¿PORTUENSES?

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Propongo responderme a mí mismo una pregunta que de vez en vez me hago y es, seguramente, la que muchos de Vds. se habrán hecho.

¿QUIENES SOMOS LOS PORTUENSES? ¿DE DONDE HEMOS VENIDO? ¿CUAL ES NUESTRO ORIGEN?

 

Si tomamos como principio el genético, ha de concluirse que nada debemos ni a los tartesios, ni a los fenicios, ni a los griegos, ni a los cartagineses, ni a los romanos, ni a los visigodos, ni a los moros. Esto, como digo, desde el punto de vista genético. Porque la sorprendente lectura de acarreos culturales, nos llevaría a otros planteamientos menos positivistas e integradores. Fenómenos tan excelsos como la cultura griega son resultado una integración larga e inconscientemente transmitida. Todo un proceso sutil de transmisión de testigos culturales concluyen creando una forma de ser y un modo de vivir en que influyen, en no poca medida, el clima y la geografía.
Me encanta citar un texto de Diego Catalán al hablar de la supervivencia del romancero durante siete siglos. Dice: «Si siete siglos no han sido lo suficientemente heterogéneos como para quebrar la continuidad del canto romancístico, ¿cómo vamos a rechazar la posible continuidad de otros “guadianas” ?»
También aquel otro relato de San Agustín, que en el siglo IV después de Cristo, oye hablar en Túnez a unos hombres en lenguaje púnico. «¿Quiénes sois,?» les pregunta. «Somos cananeos» que es lo mismo que decirle somos fenicios. Siamo Cananei. Fue el lema de la exposición que en el Palacio Grassi, en Venecia se organizó, hace unos años sobre los Fenicios y en la que esta zona de la Bahía de Cádiz y El Puerto tuvieron mucho que decir.

Así, aunque rechacemos todo positivismo en el hecho cultural; en el tema que nos ocupa, vamos a abordarlo desde un objetivo positivismo genético que nos ayude a encontrar los caracteres del portuense tipo.
Y ello sin que esta charla se tiña de ninguna connotación xenofóbica. Nada más extraño al espíritu portuense, decididamente integrador y generosamente acogedor.
El Puerto, aun desde antes de conformarse como Puerto de Santa María, es lugar de destino en la universalidad conocida.
Así es que esta unidad diversa de destino en lo universal, que es El Puerto, carece en este caso de toda la connotación que en el ambiente de esta sala pudiera preocupar por aquello de que los términos han sido escrupulosamente plagiados por mí de los que, en su día dijera el Fundador de Falange Española.
El Puerto es un lugar de destino para mucha gente. Lo fue para Menesteo, después de la guerra de Troya y lo ha sido y sigue siendo para maestros y policías que nos vienen de Extremadura, para telefonistas que nos vienen de otros lugares de Andalucía, para funcionarios de prisiones o para marinos de guerra que arriban de cualquier parte de la geografía española.

Nuestra posición geográfica en el centro de la Bahía de Cádiz, proporciona a esta Ciudad una situación evidentemente privilegiada. Evidentemente, esto, unido al clima y a las posibilidades de ser puerto seguro es lo que atrajo desde a los fenicios, por ejemplo, a todos los que nos han habitado. Esto es lo que contribuyó en gran manera a que nuestro río fuera base e invernadero de las galeras reales de España y el comercio y las expediciones marítimas que desde aquí partieron.
Nuestros nombres, Portus Menestei, Portus Gaditanus, Alcanate (Puerto de las Salinas), Santa María del Puerto, o El Gran Puerto de Santa María tienen una constante, la palabra Puerto. El Puerto es puerto por antonomasia y un Puerto tiene mucho de cosmopolita. Nuestras señas de identidad, aparte de ser sugestivamente esponjosas, han ido siendo forjadas a base de muchas entregas del testigo cultural cuyos resultados finales nunca se aprecian definitivos. Nuestro propio carácter abierto y nuestra ingenua e ilimitada capacidad de sorpresa, proporciona un buen caldo de cultivo para que cualquiera nos venda una innovación. Estamos en el punto de mira de mucha gente desalmada que, a poco que vistan bien el muñeco, nos convencen y nos arrolla.

Sin embargo, yo sé que pocos, pero bien avenidos, han luchado en todas las épocas por mantener viva la llama de nuestra cultura más entrañable y las tradiciones que quedaron encastradas en nuestra forma de ver y de ser.
No voy a hablar de nuestra continuidad cultural, pero sí de quienes son los que han proporcionado el vehículo para que se haya ido forjando y perdure.
Me refiero al soporte poblacional que ha permitido mantener vivas todas esas manifestaciones. Por eso la pregunta de quienes somos y de donde venimos va a ser la clave de esta exposición.
Quizás fuera conveniente comenzar ahora por decir que la escasa población autóctona de Alcanate desapareció sin dejar rastro con la llegada de los almohades en 1144. Los mozárabes, cristianos, herederos de los romano-visigodos que estaban viviendo en tierras de moros, han de huir, ante la llegada de los almohades, los primeros musulmanes que persiguen a los cristianos, y se van , cuentan los documentos, a Toledo, con el Obispo de Sidonia. Pero ese fenómeno ocurre en toda Andalucía.
Alcanate, con todas sus alquerías queda despoblado y desolado.
En su territorio no se mantiene ningún resto de población antigua.

En esos años que van desde 1144 a 1260, nuestro territorio pertenece al reyezuelo moro de Jerez. Cádiz, con todas los lugares costeros carecen de interés para los moros, pero tienen una especial importancia para la corona de Castilla. Primero, para Fernando III que logra hacerse con ellos después de la reconquista de Sevilla. Y, luego, para su hijo el Rey Sabio, que tras haberse perdido estos territorios, logra, mediante pactos, hacerse de nuevo con ellos. De entre todos, Alcanate, ocupa un lugar preeminente en su empresa soñada no solo de defensa de la costa de los ataques e incursiones marroquíes, sino de la empresa que él llamó el fecho de la mar que no era otra cosa que el intento de conquista de las plazas costeras e incluso interiores de África.
En el aspecto poblacional, si para mantener los pactos, Alfonso X se ve obligado incluso a emplear al maestro Alí, mudéjar, para la construcción del santuario-fortaleza de Santa María del Puerto, es lo cierto que cuando emprende la tarea repobladora, parte de cero.
No queda en el lugar de Alcanate, ni en sus alquerías restos de población mudéjar, precisamente porque toda ella es expulsada tras la conquista de Jerez en 1264.
El sueño conquistador de las plazas africanas y la defensa de la costa de ataques marroquíes, es lo que decide finalmente a Alfonso X a repoblar estos territorios.

Hace unos días oí en una magnífica conferencia del Profesor Franco Silva, dada en Jerez, cómo se había gestado la repoblación de la zona costera de la bahía de Cádiz. Y me alegró escuchar que la tarea repoblacional partió de la nada. El Rey tuvo que otorgar numerosos privilegios, principalmente de orden fiscal, para atraer a la gente a estos lugares.
La incorporación a la corona de Castilla de los territorios de Alcanate y sus alquerías, además de la zona anexionada de Sidueña, se termina en 1281, con el otorgamiento de la carta puebla por Alfonso X, el sabio.
Sus pobladores son procedentes de la cornisa cantábrica, marineros sin duda, y procedentes de las cinco villas de la marisma santanderina, de San Vicente de la Barquera, de Castro Urdiales, de la propia Santander, y asturianos de Avilés y de Gijón. Estos van a ser el hilo poblacional conductor de todo el cíclico aluvión poblacional que El Puerto, a lo largo de los siglos va a recibir.
En cierta ocasión, y un tanto en broma, respondí a un periodista que me preguntaba qué era lo que hacía falta para ser portuense, diciéndole que para ser portuense-portuenses era necesario haber nacido en el Puerto y tener en las venas alguna gota de sangre montañesa.
Esto dicho así puede parecer un exabrupto. Pero lo cierto es que si se contempla, a lo largo de los siglos cómo se ha conformado la población portuense, no podemos tildar la afirmación de frivolidad.

El constante aluvión de población montañesa a nuestra Ciudad, desde su repoblación hasta la llegada de los últimos chicucos de tiendas de montañés, forman un núcleo genético y bien definido que constituye el meollo poblacional, no solo de nuestra Ciudad, sino de muchas de las costeras repobladas por Alfonso X. Y me refiero a toda la bahía, e incluso del interior, y me refiero a Jerez.
Pero por otra parte, y desde el principio, nuestra Ciudad, ha sido punto de destino de gente diversísima. La pesca, el comercio y las expediciones marítimas que aquí se gestaron, el ser base e invernadero de las galeras reales y sede de la Capitanía General de la Mar Océana y Cádiz de la Casa de Contratación, no son sino alguno de los muchos atractivos que nuestro territorio presenta para que a él afluyan multitud de gente varia y multicolor.

La gente montañesa viene de Castilla pura. El montañés que se pueda tener por más mezquino, a poco que se escarbe en su genealogía, tiene debajo del brazo una ejecutoria de hidalguía, cuando no de nobleza. Esto es de suma importancia para comprender que, cuando los comerciantes, los cargadores a Indias, los bodegueros, han hecho fortuna, lo primero que hacen es labrarse un palacio, o comprarlo ya construido. Lo segundo, dotarse de mobiliario y ajuar lujoso. A veces, también, adquiere una magnífica biblioteca o un gabinete de numismática o de arqueología. Cuando ya tiene todo eso, le falta la hidalguía o, en algunos casos, la nobleza. Esta la consigue mediante convenientes matrimonios con varones o mujeres procedentes de la Montaña, de Santander. A veces, el tal, ha comenzado con un título pontificio, que para empezar no está nada mal, y ha seguido con enlaces tímidamente hidalgos, para desembocar en una cascada de casamientos con nobles procedentes de la cornisa cantábrica. Por no poner ejemplos del lugar, sino bien cercanos, apuntaré un caso de Jerez, con los Domecq. Cuando aparecen desde Francia, al cabo del tiempo, consiguen el título de Marqués de Casa Domecq (pontificio), pero, al poco, entroncan con los muy antiguos montañeses, como los López de Carrizosa , por ejemplo, que llenan de títulos nobiliarios la genealogía Domecq. Es un caso de los muchos que pudieran traerse aquí.

Por otra parte, la situación privilegiada de El Puerto, con la cara al mar, no pone límites al término municipal. Porque, a diferencia de los pueblos interiores, que pueden tener términos más o menos amplios, “nuestros vecinos de enfrente son de América” que dijo el poeta Fernando Villalón. El mar proporciona un horizonte siempre renovado, anchuroso, sobrado, y profundo. Además permite el atractivo de la llegada, el primer contacto con la tierra de destino y, acaso, constituir el mismo destino definitivo. El mar y el abrigo de las aguas del Guadalete son un acicate que ha permitido a esta Ciudad ser cosmopolita y acogedora. No tener mar encorseta y adocena; limita y retrae. El mar enriquece y libera

Catalanes, levantinos, navarros, vascos y gallegos entre los españoles y armenios, malteses, portugueses, bretones, francos, flamencos, alemanes, genoveses irlandeses... entre los extranjeros, acuden con diverso propósito a nuestra Ciudad se asientan, pululan, comercian, viven o sobreviven y se integran o marginan, medran o desaparecen. A los que permanecen, termina por unirles con los originales, el vínculo matrimonial o el nacimiento de unos hijos que, a la tercera o cuarta generación han olvidado sus principios y se han vinculado, necesariamente, con algún miembro descendiente de la antigua repoblación.

Sin ánimo de ofender, yo compararía a la población portuense con una grandísima tela de araña, dulce y apetitosa como el almíbar, hecha por una gran araña montañesa, a la que, poco a poco, van acudiendo insectos de muy diversa especie que, o van siendo comidos por la gran araña, o logran despegarse, vivos o muertos, después de haber hecho ciscos un trozo de la tela.
Los que son deglutidos por la inmensa araña montañesa, adquieren sus mismas propiedades y caracteres, una vez son defecados. Los que logran despegarse, luego de dejar rota la tela, es que nunca tuvieron ánimo de echar raíces y solo acudieron a gozar de las mieles del almíbar.
Aquellos, en el símil escatológico que empleo, son los portuenses. Estos, son los que mi padre llamaba paracaidistas, que para él eran quienes caían, desde no se sabe dónde, al Puerto y, sin saberse cómo, urdían, tramaban, intrigaban, arribaban, bullían y recalificaban, hasta incluso llegar a ostentar puestos a los que, increíblemente, accedían. Generalmente esta especímen, luego dejar una ingrata memoria, haber derribado uno o varios edificios notables, y algún que otro desaguisado, o ahuecaba el ala, esto es se najaba, sin dejar dirección ni teléfono, o, perdido el inicial empuje, se diluía y  emprendía una vida gris y adocenada.

Pero como en todo, el paraciadista, no es un especímen puro. De él hay, que hacer distinciones.
El paraciadista propiamente dicho, que es quien ni siquiera tiene capacidad de sorpresa. Cae y jode la marrana.
Por esa razón no fueron, paracidistas ni Juan de la Cosa, ni Don Luis Carrillo Sotomayor, ni Don Juan de Austria, ni Miguel de Cervantes, ni Juan Nicolás Böhl de Faber, ni el Profesor Diego Ruiz Mata, por poner un ejemplo reciente y presente.
Del paraciaidista, permitidme, voy a intentar unas divisiones y subdivisiones, en las que, sin nombrar a nadie, Dios me libre, podréis ir identificando a personas, lejanas en el tiempo o presentes en la actualidad.
Así se me ocurren citar al paracidista ilustrado, al iletrado pero laborioso, al rebotado, al forzoso, al destinado, al de la orden del tuvo, al añorante, al convincente, al demócrata de toda la vida ex-preso por la libertad, al dominical, al afilador.... y así sucesivamente.
Esta fauna distorsionadora, pretendidamente influyente e incapaz, habría que explicarla y, para el coloquio que se entable, invito a ampliarla con el enriquecimiento de vuestras experiencias. Así,

  • El paracaidista supuestamente ilustrado. Suele mear colonia. Sorprende a los paracaidistas previamente colocados y, en un abrir y cerrar de ojos, se hace de la situaciòn, e incluso antes de coger el tren para marcharse, puede llevar consigo la medalla de oro de la Ciudad o tener la promesa de alguna canongía. Generalmente son de Madris, aunque vengan de muchos otros sitios. Pueden quedar perfectamente identificados con la expresión de Vivo de Cái.
  • El paracaidista iletrado pero laborioso, que cae y se hace a sí mismo, se enriquece y cuenta con dinero antes que con cultura, es otro especímen digno de tenerse en cuenta. Aunque es un paracaidista de buena fe, puede resultar a la ciudad un elemento altamente distorisionador por cuanto que, después de haber derribado una serie de edificios notables, se la monta a modo. Luego, cuando adquiere inquietud cultural, que no cultura, lamenta los pasos que ha dado, pero que ya, ni él ni los que lo permitieron pueden remediar. Sin saber propiamente lo que es el patrimonio histórico-artístico, se reconvierte en su defensor a ultranza, en cuya defensa resulta aun más peligroso.
  • El paracaidista rebotado, esto es que tiene un amplio historial paracaidista en otras poblaciones, y cae en El Puerto. Suele ser lo que en argot de la zona se llama un piojo resucitado que ha ido poco a poco escalando puestos inmerecidos y llega aquí como a tierra de promisión. Su llegada es apabullante y fastuosa. Su caída súbita. Sorprende y admira a todos los que dominan el arte del apretón, que pretenden subir a su sombra.
  • El paracaidista forzoso, apenas tiene influencia propia en nuestra Ciudad. Se trata de la población reclusa, antes en galeras y ahora en el penal famoso. Sin embargo ese paraciadista, aunque no tiene peso específico directo, sí, en cambio, ha provocado la presencia de sus familiares y, en el caso de las galeras, pícaros como Estebanillo González o un sin fin de gitanos que se asientan y permanecen luego en nuestra Ciudad.
  • El paraciadista destinado, es puramente un cumplidor de su trabajo aquí o en Pekín, eso es indiferente. Se trata del maestro, del policía, del funcionario de prisiones, del marino de guerra, del jefe de aduanas, o del Administrador de Correos. En unos casos son los llamados culos de mal asiento y van con la casa a cuestas como el caracol y para obtener el certificado de matrimonio y las partidas de nacimientos de sus hijos han de dar la vuelta al mundo. En otros, los que se hacen remolones y perduran, incluso intentan influir en la Ciudad. Quienes lo pretenden, o escogen la vía de las Hermandades de penitencia, el Club Nautico, la Adoración Nocturna y los de menos aspiraciones, escogen una peña o pegarse a alguien.
  • El paracidista de la Orden del Tuvo. Es el que para reafirmarse en su ego cae y no para de pronunciarse con lo que papá tuvo, mamá tuvo, abuelo tuvo... claro que nadie conoció a papá, ni a mamá, ni a abuelo. Ni tan siquiera, en profundidad al hijo.
  • El paracaidista añorante. Por lo común es vasco. Salvo que no sea educado y aun siéndolo, no cesa de hacer ascos de la cocina portuense, afirmando sin paliativos que como se come en los restaurantes vascos no se come en ningún sitio; que aquí no hay cocina; que en Nueva York hay restaurantes vascos... etc. A quién quiera responderle le sugiero contestarle que en Euzkadi hay restaurantes porque no se cocina ni come en las casas, y que aquí siempre se ha cocinado bien en las casas y los restaurantes eran para los viajantes de comercio y para los transeuntes con vales de Cáritas.
  • El paracaidista convincente, es el que trata, incansablemente, de aparentar ser portuense porque viste serlo. Usa una serie de lugares comunes que ha aprendido, (pues se caracteriza por ser un excelente ladrón de oído), que suelta por doquier peguen o no , en prueba de su integración. Cuando se le pregunta de dónde es, dice invariablemente que del Puerto, aunque un leve examen demostrará que es un verdadero mentiroso.
  • El paracidista demócrata de toda la vida y ex-preso por la libertad. Es el que cae en El Puerto y, nada más llegar se afilia a un partido progre en donde casi todos los componentes o han sido de Falange o seminaristas. Por lo general, se ocupan en Telefónica.
  • El paracidista dominical. Es un especímen unicamente diurno y veraniego. Lo más corriente es que venga de Jerez, de autobús a autobús, o de tren a tren, con la sandía debajo del brazo. Su especialidad es la de dar de cuerpo en el agua de mar y, en bastantes casos ahogarse por bañarse en plena digestión.
  • El paracaidista afilador aparece y desaparece sin dejar más rastro que una semana de levante. Efectivamente, cuando comparece en nuestras calles un especímen de este género tocando su flauta, al día siguiente y durante siete más verá Vd. a los locos hablando solos por las calles.

Pero en todo paracaidista cabe la regeneración. Es evidente que el paracaidista, cuando cae en El Puerto, viene a tiro hecho y, si por las malas o por las buenas, no consigue los fines para los que fue creado, puede decidir regenerarse y cambiar de vida. Así ha ocurrido con muchos. Su conversión o naturalización, por lo común, es a través de la vía urinaria.
El paracaidista naturalizado por vía urinaria puede subdividirse en paracaidista naturalizado de modo directo y en paracaidista naturalizado con efecto retardado.
El primero contrae matrimonio con portuense y el tálamo lo va naturalizando por aquello muy cierto de que dos que duermen en el mismo colchón se vuelven de la misma condición.
El segundo, que cae ya casado, obtiene su naturalización merced al conyuncio carnal con la cadena perpetua, pero por vía de la prole. Es un especímen que, por lo común, permanece grismente, sin pena ni gloria y, a la tercera generación, sus nietos son hijos de portuenses.

La lista podría seguir interminable, pues cada paracaidista tiene su alma en su almario y podríamos estar años citando tipos y clasificaciones.
Expuesto sucintamente el tema, sería enriquecedor entablar un coloquio porque, en este mundo el saber está muy repetido, como dijo aquel, y Vds., sin duda, pueden darme mucha luz para responder a las preguntas que en un principio me hice. Gracias.

Luis SUÁREZ ÁVILA.
Conferencia pronunciada
en el Ciclo Cultural de la
Tertulia Flamenca 'Tomás El Nitri'.

116 comentarios en “¿PORTUENSES?

  1. ana perea españa manolo espinar galan

    SERIA IMPORTANTE TENER UN PERFIL HISTORICO DEL PAPEL QUE JUGARON MUCHOS PORTUENSES HOMBRES Y MUJERES EN FAVOR DE LA TRANSCICION EN ESPAÑA EL PUERTO DE SANTA MARIA FUE CLAVE Y EJEMPLO EN TODO NUESTRO PAIS DE LUCHA PARA CONSEGUIR LOS CAMBIOS . CREO QUE FORMAIS UN EQUIPO INTERESANTE PARA LLEVAR A EFECTO UN ESTUDIO SIN PARTIDISMO. GRACIAS POR VUESTRA LABOR Y TIEMPO

  2. mirian cespedes

    Hola y mis saludos a los portuenses.. estoy queriendo a través de esta página contactar a una amiga del Puerto de Santa María , a quien había conocido en Alemania..ella es BENIGNA VIZOSO ASTORGA, me encantaría poder tener noticias suyas..yo estoy actualmente viviendo en Paraguay.

  3. manuel franco

    Habria que hablar algún día sobre blas de lezo y olavarrieta y de su esposa francisca Pacheco, la gobernadora, enterrada en el instituto santo domingo se sorprenderán mas de uno

  4. JAVIER BERMUDEZ TEJADA

    He leido tu magnifica explicación ¿Quienes somos los portuenses? ¿ de donde hemos venido? ¿cual es nuestro origen? y me ha gustado mucho. Siempre que leo algo del Puerto y sobre todo escrito por ti me emociono mucho.
    Un fuerte abrazo desde Barcelona - España

  5. antonio Rueda

    !Contra y reconntra!, No sé que tendrá este señor contra los paracaidistas, y que sentido le da a dicha palaba.
    pero leyendo asi como por encima, me temo que les tiene como intrusos.
    y ahí ya me empieza a removerse las tripas.
    un paracaidista

  6. Juan Carlos Terry

    Hola amigos del Puerto.
    Hace no mucho ví una foto de un grupo de amigos de cuandoyo aún tenía pantalón corto. Fue tomada en el parque Calderón a la altura del Bar Santamaría. En ell estaban también, Fernando Bootello, Luis y Álvaro Osborne, Fernando Arjona, Fernando León, creo que talbién Agustín Peralta,..... ¿Alguien la tiene? Gracias por decirme. Un abrazo y feliz Navidad

  7. MANUEL

    A CONCEPCION RAMOS, LO LOGICO ES QUE SE ACERQUE VD. AL REGISTRO CIVIL DEL PUERTO Y SOLICITE VD. LOS DATOS QUE QUIERA SABER DE SUS ANTEPASADOS. ES LO MAS RAPIDO, O AL REGISTRO DE LA IGLESIA DONDE SE BAUTIZARON O SE CAZARON.

  8. concepcion ramos

    Hola me gustaria que alguien me ayudara para saber sobre mis antepasado por parte de mi bisabuela materna Rosalia Sanchez Espino natural del Puerto y sus padres, Eugenio Sanchez y Concepción Espino , tambien del Puerto, mi bisabuela Rosalia se casó con Rafael Santamaria Pacheco de Rota, si alguien sabe como puedo localizar los datos porfavor , me lo comunique. Mi abuelo materno nació el 6-9-1876, muchisimas gracias de antemano y un cordial saludo desde Rota-Cadiz

  9. jesus

    estoy super orgulloso de mi tierra,por motivos de trabajo vivo en madrid,pero soy un enamorado de ella y bajo mucho,mi familia vive alli,y se que pronto terminare en el puerto,un saludo a mis paisanos.

  10. Guindate también

    Me ha sorprendido gratamente la mención que se ha hecho a los "Guindates", yo soy hija de una de ellas. Mi madre es Carmen González y mi abuelo era Francisco González Oviedo. El hermano de mi abuelo se llamaba Abelardo. Y mi madre siempre me ha hablado de ese familiar al que llamaban "El manco Guindate". La verdad es que si me pueden ampliar la información que tengo, lo agredecería. Siempre he tenido curiosidad por esta familia, de la que formo parte. Gracias.

    REDACCION ha escrito: El manco Guindate, o manco de los cuatro mil reales, tiene nótula propia en Gente del Puerto, la número 495, que puede consultar en:

    http://www.gentedelpuerto.com/2009/12/14/495-abelardo-gonzalez-franco-el-manco-guindate/

  11. Manuel Cruz

    Juan Manuel, gracias por el comentario, ha sido un lapsus. Como Vd. sabe Juan de la Cosa, santanderino a quienes los portuenses le tiene dedicado una plaza, tuvo un papel muy importante en el descubrimiento de América, fue un excelente navegante y cartógrafo.

    Lo que quise decir que no dije es que dibujó el mapa más antiguo conservado en el que aparece el continente americano su MAPA MUNDI.

    Si se entera Teófila solo podrá decir que Juan de la Cosa, eso que se habla hoy tanto ¿como está la cosa? que era paisano suyo, y es verdad, aún así lo tiene peor Cristobal Colom que está resultando ahora que también era catalán. Total que se quieren independizar y quieren cambiar la historia y los personajes a su interés.

    Lo mejor de todo es que La Pepa ya aventuró lo del código de barra que empieza con el 15 para diferenciar los productos catalanes de los españoles, la verdad es que con su logro nos han facilitado las cosas, este sí, este no, compre productos porteños, El Puerto lo primero.

  12. Juan Manuel

    A Manuel Cruz. Es interesante su comentario. No sabía que la Constitución de Cádiz, la primera Carta Magna, la hizo Juan de la cosa en El Puerto. ¡Como se entre Teófila, hace otro manifiesto!.

  13. Manuel Cruz

    Según una leyenda El Puerto fundada por Menestheo, los tartesos la llamaban Portus Menesthei, los romanos Portus Gaditanum, los musulmanes Al-Qanatir (es decir, arcos), otros Alcanter (porque eras, puente), también Alcántara, Alcanathier, Alcanatif, Alcanate y Alcanter María (Puerto de las Salinas), y Alfonso X El Sabio en sus Cántigas te llama Santa María del Puerto. En el paso de los siglos, tan singular, cuanto te han cambiado el nombre, y tú, continúa tu caminar. Acogistes a Colón, y en tus entrañas, Juan de la Cosa hizo la Primera Carta Magna. Te invernaron las Galeras Reales, y fuistes puerto de la Armada invencible. Con la guerra de Sucesión, tu esplendor las tropas anglo-holandesa te despojaron. Las tropas francesas te eligieron cuartel general, y llegaron los absolutistas, los liberales, los republicanos, la Restauración la segunda republica y la guerra civil, y tú aún perduras.

    ¡ que más dá porteño o portuense !

    ¡ Ay mi Puerto !, hoy,...de Santa María.

  14. Pedro

    Hola soy sobrino del recientemente fallecido "peligro el mariquita" echo de menos informacion sobre su persona en vuestra pagina y quisiera colaborar con ustedes aportando algunas fotos de el y sus hermanos para que su memoria siga viva en el recuerdo de los portuenses.
    Decidme como hacerlo y encantado dare informacion sobre el y parte de su familia

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