3.275. Diego Gálvez Fernández, ‘el Gurrino’. Cantaor fragüero por excelencia

Diego Gálvez Fernández, apodado ‘el Gurrino’, nació en El Puerto de Santa María en 1898, en una calle del barrio gitano como es la calle de la Rosa, 31. Sus padres, Diego Gálvez Jiménez, nacido en El Puerto, en 1866, de profesión herrero y Fernanda Fernández Herrera, también nacida en esta Ciudad en 1878. De este matrimonio nacieron en esta ciudad dos hijas, una en 1900, a la que pondrán por nombre Juana y, la otra, Gabriela, nacida en 1901. Esta última fue la madre del bailaor de El Puerto, Juan Núñez Gálvez, apodado Juan Farina, afincado en Chiclana. Hija de Diego fue, Isabel Gálvez, conocida popularmente como ‘la India’, fallecida hace unos años. | En la fotografía, imagen de una fragua.
Otro familiar de Diego, “El Gurrino”, también muy conocido en el mundo flamenco, fue Diego Gálvez Herrera, cantaor flamenco. Su padre Bartolo Gálvez, fue apodado “Bartolito”. A Diego, no se le ha reconocido como al buen artista que fue y es preciso recordarlo ahora desde estas páginas cuando ya no está entre nosotros. Recorrió con el pianista Carrasco, gran parte de Europa, Japón y los Estados Unidos. Se retiró muy joven por problemas en las cuerdas vocales.

 

| Isabel Gálvez ‘la India’, hija de Diego Gálvez, en su vejez.

“El Gurrino”, se casó con una gitana llamada Nieves Heredia y tuvieron una hija de nombre Isabel Gálvez Heredia, nacida 1919, apodada “la India”, mujer muy conocida en su tiempo en esta Ciudad por su tipismo en la forma de vestir, pues iba siempre con un ramillete de flores amarrado al cabello. En el año 1975, vivía en la calle Molinete nº 9. “El Alpiste”, que la tuvo de vecina, nos habló de ella y nos dijo que era muy buena gitana, a la que le encantaban los niños pequeños y le hubiera gustado haber tenido descendencia.

Posiblemente, la artista flamenca Soledad Montoya Valencia, a quien una bala perdida le quitó la vida en Buenos Aires, estaba emparentada con la familia del Gurrino. El padre de Soledad era Gálvez de segundo apellido.

| Diego Gálvez, familiar del Gurrino.

| Diego Gálvez Herrera, meses antes de fallecer, en el centro el Ratón y a la derecha Salvador Cortés.

Juan Cortés “El Cagón, Tomás “El Nitri”, Diego “El Gurrino” y José Suárez, “Pepe Hano”, han sido cuatro de los cantaores fragüeros, que han dejado más huella en El Puerto de Santa María.

Diego era un hombre de buen carácter, poco amigo de cantar ante cualquiera y poco comunicativo con los que no conocía. Siempre se había creído que tenía parentesco con Juan “El Cagón”, por apellidos y apodo de “Gurrino” y “Cagón”. He investigado las partidas de bautismo de las dos familias y los padrones de población de los Archivos Municipales del El Puerto y de Jerez pudiendo comprobar que no tenían ninguna rama consanguínea común.

| Juan Núñez Gálvez, apodado Juan Farina.

Quiero aclarar que me dieron mal la información sobre los apellidos del “Gurrino”, no era Cortés como me comunicaron en un principio, sino Gálvez. Investigando en el Archivo Histórico de El Puerto, comprobé con exactitud cuáles eran los apellidos del fragüero y, como es de sabios rectificar, así lo hice. Comprobé que en los apellidos de Juan Farina, Isabel “La India” y Diego Gálvez no se encontraban los apellidos Cortés Monge.

| Tomás El Nitri

| Pepe Hano

Sin ninguna duda, “El Gurrino” tuvo que haber escuchado a algún descendiente de Juan Cortés “El Cagón”, cuando todos los viejos decían que hacía los cantes de éste y que era familia del prehistórico cantaor, clasificado por Juanelo de Jerez, como cantaor de tonás livianas.

| Pepe Pinto (i) Juan Pérez Sánchez (d), ‘Canalejas de Puerto Real’.

Como dato curioso dos artistas del flamenco, Pepe Pinto y Canalejas de Puerto Real, llegaron escuchar al Gurrino que cantaba oculto detrás del portón de su fragua. Aunque yo creo que Diego “El Gurrino” sabía muy bien que le oían cantar detrás del postigo de su fragua, muchos aficionados flamencos. Estos dos grandes artistas fueron unos enamorados del cante y del baile de esta zona. Yo solo puedo decir que Pepe Pinto, esposo de la Niña de “Los Peines”, vio bailar a una niña de quince años de El Puerto de Santa María a finales de los años cuarenta. Les pidió a sus padres que le dejasen llevarla a Sevilla, pero éstos se opusieron. Esta mujer en la actualidad vive en El Puerto y tiene ochenta y tres años. Se llama María Ponce Fernández, conocida por “La Puchi”. Ésta se relacionó con todo el que cantaba y bailaba en esta Ciudad. Es un placer hablar de flamenco con ella y con su esposo.

| Cantaores herreros de El Puerto: Alonso “El Cepillo” y Miguel “El Gitano de Bronce”.

El Gurrino, tenía la fragua en el Callejón Espelete –antiguamente calle del Pan y Naranja--, en una casa llamada “Casa de los Frailes”, en un segundo patio de esta finca. Antiguamente se decía que en esta casa vivieron frailes. En esta finca en aquellos años tenía la salida frente al cementerio y a la Ermita de Santa Clara. También hubo rumores de que en aquella época aparecían fantasmas vestidos de frailes. En los años treinta hacían noche los mayetos roteños que con sus animales de carga venían a vender muy de mañana sus productos de la huerta a la Placilla de El Puerto. Eran tiempos de escasez y hambruna.

| Portada de la conocida como 'Casa de los Frailes', en la calle Espelete

| Segundo patio que linda con las casas nuevas de enfrente del cementerio y de la capilla de Santa Clara.

Ya he comentado en varias ocasiones que en los siglos XVIII y XIX las familias gitanas, ocultaban el cante de sus antepasados ante otras familias gitanas o delante de cualquier extraño. Esto lo demostró Tomás “El Nitri” que según la tradición oral se negó cantar rotundamente ante Silverio Franconetti, que murió sin escuchar su cante. José de los Reyes “El Negro”, en sus comienzos, también rechazó cantarle a Antonio Mairena, aunque posteriormente si llegó a escucharlo.

Manolo Agujetas, en los años setenta estuvo detrás de José “El Negro”, para que le cantara los cantes que ocultaba. Hablando con el Negro, al que he conocido mejor que nadie, le pregunté si ocultaba algún cante. Me respondió: “te juro por mis hijos, Antonio, que no, eso ha creído siempre Manolo Agujetas, e incluso sospecho de su padre el “Viejo Agujetas” que también le ocultaba algún cante. Cosas del rey del cante gitano, que por cierto hablando con todos los Agujetas, Manolo no nació en Jerez, era Roteño, de nacimiento, según su familia. Resultaba más atractivo decir que era de Jerez, más que de la Villa de Rota, eran cosas de la oferta y la demanda.

| José de los Reyes de los Santos ‘el Negro’.

Rafael Suárez Alemán, apodado “El Perejil”, (El Puerto, 1901-196?), primogénito de la dinastía de los Suárez Alemán, ante la muerte trágica de su hermano Pepe Hano, negó la transmisión oral de los cantes de éste. Perejil, cantó flamenco pero sin llegar a la altura de su hermano Pepe Hano. Que me perdone Tío Alonso “El Cepillo”, que siempre ocultó los cantes por soleá de su madre, “La Bermúdez”, (El Puerto, 1871- 194?). Creo que no le gustaba que se supiera que su madre cantaba flamenco.

Escuché decir a tío Alonso “El Cepillo” que cuando su madre cantaba ponía los vellos de punta. Hay muchas personas que todavía están entre nosotros y puede corroborar lo que expongo. Los hermanos del Cepillo, José, Luis “El Viejo”, Salvadora y Juana, fueron seguidores de los cantes de su matriarca. Alonso, no sé porque no cantaba el repertorio de su madre, se llevó la herencia de ella a la tumba. Fue un buen hombre y un gitano cabal, que escuchaba todas las opiniones y respetaba las apreciaciones de todos, yo nunca le vi discutir con nadie. Fue un gran amigo mío y lo echo de menos.

| “Viejo Agujetas” y su hijo Manuel  Agujetas 

Manuel de los Santos, “el Viejo Agujetas”, nos dijo que “el Gurrino” tenía el cante fragüero y era también poco amigo de cantar ante cualquier extraño, pero era muy amable y amigo de los allegados a su persona. El “Viejo Agujetas” cantó varias veces con él en una boda gitana de un familiar suyo. A José “El Negro, le pregunté: “--José, ¿cuántas veces escuchaste cantar al “Gurrino”?, me respondió: “--Cuando me emborrachaba me iba a la puerta de su fragua y si se daba cuenta de que yo le estaba oyendo se callaba, aunque él sabía de sobra que yo le escuchaba cantar en muchas ocasiones y le gustaban los oles que yo le daba”.

Tío Alonso el del 'Cepillo”, sí llegó a escucharle en reuniones familiares en muchas ocasiones y nos dijo que tenía la voz muy flamenca y los silencios entre tonos cantando llegaban a darte miedo. Fue seguidor de los cantes del “el Cagón”, de su cante por seguiriya, soleá y toná, que eran inconfundibles. A mi madre le gustaban los cantes de Diego.

José Breíta, nos dijo del Gurrino: “--Yo no llegué a escucharle pero a mí me dijo un empleado que tuve de nombre Curro Canales, que también fue herrero, que fue el mejor cantaor que había escuchado en El Puerto”.

| Gabriel de los Reyes Suárez “El Alpiste” y su esposa Tomasa de los Santos Pastor.

Gabriel de los Reyes Suárez “El Alpiste”, yerno del Viejo Agujetas, estaba casado con Tomasa de los Santos Pastor, hija mayor de los Agujetas. Ésta tenía un cante por soleá que dolía. “El Alpiste”, decía que era familia de Diego “El Gurrino” y vecino de éste. En muchas ocasiones me comentó las cualidades cantoras de su familiar. “El Alpiste” explicaba lo siguiente: “--Tenía yo unos quince años cuando le escuché cantar. Era un fenómeno y como persona mejor. Los dos cantaores que más me han gustado han sido mi suegro Agujetas y tío Diego”.

Yo tuve a mis diecisiete años, unas relaciones con una chiquilla guapísima de raza gitana y recordando me vienen a la memoria los consejos que me daba Tomasa Agujetas: “--Antoñito, ten cuidado con esta niña, que nosotros los gitanos tenemos otras leyes y costumbres diferentes a las de ustedes los payos”. Su marido Diego “El Alpiste”, le respondía a su mujer: “--¡Deja a Antonio, que haga lo quiera, Tomasa!”

Yo he tenido el placer de escuchar a toda la dinastía de los Agujetas, en fiestas: El Viejo Agujetas, Tomasa Agujetas, Manolo Agujetas, Miguel “el Gitano de Bronce”, Juan “el Gordo Agujetas”, José de los Reyes“el Negro”, Pacote “Agujetas”, Juan “Negro de Rota”, cuñado del Viejo Agujetas, Diego “Agujetas”, Diego “Rubichi”, El Viejo, Juan “el Sopa”, el “Garbanzo de Jerez”, Luis Agujetas, la Ica Agujetas, la pequeña de esta dinastía, Vicente Agujetas, hermano del viejo Agujetas y Rafael Arana “el Niño de Jerez”, amigo de esta familia. Algunas de las mujeres que estuvieron en estas reuniones y fiestas cantan también extraordinariamente.

| “El Caneco” | Foto colección LSA

Antonio Salguero, “el Caneco”, fue otro gitano que conoció muy bien a Diego “el Gurrino”. Ambos tenían caracteres muy parecidos, fueron grandes amigos pero muy diferentes en su flamenco. Antonio “el Caneco” fue un cantaor y bailaor festero y Diego, fue un cantaor de Toná, Seguiriya, Soleá y Corrido Gitano, lo que solemos llamar cantes fragüeros.

| Calle de la Rosa en los años sesenta del siglo pasado. A lo largo de la historia fue, junto a las calles Lechería y Rueda, así como Espelete y otras del Barrio Alto, lugar de residencia de familias gitanas. La chatarrería está señalada con la flecha a la izquierda, justo sobre un caparazón de tortuga.

José Paradela Suarez “el Tordo” fue inquilino de la finca que tenía mi padre junto al Baratillo, casa de la calle de La Rosa, 31 en la que vivió el Gurrino. En muchas ocasiones me habló de Diego: “--Lo escuché en bodas, tomas de dichos y bautizos gitanos, además de en otro tipo de reuniones familiares. Le llamaban en muchas ocasiones para cantar a artistas importantes como Manuel Torre o Pastora Pavón “la Niña de los Peines”, pero siempre se negó. Al primer cantaor que yo escuché los corridos gitanos fue al “Gurrino””.

Estos dos hombres fueron grandes amigos, de caracteres muy personales y parecidos en sus costumbres. El apodo de “el Tordo”, le viene porque siempre iba vestido de negro, pues no le gustaba la ropa clara.

Voy a contar una anécdota de José “el Tordo”, del que tengo muchos y buenos recuerdos. Trabajaba en la salina Santa María, situada en la otra banda del río Guadalete. Solía levantarse sobre las cinco de la mañana y tomar café en los bares que abrían sus puertas muy temprano para la marinería de aquella época. Cuando El Tordo, se encontraba con algún incidente yendo de su casa al trabajo, se volvía y se metía en la cama y ese día no trabajaba. Le afectaban estos acontecimientos. Por ejemplo, cuando el viento de Levante rugía y soplaba muy fuerte, cuando tropezaba con curas o monjas, camino del trabajo, o si le contaban de mañana que había muerto de repente un conocido del barrio gitano, se veía muy afectado, tanto que no podía continuar su camino y volvía a casa.

Recuerdo a la jerezana Ana “la Perla”, mujer de José “el Tordo”, que me decía: “--Antonio, tengo que pedir fiao en la tienda de comestible de Luciano, el de la calle Cielo, para poder comer hoy, porque José vio esta mañana en la calle Larga a dos frailes encapuchados, así que se vino para casa y se metió en la cama”.

Era de profesión salinero, marinero, mariscador, pescador, extraordinario conocedor de la costa portuense y un gran aficionado flamenco. Según Tío José “el Tordo”: “--El Gurrino” era de piel morena, bajo de estatura, tocado con una gorra, chaqueta y pañuelo negro, como todo su atuendo. Tenía fama en el pueblo de ser un buen herrero, un estupendo cantaor y buena gente”.

Pasó muchas penurias en los últimos años de su vida, por sus males y por temas familiares. Parece que estuvo en nuestra Guerra Civil. Verdaderamente debería escribirse más de los pobres que de los acaudalados, pues hay mucho que contar de sus vivencias y de las tragedias por las que atraviesan en sus vidas. Los que le conocieron decían de él que solía compra pescado del freidor y lo degustaba en los reservados de la Burra, siempre solo.

| El conocido chatarrero 'Churrasca', pesando gallos de pelea en una gallera de El Puerto | Foto: Colección Luis Sánchez.

Recuerdo al tío Alonso comentarle a mi padre: “--Lino, tu hijo Antonio, me tiene aburrido de tanto preguntar por cantaores flamencos, como “el Gurrino” y “Pepe Hano”. Alonso fue chatarrero como mi padre, era cuñado de Luis “Churrasca”, el que tenía la chatarrería en la Plaza del Castillo. María su mujer cantaba muy bien, era hermana de La Planchera, la que fue esposa del Cepillo, para mí era como de mi familia.

| Gabriel Díaz Fernández “Macandé de Cadiz” acompañado a la guitarra de Carlos Montoya.

Hablé con a mi amigo Francisco Herrera Ramírez “el Cohete”, y le pregunté si tenía alguna foto de Diego “El Gurrino”. Me contestó: “--¿Tú crees Antonio, que como era este gitano, se hubiera dejado fotografiar?” Por cierto Frascuelo “el Cohete”, hace poco tiempo que se nos fue con los que no vuelven. Tenía la fragua en la calle Lechería, hijo y nieto de los fragüeros el Veneno y Frascuelo “El Viejo”. Su abuelo también cantó los cantes de fragua y fue muy amigo de la familia de los “Gurrino”.

| Salvador Cortés y su cuñado Diego Gálvez, en una fiesta familiar de los años ochenta.

Hablé con muchas personas de raza gitana de El Puerto sobre la personalidad de Diego “el Gurrino”, como fueron: Manolo el de la “Monjita”, Salvador Cortés, Julio Flores, Ramón Orillo, Enrique Gatica, Diego Gálvez, Rafael Vargas y Fernando de los Reyes de los Santos, hermano de José “El Negro”. Todos nos proporcionaron información muy similar a la que hemos expuesto hasta ahora.

En el año 1930 desaparecen del padrón del Puerto, los Gálvez Fernández. También creo que coincidió con nuestra contienda civil. No me canso de decir para que sirvió esta guerra, sólo para destrozar el país y para volverlo a recomponer difícilmente más tarde, con millones de persona muertas. Siempre lo levantamos los mismos, el pueblo, pero para ellos no hay medallas, ni homenajes populares por su labor.

El carbón de la fragua, afectó a los pulmones de Diego, como a casi todos los herreros de su época, que nos dejó o marchó con los que no vuelven en los años cuerenta. He conocido a algunos herreros con la enfermedad de la silicosis. Voy a citar a dos amigos íntimos mío, al Viejo Agujetas y a su hijo Juan de los Santos Pastor “el Gordo Agujeta”, que en sus últimos años de vida sufrieron mucho por los estragos de esta enfermedad. A Juan “el Gordo Agujetas”, en los últimos años de su vida, había que ingresarlo cada seis meses en el hospital conocido por los portuenses como Clínica del Dr. Frontela, hoy en día Hospital General Santa Maria del Puerto.

Me hubiera gustado ampliar esta pequeña biografía de este extraordinario cantaor, pero por su carácter y su forma de vida, se comunicó poquísimo en fiestas y reuniones. Esto es lo poco que he conseguido de este buen hombre gracias algunos aficionados que le conocieron y nos dejaron unas pequeñas pinceladas de su vida. Me pudieron dar datos exactos o poco fiables, pero siempre ateniéndome a la información de los que le conocieron y a la investigación en padrones y en las Iglesias he intentado sacar este trabajo adelante.

Hoy en día se critican las biografías que se han escrito de artistas del flamenco pues se aprecian algunos errores e inexactitudes. Pero debo decir que la gran mayoría de los que escriben estas nuevas biografías toman aquellos datos de viejas biografías flamencas. Hay que agradecer a esos primeros investigadores que nos dieran las pautas para continuar hoy con esta labor de difusión con la que intentamos conseguir un mayor conocimiento de estas olvidadas figuras del flamenco.

También quiero explicar a las personas que leen mis textos que en ellos hago mención de muchas personas que tienen relación con la biografía del personaje, que si no lo sacara aquí a la luz, se perderían en la noche de los tiempos.

Hemos hablado del pasado y del flamenco actual. Hoy en día puede que se cante mejor que antes, pero el cante de hoy, en mi opinión, está algo falto de personalidad de sentimientos reivindicativos y de pellizco, por muchos motivos que vienen dados por los tiempos que estamos viviendo. También quiero decir que los cantes de El Puerto de Santa María, están entre los más antiguo del flamenco de esta provincia. Como nos repetían Tío Alonso el del “Cepillo” y José de los Reyes “el Negro” cuando hablaban de la antigüedad del flamenco de nuestra tierra. | Texto: Antonio Cristo Ruiz. Agradecimientos a Ana Becerra Fabra.

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