El escritor convirtió durante casi dos décadas a El Puerto en un referente internacional de la narrativa en español, hasta que la falta de respaldo municipal acabó desmantelando su proyecto cultural.

| Texto: Javier Maldonado Rosso
"Luis confió en El Puerto, pero El Puerto no le respondió", me ha dicho, con toda razón, Mercedes García Pazos hace unas horas. Tras la constitución de la fundación cultural que lleva su nombre a finales de 1992 en Barcelona (su ciudad natal y todavía su lugar de resistencia a la exclusión oficial a la que estaba sometido por escribir en español), Luis Goytisolo trasladó su sede a El Puerto a mediados del año siguiente de acuerdo con el Ayuntamiento, que se incorporó a ella como patrono.
María-Antonia Gil Moreno de Mora, su primera mujer (fallecida poco tiempo después), quiso para él una fundación que estudiase su obra, ya por entonces internacionalmente considerada como una de las más originales de la literatura contemporánea. Añoraba ella sus estancias juveniles en el Palacio de Purullena, del que era coheredera de su séptima parte. Compró con Luis las otras seis y pusieron la ruinosa otrora casa de cargadores de Indias como patrimonio de la fundación. También el archivo de los marqueses de Villarreal y Purullena, que recuperaron in extremis y se lo llevaron a Vimbodí, donde lo preservaron y de donde volvió a El Puerto y se depositó hasta la rehabilitación del edificio en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz.






