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Eva Santamaría, de Eurovisión al Teatro #6.485

De ‘Hombres’ a una carrera coherente, lejos del ruido y cerca del oficio

| Texto: José María Morillo
Mikel López Iturriaga, ‘el Comidista’, crítico gastronómico del diario El País, recordaba en su consultorio ‘Aló Comidista’ del pasado viernes 6 de febrero, a la cantante portuense Eva Santamaría de esta guisa, en relación a la canción que representó a España en Eurovisión 1993: “Por algún motivo me ha recordado una de mis canciones favoritas de España en EurovisiónELLOS [en realidad el tema se llama ‘Hombres’], de Eva Santamaría. Tiene una letra preciosa, que empieza feminista y acaba ni machista ni feminista”. Es, casi, una seña generacional para quienes crecieron como generación X. La canción está firmada por Carlos Toro Montoro, uno de los grandes compositores del pop español, autor también de ‘Resistiré’ o ’Mamá quiero ser artista’.

La biografía de Eva viene jalonada de diferentes hitos y leyendas. Sin contar con su consentimiento previo, su padre la apuntó al casting de Nueva Gente, el programa de TVE de mayor tirón en aquellos años, que acabó ganando con solo 16 años. En 1990 volvió a saborear la victoria en otro concurso televisivo, El Salero. Más tarde firmaría con la discográfica Blanco y Negro, que lanzó su primer trabajo, Señorita (1990), presentado por Laura Valenzuela en la entonces recién inaugurada Telecinco. Poco después, un productor estadounidense quedó prendado de su voz y ella hizo las maletas rumbo a Los Ángeles para grabar. En la puerta de embarque del aeropuerto, el destino le puso delante, en persona, a Carlos Toro.

Mucho antes de ‘Zorra’, Eva Santamaría ya rompió moldes en Eurovisión

Su siguiente etapa profesional llegó de la mano de BMG Ariola, compañía que, sin que ella lo supiera, la presentó al proceso para Eurovisión. “--Recibí una llamada de la discográfica en la que me preguntaron si me gustaría representar a Eurovisión y me replicaron: ‘Menos mal que has dicho que sí porque vas a ir tú’”. En aquel tiempo, TVE organizaba un proceso interno: se presentaban canciones, un jurado deliberaba y, finalmente, la suya fue la elegida. “--Yo fuí la última en enterarme. Cuando bajé a la recepción del hotel me dieron todos los mensajes de la prensa que me quería entrevistar”, recuerda. Los modistos Victorio & Lucchino le confeccionaron un vestido exclusivo, tasado en 3.000 euros, que ella conserva aún como un pequeño tesoro. En el festival logró un undécimo puesto.

La repercusión mediática fue intensa. “--¡Menos mal que no había redes sociales porque a lo mejor me habría caído la intemerata! Me llamaban feminista como si fuera un insulto e incluso lo tuve que dejar con mi novio –confiesa--. Sus amigos no paraban de decir '¡ay que ver tu novia lo que está cantando!, ¡Cómo nos pone a los hombres!, ¡Cómo puedes estar con ella!'. Yo no he sido ni feminista ni machista, creo en la igualdad". Los organizadores del certamen le confirmaron que era la primera vez que una canción mencionaba la palabra sexo sobre ese escenario. Aquella fue, en realidad, la gran apuesta transgresora de Eurovisión, mucho antes de “Zorra”, el tema que representó a España en 2024.

Me pagaban por lo que tenía en la garganta, no por el resto. No me vendí

En esos años su nombre sonaba por todas partes. Protagonizó una amplia gira por Sudamérica y participó en quince entregas del programa Noche de gala de TVE, dirigido por Luis Sanz --el descubridor de Rocío Dúrcal-- gracias a la labor de su representante, Tony Caravaca, que también llevaba la carrera de Isabel Pantoja. No tardó, sin embargo, en pedir la carta de libertad por desacuerdos profesionales y pasó a trabajar con León Heredia y su hermano. Para entonces, el negocio musical ya empezaba a virar. De disfrutar de hasta 70 galas en un solo verano, empezó a tomar distancia. “--Porque descubrí que ese mundo por dentro estaba un poco podrido. Me pagaban por lo que tenía en la garganta, no por el resto. No me vendí”, sentencia.

| Su primer tema: 'Señorita' (1990)

No abandonó del todo el escenario, pero sí renunció a la idea de sacrificarlo todo por seguir en lo más alto. Por encima de la fama, siempre puso su bienestar y la tranquilidad de poder dormir tranquila. Nunca contrajo matrimonio ni tuvo hijos, aunque le habría gustado: siente una fuerte vena maternal, pero nunca apareció esa pareja que considerara adecuada y no se veía a sí misma como madre soltera. La vida, en cambio, le ha regalado cuatro sobrinos a los que adora, que convierten en fiesta cada viaje suyo desde Madrid hasta El Puerto de Santa María.

El destino volvió a llamar a su puerta en febrero de 2007. Enrique Cornejo y su hijo Alain le propusieron encabezar el montaje de Café de Chinitas junto a Máximo Valverde. Desde entonces ha participado en siete u ocho producciones teatrales. Del galán por excelencia del cine español solo guarda gratitud: “--Máximo es el mejor compañero que he tenido. La gente no le conoce cómo es realmente como persona. Cuando me operaron vino conmigo al hospital y en casa me hacía la comida, limpiaba, fregaba, iba a por las medicinas. Y siempre de forma totalmente altruista".

| Cristina Goyanes y Eva Santamaría

Tampoco escatima elogios para Cristina Goyanes, heredera de una de las sagas teatrales más importantes del país, con quien comparte escenario en la obra Y te lo querías perder, en el Teatro Arlequín Gran Vía de Madrid. Se trata de una comedia desenfadada en la que ambas se transforman en dos marujas de perfiles sociales muy distintos que terminan montando un buen enredo a cuenta de varios juguetes sexuales.

Talento sin estridencias y con los pies en el suelo

Las mañanas de Eva Santamaría transcurren ahora en ‘Un burro de cine, S.L’, empresa dedicada a suministrar servicios de vestuario para cine, televisión, teatro y producciones audiovisuales. Mujer incansable, continúa además de gira con otros dos espectáculos junto a Máximo Valverde: Con ganas de reír, que llevan casi dos décadas representando, y Mi querida Maribel, donde ella se mete en la piel de Isabel Pantoja, uno de los grandes amores de Máximo Valverde.

| Máximo Valverde y Eva Santamaría

Eva ha transitado de la música al teatro, y del escenario al trabajo técnico en el audiovisual, sin aspavientos ni nostalgia, entendiendo el oficio desde dentro y desde abajo, con respeto por cada engranaje del sector. Quienes han trabajado con ella destacan su humanidad: su trato cercano, su lealtad y su capacidad para ser compañera antes que estrella. Talento con los pies en el suelo, algo que no abunda.

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