3.731. Ignacio López y la portada de la Prioral

Continuamos estos artículos dedicados a celebrar el tercer centenario de la muerte del escultor Ignacio López [efeméride ignorada por instancias oficiales y para oficiales] con la serie de santos representados en la ciudad que le acogió durante casi cuarenta años. Y lo hacemos con los mal conservados en la Puerta del Sol de la Basílica Menor de Nuestra Señora de los MiIagros: dos Padres de la Iglesia y tres Evangelistas. | El análisis iconológico realizado por el profesor Aguayo Cobo, se puede esquematizar en el dibujo-mapa que se expone en la ilustración de la puerta del Sol realizado por Álvaro Rendón Gómez.
Los padres de la Iglesia
De la fachada oriental de la antigua Prioral destaca su gran portada central conocida como Puerta del Sol, convertida en principal acceso a la nave de la epístola desde la Plaza de España. Como de su estilo, autor, cronología y composición ya nos ocupamos en otra ocasión (La Puerta del Sol de la Prioral, Diario de Cádiz de 2 abril de 2010), ahora nos interesa la decoración de su primer cuerpo, proyectado con esculturas entre las parejas de columnas abalaustradas, concretamente cinco de las seis imágenes superpuestas de barro cocido y pequeño formato que han llegado a nuestros días.
 

La disposición de los Padres de la Iglesia representados sería la que comentamos a continuación. San Jerónimo debería figurar en la hornacina extrema de la izquierda (así lo atestiguaría la calavera, símbolo de la penitencia del santo en el desierto, bajo la peana del nicho hoy vacío) y a su derecha, san Agustín. Esta imagen es una de las esculturas más interesantes de esta portada y ya fue analizada a raíz del derribo, destrozo, restauración y colocación en su nicho.

| La imagen fracturada de San Agustín, en las dependencias del Servicio Municipal de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, dispuestas para su restauración el año de su destrozo, en 2010. 

| La cabeza de la imagen de San Agustín.

595. VÍDEO DEL ATENTADO CONTRA LA IGLESIA MAYOR. La iglesia, en peligro.

En la hornacina ocupada de la derecha figura san Ambrosio, importante teólogo y escritor del siglo IV, destacado obispo de Milán, Padre y Doctor de la Iglesia católica, ha sido interpretado siguiendo su iconografía habitual: indumentaria pontifical con casulla, capa abrochada y mitra, libro sostenido en sus manos y el principal atributo, una colmena tumbada junto a sus pies, en alusión a un prodigio ocurrido en su infancia y a su propio nombre (ambrosía, alimento asociado a los dioses y su inmortalidad y asimilado a la miel). Erguido y en posición de tres cuartos, gira hacia su derecha y eleva al cielo la cabeza en contraposición a los brazos, dirigidos hacia su izquierda mientras sostienen un voluminoso libro, uno de cuyos párrafos señala el santo con su índice. La hornacina a su derecha, hoy vacía, albergaría la imagen de san Gregorio Magno, el cuarto Padre de la Iglesia.

Los Evangelistas
En el piso superior del primer cuerpo de esta portada están representados los cuatro evangelistas: Lucas y Mateo a la izquierda y Marcos y Juan a la derecha.

San Lucas se reconoce por su principal atributo, un buey o toro bajo sus pies. En la cabeza destacan el mechón central del cabello sobre la frente, la mirada baja hacia el texto y la larga barba sobre el pecho. El pergamino sobre el que escribe apoyado en la cadera izquierda y el voluminoso manto de pliegues profundos son otras de sus características.

San Mateo se nos muestra con su típico símbolo, un niño alado o ángel, aquí sosteniendo el manto y un pergamino sobre el que escribe el evangelista mientras espera la inspiración del cielo. Así lo justifica la elevación y giro de su cabeza hacia la Divinidad, en contraste con la actitud de san Lucas, que parece interiorizar el mensaje a transmitir.

A la derecha de la puerta, san Marcos apoya sus pies sobre un tranquilo león, su principal atributo, para sujetar el pergamino de evangelista, colocado en diagonal para romper la verticalidad de la figura. En ésta destacan su cabeza baja, los pómulos marcados, su larga barba y una postura inestable creando dinamismo.

San Juan se representa joven, imberbe y melenudo, hierático, sosteniendo su evangelio y con su símbolo más conocido junto a sus pies, el águila. La falta de elegancia, movimiento y riqueza de composición nos impide atribuirlo al mismo escultor que el resto de figuras de esta portada.

Estilo y autoría
Aunque Esperanza de los Ríos atribuyera estas esculturas a José de Arce, escultor flamenco afincado en Sevilla y Jerez a mediados del siglo XVII, otros historiadores pensamos más bien adscribirlas a la producción de Ignacio López, imaginero sevillano establecido en El Puerto entre 1680 y 1718, con obras documentadas y atribuidas en la misma ciudad, Jerez y varias localidades andaluzas. Las cinco obras citadas (san Agustín, san Ambrosio, san Lucas, san Mateo y san Marcos) otorgan calidad a la composición general porque, a pesar de no superar los 80 centímetros de altura, muestran una majestuosidad, solemnidad y elegancia que han pasado desapercibidas a historiadores y eruditos hasta ahora.

Presentan características comunes a cuantos escultores barrocos de la segunda mitad del siglo XVII trabajaron junto a Arce y Roldán, pero muy especialmente presentes en Ignacio López, discípulo de éste. Entre los elementos morfológicos más sobresalientes en sus imágenes aparecen en éstas de la portada de la Prioral una anatomía naturalista, amplitud de formas y volúmenes, inclinación o giro de cabezas, facciones de rostros expresivos, largas y abocetadas barbas, la expresividad de las manos, ruptura de la frontalidad y valoración de la gestualidad creando movimiento en actitudes e indumentaria de grandes planos. 

| Imagen: Cádiz Media Video

Se trata de notas suficientes para adscribirlas al dinamismo típicamente barroco de la transición entre los siglos XVII y XVIII tan propio de las obras de López. Basta con comparar estas figuras de la portada de la Prioral con, por ejemplo, las imágenes documentadas de sus santos Gregorio, Judas Macabeo y Miguel del retablo de Animas en la capilla a la que se accede cruzando esta puerta y girando a la derecha.

Es más que probable que le encargaran estas figuras y que pudieran formar parte de las labores de reconstrucción y reformas sufridas por el primer templo portuense durante la segunda mitad del siglo XVII para sustituir a otras anteriores perdidas o muy deterioradas. Por cierto, que éstas también lo están, presentando actualmente un lamentable y criticable estado de conservación, más que preocupante de cara a su futuro próximo. | Texto: Francisco González Luque.

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