Allí descubrimos que formarse era aprender a convivir y encontrar una voz propia

La casa de Faelo Poullet y las aulas de San Luis Gonzaga fueron escenarios de aprendizaje y libertad para los alumnos del curso de Preuniversitario de 1968/69. Los autores evocan en esta segunda entrega una juventud marcada por el arte, la amistad y las inquietudes culturales. Entre conciertos, lecturas y un viaje de Fin de Estudios, descubrieron el valor de convivir y pensar por sí mismos. Su testimonio reivindica el legado de quienes les ayudaron a encontrar una voz propia.
| Texto: Diego Utrera, Pepe Buhigas, Miguel León y Toni Castillo.

Faelo: una casa abierta al arte y a la libertad
Y Rafael Esteban Poullet, Faelo, que nos abrió el reducto más privado de su intimidad, haciéndonos descubrir un mundo de recogimiento y serenidad donde cada cuadro, cada libro, cada pieza arqueológica estaba colocada con esmero y fluía la conversación casi en susurro, recorriendo poemas de Lorca, de Antonio Machado, de Miguel Hernádez o brotaba la música… Bach, Chopin, Rachmaninoff, Mahler, al tiempo que nos adentrábamos en su producción de películas de 8 milímetros.



