Saltar al contenido

Alfredo Bootello Reyes. Homenaje a La Barranca #6.503

Este artículo es el último firmado por aquel portuense enamorado de su Ciudad: Alfredo Bootello Reyes en la edición de Diario de Cádiz para El Puerto de Santa María. Nos dejaba el 24 de diciembre de 1996 –se cumplirán 30 años—y el artículo se publicaba dos días después.

| Texto: Alfredo Bootello Reyes
Muy cerca de la punta de La Colorá había unos puestos de tórtolas, allá donde las Dunas se asomaban a la escarpada playa. Allí, en mi infancia, llegué a comprender el concepto del «fair play», las buenas maneras, la elegancia y cortesía en el estricto marco de un reglamento de juego. Por cierto, es el maldito parné el que se ha cargado esta honrada filosofía en el mundo del deporte.

A lo que íbamos, el lugar que he mencionado, llamado La Barranca, era también conocido por la denominación de «Los puestos de los Benjumeda». Los cazadores sin coto saben muy bien que quien llega antes a un puesto tiene absoluta exclusividad para disparar en él en esa jornada.

Los hermanos Antonio y Manuel Benjumeda Martínez de Pinillos se colocaban allí con tenacidad tempranera. Gozaban de la prioridad por su madrugadora instalación. Al cabo de años de veteranía nadie les disputó el privilegiado lugar, en auténtica camaradería, selecto «fair play», cazador. Antonio se acompañaba de sus hijos, uno de ellos Juan Carlos Benjumeda era un excelente tirador, no había tórtola que se le resistiera.

Desgraciadamente ya no está entre nosotros, pero nos dejó a sus amigos su sempiterna sonrisa presente en el recuerdo. Un primo suyo, Gonzalo, magnífico zurdo, tampoco perdía oportunidad de disfrutar de la caza entre los matorrales y retamas costeros.

Otro «puesto sagrado» era el de Joaquín Simeón "El Siso", certera vista. Entre las dunas era siempre agradable la presencia de Juanillo "El de la Perdiz" o llamado también "El Jerezano". Ambos socarrones amigos fueron auténticas autoridades para los cazadores novatos, como siempre fui yo.

La caza va perdiendo su «fair play», primero por la masificación, se triplica el número de cazadores para un menor número de zonas de caza. Y segundo, simple y llanamente, por el maldito dinero.

Las sensaciones y el buen ambiente de La Barranca se acomoda en el pasado añorado. Hace lustros que fui por última vez, pero me acompañarán siempre los pinos, las amistades y los amaneceres de la punta de La Colorá.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies