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4.066. José Benito Genil. Los tentáculos de Mauthausen

El portuense José Benito Genil, junto con una ingente cantidad de refugiados españoles, fue internado en el campo de exterminio de Mauthausen con el número de matrícula 4189 marcado a fuego en sus entrañas el 25 de abril de 1941, donde vivió otro capítulo más del fracaso y la tragedia de los españoles.

En la primavera de 1940 la maquinaria de guerra alemana construyó el campo de concentración de Gusen, parque temático de los horrores que tuvo a posteriori una posición privilegiada en todo el entramado del exterminio nazi. Con el tiempo se fue transformando en un campo principal con una delegación y una administración propia. La “factoría de la muerte” de Gusen, donde fueron asesinados impunemente miles de ciudadanos de toda condición llegó a albergar a un número muy superior de presos que Mauthausen, y su actividad económica acabó siendo de primerísima importancia para el esfuerzo bélico del III Reich.

Este campo de concentración era como una sucursal de la muerte situada a cinco kilómetros de Mauthausen. Las entradas en Gusen se daban por dos causas, unas se hacían voluntariamente al informarles que era un campo con un régimen más benigno, y otras en un ‘Triage’ (vocablo francés que significa clasificación y selección de heridos de guerra o de un desastre para determinar prioridad de necesidades y el lugar adecuado de tratamiento), si se encontraba muy mermado de fuerzas. En realidad Gusen era un campo de exterminio embozado, una forma de descongestionar el campo central, era una lúgubre fábrica de cadáveres.

En Gusen los detenidos tenían que construir armamento y galerías, cabinas de aviones y reactores. Gusen se convirtió en uno de los campos más criminales del régimen nazi y, por añadidura, en el matadero de los republicanos, donde murieron 3.839 republicanos españoles. El primer transporte de españoles hacia Gusen partió el 27 de enero de 1941. Los detenidos creyeron que serían trasportados a un sanatorio. Por muy agotados y cansados que estuvieran, los presos tenían que ir a pie. Todos los débiles y enfermos de Mauthausen fueron trasladados a Gusen para ser eliminados. En este lugar de maldito recuerdo había otra forma de matar a los detenidos: la llamada “Badeaktion“. Es decir que por la noche los SS llevaban a los presos a las duchas de agua helada, donde tenían que permanecer de media hora a tres cuartos de hora. A los que todavía respiraban les obligaban a meter la cabeza debajo del agua para que se ahogaran. En enero de 1941 se encontraban 4.500 detenidos siendo liberados por las fuerzas aliadas en 1945.

Estas casas de los horrores y la curiosidad del ser humano que no tiene límites nos han llevado hasta un portuense nacido en la calle Cielo el 13 de noviembre de 1910, de padres cartageneros y que, presumiblemente pasó su infancia en los alrededores del mercado de abastos con la penurias propias de la época, en donde las circunstancias de supervivencia convivieron con en el límite de lo soportable.

José Benito Genil después de sufrir el exilio por el Golpe de Estado contra la legalidad vigente y posterior Guerra Civil, no dejó la lucha armada participando en la Segunda Guerra Mundial, siendo uno de tantos andaluces que sacrificó su vida al lado de la Resistencia Francesa contra la Alemania de Hitler que pretendía imponer el fascismo en toda Europa.

Sufrió en sus propias carnes el éxodo a través de los pasos fronterizos junto al tropel de mujeres, ancianos y niños, y la masa hambrienta caminando sobre la nieve y la fría lluvia de la Cordillera Pirenaica. El 5 de febrero de 1939 se levantaron las barreras francesas permitiendo el acceso al ejército vencido. Era el día en el que se alzaba el telón para dar comienzo a un trágico periplo en la vida de muchos de los 500.000 componentes del mayor exilio de nuestra historia.

Soldados sucios, barbudos, abatidos por la derrota, civiles que deciden seguir el mismo camino, formaron una interminable riada desconocedores todos de lo que les iba a deparar el destino. No sabían cuando volverían a cruzar en su retorno los montes Pirineos que dejaban a sus espaldas.

José Benito Genil, junto con una ingente cantidad de refugiados españoles, fue internado en el campo de exterminio de Mauthausen con el número de matrícula 4189 marcado a fuego en sus entrañas el 25 de abril de 1941, donde vivió otro capítulo más del fracaso y la tragedia de los españoles. Allí dejaría la ropa, la documentación, las cartas y las fotografías que nunca más recuperaría. Cuatro meses más tarde, el 8 de abril de 1941 ingresa en Gusen con matrícula nueva (12190). Pronto se daría cuenta que sus vanas ilusiones de supervivencia se desvanecerían en función de su propia resistencia vital. Con 31 años recién cumplidos muere el 9 de diciembre de 1941 asesinado por la sinrazón de los intransigentes y el olvido inmoral de un país al que no pudo volver para contarlo.

| Foto realizada el día de la liberación por los aliados del campo de exterminio de Mauthausen-Gusen. Los españoles fueron los primeros que recibieron a los aliados.

Ahí comienza y ahí termina la historia de otro más de tantos españoles, en este caso de un portuense de la calle Cielo, que ayudaron a Francia en su lucha contra los nazis, y que han formando parte de una de las crónicas más desconocidas y a la vez asignatura pendiente de una España que se empeña tercamente en la desmemoria. Probablemente nadie se acuerde de él. In memoriam. | Texto: Manolo Morillo. | Ilustración: María Fernández Lizaso.

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