Cuando la rumba acaba en el juzgado

| Texto: Verbigracia García L.
La historia suena a copla urbana, pero se dirime con toga y ADN. Un hombre de unos 40 años, vecino de Madrid, ha acudido a los juzgados de El Puerto de Santa María para reclamar ser reconocido como hijo biológico de Juan Antonio Jiménez Muñoz, Jero, --el del medio de Los Chichos--, fallecido en 1995. No es solo una cuestión de apellidos: en juego están los derechos hereditarios derivados de uno de los catálogos más influyentes de la rumba española. La última vez que actuaron en El Puerto fue en 2013, en Mucho Teatro.
La demanda, de carácter póstumo, se articula como una reclamación de hermandad. El demandante sostiene ser hermano de Julio Jiménez Borja, conocido artísticamente como Chaboli (que significa en calé ‘hijo predilecto’), productor musical, percusionista, compositor y esposo de Niña Pastori, residentes en El Puerto. La clave del procedimiento es una prueba genética obtenida tras una investigación privada: el análisis de una colilla atribuida a Chaboli habría arrojado un parentesco del 99,999%, según fuentes jurídicas del caso.
El abogado del demandante, Fernando Osuna, ha confirmado que será precisamente Chaboli quien deba comparecer para ratificar judicialmente la prueba. El objetivo final es el reconocimiento legal de la filiación y, con ello, el acceso a la herencia del artista, una herencia que no se limita a bienes materiales. El verdadero peso económico está en los derechos de autor y de explotación musical, vigentes hasta 70 años después del fallecimiento del creador; en este caso, aún restan varias décadas de vigencia.
La demanda también prevé que declare la otra hija reconocida de Jero, igualmente residente en El Puerto. Según el escrito presentado, la madre del reclamante quedó embarazada en la década de los ochenta, cuando aún era menor de edad, y el presunto padre nunca reconoció al hijo.

Más allá del impacto mediático, el caso reabre un debate recurrente en torno a los grandes legados musicales del siglo XX: la frontera entre memoria artística, derechos patrimoniales y verdad biológica. Los Chichos, emblema de la rumba popular desde los años setenta, forman parte del imaginario colectivo de varias generaciones. Que hoy su historia se prolongue en los tribunales confirma que, a veces, la música no se apaga cuando termina la canción, sino cuando lo decide un juez.
