Cuando la lucha vecinal se convierte en derechos

| Texto: José María Morillo
Andrés Márquez García, presidente de la Asociación Vecinal San Jaime, lleva más de tres décadas ejerciendo algo que no se aprende ni se improvisa: la constancia en la lucha vecinal, como a él le gusta llamar, en lugar de participación ciudadana. A sus 78 años, sigue abriendo cada día la sede de la asociación como quien abre un cuaderno de campo: para tomar nota de lo que falta, de lo que falla y de lo que aún puede arreglarse.
Su compromiso ha sido reconocido recientemente por la Federación Local de Asociaciones Vecinales (FLAVE), y antes, el 5 de septiembre de 2025, por el propio Ayuntamiento de El Puerto de Santa María, que dio su nombre a una plaza de la barriada Marina Española. Un gesto simbólico para una trayectoria muy concreta, hecha de reuniones interminables, reivindicaciones persistentes y acuerdos peleados hasta el último punto.

Márquez es uno de esos nombres que explican por sí solos el movimiento vecinal portuense. Ha formado parte de distintas directivas de la FLAVE y ha trabajado en proyectos clave como el Reglamento de Participación Ciudadana, el convenio de colaboración con el Ayuntamiento o las reivindicaciones agrupadas bajo el lema de Puerto Digno. Pero si hay un logro que él mismo subraya, es el acuerdo alcanzado en su día para que unos 250 vecinos pasaran del alquiler a la propiedad de sus viviendas. Ahí, dice, la lucha tuvo resultados tangibles.

Curiosamente, su llegada a la barriada Marina Española en los años 80 fue casi accidental. No vivía allí; era su suegra quien residía en la barriada. Pero de tanto hacer vida en el barrio, terminó siendo parte de él. A mediados de los años 90 ya presidía la asociación vecinal San Jaime, cargo desde el que ha defendido una idea clara y poco edulcorada: no cree en la “participación ciudadana” como concepto abstracto, sino en la lucha vecinal como respuesta directa a la dejadez institucional. Lo que antes era resistencia, hoy lo considera un derecho conquistado.

Su implicación ha ido mucho más allá de los despachos. Ha sido Rey Mago por la FLAVE en 2011, compartiendo cortejo con José Tomás y el polifacético profesor Juan Villarreal Panadero, y ha puesto especial atención en los niños y jóvenes del barrio, impulsando torneos de fútbol, el Cartero Real, juegos, fiestas populares y la tradicional convivencia vecinal. También ha defendido siempre el papel de la mujer, promoviendo actividades específicas y recogiendo sus demandas como parte central del tejido social del barrio.
Más de treinta años después, Andrés Márquez sigue ahí, con una libreta, una mesa y la misma idea fija: que los barrios no mejoran solos.
