| FOTO 1. Acceso al Paseo de la Victoria a comienzos del siglo XX, flanqueado por estatuas de las Cuatro Estaciones.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
Sabido es que el solar del Paseo de la Victoria antes de habilitarse como tal lo ocupaba una parte de las extensas huertas del inmediato convento de Nuestra Señora de la Victoria, que en sus trazas principales se construyó entre 1504 y 1517 bajo el amparo de los duques de Medinaceli en el lugar que hasta entonces existió una ermita con la advocación de San Roque.
Las huertas, además de ocupar grosso modo el espacio del actual Paseo y del Instituto Muñoz Seca, se prolongaban a espaldas del convento hasta el Camino del Tejar (actual avda. de las Américas). Frente a la iglesia los franciscanos tenían un olivar, cuyo espacio sería integrado en el primer Paseo de la Victoria que se habilitó en 1734-1735. Lindaba entonces, hacia el Matadero (1697) y el Caño del Molino (abierto en 1701), con otra gran huerta, conocida como Huerto de Ceballos (quizás propio de Juan o Lázaro Ceballos, ambos regidores del cabildo).
|FOTO 2. Detalle de un plano de la traída de agua a la ciudad, inicios de la década de 1730. Servicio Geográfico del Ejército. A la derecha, interrumpido en el plano general, las huertas del convento que llegaban al Palmar de la Victoria. En el centro, el olivar que se integró en el Paseo de la Victoria (arriba huertas del convento). Abajo, el Huerto de Ceballos. A la izquierda, huertas del convento del Espíritu Santo.
El Rvdo. P. José María de la Torre | Fuente: Memoria, 1919-1920. Archivo Histórico Colegio San Luis Gonzaga (El Puerto de Santa María) | Imagen retocada digitalmente.
| Texto: Bernardo Rodríguez Caparrini
El futuro sacerdote jesuita José María de la Torre Miranda (1848-1919) —hijo de José de la Torre Santaella y de María Josefa Miranda Giménez— nació en Granada (Cortijo de Calero) el 29 de abril de 1848. Al ser bautizado en la parroquia de Santa Escolástica el primero de mayo se le impusieron, además, los nombres de Pedro, Agustín y del Corazón de Jesús. La vinculación de José María de la Torre con El Puerto de Santa María comenzó el 12 de mayo de 1865, cuando recién cumplidos los 17 años ingresó como novicio escolar en la casa de probación ubicada en el antiguo convento de la Victoria. Como consecuencia de la revolución de septiembre de 1868 y del posterior decreto de supresión de la Compañía de Jesús en toda España, el joven José María partió con otros muchos novicios y estudiantes jesuitas hacia un exilio voluntario en Francia, recalando inicialmente en el noviciado de Angers (Maine y Loira), para instalarse a finales de junio de 1869 en el castillo de Poyanne (no lejos de Bayona), recién adquirido por la provincia jesuita de Castilla.
El 17 de noviembre de 1931, Elías Ahuja y Andria comunicó al Ayuntamiento su propósito de dedicar a campo de deportes un terreno de su propiedad, que luego sería el campo del Racing Club Portuense y hoy alberga una promoción de pisos, conocido como ‘pisos verdes’. La finca estaba situada en la avenida de Eduardo Dato, frente al edificio de la antigua Fábrica de Gas Lebón. Su intención era fomentar el ejercicio físico entre los jóvenes y alejarlos de la ociosidad durante sus horas libres. El alcalde concedió la autorización el 25 de noviembre de 1931, facilitando además que las obras dieran empleo a trabajadores necesitados. Transcribimos, para su mejor lectura, el texto de la solicitud:
Documentos y testimonios rescatan la figura del cantaor Juan Gutiérrez
| Imagen generada por IA
| Texto: Antonio Cristo Ruiz
Resulta complicado localizar en el Archivo Histórico Municipal información sobre cantaores nacidos a mediados del siglo XIX. Además, buena parte de las noticias que me transmitieron los aficionados flamencos de mayor edad procedían de testimonios orales. En este caso, recurriremos a la información que nos han legado la prensa y los libros.
En la página 206 de El cante flamenco. Guía alfabética, de Julián Pemartín, ‘Guías Afrodisio Aguado’ publicado en 1966, encontramos los siguientes datos:
«Pavirri (el). De nombre Juan Gutiérrez, nacido en El Puerto de Santa María (Cádiz) hacia 1865 y fallecido en 1936. Buen cantaor de seguiriyas, soleares y, sobre todo, malagueñas, a las que imprimió un sello muy personal».
La Guerra Civil también levantó el telón de la venganza
El comediógrafo Pedro Muñoz Seca y su captor Avelino Nieto Tormo, en una imagen generada por IA
| Texto: José María Morillo
La Guerra Civil española no solo partió el país en dos: también quebró compañías teatrales, amistades, carreras artísticas y antiguas complicidades. Los escenarios, hasta entonces espacios compartidos por intérpretes de ideologías muy distintas, quedaron sometidos de repente a la lógica brutal de la retaguardia, las depuraciones y los ajustes de cuentas. En aquel mundo deshecho se sitúa uno de los episodios más inquietantes reconstruidos por el periodista e investigador Pedro Corral en su libro Cómicos en guerra: la detención del dramaturgo portuense Pedro Muñoz Seca por Avelino Nieto Tormo, un actor perteneciente a su mismo gremio.
Muñoz Seca se encontraba en Barcelona junto a su esposa, Asunción Ariza, cuando la sublevación militar del 18 de julio de 1936 desencadenó el hundimiento del orden público y la revolución en la retaguardia republicana. Monárquico declarado, conservador y abiertamente crítico con la República, el autor de La venganza de don Mendo era una figura enormemente popular gracias a su teatro del disparate, --la astracanada-- sustentado en el ingenio verbal, los equívocos y una comicidad que gozaba del favor del público.
Documentación inédita y procesos sumarísimos permiten reconstruir el trágico destino de parte de una generación prácticamente aniquilada.
| A la derecha están Francisco Bocanegra Camacho y Miguel Villanueva de Miguel, y el primero por la izquierda es Rafael Valiente Pérez. En ese grupo solo había dos jóvenes, José Pagliani y José Celis Márquez. Creemos que el que está en primer plano con camisa blanca y con saludo comunista puede ser Pagliani. En aquella época, los comunistas saludaban con el brazo doblado, y los socialistas más rectos o extendidos.
| Texto: Manuel Almisas Albendiz
(continuación) En esos primeros días de julio de 1936, el teniente de alcalde de la minoría comunista Ramón Mila Cristán, solicitó al Pleno del Ayuntamiento que le concedieran una beca a Manuel Ibáñez, «estudiante hijo de obrero», beca que fue aprobada por unanimidad. Se desconoce qué pudiera estar estudiando, aunque ya nada importaba, el 18 de julio se acercaba amenazante…
Manuel Ibáñez Cabeza no pudo ser detenido en las horas siguientes a la sublevación de los generales franquistas porque consiguió huir y llegar a la zona republicana, seguramente a través de la Sierra de Cádiz y de Málaga, como se sabe que hizo por ejemplo el portuense Cayetano Aparicio García. Huyó junto a su hermano pequeño José Ibáñez Cabeza (El Puerto, 1916), que también formaba parte de la Directiva de las Juventudes Comunistas con el cargo de Contador. Ambos hermanos llegaron a Madrid y se incorporaron a las milicias populares antifascistas. Es muy probable que preguntaran por su antiguo secretario general, el diputado Daniel Ortega, en la Comandancia del 5º Regimiento, con quien mantendrían algún contacto durante la guerra, porque, cuando ambos fallecieron en combate, a quien le dieron sus únicas pertenencias, una fotografía de los dos hermanos, fue a Daniel Ortega.
A punto de cumplirse 90 años del golpe de Estado, un trabajo reconstruye el destino de quienes pagaron con su vida su militancia política.
| A la izquierda, informe policial que está en el sumario 279/1937 | A la derecha el presidente de las Juventudes Comunistas, Manuel Pena Carballat, fusilado a los 26 años | Foto cedida por el «Foro por la Memoria de El Puerto de Santa María»
| Texto: Manuel Almisas Albendiz
Se van a cumplir 90 años de aquella fatídica fecha del 18 de julio de 1936 en que un grupo de generales (Franco, Queipo de Llano, Mola, Orgaz, Cabanellas, Varela, etc.) se sublevaron contra la Segunda República y dio comienzo una represión feroz en los pueblos de la provincia de Cádiz como nadie se había imaginado. En El Puerto de Santa María se asesinaron a la mayoría de los miembros del Ayuntamiento, de los dirigentes de los partidos del Frente Popular, y de las sociedades obreras. Pero especialmente se exterminaron a los jóvenes más destacados y conscientes del pueblo. Hoy queremos recordar a estos últimos para que no se olviden y así sigan viviendo en nuestra memoria...
Dos brujas portuenses ante la Inquisición en el siglo XVII
| FOTO 1 Joven sentenciada por la Inquisición ataviada con sus insignias, el sambenito y la coroza. Imagen generada con IA.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
En la España de los siglos XVI y XVII abundaron las beatas, mujeres laicas que al margen de las órdenes religiosas hacían votos de castidad, pobreza y obediencia, y se dedicaban a la oración y a hacer obras de caridad, a cuidar enfermos y desamparados… Vestían sobriamente con tocas blancas, sayas pardas con cordones atados a la cintura al modo franciscano y mantos negros. En algunas poblaciones residían en beaterios, como el que existió en Jerez (1642), aunque lo habitual era que vivieran en sus casas.
| FOTO 2 Beata del s. XVII con su tradicional vestimenta: toca, saya, cordón y manto. Imagen generada con IA.
Una historia portuense propia de una novela romántica
| Imagen de la primera boda de Amalia Jiménez, generada con IA
| Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz [*]
La vida de Amalia Jiménez González (El Puerto de Santa María 1872-1918), es realmente digna de ser contada en una narración novelesca romántica. Estoy por asegurar que, si Fernán Caballero la hubiese conocido, la habría convertido en la heroína protagonista de alguna de sus novelas. A hechos tan dramáticos como la demencia y posterior suicidio de su primer marido compañero de Isaac Peral y la muerte del hijo mayor, con tan solo 23 años, en la Guerra de África se unen otros, plenos de romanticismo, como el de propiciar la conversión y bautismo de un alemán, director técnico de una fábrica de cerveza portuense, con el que acabó casándose y de quien volvió a enviudar. Tuvo una dorada madurez, enamorando a cuantos la rodeaban. Que grado de admiración no despertaría que uno de sus buenos amigos de la mejor sociedad de la época le dejó en herencia ¡un cortijo¡, y no un campito cualquiera, sino el famoso cortijo “Las Manoteras”. Era hija del vinatero Ramón Jiménez Varela.
La asociación vecinal corrige con una placa una injusticia histórica con el escritor portuense
| Texto. Manuel Almisas Albéndiz
El investigador Manuel Almisas Albéndiz trata en esta nótula sobre La recuperación de la memoria de José Navarrete Vela-Hidalgo, quien ha sacado a la luz un error histórico de casi medio siglo: la calle aprobada en 1979 como «Escritor José Navarrete» fue rotulada por error en Pinar Hondo como «Escultor José Navarrete». Tras diversas gestiones ante el Ayuntamiento y el INE, el fallo sigue sin corregirse oficialmente. Ante la inacción institucional, la Asociación Vecinal Malacara-El Pinar y la comunidad de propietarios de Rafael Alberti 18 y 20 impulsaron la colocación de una placa explicativa que reivindica la figura del escritor portuense. Navarrete, destacado poeta, periodista y primer diputado republicano de izquierdas de El Puerto, fue una personalidad clave del siglo XIX. Aunque el rótulo continúa sin modificarse, la nueva placa ha contribuido a reparar una injusticia histórica y a devolver su nombre y legado a la ciudad. Esta es la historia:...continúa leyendo "José Navarrete. Medio siglo después, persiste el error en la calle rotulada con su nombre #6.610"
Las huertas de Sidueña, un vergel junto a Doña Blanca
| FOTO 1 Imagen generada con IA a partir de una fotografía antigua con la torre de Doña Blanca de fondo.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
En 1873 el jerezano Luis Coloma publicó en Madrid una novelita que tituló Caín, una obra de juventud escrita al amparo de quien era su consejera y mentora en sus primeros pasos literarios, Cecilia Bohl de Faber, Fernán Caballero. Faltaban años para que saliera a la luz --en 1890-- su novela más conocida –Pequeñeces-- y Cuentos para niños, que incluía su inmortal Ratoncito Pérez, dedicado al niño-rey Alfonso XIII cuando se le cayó un diente de leche. Al poco de publicarse Caín Coloma ingresó, en octubre de 1874, en la Compañía de Jesús.
Las excursiones a las canteras y la visita de Alfonso XIII en 1930
FOTO 1| En la cantera de La Mujer, verano de 1930. | Foto, Justino Castroverde. Centro Municipal del Patrimonio Histórico.
| Texto: Enrique Pérez Fernández
El Puerto vivió en 1929 y 1930 un tiempo de ilusionante prosperidad, estrechamente vinculada al Guadalete. En mayo del 29 se constituyó la ‘Comisión Administrativa del puerto del Guadalete’, dirigida por el ingeniero Ignacio Merello Llasera (tío de Rafael Alberti), que pronto sacó adelante proyectos como el transbordador aéreo que transportaba la sal desde la salina de La Tapa a las bodegas de los barcos; el dragado del río; la apertura de un nuevo canal en su embocadura; el incremento del tráfico de barcos comerciales y pesqueros; la construcción de una fábrica de cementos Portland junto al río y un nuevo muelle del Vapor. Comenzó entonces la historia de la saga de las motonaves Adriano, al tiempo que las aguas del río fueron el escenario de actividades lúdicas y de la fundación del Club Náutico.
Utilizamos cookies propias y de terceros para garantizar el funcionamiento de la web, medir su uso y mejorar nuestros servicios. Puede aceptar todas las cookies, rechazar las no necesarias o configurar sus preferencias. Política de cookies
Configurar cookies
Necesarias para que la web funcione correctamente. No se pueden desactivar desde este panel.
Ayudan a medir el uso del sitio y mejorar sus contenidos.
Permiten publicidad, medición de campañas o personalización de anuncios.
Guardan preferencias o permiten contenido externo no necesario.