enviudando nueve años más tarde. De dicho matrimonio nacieron Carlos Luis, Francisca Guillermina, Juan, Isabel Luisa y Luis Alejandro Campbell Walsh. Seis años después contrajo nuevas nupcias en Woolwich, Inglaterra, con Margarita Murray, quince años más joven, que le dio media docena de hijos. Tres de ellos figuran censados en la casa de Larga 27 en el padrón de 1865: Aurora, Ernesto y Alejandra. Faltaba Isabel, que en esa fecha tendría 14 años y residía con su tía Isabel Norton Campbell, en Inglaterra y aún no habían nacido ni Olga, ni Oscar, que lo harían en los años 1870 y 871 en la propia casa. También estaba censado uno de los hijos del anterior matrimonio, Juan Campbell Walls que en esta fecha tenía 25 años y estaba soltero. Elegido por el padre y educado para ello, sería el continuador de los negocios familiares.
Entre los bienes que conocemos poseía se encontraban tres suertes de tierra en el pago de “Balbaina la Baja” que, juntos, sumaban casi treinta aranzadas sembradas de viñas, con casa de piedra en la que realizaban las faenas de vendimia. El edificio de bodega constaba de cinco naves y un patio que servía de trabajadero de tonelería, con pozo, en el valle de San Francisco –creemos se trata del ensanche del Campo de Guía-. A espaldas de las naves de bodegas tenía una huerta, nombrada “Santa Susana” compuesta de 8 aranzadas de tierra calma, con casa de piedra, pozo y alberca. Este fue el último inquilino, hacendado y bodeguero, que tuvo la casa.

Una insólita vista de una de las Bodegas de Campbell, desde los tejados de la Plaza de Toros.
EL CEMENTERIO INGLÉS.
Cerramos el presente capítulo aportando algunos datos sobre una obra suya, desparecida en la actualidad, de la que se sintió orgulloso mientras vivió. Se trata del lugar conocido como “Cementerio Inglés” o “Cementerio Protestante” que construyó en terrenos baldíos del Palmar de la Victoria que había comprado al ayuntamiento. Contando con la aprobación gubernamental y con las instrucciones recibidas del lord Obispo de Gibraltar procedió el día 3 de Julio de 1875 a la consagración del lugar, según el rito y ceremonia de la Iglesia de Inglaterra, como camposanto destinado para dar sepultura a los súbditos ingleses y demás extranjeros que profesasen la religión protestante. En un codicilo que redactó el verano de 1878 en la notaría de D. José Maria Palou, expresó su voluntad de que sus herederos cuidasen y conservasen este recinto, cercado con una tapia de mampostería y dotado de arbolado y jardines.

Vista aérea del Cementerio Inglés, en la antigua N-IV, a la altura de donde se ecuentra el Centro comercial El Paseo.

Fachada semiderruida de la desaparecida tapia del Cementerio Inglés. (Foto: Centro Municipal de Patrimonio Histórico).
El paso del tiempo y la extinción de la colonia inglesa existente sepultaron en el olvido y abandono aquel lugar, demoliéndose por necesidades de planificación urbanística de la zona después de cumplirse el siglo de su construcción, con la anuencia de las autoridades británicas a las que solicitó licencia el Ayuntamiento local. [Se construiría un Centro Comercial] (Antonio Gutiérrez, de A.C. Puertoguía. Fragmento de su trabajo inédito «Historiografía social de la Casa Palacio de Larga, num. 67 antiguo»).

Vista aérea de El Puerto en la década de los setenta. Podemos ver a la izquierda, el Cementerio Inglés. Aún no se habían construído ni PRYCA ni las Galerías de El Paseo.
En marzo de 1997, un octogenario John V. Drysdale Wilson, al que tuvimos oportunidad de conocer, estuvo visitando El Puerto investigando la historia de su tatarabuelo Charles Sutton Campbell vicecónsul de Inglaterra en El Puerto entre 1834 y 1883, es decir, durante casi 50 años. Nos refirió en aquella visita que su antepasado llegó a nuestra Ciudad procedente de Jamaica, donde su familia tenía plantaciones y empleados en situación de casi esclavitud, algo que no le gustaba y por eso cambió la orientación de sus negocios. Aquí se estableció en el Pago de Balbaína, por la carretera de Sanlúcar, detrás de la Viña del Caballo, en un lugar conocido por la gente del campo como ‘Locambre’, –Lo de Campbell– algo que le resultaba difícil de pronunciar al campero. Y tuvo oportunidad de visitar entonces tanto la Viña Maria Luisa como la Bodega de Campbell & Co, que en 1997 pertenecía a Osborne. (Texto: José María Morillo).
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Juan A. Villarreal Panadero, nació –“le nacieron” dice él– el 21 de mayo de 1954 en Córdoba, ciudad de la que procede toda su familia materna, aunque, pasado poco más de un mes, llegó por primera vez a El Puerto, para quedarse definitivamente.
El año 1954, nacieron también, la cantautora catalana Marina Rosell, la actriz y modelo estadounidense René Russo, el actor John Travolta, el actor, productor y director de cine de origen chino, Jackie Chan, la actriz y modelo española, Amparo Muñoz, la política alemana y canciller, Angela Merkel; Hugo Chavez, presidente de Venezuela, el actor Antonio Resines, el cantautor español de Radio Futura Santiago Auserón; el músico, cantante y compositor británico Elvis Costello, el director de cine y músico serbio Emir Kustirica; Prachanda, líder maoísta en la guerrilla del Nepal, iniciada en 1996. Ese mismo año, le otorgaron el Premio Nobel de Literatura a Ernest Hemingway y el de la Paz a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.
Su infancia, a caballo entre las dos ciudades, por aquello de visitar a los abuelos, la pasó viviendo en la calle de San Bartolomé y acudiendo a los colegios de Las Carmelitas y de La Salle. El bachillerato lo estudió en el colegio de San Luis Gonzaga. Comenzó sus estudios universitarios en Cádiz y los concluyó en la Universidad de Sevilla en la que se Licenció en Filosofía y Letras, en la especialidad de Lengua y literatura Españolas. Está casado, tiene tres hijas y dos nietas.

En su etapa de director del IES José Luis Tejada, durante la visita del entonces Delegado Provincial de Educación –hoy Director General de Juego s y Espectáculos de la Junta de Andalucía, Manuel Brenes, con un grupo de alumnos y profesores, entre los que se encuentra Jesús Py.
Estuvo trabajando como profesor en el colegio de San Luis Gonzaga hasta el año 1984 en el que aprobó las oposiciones y se incorporó a la enseñanza pública. Desde entonces, ha estado en institutos de Ubrique, Jerez y Rota. En el año 1992 ocupó su plaza en el instituto José Luis Tejada de nuestra ciudad, en el que permanece en la actualidad y del que ha sido director durante seis años.

De izquierda a derecha, Ramón González Montaño, Monseñor Rafael Bellido Caro y Juan Villarreal Panadero, el día de su ordenación como Diácono, en la Iglesia de San Marcos.
Ese mismo año de 1992, el año de la Exposición Universal de Sevilla, se ordenó como Diácono Permanente en la catedral de Jerez, tras cinco años de formación teológica. Como Diácono ha ejercido su ministerio en la parroquia de San Marcos, en San Joaquín y desde 1995 trabaja en la Pastoral Penitenciaria, desempeñando la función de capellán del Centro Penitenciairio Puerto I aunque también visita a los presos de Puerto II.

De izquieda a derecha, Juan Villarreal, José Galán Venegas, entonces Hermano Mayor de la Hermandad del Carmen y el que fuera Obispo de Jerez-Asidonia, Rafael Bellido Caro.
Es también profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Jerez, donde imparte la asignatura “La idea de Dios en la Literatura” a los alumnos de 4º y 5º. Ha pronunciado, asimismo multitud de charlas y conferencias tanto de contenido religioso como educativo.
Ha colaborado en distintos medios de comunicación con artículos y comentarios. Entre ellos el Diario de Cádiz y Radio Puerto. Actualmente tiene una columna quincenal en Noticias Locales e interviene periódicamente en la televisión por internet de dicho medio.

Con el torero Rafael de Paula y el entonces presidente de la Academia de Bellas Artes, Francisco Arniz Sanz.
Nuestro protagonista escribe poesía. Es por ello que forma parte de la Antología de Poetas Portuenses que publicó la profesora Rosario Guardiola, ha intervenido en los diferentes Belenes Poéticos que organiza la Hermandad del Dolor y Sacrificio, ha publicado en diferentes revistas literarias y está pendiente de la publicación de un libro de poemas en los que ha recogido sus vivencias en los muchos años que lleva visitando la cárcel durante su labor pastoral.

Pronunciando una conferencia en el Salón de Actos del Casino Bahía de Cádiz, junto a Francisco Arniz y el desaparecido alcalde de El Puerto y catedrático de Lengua y Literatura, Manuel Martínez Alfonso.
Juan Villarreal, como es conocido por todos, tiene un extenso currículo como pregonero tanto en El Puerto como en otras ciudades. Concretamente en nuestra ciudad ha pregonado la Semana Santa, la Feria, la festividad de nuestra Patrona, la fiesta de la Virgen del Carmen, la fiesta de los Patios y otras muchas efemérides en distintas organizaciones tanto civiles como religiosas. Como dato curioso y anecdótico podemos señalar que ha pronunciado el pregón de la feria taurina de la ciudad gallega de La Coruña.
EL PREGÓN DE LA FERIA DE 1988. Fragmento.
«La feria es el espectáculo total. Es imposible inhibirnos de su magia, de su fuerza. Parece como si todos los elementos que se dan cita en ella nos envolvieran y nos hicieran sentirnos en otro mundo de fantasía, como si fuésemos transportados hacia un éxtasis bullicioso y festivo. Los cinco sentidos se te llena de feria y no puedes librarte de su influencia porque cada uno de ellos nos transmite sensaciones diferentes y, a la vez, complementarias. Por eso me gustaría, con mis palabras, ser capaz de analizar, de describir la feria desde cada uno de los cinco sentidos, de poder darle cinco perspectivas, de explicarla desde cinco ángulos, de acercarme a ella por cinco caminos diferentes que, como en peregrinación romera, nos condujeran al santuario de la fiesta en su más pura esencia popular.» (En próximos días Juan Villarreal nos contará, a través de Gente del Puerto, los cinco sentidos en la Feria, fragmentos de su pregón pronunciado en la Caseta de Helo-Libo, en 1988).
Pregón del Cincuentenario de la Hermandad del Dolor y Sacrificio, a cargo de Juan Villarreal, celebrado el 19 de mayo de 2007, en el Auditorio Municipal de ‘Las Capuchinas’, siendo presentado por el hermano fundador de dicha cofradía y antiguo hermano mayor, Felipe Bononato Saéz, diácono, con nótula 187 en Gente del Puerto.
Hoy 28 de abril se cumplen 485 años de la formalización oficial del culto a San Sebastián, como copatrono de la Ciudad, junto a San Francisco Javier y a la Virgen de los Milagros. Desconocido para muchos, durante la Edad Media y debido a la epidemia de peste que afectaba a El Puerto, San Sebastián fue considerado como “santo abogado de los contagios”, celebrándose una fiesta religiosa en su honor, sustentada por una cofradía y una ermita, lo que da una idea de la importancia que tuvo para aquel Puerto del siglo XVI. Si bien los orígenes del patronazgo de San Sebastián se remontan a finales del siglo XV, no será hasta el año 1525, cuando se consolida el culto del santo. El culto a San Sebastián es muy antiguo, siendo considerado como el Apolo cristiano, al ser uno de los santos más reproducidos por el arte en general. Un santo, que fue martir muriendo asaeteado por flechazos y que es considerado por algunos como el patrón de los homosexuales. Celebra su santoral el 20 de enero. (En la imagen, azulejo del siglo XVIII, de la calle San Sebastián esquina con calle Cruces).
Para el periodista José Pablo García Baez, «Según un acuerdo capitular fechado el viernes 28 de abril de 1525, contiene una noticia basada en cuatro puntos, que nos hace pensar que este año fue oficialmente formalizado el culto a San Sebastián. Los cuatro puntos trataban del eje principal del culto y su fiesta eran éstos: la existencia de una Capilla de San Sebastián, la existencia de una cofradía en su honor, la celebración de la fiesta y el voto de la ciudad para la celebración de ésta. La devoción por este mártir era enorme en este siglo XVI. Llegaba a tal extremo, que en el mencionado acuerdo anterior, el mayordomo de la cofradía pedía a la ciudad que para evitar los tumultos que se formaban en la fiesta de San Sebastián, sólo concurrieran a la procesión los cofrades del santo.

Manuscrito del siglo XVI
Ésta se comenzó a realizar para pedir el cese de la fatídica peste que asolaba a la ciudad en la Edad Media. Don Fernando Valdés, en nombre del Cabildo Municipal, hacía esta singular petición: “que los curas y clérigos hagan procesión el día de San Sebastián y celebren su fiesta y la de San Roque gratis como se solía hacer pues se hace por la salud y bien público”. Con esta curiosa misiva, la Ciudad se curaba en salud, y nunca mejor dicho, e invocaban de esta forma a San Sebastián y San Roque, abogados en los contagios.
La Cofradía de San Sebastián, fundada a principios del siglo XVI, continuaba con la ermita que tiempo antes había comenzado a utilizar para el culto de su titular, pero hasta cierto punto mediatizada por la ciudad que consideraba como suyo todo lo que tenía que ver con el patrono. Ésta ermita, situada en lo que hoy conocemos como la barriada Durango, y en la que todavía se encuentra una cruz de ésta, se encontraba en mal estado y necesitaba un arreglo urgente. Para el seguimiento de estas obras y para darle mayor solemnidad a la fiesta, se creó la figura de los hermanos mayores y el mayordomo.
En el Cabildo de 2 de enero de 1611 se nombró como hermanos mayores a Antonio del Rico Abano y a Tomás de Quirós. A pesar de que la ciudad aportaba el dinero para gastar en lo que fuera necesario, además de sufragar el gasto de reedificación, la hermandad quería desligarse y emanciparse del municipio, pero no había ocasión. Ya entrados en el siglo XVII, la cofradía pierde su fuerza en la Ciudad, y poco tiempo después, desaparece. Esta circunstancia, junto a que no existía patrono en la Ciudad, daban derechos plenos a la ciudad sobre el culto y la fiesta del mártir. (En la imagen, la cruz de la Ermita de San Sebatián, que aun se conserva en el lugar donde fue construida ésta, y en los terrenos aledaños donde más tarde habría un Hospital de Mujeres).
Estando la capilla de San Sebastián en obras, y la Iglesia Mayor con dos naves caídas y una tercera amenazando, la fiesta en honor al santo tuvo que celebrarse en el Monasterio de la Victoria, de la que era patrón el Duque de Medinaceli, señor de la Ciudad. Los patios del Monasterio fueron testigos de la procesión solemne, la misa cantada y sermón. Entre tanto, la obra de la capilla iba adelantando y se instalaba la efigie de su titular.
La devoción en El Puerto era creciente, y se creyó a bien comprar unos terrenos anejos a la ermita para su ampliación. Por siete reales, la Cofradía de las Ánimas vendió sus propiedades. Esta compra se convirtió en los cimientos de una muerte anunciada para el culto religioso en la ermita de San Sebastián. Este amplio terreno despertó el deseo de varios fundadores de monasterios y hospitales, y su ocupación por parte de éstos no tardó en ocurrir.
En este caso el antojadizo fundador era el capitán general de la Mar Océana, y señor de la Ciudad, Don Juan Francisco Tomás de la Cerda. Este señor se convertiría una auténtica amenaza para el culto de San Sebastián y su ermita. Anteriormente había dejado sin bienes a la cofradía de la Santa Misericordia. Y en sus trece por construir un hospital de mujeres, pidió al Ayuntamiento la capilla del patrón. (Retrato de Juan-Francisco II Tomás de La Cerda y Enríquez de Ribera, Marqués de Cogolludo y 8º Duque de Medinaceli (1637-1691); obra realizada por Claudio Coello. El 8º duque llegaría a ser el primer ministro del rey Carlos II, sucediendo a Don Juan-José de Austria y precediendo al conde de Oropesa al frente del Gobierno de una España mortificada.).
En 1696 se fundaba mediante escrituras públicas el hospital de Nuestra Señora del Amparo, gracias a las aportaciones que una importante aristócrata de la Ciudad hizo en favor de la creación de las enfermerías necesarias.
En el siglo XVIII el culto disminuyó considerablemente. Varias son las causas que justifican este descenso de la devoción en la Ciudad por el patrono San Sebastián. Por una parte, la devoción popular giró en torno a la Virgen de los Milagros; por otra parte, cada vez más, San Francisco Javier, copatrono de la ciudad, tenía mas adeptos entre la feligresía. Además, la fiesta en su honor, ganaba solemnidad y aceptación; por último, los votos a Nuestras Señora de la Merced por la liberación en 1702 de la invasión angloholandesa, y la Santa Cruz por la desaparición de la peste.
En el siglo XVIII hubo un intento de recuperación de la capilla y el hospital de San Sebastián, para el establecimiento de un nuevo hospital de mujeres. Entonces tres sacerdotes portuenses fueron al Concejo de Castilla en solicitud de permiso para la fundación de un hospital de mujeres, que vería la luz tras ocho años de litigio.
Poco a poco el patrono San Sebastián ha ido perdiendo peso específico en la historia de la Ciudad, hasta llegar al desconocimiento por parte de gran número de portuenses. Nada se sabe de la imagen primitiva, ni siquiera si pudo haber más de una. Lo cierto es que actualmente la ciudad carece de una imagen de un San Sebastián para el culto, a pesar de ser patrono de la misma.
Bien es cierto que un estudio de restauración llevado a cabo por los restauradores Enrique Ortega y Rosa Cabello hace ahora 14 años, se concluyó que la imagen del Cristo de la Flagelación posee una talla de un San Sebastián. Como explica Enrique Ortega: «las representaciones de Cristo azotado aparecen atadas a la columna con las manos por delante, para tener la espalda libre para recibir los latigazos. Este Cristo tiene las manos atadas a la columna con las manos por detrás, y además presenta numerosas heridas en la parte delantera de su cuerpo». Por tanto podemos afirmar que el Cristo de la Flagelación representa iconográficamente la imagen de San Sebastián. Lo que no puede afirmar el restaurador es la procedencia de esta talla. (En la imagen de la izquierda el Cristo de la Flagelación, que se venera en la Parroquia de San Joaquín).
Así, no se puede desvelar si este Cristo pudo pertenece algún día a la Cofradía de San Sebastián, si procesionó por las calles de El Puerto como patrono de la Ciudad, o si alguna vez estuvo expuesto en la capilla que ocupaba lo que hoy es el final de la calle San Sebastián. Sólo las investigaciones y el paso del tiempo podrán responder a estos interrogantes».
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Ángel Angulo Fernández (O.F.M.), nacido en Portugalete (Bilbao) en 1942, vive con nosotros desde la década de los setenta del siglo pasado.
¿Les suena esta cara? ¿En qué lugar se cruzó con ella? ¿En el Instituto, en una Iglesia, en un Juzgado, en la cárcel, quizá? ¿Tal vez en un campo de fútbol? La cara de este hombre que mira al objetivo de la cámara como mira a la vida (de frente y por derecho), las gafas de miope, el pelo alborotado, su voz de profeta del Antiguo Testamento (no me digan que no la oyen), forman parte, desde finales de los 70, del paisaje sentimental de varias generaciones de portuenses.

De izquierda a derecha: Pepe Mendoza, Rafael Bermudo, Antonio Muñoz-Repiso, Pedro Masa y Emilio Flor. Agachados: Ángel Angulo, Alberto Martínez Pérez, Ignacio Fernández Prada, Enrique Bartolomé y Agustín Fernández. Viaje deportivo a Portugal. Año 2007.
Más que inescrutables, este compañero del alma de Francisco de Asís, amigo de Concepción Arenal y admirador de Iríbar (todavía el mejor portero del mundo), ha creído siempre que los caminos de Dios son convergentes. Porque Dios, eso nos dijeron de pequeños, está en todas partes, ¿no? Es cierto que nadie ha demostrado todavía la existencia del Creador (ni falta que hace), pero sí que hay datos contrastados de que los sábados por la mañana acompaña al fraile de Portugalete al Colegio Sagrado Corazón, para hermanarse con alguna de sus criaturas, en esa liturgia pagana que tiene como altar dos porterías, y para celebrar después del partido, entre jarras de cerveza y chorizos de San Millán de la Cogolla, que es fantástico que todos seamos hermanos en la fe en la pelota que rueda por los recreos de la infancia.

De izquierda a derecha: Ángel Angulo, Rafael Bermudo, Enrique Bartolomé, Agustín Fernández, Antonio Muñoz-Repiso y Alberto Martínez Pérez. Viaje deportivo a Portugal. Año 2007.
Anda también Dios, entre semana, de procurador del abogado Angulo (procurando que no pierda la esperanza), ora en los Juzgados, ora en las cárceles, convencido de que el dolor es la dignidad de la desgracia; que la injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra los desdichados; que la persona que se levanta es aún más grande que la que no ha caído nunca. A uno, pecador impenitente, le encantaría poder contar con Ángel Angulo como abogado defensor en el Juicio Final, no sólo por tener alguna posibilidad, por pequeña que fuere, de salvarme, sino por disfrutar, antes del veredicto inapelable, del discurso sabio y elegante de esa gran inteligencia al servicio de la hermosa causa de la fraternidad.

A orillas del Nervión. De izquierda a derecha: Andrés Orihuela, Ángel Angulo, Isabel Ramos, Vicenti Vichi, con sus dos hijos, y Josetxu Angulo, hermano de nuestro protagonista. Año 2005.
En fin, que la cara en cuestión que se asoma por delante del muro de ladrillo tosco, (en la primera fotografía), seguro que les suena. Hagan el favor de decirnos, aquí abajo, en los comentarios, de qué. (Por cierto, en la foto no se ve, pero debajo de la camisa, a flor de piel, tiene una sotana, y debajo de la sotana una camiseta del Athletic. Por encima de tanta prenda, eso sí se percibe claramente, resplandece el corazón de un hombre bueno).

De izquierda a derecha, Paco Guerrero, Juan Ceballos, Ignacio García, Rafael Portela, Ito Maraver, Luis Benvenuty, Juan Bocanegra y Ángel Angulo, gestora de la fundación’Solidaridad Humana’. Año 1991 en el Salón de Actos del Instituto Santo Domingo.
LAS JUVENTUDES FRANCISCANAS. COSECHA DEL 79.
No falla: cada vez que atravieso ese afluente asfaltado del Guadalete que es la Avenida de la Bajamar, la mirada se me va volando hacia una de las ventanas de lo que un día fue la Casa de las Cadenas, ese palacio habitado por gente humilde al que la burocracia indocumentada le metió un día la piqueta.
Es pasar por allí, alzar los ojos hacia esa ventana luminosa de la memoria, y vuelvo a ver asomados, como en el verano de 1979, a un puñado de adolescentes amaneciendo juntos a la edad adulta, de la mano de Ángel Angulo, el cura del vespino, el franciscano rojo, rojiblanco del Athletic, para ser más exactos.
Nos reuníamos cada tarde de sábado en una habitación de aquella casa y, con Violeta Parra, le dábamos gracias a la vida, que ya por entonces nos había dado tanto. Teníamos quince años y algunas espinillas, y unas ganas locas de explorar el mundo, de instalarnos para siempre en aquel compromiso festivo que eran las Juventudes Franciscnas. “Serás hombre”, nos prometía un librito que aún conservo y que ayudó a Angulo a tejer, contumaz y paciente, la construcción de un nosotros. Un grano no hace granero pero ayuda al compañero. (En la imagen de la izquierda, de arriba abajo, Rafael Bermudo, Pepe Mendoza y Angulo; agachados, José Luis Capitán y Fermín Sande. Año 1985).
Recuerdo las mañanas de domingo de aquel verano, cuando partíamos andando de El Polvorista a la playa de Las Murallas, hijos del agobio y del dolor, aires de la alameda, la marcha de los enanitos, rock andaluz combinado con tinto y casera en La Chocita. Y la vuelta, extenuados y morenos, a la caída de la tarde. Era llegar a casa, ducharnos y volver a salir, ante las protestas airadas de mi madre, la fiesta guateque, aquella novia primera, los primeros cubatas, el tocadiscos susurrando que de amor ya no se muere. Pero era mentira: moríamos, y de qué forma, porque nada será lo mismo If you leave me now.
Han pasado más de treinta años. Casi sin darnos cuenta, por el desván desordenado de los recuerdos, aparecen rostros que no he vuelto a ver, anécdotas indelebles que nos siguen robando sonrisas, esfuerzos inocentes por adecentar el mundo, travesuras que inauguraron nuestro aterrizaje forzoso en el tiempo convulso de la adolescencia.

Disfrazados de izquierda a derecha, Angel Angulo, Isabel Ramos, Manuel Mengual, David Fernández, Manuel Barragán, Miguel Vallecillo y Pepe Mendoza. Monasterio de Montes Claros (Santanter), durante un encuentro del Movimiento Autogestionario Cristiano. Año 1987.
Tal vez lo mejor de lo que hoy somos se fraguó en aquellos maravillosos años en los que construimos lo que iba a ser verdad ya para siempre, con el póster de la película Novecento al fondo, el misterioso buzón de sugerencias, los campeonatos de ping pong, los bocatas del almacén de Manolo, la paciencia infinita de las vecinas que nos soportaban, Rosa y Pepa.
La primavera de la vida floreciendo, milagrosa, en aquella habitación desde la que tocábamos el Reino de los Cielos.
No falla: cada vez que pasó vuelvo a ver a aquellos quinceañeros construyendo la hermosa utopía de poner alegría donde hubiera tristeza, de llenar de fe las dudas, de convertirnos en un instrumento de paz, de cambiar la desesperación por esperanza. Entre las ruinas, sólo hay que saber escuchar, aún se oye al Padre Angulo rezando, por nosotros, la oración de San Francisco. (Textos: Pepe Mendoza).
ESCRIBE RAFAEL NAVAS, DIRECTOR DE DIARIO DE CÁDIZ:
“¡Muchachos, aquí hay marisco, aquí hay marisco!” De esta forma se expresaba, a grito pelado, el padre Angulo, cuando quería hacernos ver a sus alumnos que había algo importante, vital, en lo que nos estaba contando o leyendo. Ángel, era, es, un torbellino, puro nervio, todo carácter, y en el fondo pura dulzura. Acompañaba su torrente de voz con aspavientos con las manos y la cabeza, al estilo de Jesús Hermida, con quien competía en tupé. Pero, sin duda, el padre Angulo era, es, más auténtico. Acababas queriéndolo por cómo era, cómo decía las cosas, pero sobre todo porque daba ejemplo de lo que contaba.
Yo tuve la suerte de disfrutar de él de muchas maneras. Como alumno, en el Muñoz Seca, en un tiempo inolvidable; como amigo de mis padres, pues nos regalaba visitas que llenaban la casa de optimismo y alegría; y como futbolista, pues durante unos años tuve la oportunidad de jugar esos partidos en Sagrado Corazón (mi colegio) y en Vistahermosa con don Rafael Bermudo, Agustín Fernández, Enrique Bartolomé, Muñoz Repiso, Pepe Mendoza (la zurda de oro y la pluma de oro), Emilio Flor y muchos otros entrañables profesores, amigos todos. Confieso que daba miedo entrar al balón cuando lo tenía en sus pies, pues como buen defensa vasco repartía cera sin que se le moviesen las gafas y al grito de ¡¡¡Carrasclass!!! o algo así, parecía un guerrero en plena batalla cada vez que disputaba el esférico. Cuántas mañanas de sábado de futbito a su lado… Qué buenos ratos. Recuerdo que la primera vez que le vi con una camiseta a rayas verticales rojas y negras le dije: “Hombre, padre, no sabía que a usted le gustaba el Milan”. A lo que me contestó, no sin cierta indignación: “Pero qué dices, muchacho, esta camiseta es la del Arenas de Guecho”. Y es que luego me enteré que el padre Angulo fue futbolista en sus tiempos y que iba para estrella en el Athletic de Bilbao. Perdimos al predecesor de Goicoetxea pero ganamos a un cura grandísimo, a una persona buena que era, es, un santo. Gracias, San Mamés.
Manuel Vázquez León, al que la marinería que faena en el Golfo de Cádiz conoce por el apelativo cariñoso de Manolo ‘el Gallego’, apodo que hace honor a la tierra que le vio nacer: Galicia. Manolo nace el día 22 de mayo de 1.925 en Portosin (distrito de Noya, y Parroquia de San Sadurniño de Goyanes, anexa de San Martín de Miñortos, Ría de Noya y Muros, perteneciente al ayuntamiento de Porto do Son, en La Coruña), hijo de Manuel Vázquez Lado y Pilar León García. Tuvo una infancia triste ya que a los tres años murió su madre, cuando se encontraba a bordo de un pesquero faenando en la mar. Su madre era marinera.
Después de afrontar numerosas vicisitudes en su Galicia natal porque los tiempos eran difíciles, decide, como muchos vecinos suyos, emigrar. Esto ocurría en 1.949 y su destino el litoral gaditano. Manolo, quedó tan maravillado de las costumbres y de la forma de ser de los pescadores de la Bahía de Cádiz, que ya no volvería a irse. Un año después, logra que su esposa se traslade desde Galicia hasta El Puerto , donde establecen definitivamente su residencia, a donde vendría con su hijo Pepe, que tenía poco más de dos años.

Manuel y Ramona, en una instantánea de 1957. (Foto Estudio Pantoja)
El caso es que Manolo ‘el Gallego’, muy bueno como pescador de la Bahía de Cádiz, eligió una excelente compañera, nuestra recordada Ramona quien, al mismo tiempo que administraba los recursos que obtenía su familia en la mar, colaboraba incluso en el avituallamiento del barco y remendando las redes.
Todavía conservamos en nuestra memoria el recorrido que realizaba Ramona, desde la plaza del Polvorista hasta su casa, conocida como de La Gaviota, en la avenida de la Bajamar, llevando colocado en la cabeza un cubo de zinc lleno de agua potable y sin tocarlo con las manos. Esto sucedía a finales de los años 50 y principio de los 60 del siglo pasado. (Manolo, en una fotografía de 1954).
Se convirtieron en padres de cuatro hijos, José Manuel, Antonio, Arturo y Jesús. La familia de Manolo ‘el Gallego’, –especialmente su hijo José Manuel, conocido igualmente con el apelativo de Pepe ‘el Gallego’–, cuentan con mucho arraigo en la Ciudad ya que durante muchos años a bordo de los pesqueros “Mari Carmen y Ramona”, “Angelina Lloret” y ‘Bonanza” han paseado cada 16 de Julio por la bahía de Cádiz y por el río Guadalete, en procesión marítima, a la Imagen de la Virgen del Carmen que se encuentra en el Convento del Espíritu Santo y han contribuido de forma eficaz al realce de las Fiestas del Carmen.

De izquierda a dereahc, sus hijos Pepe y Arturo, su padre Manuel, nuesgtro protagonista Manuel y esposa Ramona y Antonio, en 1958 en la Feria de Ganado, en el Palmar.

Manuel y Ramona y una de sus nietas, con el Guadalete y Valdelagrana al fondo, con su nieta Pilar.
EXPRESIONES DEL RENTOY MARINERO.
La familia y el trabajo en la mar de la Bahía de Cádiz, en ese orden fueron las prioridades en la vida de Manolo y sus ratos de ocios en el Bar La Lucha, con nótula 147, siendo este emblemático local social de la marinería durante el siglo pasado, el lugar donde “el Gallego”, atendido siempre magistralmente por el excelente camarero Gonzalo Camacho Bolaños, a quien todo el mundo llamaba Pepe y nadie Gonzalo, y Carmela Barrera Tejada, propietaria del Bar, comenzó a oír expresiones tales como “llevo hambre”, “se me ha ido el pescado por debajo del plomo”, “mete espina para sacar corvina”, “llevo dos días sin escucharlo”, “me ha dado coba”, “se ha pegado un rentoy”, “tres por cada baza y el partido boca a boca” y “mira que soy perro viejo y tú estás muy tranquilo”.

El pesquero ‘Bonanza’, decorado con adornos festivos.
Estas expresiones, entre otras, eran utilizadas habitualmente por los pescadores en las partidas de rentoy, terminologías parecidas a las empleadas por los patrones de pesca a través de la radiotelefonía cuando se encontraban embarcados en alta mar y querían desorientar a los patrones de otros barcos sobre los bancos de peces y las capturas obtenidas en la singladura.

El pesquero ‘Mari Carmen y Ramona’ junto al cantil de la Fábrica de Hielo, de la Compañía General de Carbones, que luego se dejaría la explotación de la misma en régimen de cooperativa a los trabadores.
Manolo jugaba al tute subastado, popularmente conocido como «el subastao» y al mus, con José Agarrado Macias, vendedor en la Lonja de Pescados; Vicente Sánchez Carbonell, armador y patrón del pesquero “Veluca”, que fue el primero pescador en alcanzar en la lonja un millón de pesetas por la venta de las capturas obtenidas en alta mar, posiblemente uno de los mejores pescadores porteños pescando en los caladeros del Sur de Marruecos y con gran carisma entre la marinería; Jaime y Vicente Soler Zaragoza, apodado “Cariño”, intimo amigo del artista humanista Juan José Bottaro, con nótula 212; Pepin Camacho Negreira hilador, hermano del Párroco de San Joaquín Guillermo Camacho; Manolo Manga García, otro excelente lobo de mar; Francisco Morató Martínez, Paco “Peti; conocedor como nadie de la pesca de la Bahía de Cádiz; Manuel Vélez Hidalgo, maestro redero y sus hijos, Juan Gregorio, José Manuel, también rederos y Gabriel, un gran experto en la actualidad de la pesca en el Golfo de Cádiz y Manuel de la Cruz Santilario, Jefe maitre del Restaurante “El Resbaladero”…

El “Angelina Lloret” en procesión marítima el 16 de julio de 1985, portando a la imagen de la Virgen del Carmen que se encuentra en el Convento del Espíritu Santo.
Como pescador y armador Manolo, “el Gallego”, formó parte de la flota de El Puerto, en su época de mayor esplendor, décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado, que llegó a tener 140 barcos pesqueros y 1.500 pescadores censados además de los pescadores de las cientos de embarcaciones, denominadas forasteras, que desde otros puertos arribaban diariamente a la lonja de este puerto para vender sus capturas obtenidas en alta mar

Manuel recibió en la Casa del Mar, el 7 de noviembre de 1999, la insignia de la Virgen del Carmen, de manos del entonces presidente de la hermandad, José Galán, en presencia de Manuel Blanca, mecánico jubilado de tierra y Teniente de Hermano Mayor del Carmen. En el acto estuvieron Francisco Corral, Director Provincial de Instituto Social de la Marina y el local, Felipe Bononato.
Manolo, “el Gallego”, a sus casi 85 años, a pesar de algunos contratiempos debido a su estado de salud, ya superados, se encuentra bien en la actualidad y muy orgulloso de sus nietos y un bisnieto.
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La imagen de Jesús Nazareno fue nombrado en su día Patrón y Protector de los marinos de las Galeras Reales. Siendo hermano mayor Alfonso Terry, a finales de la década de los cincuenta del siglo pasado, se organizó su desfile procesional por el muelle pesquero. A ello se debe su especial vinculación con la Cofradía de Pescadores y con la gente del mar en general, así como el nombramiento concedido al Almirante Jefe de la Base Naval de Rota de Hermano Mayor Honorario.
ESCENAS DE LA VIDA DE LA VIRGEN DE IZQUIERDA A DERECHA, EN EL REVERSO.

Huida a Egipto.

Presentación de Jesús al Templo.

Adoración de los Magos.

Escudo de la Hermandad. Corazón macizado en orto clavado de siete puñales de plata encabados de oro, tres a la diestra y cuatro a la siniestra y con la Cruz epotenzada de Jerusalén de gules en su centro.

Buscando a Jesús que está entre los maestros en el Templo.

Pentecostés.

Asunción de María.
ESCENAS DE LA VIDA DE LA VIRGEN DE ARRIBA A ABAJO, EN EL REVERSO.

Nacimiento de Jesús en el Portal.

Escudo de la Hermandad. Corazón macizado en orto clavado de siete puñales de plata encabados de oro, tres a la diestra y cuatro a la siniestra y con la Cruz epotenzada de Jerusalén de gules en su centro.

Visita a Santa Isabel

Anunciación.

Esponsales de María.

María estudiando las Escrituras.

María presentada al Templo

Nacimiento de María.
La procesión del Nazareno en 1985. (II)
El recorrido procesional presenta dos partes diferenciadas, una primera en el que este se realiza en absoluto silencio tan solo interrumpido por las distintas estaciones del Vía Crucis, y una segunda en la que se incorporan al mismo acompañamiento musical tanto para el Paso de Jesús Nazareno como para la Virgen de los Dolores. Este año, un gurpo de hermanos, han vuelto a vestir la túnica que llevaba la cofradía hace décadas.
Agradecemos a Francisco González Luque y a Rafael Gálvez los datos facilitados para la realización de esta nótula.
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La cruz portada por la imagen del Nazareno es plana, policromada a ambos lados , única en el arte cofradiero, de autoría anómina, posiblemente del siglo XVII y de procedencia indiana igualmente desconocida, descartándose la filipina (no presenta los habituales ojos rasgados). Sobre base de madera cuadrangular tratada al pan de oro, con una abigarrada policromía que presenta en el plano anverso, presidida al centro por una Santa Faz, trece escenas distintas de la vida de Cristo. En el plano del reverso, presidido al centro por un escudo de la hermandad consistente en un corazón macizado, presenta a su vez, trece escenas diferentes de la vida de la Virgen María, desde su infancia hasta su ascensión a los cielos.
SOBRE AUTORÍA Y PROCEDENCIA.
Según Luis Suárez Ávila, “La Cruz me parece obra del círculo de Juan González un pintor que floreció en México en el siglo XVII, que practicó la pintura al oleo, sobre superficie de madera dorada, a la imitación de las lacas orientales.
En ocasiones, introduce el nácar en las pinturas, técnica que seguramente llegó desde las Filipinas a Acapulco. No se sabe si Juan González nació en Nueva España o fue natural de España. La concepción de las figuras de soldados romanos, en comparación con las del biombo de Hernán Cortés, me hace relacionar estas obras con la Cruz del Nazareno, sin embargo muchas de las escenas de la Cruz son más esquemáticas. Es importante comparar la cenefa de la escena “Pidiendo posada”, con la decoración de uvas, en los cantos de la Cruz del Nazareno. Y, sobre todo, las flores que hay en las esquinas de cada escena de la Cruz con las del biombo de Hernán Cortés de este autor”.
Procedente de San Agustín, al ser desamortizado dicho convento en 1868, fue colocada en la capilla de San Pedro, sobre el reducto de acceso de dicha sacristía a la capilla de la Patrona y casa del cura, hasta su situación definitiva en la capilla del Nazareno.
Fue restaurada en 1998 por el imaginero porteño Enrique Ortega; dos pequeños ángeles tenentes del siglo XVIII, en madera policromada, ayudan a portar la cruz.
La denominación de la cofradía es la de Antigua, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de nazarenos de Animas de San Nicolás de Tolentino, Ntro. P. Jesús Nazareno, María Stma. de los Dolores, San Juan Evangelista, Orden tercera de Servitas y Santa Cruz en Jerusalén.

Cruz del Nazareno (anverso) en su capilla.
La cofradía fue fundada sobre el año 1.634 en el convento de San Agustín, ya desaparecido y reconvertido posteriormente en Colegio Nacional. Según escritura existente otorgada ante Gerónimo García de la Peña el 28 de febrero de 1.674, se le cede Capilla en el antiguo Monasterio de San Agustín, apareciendo ya fundida con la Cofradía de Animas de San Nicolás de Tolentino y en donde posteriormente se unirá a la Venerable Orden Tercera de Servitas.
ESCENAS DE LA PASIÓN DE JESÚS DE IZQUIERDA A DERECHA, EN EL ANVERSO.

Cargado con la Cruz.

Pidiendo su crucifixión ante Pilatos.

Coronación de espinas.

Rostro de Jesús.

Jesús caido con la cruz.

La Verónica.

Esperando ser crucificado.
ESCENAS DE LA PASIÓN DE JESÚS DE ARRIBA A ABAJO, EN EL ANVERSO.

Flagelación.

Rostro de Jesús.

Ante Herodes.

Prendimiento.

Orando en el Huerto.

Lavatorio de pies

Fracción del pan en Última Cena.

Entrada en Jerusalén.
Preocesión del Nazareno en el año 1985 (I).
(Mañana publicamos el reverso de la Cruz)
Agradecemos a Francisco González Luque y a Rafael Gálvez los datos facilitados para la realización de esta nótula.
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