
| Texto: Enrique Pérez Fernández | Imágenes generadas con IA
Decía en el texto anterior del pasado martes, que no hay certeza de qué lado de la Punta y ermita de Santa Catalina partió la expedición de Ojeda, si de la playa de La Calita o de La Muralla. Estimo que fue en La Muralla, más próxima a El Puerto y más resguardada a los vientos, el tramo que se extendía hasta la Punta de El Aculadero, desaparecida en la década de 1980 al construirse Puerto Sherry.
Por tradición oral, los portuenses de cierta edad recordarán que en El Aculadero, dando a las arenas de La Colorá existió --no sé desde cuándo-- el llamado muelle del Portugués, muy cerca, por cierto, de las rocas donde en 1985 se halló el cañón portugués de inicios del siglo XVI al que ya nos referimos. El Aculadero --donde se excavó el célebre yacimiento del Paleolítico (nótulas 4.717 y 5.925)-- fue durante siglos, como su nombre indica, lugar donde los barcos se arrimaban para el embarque y desembarco de quienes habitaban en los viñedos, huertos y navazos del litoral.

Así lo hacían los faluchos empleados en la travesía a Cádiz cargados de pasajeros. Al respecto, decía un documento de 1837: “Los marineros que en el sitio del Aculadero se dedican a conducir a tierra los pasajeros en lanchas y en los hombros, solo podrán llevar por lo primero un real de vellón por persona, y por lo segundo dos reales de vellón sin exigir más cantidad, ni negarse a la conducción de los pobres que concurran al mismo sitio con el fin de pasar a Cádiz, o a esta ciudad.” Pudo ser El Aculadero el sitio donde en botes embarcaran los equipamientos, las vituallas y la tripulación del histórico viaje que partió de la inmediata playa de Santa Catalina.
La expedición
A comienzos de mayo de 1499 El Puerto debía ser un hervidero de gente presenciando los preparativos del que iba a ser el cuarto viaje a las Indias, patrocinado por los Reyes Católicos con la gestión de Juan Rodríguez de Fonseca y, sobre el terreno, la logística y el avituallamiento que organizó el duque de Medinaceli don Luis de la Cerda. En las cuatro carabelas viajaron unos 100 o 120 tripulantes.

Entre ellos, como mano derecha de Alonso de Ojeda y piloto mayor de la expedición y cartógrafo, el montañés Juan de la Cosa, buen amigo de Ojeda desde que compartieron la travesía con Colón en su segundo viaje y que también participó en el primero al mando de la nao capitana de su propiedad, la Santa María, que encalló en La Española (Haití) y con sus maderos se levantó el Fuerte de la Navidad, el primer y efímero asentamiento español en América. Desde comienzos de la década de 1490 era vecino de El Puerto. Y con Ojeda y De la Cosa fue otro destacado marino y comerciante, el florentino Américo Vespucio (de quien tomó nombre en 1507 el continente por el error de un cosmógrafo alemán).

El 18 de mayo de 1499 fue el día señalado para que la expedición partiera rumbo al Nuevo Mundo. Aunque no consta en las fuentes históricas, seguro que al partir, en tierra o ya embarcados, como fue tradicional hasta fines del siglo XVII, los marineros ofrecieron una oración a Santa Catalina.

El de Ojeda fue un viaje muy vinculado al tercero de Colón pues ambos coincidieron en el tiempo y el espacio. Colón pisó en agosto de 1498 por primera vez Tierra Firme, en lugar próximo a donde lo haría Ojeda, que siguió el derrotero marcado por el almirante al partir de Sanlúcar en mayo. Al contrario que Colón, que apenas exploró la costa venezolana porque su objetivo era pasar a La Española (Rep. Dominicana-Haití) -la base de la presencia española en Las Antillas, donde gobernaba su hermano Bartolomé-, Ojeda sí recorrió toda la costa de Venezuela hacia el oeste buscando el paso marítimo a Asia: el río Orinoco, Trinidad, el golfo de Paria, península de Paraguaná y el inmenso lago Maracaibo, a donde llegaron el 24 de agosto de 1499.

En Maracaibo vieron cabañas levantadas con troncos sobre el agua a modo de palafitos, que recordaron al italiano Vespucio a Venecia, de donde tomó entonces el nombre las tierras y costas descubiertas: Veneziola, pequeña Venecia.

De Maracaibo continuaron a la península de La Guajira (en suelo colombiano), el punto más al oeste que exploraron, y después Ojeda decidió poner rumbo de vuelta hasta La Española, donde fueron recibidos hostilmente por los hombres de Colón y llegaron al enfrentamiento, que causó algunas bajas y heridos. Así las cosas, mucho antes de lo previsto, la expedición optó por regresar a España, arribando a la Bahía de Cádiz en fecha imprecisa entre noviembre de 1499 y junio de 1500. Unos meses después, el 25 de noviembre de 1500, Colón llegó a Cádiz arrestado por sus malas prácticas como virrey de las Indias.
Ojeda casó durante su viaje con una princesa indígena, Guaricha (castellanizada en Isabel). Sus hijos fueron los primeros mestizos nacidos en Venezuela, a donde regresó Alonso en 1502 y falleció, en La Española, en 1515. Su vida en tierras americanas fue apasionante, llena de aventuras que noveló Vicente Blasco Ibáñez en El caballero de la Virgen (1929) y Alberto Vázquez-Figueroa en Centauros. La aventura del conquistador Alonso de Ojeda (2007). Compartiendo las aventuras estuvo su amigo Juan de la Cosa, que falleció en un enfrentamiento con indígenas en febrero de 1510; dicen las crónicas que sacrificando su vida para que la salvara Ojeda.

Años atrás, en 1500, al regreso de la expedición, Juan de la Cosa dibujó en El Puerto de Santa María el primer mapamundi, el mayor legado que dejó para la Historia aquella tripulación que el 18 de mayo de 1499 zarpó de la playa de Santa Catalina y descubrió Venezuela, el país hermano donde estos días la fruta madura está al caer. Alea iacta est. Jaque mate al dictador.


Amerigo Vespucci fue un ambicioso florentino que se "apuntaba a un bombardeo", dicho en términos castizos.
El florentino fue el perfecto " coladito " : nunca mandó ninguna expedición, ni descubrió nada. Fué un segundón, tercerón, un coladito que se hacia el imprescindible y llegó a ser Piloto Mayor de Castilla, muriendo en Sevilla.
Las malas lenguas dicen que nunca estuvo en el Nuevo Mundo.
Sin embargo, el cartógrafo Martín Waldseemüller en su mapa Universalis Cosmographia de 1507 acuñó el nombre de «América» en su honor como designación para el Nuevo Mundo. El relato a menudo fantasioso y contradictorio de sus viajes lo han ubicado como una de las figuras más controvertidas de la era de los descubrimientos.
En España siempre se hablaba del Nuevo Mundo, de Las Indias Occidentales, de Las España, pero muy posteriormente se empezó a utilizar el nombre de América. Sorprende que el Emperador Carlos y los Austria no supieran corregir el relato de Vespucci.