ARTÍCULOS

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INDICE.

1. GENTE DEL PUERTO. Mónica Fernández-Aceytuno.
2. PUERTO DE CLARIDAD. José María Morillo.
3. PORTUENSES DE PRIMERA. Ana Isabel Espinosa.
4. LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE PORTUENSE. Juan Villarreal.
5. CATAMARÁN , IDA Y VUELTA. Fernando Polanco.
6. CARNE DE MORANCO. Eduardo Mendicutti.
7. LA GENTE DEL PUERTO. Lunah Roha.
8. DEL RÍO DE MI OLVIDO. Crisol T.
9. EL PUERTO, ENTRE ALCALDADAS Y CACIQUISMOS. Juan de la Lastra y Terry.
10. FLAMENCO EN EL PUERTO. José Manuel Merello.
11. GANANCIALES. Enrique García-Maiquez.
12. GENTES Y HABITANTES. Luis Suárez Ávila.
13. AMARGADOS. Francisco Lambea.
14. CRÓNICAS DE UN PUERTO. Rafael Marín.
15. SANGRE Y TRABAJADERO. Francisco Martínez Sierra.
16. PROFETA EN SU TIERRA. Joaquín Perles.
17. FINO COQUINERO. Luis Hiniesta.


1. GENTE DEL PUERTO
Mónica Fernández-Aceytuno
15-03-2008 (ABC)

Hay gente de mar, gente de campo y gente de puerto. La gente de puerto nunca mira a los ojos, o mira solo a ratos. Y mientras el marinero está siempre mirando al mar y el campesino al cielo, la gente de puerto nunca se sabe adónde está mirando, si hacia arriba o hacia abajo, si al horizonte o a un buque amarrado. Son inescrutables. Y para una cosa de la que te alegras de cumplir años, que es tener más colmillo, no te sirve para nada con la gente del puerto, que te da mil vueltas y está curtida en mil historias y cubierto su corazón de algas y de caracolillos como la obra viva de una embarcación abandonada que jamás recibió el cuidado de la patente. Son costra pura, muelle, espigón, noray, todo inamovible, como el propio puerto del que viven. Y así como los barcos nuevos llegan a puerto envueltos como momias para que ni la más mínima arenilla que vuele por el viento los raye en la entrega, que es cuando un barco es la imagen de la más pura inocencia porque aún no ha tocado el mar y parece aún más grande y más blanco en lo alto de su cuna, así llegamos también nosotros, inocentes, al puerto, donde la gente se podría jurar que es firme como una roca, pero se mueve bajo los pies igual que un pantalán de madera en los días de mar y de viento. Nunca sabes a qué atenerte con la gente del puerto. Puede que no lo sepan ni ellos, pues son variables como el pronóstico del mar, que puede estar en calma o rizada, y el pronóstico del viento, bonancible, fresco, fresquito. Y quizás son así porque son una mezcla de todas las personas con las que tratan, desde el anciano que sale a pescar con su barquito de madera pintado en blanco y verde, y que son los mejores indicadores del estado de la mar porque son ellos los primeros que vuelven a puerto cuando la cosa se va a poner fea, a los dueños de los grandes yates que no saben cómo es el mar en invierno. Y este tener que tratar a personas tan diferentes en el mismo lugar, les vuelve variopintos: encantadores y a la vez temibles, cercanos y huidizos, fiables y decepcionantes, marineros y campesinos. Gente de puerto.

Mónica Fernández-Aceytuno.
www.monicafernandez-aceytuno.com

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2. PUERTO DE CLARIDAD
José María Morillo
09-10-1995 (Diario de Cádiz)

El Puerto de Santa María, como puerto de mar que es al abrigo de un río, se ha destacado por el carácter abierto de sus gentes, que habían de serlo, entre otras cosas, para facilitar el comercio que llegaba a través de los barcos desde hace ya 2700 años. Podríamos asomarnos un poco a las distintas acepciones que de puerto existen y que se adaptan -como un frac a un caballero- a nuestra Ciudad. Un puerto natural es un entrante en la costa que ofrece abrigo a las embarcaciones, aunque esté acondicionado con obras, como es el caso del aparecido en el yacimiento de Doña Blanca, puerto de época fenicia del S. VIII a.n.e., en nuestro término municipal. Más genéricamente, un puerto es un lugar de la costa, natural o construido, donde se pueden refugiar las naves y detenerse para cargar y descargar, como lo fuera en aquel Puerto de Salinas, como se llamaba El Puerto, allá por el s. XIII, bajo dominación musulmana. De la sal que aquí se cargaba todavía quedan vestigios -abundantes- que comercializa una empresa catalana. El puerto comercial sigue tirando, pero de espaldas a la Ciudad. Puerto militar. También lo fué, cuando estaba la sede de la Capitanía General del Mar Océano. Un puerto artificial -y pesquero- es el que en la otra banda dá de comer -cada vez menos- a numerosas familias, uno de los pilares sobre los que gravitaba la economía portuense. Un puerto no menos artificial también lo tenemos en Puerto Sherry, hoy en delicada situación financiera.
Un puerto arrebatacapas también lo es y tiene dos acepciones, lugar donde sopla un viento muy fuerte -entiéndase el Levante- y un establecimiento donde se abusa de los clientes -léase turistas-. Un puerto es también un lugar, persona o situación donde se encuentra refugio y defensa. Personajes de la antigüedad y actuales lo han encontrado aquí. Podemos, por último, hacer referencia a dos frases hechas que se pueden utilizar a conveniencia. Porque naufragar uno en el puerto es ver arruinados o trastornados sus proyectos cuando más seguros los creía, y esta otra que habla de llegar a puerto de claridad, que es al fín y al cabo alcanzar una meta cuando se han experimentado dificultades o ha costado la misma vida conseguirla.

José María Morillo
www.josemariamorillo.com

3. PORTUENSES DE PRIMERA.
Ana Isabel Espinosa
www.anaisabelespinosa.blogcindario.com
Hace ya tiempo, un soplapeines, me preguntó de dónde era, y yo, sencilla que es una ,le contesté que “del mundo”. El volvió a insistir, con menosprecio… ”pero , del Puerto no eres, ¿no?… porque entonces te conocería”
Esto me ha dado mucho que pensar, porque mi suegro, que dio toda su vida por El Puerto y lo llamaba, cariñosamente, la tierra que vio nacer a María Santísima, era de Jerez, y mi suegra, que dejó el Cádiz de sus amores por seguirlo y que era nacida en Paterna, hablaba maravillas de esta Ciudad, que no es villa.
Mis hijos, se dicen de aquí y a su nombre propio le suman, del Puerto, como si fuera un apellido.
Eso, sin contar a los muchos portuenses que conozco, enamorados así mismo de esta tierra, y que son originarios, no ya de toda la provincia de Cádiz, no ya de media España, sino también de Ecuador, Bolivia, Rusia, Polonia, Argentina, Chile… pero que no obstante, han pasado media vida aquí y cuyos hijos son ya portuenses de primera generación.
He llegado al convencimiento de que aquel que me dijo aquello no tenía muchas luces, porque para ser de El Puerto no hay que nacer en mitad de la plaza de toros, ni bautizarse con agua del Guadalete, ni bañarte a diario en La Puntilla, ni ser del Racing Portuense, ni casarse en la Prioral, ni degustar los langostinos en Romerijo, ni chuparte los dedos con una tarta imperial de Pepe Mesa, ni siquiera estar censado en el ayuntamiento… lo que hay es que serlo y ya está.
Porque, vamos a ver, qué son sino portuenses de primera división los nigerianos que se patean las calles del Puerto para vender sus baratijas por cuatro céntimos de euro, quién conoce mejor que ellos dónde están los locales o dónde pueden vender con garantías de impunidad absoluta, o qué son sino portuenses de pleno derecho los pobres rumanos que se ven obligados a pernoctar bajo el puente de las banderas, noche tras noche, porque no tienen casa, ni sitio donde cobijar sus huesos.
Vamos , que en resumen, yo voy a seguir siendo del mundo, pero con residencia, por puro placer, en El Puerto de Santa María ,le siente mal a quien le siente, siguiendo el honrosísimo ejemplo de portuenses tan ilustres y tampoco nacidos en el Puerto, como en su día fueron Juan de la Cosa o Cristóbal Colón, o el mismísimo primer Duque de Medinaceli, que juraría que era, al igual que todo su linaje de donde eran originarios los reyes de las Españas, de León, pero que no por ello dejó de dar a estas tierras nuestras lo mejor de él mismo, su fortuna, su nombre y el descubrimiento de América, que brindó a los Reyes católicos, pero que sin su empeño y tesón ,tal vez nunca hubiera sido.

Ana Isabel Espinosa
www.anaisabelespinosa.blogcindario.com

4. LA IMPORTANCIA DE LLAMARSE PORTUENSE
Juan Villarreal Panadero
13-09-2008 (Noticias Locales)

Desde que era pequeño he escuchado comentar, como algo característico de nuestra ciudad a diferencia de otras localidades vecinas, el hecho de lo poco que valoramos y reconocemos a aquellas personas que destacan o sobresalen en cualquier actividad cultural, artística o deportiva. Parece como si en lugar de apoyarlas o enorgullecernos de ellas, prefiriéramos empequeñecerlas, restarles importancia e incluso solazarnos en sus defectos.
Esto que, como digo, lo he estado oyendo desde siempre también lo he hido pudiendo comprobar con el paso agresivo de los años. Ha sido necesario que estas personas fallecieran  o pasaran a la inactividad, dependiendo de los casos, para que se pusieran en marcha homenajes, reconocimientos, loas y admiraciones.
Quizás se me pueda argumentar que esto suele ser normal en todas las latitudes y que no se trata de un rasgo definitorio de nuestro carácter portuense y que, en todas partes, los panegíricos se realizan normalmente, ante los féretros de los difuntos. O dicho de otra manera, que no hay muerto malo.
Sin embargo, este defecto común entre los seres humanos parece que se pone más de relieve entre nosotros o, a lo mejor, es que lo notamos más cuando afecta a gente conocida a la que vemos padecer las consecuencias de esta actitud tan cargada de displicencia.
Podría enumerar un buen número de casos que ejemplificarían sobradamente mi opinión pero voy a centrarme en el más reciente: el acto de la presentación  del último libro publicado por el dramaturgo José Luis Alonso, que tuvo lugar el día siete del pasado mes de agosto en el Teatro Muñoz Seca y que contó con la colaboración de varios actores que representaron pequeños fragmentos antológicos de las obras del citado autor.
El acto, que era de una gran importancia cultural y artística, apenas tuvo trascendencia mediática ni presencia de las autoridades. Y esto sólo puede deberse a dos motivos. El analfabetismo literario de los medios de comunicación y de los políticos o la consideración de Alonso de los Santos, que tanta vinculación tiene con nuestra ciudad desde hace tanto tiempo, como un portuense más, con todo lo que eso significa en relación con lo afirmado arriba. Prefiero inclinarme por ésta.
Querido y admirado José Luis, portuense “paracaidísta”, según la terminología otrora acuñada por Luis Suárez, estamos muy orgullosos y felices de contarte y de que tú te cuentes como uno más entre nosotros pero, que quieres que te diga, has comenzado ha experimentar en tus prpopias carnes lo que significa ser un portuense “importante”.

Juan Villarreal Panadero

5. CATAMARÁN, IDA Y VUELTA
Fernando Polanco.

Cuando un sentimiento de alegría se convierte en vasta nostalgia, es indicio de conciencia absoluta del momento.
Se pierde persona en plena abstracción para verse uno desde fuera como punto en ese eje cronológico que es la misma vida recorrida.
Y esto me pasa ahora, camino para Cádiz desde El Puerto de Santa María, camino, camino de mar.
A cinco días para abandonar mi bahía durante tres meses, voy a la capital de la provincia.
En la cubierta, todos sentados, una treintena de onubenses en viaje, vestigios octogenarios con bolsillos llenos de experiencia.
Al principio fue sólo un sonido que me turbó la lectura en la que me encontraba. Luego ya todo ocurrió en tercera persona, con el característico narrador omnisciente.
Taconeos, panderetas y cañas, rítmicamente, sonando para el Guadalete. Los de Huelva, al grito de “¡Viva mi pueblo!”, hablaban de Andalucía. Primero cantaron sentados pero, para el italiano que les grababa, al que en cante hondo motivaron, en marítimo baile posaron. Con gracia, desparpajo y desinteresadamente sorprendieron a los pescadores del espigón que, lejos de enfurecerse por el espanto a los peces, saludaban antes de que el catamarán subiera la velocidad al entrar en mar abierto.
“El dinero der barco patrá, que ya vamo lo artista aquí”. Y el timonel miraba a través del cristal que nos comunicaba, con una sonrisa que agradecía en gesto la variedad en su rutina.
Todo el viaje igual, olvidé mi lectura para disfrutar de ese billete privilegiado, que me llevó hasta el muelle de la ciudad viviendo algo no incluido en los dos euros de taquilla. Los andaluces del oeste se despidieron al atracar en tierra, tras veinte minutos de éxtasis artístico improvisado, y es que esto sólo pasa en Andalucía.
A la vuelta, la réplica musical, para no faltar a la costumbre, nos la proporcionó la banda del maestro Dueñas desde el espigón, en otro de sus ensayos al atardecer meses antes de la semana santa. Sus trompetas de fe, no compartidas de corazón, pero sí disfrutadas con la razón, anunciaron la llegada del último viaje de vuelta del catamarán de Cádiz, como si de la virgen flotante de los Milagros, patrona de El Puerto, se tratara.
Y en el embarcadero portuense, Ella, que ha venido a esperarme en mi espera, reflejo en tierra de lo que brilla en mar, virgen que da la cara al río que forma en lágrimas, navegado entre acordes triunfales por su hermana marinera, otra virgen que, como decía Alberti, “Para el ocho de septiembre, se asoma al balcón del río. / Las aguas del Guadalete, soñando, van de verbena. San Alejandro, alto puente, biznaga de farolillos. / La Virgen de los Milagros era una Virgen guerrera. Bajó del cielo a la frente coronadas de un castillo. / La playa azul del Atlántico es un clavel negro y frío. El faro verde de Cádiz le raya de añil la arena. / La Virgen de los Milagros no baja nunca a las playas. San Fernando manda al Puerto una lancha cañonera. “
La magia de estos momentos es religiosa incluso sin fe.
Fernando Polanco Muñoz

6. CARNE DE MORANCO
Eduardo Mendicutti.
07-01-1997 (EL MUNDO)
Metidos ya en la segunda semana de enero, siguen los comentarios sobre lo decepcionantes o indignantes que fueron prácticamente todos los programas especiales con los que nos obsequiaron las distintas televisiones a finales del año pasado y principios de éste. Y el más vapuleado de todos esos programas ha sido, sin duda, el de Los Morancos, al parecer una retahíla de zafiedades entre las que figuró una caricatura dicen que muy grosera y muy ruin de Rafael Alberti.
Los comentaristas han hecho especial hincapié en la bajeza que supone someter a tan importante señor a tan vulgar escarnio, pero, que yo sepa, nadie ha dicho que si unos humoristas tan bastos y elementales como los hermanos Cadaval han podido ensañarse con el poeta de El Puerto de Santa María es porque había materia sobrada para ello, porque la imagen pública de Alberti durante los últimos años ha sido una verdadera calamidad, porque ninguna de las personas que le rodean ha tenido el suficiente sentido del pudor, de la discreción y de la dignidad para evitar el deplorable espectáculo de un nonagenario disfrazado y exhibido como un ninot de las fallas de Valencia, maquillado inútilmente, obligado a mostrar su decrepitud en la lectura de unos poemas supuestamente nuevos y evidentemente infames, en la presentación de unos dibujos imposibles, en la publicación de unos libros recientes que un anciano como él ya no es capaz de escribir, en la celebración -cámaras de televisión incluidas- de unos cumpleaños desoladores en los que se bañaba públicamente en champaña las inevitables, respetabilísimas y conmovedoras muestras de senilidad que aquejan a cualquiera a los noventa y tantos años. Los Morancos serán todo lo groseros y todo lo desagradables que se quiera, pero ellos no se han inventado a un Alberti tan triste. Algún lector podrá pensar que lo que acabo de escribir no pega nada en una sección como ésta, dedicada a glosar el guirigay rosa y patatero de nuestros famosos y famosillos, pero yo creo que sí que pega, yo creo que han estado utilizando a Rafael Alberti de un modo y con una intención muy parecida a cómo Karina ha utilizado sus estrafalarios noviazgos, Sofía Mazagatos su disléxica insignificancia, Rociíto sus amenidades menstruales, las Flores sus necrofílicos estremecimientos, Carmen Martínez Bordiú su deslenguada memoria y toda la familia Iglesias Preysler ese contagio más o menos artístico que no parece sino una sublimación de lo incestuoso.Con un agravante, en el caso del autor de Marinero en Tierra: los otros son dueños absolutos de sus desvaríos físicos y mentales, y Alberti es un hombre a merced de los demás. Su mujer, María Asunción Mateo, podrá decir que todo lo hace en nombre de la cultura. Pues peor, señora mía, mucho peor. Entre todos han desencajado, trivializado y caricaturizado al poeta hasta convertirlo en una especie de Carmen Sevilla de la literatura, pero con 25 años más que Carmen, de ahí que a Los Morancos les haya sido tan fácil hacer con él una caricatura sangrienta y que el público de Los Morancos la haya entendido a la perfección. Por eso, antes de exigir respeto a los ínfimos humoristas sevillanos, hay que exigírselo a quienes han convertido a Alberti en carne de moranco.
Eduardo Mendicutti

7. LA GENTE DEL PUERTO
Lunah Roha
www.lunahroha.com (03.02.2007)
En realidad no importaban sus nombres ni de donde venían. La edad tenía prácticamente una importancia nula. El pasado era irrelevante y desde luego el futuro no se cuestionaba.
Eran individuos, piezas independientes de juegos diversos, cada uno con su premio exclusivo y su estrategia personalizada.
Todos estaban de paso, aunque la verdad es que todos estaban de pausa. Un alto en el camino, una parada indefinida en un destino que nunca seria una meta. La mayoría ya se habían encontrado a sí mismos, no necesitaban buscar la madurez pero tampoco les molestaba descubrir su personalidad alternativa. Todos se topaban con ella y aprendían a aprovecharse de ella.
Lunah Roha
www.lunahroha.com

8. DEL RÍO DE MI OLVIDO.
Crisol T.
www.portuenses.com (09.10.2008)

Hoy quería dejar tranquilos a los políticos y a la política, deseaba escapar de ese campo de hastío. Aunque no se puede escapar del todo, ya saben ustedes aquella frase que dice que “la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos”. Hay gente que me azuza con el asunto de la limpieza y me sugiere que escriba algo sobre eso tan prosaico. Me horroriza ese reduccionismo que lleva a pensar que la limpieza es lo único y lo exclusivo para enjuiciar la labor de un gobierno municipal. Además ya escribió sobre ello mi amiga Socorro de manera magistral en su artículo “El paradigma de la limpieza”. Poco más se puede decir sobre eso.
Aunque siempre hay temas para escribir, pues es inagotable el saco de noticias, asuntos, curiosidades…  hay veces que una se encuentra como bloqueada y desidiosa y entonces el que salga alguna cuestión es un poco difícil. Para este artículo el trasunto salió de una manera sorpresiva e inesperada; una amiga me preguntó:
—¿Por qué utilizas el nombre de Crisol T. como pseudónimo para tus escritos?
Me quedé en silencio un ratito, con una sonrisa de complicidad conmigo misma, y con los ojos mirando hacia arriba y a la derecha, que dicen que es donde se mira cuando se intenta recordar algo.
Mi voz salió suave recitando lentamente, saboreando cada palabra:

Tú, pueblo mío, seguirás creciendo
sobre mi tumba, hasta rascar los cielos,
encaramándote en mis huesos.
Entre tus lindes seguirán naciendo
niñas con alas. Seguirá latiendo
tremendo, el turbio amor.
Seguirán yéndose agotando y muriendo…

Creí que a mi amiga la daba un síncope o algo parecido, me miró con los ojos casi fuera de las orbitas. No la dejé decir nada y le expliqué:
—Esos son unos versos del libro “Del río de mi olvido” de nuestro eximio poeta José Luís Tejada, de un bello poema que se titula El Puerto de qué futuro.
Pareció que estas palabras la tranquilizaron un poco pero compuso una cara todavía interrogadora. Proseguí mi explicación:
—La estrofa final de la poesía es:

Crisol, al sol, de almas
de muertos vivos y de muertos muertos
que te alimentas de miradas, de palabras
y de sombras sagradas y sangradas. Misterio
voraz, que nutres tu no ser apenas
con tantos seres verdaderos.

—¿Ves?  —ya parecía reaccionar—. Esos versos fueron los inspiradores para adoptar el pseudónimo: Crisol, al sol, de almas.
Empezó muy pausadamente a mover la cabeza en señal de asentimiento y añadí:
—Además crisol es una preciosa palabra, una metáfora en si misma, cuyo sentido figurado es el de un lugar donde interactúan y se unen distintas personas, ideas, culturas… engendrándose una síntesis de todas ellas.
Aún me preguntó:
—¿Y la “T”? ¿Qué significa la “T”?
—Muy simple. La “T” es mi particular y sentido homenaje a José Luís Tejada de quien tomé la palabra crisol.

Crisol T.

N.B. La poesía completa de José Luís Tejada se puede leer en este mismo Blog, en la sección POEMARIO.

9. EL PUERTO, ENTRE ALCALDAS Y CACIQUISMOS.

Juan de la Lastra y Terry

25.06.2002 (Diario de Jerez).

Cuando El Puerto estaba sumido en la hambruna de la posguerra civil, los fatídicos 1940 y siguientes, en los que más de la mitad de la población subsistía merced de las tagarninas del Ejido de San Francisco, a los troncos de palmitos del Palmar de la Victoria y las vainas dulces de los centenarios algarrobos del Paseo el mismo nombre, una de las alamedas recolectas más sugestivas y umbrías de todo el Sur… Entonces, no obstante, mantenía su dignidad muy erguida y sobre todo su buen busto en los ámbitos urbanísticos y de ornamentación forestal y de jardinería tanto en los espacios públicos como en los interiores de sus viviendas.
Sólo al anochecer los alertas el uno, el dos, etcétera, de la guardia del Penal de entonces, custodiado por el Ejército, ponían un acento tétrico, melancólico y penoso al aire mórbido de la ciudad, si es que el Levante no la azuzaba.
El Puerto resucitó gracias al buen hacer de Ignacio Osborne, conde de Osborne, y de Fernando C. de Ferry y del Cuvillo, a quienes se sumó el tesón y la capacidad de trabajo de Luis Caballero Noguera, el impulsor de la urbanización de Valdelagrana.
Por su parte, los alicantinos dieron vida al puerto pesquero. Así en la segunda década de 1940. El Puerto había retomado su pulso de siglo y medio atrás, cuando Filipinas y Cuba se perdían sin remisión, y las destilerías de la Habana, Santiago y Cienfuegos vinieron a establecerse por esta zona.
La atmósfera poblacional de El Puerto cuando aquellas corridas de toros en agosto con Carlos Arruza, Manolete, Pepe Luis Vázquez, Conchita Cintrón, Álvaro Domecq, Simao da Veiga… y el ir y venir después de aquéllas, rezumante la Ribera del Río de olores mil a mariscos de La Guachi, a brea, a ostiones, a mar salinero y a jazmín del jardín de la familia Arvilla, son recuerdos vivos para unas de las páginas más coloristas de la historia portuense.
Pero hasta aquí y sólo hasta aquí. Después, entró la vorágine de la construcción mediante la especulación. Sucesivas alcaldadas dejaron exangües la alameda de la Victoria, dejaron desmoronarse el fuerte de Santa Catalina, lugar emblemático de los primeros días de las exploraciones en América, pues desde su marina partieron Juan de la Cosa y Alonso de Hojeda en un viaje cuyos resultados geográficos hacen que sólo le exceda en importancia el primero de los colombinos; y poco a poco han ido desapareciendo caminos deliciosamente rústicos como el de chumberas de Fuentebravía y de madroños como el camino de los Enamorados.
Además, cuando los promotores de la construcción toman las riendas a favor de sus intereses aunque abanderen los de la ciudad, con patente de corso en las manos no tienen miramientos para llevar a cabo sus propósitos por no decir fechorías. Ahora con todos los que tenía en su interior y en sus alrededores, El Puerto está necesitado de pulmones verdes. Desmontaron dunas, la bahía se ciega, las playas ya no son para alardear… A la barrabasada de la antigua Quinta de Santiago de Terry le ha seguido el parche de Las Beatillas, la mejor atalaya para recrearse de la Bahía. ¡Qué pena!
Juan de la Lastra y Terry

10. FLAMENCO EN EL PUERTO.
Por Santa Lucía caminito de La Mezquita.
José Manuel Merello. 2005
www.merello.com

En memoria de mi querido tío, Agustín Merello Reynolds.
Dedicado a mi guapa tía, Matilde Merello Reynolds, a mi Madre, a mis hermanos y hermanas y en especial a Las Niñas del Puerto: María, Paloma y Cristina Merello Arvilla, que en él se dejaron – y aun en los asuntos pendientes se dejan –  toda la piel y todo el amor. Toda la alegría.

Hay que hacerse cargo. El Puerto de Santa María. Espléndida mañana del último  verano tardío, ya con sabor de otoño por la bahía. Una guapa mujer morena, un pintor, y él, Agustín, por quien verdean los pinares del Puerto, están reunidos en el patinillo de la casa de Santa Lucía, envueltos de geranios, cintas, buganvillas y jazmines, helechos y apilistras; bajo una palmera que busca al sol, y junto a una tinaja fresca frente al andamio de amarillo y minio que se ha levantado para mantener en su sitio todo el frontón de la salita de ventanas verdes y el gran comedor superior de ventanas góticas marrones que amenazan venirse abajo. El señorito Agustín, pequeño y napoleónico español, observa los techos centenarios, abiertos y desmembrados para su arreglo, y por cuyo inexplicable hueco apareciera hace unos días, de entre las vigas de madera, un esqueleto de gaviota, muerta al salitre del aire de levante. Que nadie da razón de cómo pudo llegar allí el animalito. De que quizá pudiera entrar a refugio y no lograr salir. Hay que ver. Don Agustín, inquieto, mira su reloj y, aunque nadie les espera, señala que ya es hora, la buena hora de punto por punto, flor a flor, dejar atrás el jardín andaluz, verde y blanco, y atravesar el gran patio de la casa; el patio blanco de las pesetas de la risa, del cambio suelto y la calderilla de la infancia que desde lo alto de la baranda de mármol, arriba, en la preciosa galería que orbita todo su perímetro, dejaba llover de sus manos venga, venga, dinero, dinero: cabezazos, zarpazos y golpes de los niños contra el mármol, venga, venga, para otro polo flá, que hoy tiro duros y pesetas -más pesetas que duros- pero esta tarde tiraré agua de la pila; uy que está chispeando. Agustín, por Dios.
El patio es grande y blanco, enorme, tanto como para que en su travesía hasta la hermosa cancela negra 1870 todo sean destellos serenos y felices de niños escondidos una dos y tres al escondite inglés, destellos de un pozo oculto que ni se nombra, de un macetero imposible,  un romántico gigante de barro dorado con guirnaldas blancas rebosante de apilistras y pesetas – aun ocultas en su vientre -, venga, venga, dinero, uy dinero, … un escudo heráldico sobre un banco de forja junto a una mesa negra con un cántaro de cobre por donde resbalaban cartas y cartas para Don Miguel Merello Gómez, el abuelo, que aunque murió ya hacía años, no cesaban de llegar desparramándose como pétalos gigantes sobre el pequeño ABC de Sevilla con su grapa o, alguna rara vez, sobre un inmenso Diario de Cádiz, blanco y alado, las imposibles hojas inabarcables, inasibles y sin grapa, que a duras penas lograban llegar a la salita, desnumeradas y del revés, la primera junto con la última, las centrales a guerra abierta entre sí , deportes con cultura, el Jerez contra Suárez,  el Portuense contra un reloj Omega de oro y correa roja que se ha perdido en la playa de la Puntilla y que quien lo encuentre que, ja, avise a la policía… no, no puede ser, a ver, que esto con-ti-nú-a en la pagina do-ce, quién ha visto la pagina doce, yo tengo la dieciséis, que la doce que está en el jardín es del mes pasado. Allí, el único que podía hacerse con semejante enredo era, por empatía con su tamaño,  y porque la cosa era leer y leer, mi padre Miguel.
Recuerdos de  la luz cenital del patio dispersada en su justa medida. Recuerdos de Elisa, practicanta desde los tiempos de la fundación de El Puerto que, con su terrorífico maletín de hierros con alcoholes de pavorosas llamas azuladas flameaba las agujas, de un palmo lo menos, mientras bajaba abuela. Que horror, pobre abuela, cuanto tardan en acabar. Recuerdos de un peluquero alto que saludaba a los niños sacudiéndoles sus pequeñas manos con decenas de diminutas vibraciones en una frecuencia tan alta que generaba infinitesimales ondas de risa desde los bracitos en automática propagación a todo el cuerpo hasta un calambre total, que cómo está usted, cómo está usted, cómo está usted. Recuerdos de Carmen, Carmen La Roja. Recuerdos de Luis Puente, el amigo de tío Agustín, los dedos largos y afilados, de nicotina amarillentos, que Luis Puente vio a Hitler, que lo vio, que Hitler existió, que lo vio Luis Puente. La mujer morena y su pintor cruzan la cancela 1870 que abierta del tirador dorado por Agustín con un definitivo, ea vamonos pa la peñita, los saca del ensueño, del hechizo del patio de Santa Lucía.

Atrás queda imponente la rosada escalera de mármol – por donde él de chico se cayera queriendo- autentico cimiento y sustento de la casa, sentido y aviso de las venecianas arcadas y cristaleras que a las estancias, salones y baños da acceso. Formada por dos anchos cuerpos de escalones de elefante dormido a izquierda y derecha del fondo del patio, y un tercer cuerpo central en sentido opuesto de una belleza mítica con su pasamanería ancha y de mármol blanco y frío por donde aun resbalan los niños divertidos en su frescor, las chanclas al vuelo.
De pronto, tras los pesados portones de la calle, con vista escorada a la Plaza de La Iglesia, un zambombazo de luz en las seis retinas, -menos mal que parten desde Santa Lucía – Ea, uh, uh, no, no,  que calor. Con Franco no hacía tanto calor. Caminan por la calle San Sebastián, bajo el nido de cigüeñas del campanario de la Prioral para la peñita flamenca, de albero y lino la mujer morena, de clásico y fresco Agustín, de nada especial el pintor, pasando por Casa Paco, por patios y más patios de vecinos, quiebro a derecha, quiebro a izquierda, vuelta para aquí y vuelta para allá. Las seis pupilas, deslumbradas y diminutas, se expanden como seis soles a la puerta de la peña flamenca La Mezquita. Que traigo a mi sobrino y a su mujer, venga, venga. El local, pequeño y amplio a un tiempo, está cuajadito de carteles de toros, de pendones con premios, de decenas de fotos y abalorios, de toritos, de farolillos y de guirnaldas de papel. Marineros en la barra, marineros de buena planta, marineros feos, locos y bizcos que se confunden con algún pelo repeinao y acaracolao en la melenita que, ole, Juan, ponte un quinto más. La bulla, el griterío, el tequié í ya, percuten como disparos, cañones de Trafalgar. Pasa la mujer morena, guapa esa mujer morena. Los marineros del Puerto de plante firme, y firmes también -o como pueden- los beodos, hacen camino en silencio a su paso, que hay un respeto y una caballerosidad. Al momento, oye tú pintor, si te vas a cortar tira pa tu tierra a tomar por saco ya. Escucha pintor que te digo; que si Agustín por aquí, Agustín por allá; que si la Bea, la Bea, la Bea, la Bea, que si la Bea, tracatrán. Mira pintor, que no te cortes de ná. Pero tío Agustín quiere jaleo ya ¿Qué pasa que no se empieza a cantar?. Esperese usted, Agustín, que ya vendrán. Irse tomando ustedes de este vino que da pa largo y ni es cabezón ni na de na, que es fino, pero fino fino, de muy baja graduación e intensidá, fijate pintor que claridad.
Pintor, ¿Que tu sabes cantar? No pero…  Po ale, te va tu a enterá. En la pared ya reviven los farolillos y los carteles de las Grandes Coquinás de cada año. Agustín mira al pintor, calma chicha, calor, algo se presiente ya. Al punto llega y se sienta un viejo. La eterna cara española que sonríe, guasona, la sonrisa de los niños antiguos de El Puerto, quillo, quillo, en la desdentada boca de este coquinero de sal. Vamos Agustín. Y llega otro viejo. De otro corte y otro perfil, pero un quillo antiguo igual. La mujer morena preside las tres mesas arrejuntás, Agustín queda cercado por los dos viejos y el pintor enfrente y solo. Venga, cántate algo para mi sobrino. A ver, los nudillos del primer viejo repicotean como tabas en la mesa al son de un  aaaaaaayy, aaay… que no, Agustín, que no cojo el tono. El viejo desiste. ¿Qué pasa hoy? El pintor y su mujer morena se miran y Agustín siente el desespero.
Mira José Manuel. Coge tío Agustín las palmas jóvenes y se levanta un ritmo repentino y limpio que tabletea en el aire de la sala cortando en seco la calor. El viejo se pica; que no Agustín, que la palmá tiene que golpear en el centro asín, mira. Agustín realmente lo mira y lo escucha,  con una obediencia y una atención clavada que pasma al pintor, que sonríe. El maestro se percata veloz y le clava a su vez los ojillos con un fulgor tan travieso y una gracia tales que aun me río más. Tú no te rías, Merello, ordena. Pero esto es un delirio que un golpe de aire fresco del ventanal se encarga de avivar. Calla, Merello, y escucha. Agustín, tu mantén el ritmo con las palmas, y tú, quillo, -le dice al otro viejo-, cámbiale el compás con el cajón que yo repicaré en la mesa con los nudillos:  TACATÁ, TACATÁ, TACATACATACA-TACATÁ, PLIS PLAS PLIS PLAS PLIS PLAS, TACATÁ, POM, POM, POM, POM, TACATÁ, POM PLIS PLAS, POM PLIS PLAS, POM TACATÁ, POM POM POM TACA-TACA.TACATÁ.
¿Has visto? Merello ¿Tu te has dao cuenta? Cuando me doy cuenta, aquello es el flamenco como no lo vi jamás. Porque el flamenco no solo se escucha, sino que se vé y se acata. Un respeto. El viejo de los nudillos comprueba mi pasmo y enseñando sus pocos dientes me sonríe otra vez. Mientras tanto han ido llegando personajes de todas las épocas y de todas las guerras. Pieles de camaleón curtidas al sol y pieles blancas y finas de  portuenses panzudos, de flacos de barra y ventilador. Cada cual coge su silla y su vino, que ya todos saben que se está fraguando, con tío Agustín en el centro como un general, el cante al sol y al viento de levante. El fino, en efecto, se deja beber como el agua. Merello, cállate y bebe. Y sí, sí que vamos cayendo todos rendidos en una brea de cantes desgarrados, cante a pulmón del Puerto y cante bajito, arrastrado en un deje milenario, como en un milagro.
Tio Agustín está atento, ajeno a los besuqueos, compadreos y felicitaciones. Atento y tan atento al cante, que me quedo observándolo, analizando sus ojos despiertos, su semblante erguido y comprendo que se siente en un santuario.
Pasan las horas, siguen los finos, las papas, los chocos, y el santuario lo es ya para todos. La mujer morena resbala una lágrima ante una brutal soleá que se está desagarrando  el dueño de la Mezquita. Él se apercibe de ello y potencia, si cabe,  la jondura de su cante para marcarla a fuego. En la hora perdida, allí donde anida la fraternidad y el tiempo se detiene, el viejo primero de esta historia entona una malagueña, así, bajito, y tío Agustín pegando un respingo, despierta del sopor y susurra en lo más alto de su dicha: ¡qué me gustan las malagueñas! El pintor, que había hecho un dibujito de cada uno de los presentes, es correspondido con un poema del que todos se quieren apoderar. Pero faltaba el dibujo definitivo; el de tío Agustín. La mirada baja, la nariz grande, inteligente, la boca dejada… El alboroto con los parecidos se cocinaba con las malagueñas cantadas adrede para empalidecer a tío Agustín,  mientras alguien me aturdía en la oreja: y tú, Merello, fíjate que nunca supe yo dibujar y yo admiro a los que saben dibujar porque el dibujo se nace con él y yo no he nacío con el dibujo y dónde aprendiste a dibujar porque tu tío no sabe de dibujo y a él le gusta oírnos cantar pero yo te digo que dibujas muy bien y… Pero ya son los últimos finos, a las cinco y media de la tarde Agustín da un aviso de que no le pongan más vino a su sobrino. Yo me río tranquilo, feliz, y el de la caja, al toque, protesta que cómo que no, si tu sobrino está perfectamente, que está mucho mejor que tú y que este fino es muy ligero, mira que clarito está. Tracatrán.
Tío Agustín, las veces que aun pude hablar con él, siempre me decía refiriéndose a aquella tarde inolvidable: «Qué bonito, qué armonía, qué equilibrio, qué maravilla, cada cual en su sitio, nadie era más que nadie, y … ¡Qué pena de foto José Manuel!»
Domani è domani, tío Agustín.
José Manuel Merello. (2005)
www.merello.com

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11. GANANCIALES
Enrique García-Máiquez
(07-12-2008) Para los 9 diarios andaluces del Grupo Joly

He nacido en Murcia. Mi madre es de allí y allá se iba a tener sus hijos, al amparo de su madre. Muy natural…, o eso parecía, porque ahora los hermanos nos pasamos la vida dando explicaciones a los que dudan de nuestro pedigrí autonómico o local aunque hayamos vivido de siempre en El Puerto de Santa María, de donde es la familia de mi padre. Peor lo tenemos Jaime, mi hermano poeta, y yo con las antologías de poesía andaluza, pues la denominación de origen cada día cuenta más en el Parnaso, y la nuestra es remota, oscura, exótica, en una palabra, murciana.
Esto, en principio, nos debería dar bastante igual. Pero, por principios, uno se empeña en hacer pedagogía. Rimbaud perdió su vida por delicadeza, yo veo que la pierdo por didactismo. Me obstino en explicar que, con independencia de mi nómada vida de nasciturus, la patria de los poetas es su lenguaje, y que soy tan vecino de José Luis Tejada, que es del Puerto, como de Eloy Sánchez Rosillo, que es de Murcia, como de Jorge Luis Borges, que es de Buenos Aires, si me permiten la triple vanidad. Además, en otro orden de cosas, tengo sangre vasca, montañesa y valenciana, y sería muy dulce si la tuviese portuguesa, que hasta dónde sé, no la tengo, pero me gustaría, como manchega, por don Quijote. También me harían una enorme ilusión al menos unas gotas de sangre judía. Esto le conté a un señor antólogo que me llamó para preguntar si era cierto que yo había nacido en Murcia y si eso no tendría ningún arreglo. Sólo le concedí que, hablando de acentos y costumbres locales, soy más de El Puerto que una ortiguilla, por si le valía. El hombre suspiró una rápida despedida y colgó, espantado. No me incluyó en su Antología Andalusí.
Ahora a los poetas se les está mirando también mucho el sexo. Por lo de la paridad. “Si fueras mujer te antologaba -le han confesado a un amigo-, pero hombres nos sobran”. Cuando las barbas (nunca mejor dicho) de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. Como mis explicaciones tienden a largas, voy a empezar a curarme ya en salud.
Que yo firme mis textos es prácticamente un juego de rol. Si los firmase mi mujer, saldría su foto y eso que ganaríamos todos. En realidad podría, porque suda tinta delante de mis papeles tanto como yo, los relee y los corrige y, con mucha frecuencia, los inspira. Siempre propone variantes (que acepto sin chistar), modera mi temperamento y suaviza mi sintaxis. Desde nuestro matrimonio somos una sola carne y, en consecuencia, una misma literatura. Mis derechos de autor, a fin de cuentas, se rigen por el régimen de gananciales. Uno humildemente rogaría a los señores antólogos que tuviesen en cuenta esta bisexualidad paritaria y nos guarden (a ella y a mí) alguna de sus curiosas cuotas. Aunque esto no es más que pedagogía, o sea, castillos en el aire. Murciano y mitad de una especie bisexual, sacramental e indisoluble, lo llevo crudo.

Enrique García-Máiquez.
http://www.egmaiquez.blogspot.com/

noray_1212. GENTES Y HABITANTES
Luis Suárez Ávila.
(26.01.2009). Diario de Cádiz. Edición El Puerto.

José María Morillo se ha empeñado en una tarea de monos. Yo no sé, porque no lo sé, si a eso se le llama web o blog. Lo cierto es que pinchando gentedelpuerto.wordpress.com en su ordenador puede usted entrar en un mundo conocido o desconocido, según se mire, de este Gran Puerto. El vino, los personajes, la pintura, la Virgen de los Milagros y muchas cosas más desfilan por esa página con rigor y, sobre todo, con todo lujo de detalles y fotografías. Gentes de las que nunca supimos quiénes eran, pero que las hemos visto por la calle infinidad de veces, e incluso hemos hablado con ellas, eran un pozo de secretos y sus vidas, descritas por José María, con fotos intercaladas, enriquecen esa web o blog. Vivos, muertos, notables, corrientes y molientes ciudadanos son puestos al público conocimiento de los consumidores de la red de redes. Vidas secretas, discretas, públicas, semipúblicas, anónimas, todas son vidas ejemplares. Cada vida es ejemplo para otra vida. Debe ser bastante laborioso sacar cada día a un portuense o habitante a la palestra y darlo a conocer a sus conciudadanos. Así surgen los comentarios, también cada día, de uno o de otro que completan las vidas y milagros del sacado en la nótula. Día a día la página se va enriqueciendo con nuevas etiquetas de vinos, licores y compuestos de tal cual bodega o destilería portuense por la que uno se pasea como por un cementerio de elefantes. Por la página van deambulando los manes y penates, los dioses y los demonios familiares de este Gran Puerto. La página, día a día, va creciendo con lugares y rincones portuenses, algunos hoy irreconocibles, y pintores que los han ido dejado fijados, mientras la ciudad ha ido adocenándose y apenas nada hoy puede mostrarse sin enrojecerse de vergüenza. Una de las secciones más interesantes es la más nueva, la de la Virgen de los Milagros. Pintura, cerámica, orfebrería, escultura, van apareciendo en esta galería iconográfica. Todo ello está adobado con citas marginales de Mariano López Muñoz, de Pedro Muñoz Seca, de Aquilino Duque, de Manuel Benítez Carrasco, de Juan Ignacio Varela, de Fernando Polanco. Echo de menos los tres magníficos y rotundos sonetos dedicados a El Puerto de José Luis Tejada. Sí, los mismos que están en bronce en el monumento de su paseo, frontero al río. Quede dicho.

Luis Suárez Ávila.

13. AMARGADOS.
Francisco Lambea Bornay
16-04-2009 (Diario de Cádiz).

El Puerto sería una ciudad más respirable si abundara algo menos en ella ese contingente de amargados y derrotistas que tanto placer acostumbra a experimentar en su maledicencia varia, en su consuetudinario negativismo, ausente de la más mínima autocrítica, ese contingente estéril y absurdo que no hace sino obviar el propio vacío de sus espíritus. Son los mismos que se alegran ante el hecho de que la ciudad no acoja finalmente la eliminatoria de Copa Davis entre España y Alemania, los que experimentan algún tipo de satisfacción porque el Racing Portuense, una institución cuyos futbolistas ofrecen un emocionante ejemplo de profesionalidad, pierda la categoría, los mismos que, sin preocuparse de atender a los pronósticos del Instituto Nacional de Meteorología, invariablemente pronostican lluvias cuando se acerca la Semana Santa o la Feria de Primavera, los mismos que quieren eliminar el carnaval del calendario lúdico, una fiesta cuyo único pecado reside en que no les gusta a sus excelsas ánimas, los mismos que odian a Alberti, el portuense más importante de todos los tiempos, sencillamente por el hecho de que el talento le adornó a él más que a ellos, los mismos que reniegan de los moteros aunque no lleguen a sufrir molestia alguna, los mismos que anhelan que ningún portuense triunfe, ni en el fútbol, ni en el cante, ni en la moda, ni en cualquiera manifestación, los mismos que se esfuerzan con denuedo en denigrar a aquellos que osan atravesar la línea del éxito.

El Puerto sería una ciudad más respirable si no padeciera ese cainismo tribal, más dañino, puesto a comparar extremos, que el chovinismo, si muchos conciudadanos, parafraseando a Kennedy, se preguntaran qué pueden hacer ellos por El Puerto en lugar de qué puede hacer El Puerto por ellos, si tantos y tantos censados se apercibieran, de una vez, de que cuando se practica la cizaña el ejercicio acaba volviéndose contra el ejercitante, de modo que difícilmente puede recibir elogios quien sólo se ha acostumbrado al vituperio.

El Puerto sería una ciudad más respirable, en definitiva, si se liberara de unos cuantos petardos integrales.

Francisco Lambea Bornay

noray-1014. CRÓNICAS DE UN PUERTO.
Por Rafael Marín Trechera.
La Voz de Cádiz. 18.05.2009
www.crisei.blogalia.com/

En la Feria del Puerto, la semana pasada, en una de las calles del ese recinto que casi parece una calle de Cádiz, por la cantidad de caras conocidas a las que voy saludando, me encuentro con Jose María Morillo, y en la charla me recuerda, como ya hiciera en los últimos premios de LA VOZ de hace unos meses, la existencia de la página web, Gente del Puerto (www.gentedelpuerto.com), que con entusiasmo lleva en marcha desde hace unos años. Así que entro en cuanto vuelvo a casa y me paso un par de tardes repasando artículos, y viendo fotos, y leyendo artículos, y asomándose a otras vidas tan cercanas y tan lejanas al mismo tiempo.
La gran novela de la evolución, el desarrollo y hasta la degradación de los pueblos de la bahía de nuestro siglo veinte está todavía por escribir, pero aquí podemos echar un vistazo impagable a las calles, los monumentos, los establecimientos, las modas, los rostros. No es mi ciudad, ni es parte de una buena parte de mi pasado, pero admira por un lado el tesón de quienes hacen esa página, el mimo con el que recogen fotografías y testimonios, haciendo de archiveros electrónicos para una posteridad que dentro de poco no tendrá otro medio para asomarse a cómo fuimos, y por otro lado las enormes coincidencias que existen en esos figurantes del ayer con otros figurantes de nuestros ayeres, las vidas vividas entre grandes acontecimientos históricos que aquí se ven sólo de refilón, pero se intuyen: ese andalucismo en los sombreros cordobeses, ya extinguidos en el uso diario; el sueño amodorrado de tantas barcas en las orillas cercanas; las arboledas recuperadas para el recuerdo.
Y encandila porque no sólo se asoma uno al balcón del pasado, sino que puede ver, al mismo tiempo, las calles del presente, con personajes de verdad y de ahora, gente corriente, de diario, como usted y como yo. Nosotros mismos. Todos con su pequeña biografía ya inolvidable, aunque hasta ahora haya sido prescindible. Dan lo mismo los grandes personajes que la gente de la calle, el gran hecho histórico con la anécdota intrascendente que sólo hacer resonar las campanas del recuerdo en quienes las vivieron, el gran poeta laureado con el maestro recordado o los escolares ansiosos que posan para la cámara desde uniformes recatados con ojos de no saber que los estudiarán después otros ojos curiosos. Caras anónimas, caras conocidas, la savia misma de la ciudad, como dice en su mismo título.
Esta página porteña (uno de los términos que se rescatan, hoy sustituido por «portuense» en nuestra habla diaria) es el encuentro inevitable del pasado, el presente y el futuro. Cuando las hemerotecas o las cinematecas quedan lejos, cuando los libros y las fotos históricas están fuera del alcance de tanta gente, basta un botón, un electrodoméstico y una conexión a Internet para regodearse con una visita guiada por la historia grande y por la historia chica.
Lo mejor, que se anuncian otras páginas de contenido similar para otras ciudades hermanas: Jerez, Algeciras. Y Cádiz mismo. Allí estaremos sin duda, Jose María: recordándonos, imaginándonos, entendiéndonos.
Rafael Marín.
noray-1215. SANGRE Y TRABAJADERO.
Por Francisco Martínez Sierra
02.03.2007
www.clubdeperplejos.com

Conocí y llegué a amar Sangre y Trabajadero gracias a mis amigos, mis amigos siempre atorrantes. No estoy seguro de ello pero creo que la primera vez que lo probé fue con mi editor y, sin embargo, amigo. El padre de Pepe tenía un pequeño almacén frigorífico en el puerto de Málaga, en la zona llamada de Pescaderías, desde el que abastecía de pescado y marisco a pescaderías, bares y restaurantes. En parte se aprovisionaba en El Puerto de Santa María, lugar de Cádiz famoso por su penal, por ser la cuna de Alberti y por sus vinos y brandies. Junto a las delicias del mar el padre de Pepe solía traer alguna caja de un oloroso seco de las bodegas Cuvillo: Sangre y Trabajadero. En nuestras correrías juveniles no fue del todo raro que se le distrajera alguna que otra botella de esa maravilla de color ámbar oscuro con ese nombre tan rotundamente taurino.
Además del frigorífico mencionado había otros dos sitios en la Málaga de entonces en los que lo servían, disponiendo en ambos casos de barriles que contenían dicho oloroso seco. Uno de ellos era una muy pequeña tasquilla propiedad de un gitano viejo de la calle Cruz Verde, cercana a la facultad en la que estudiaba y a la que solía ir con mi amigo Luis. Luis es de los pocos casos que conozco de desclasamiento voluntario que se ha mantenido a lo largo del tiempo: siendo de familia “bien”, católica y conservadora, se hizo comunista militante y se puso a trabajar en oficios diversos y ha ido viviendo como un currante típico.
El otro sitio era también una tasca, pero bastante más grande, mas pomposa y, por supuesto, mas cara que la del gitano de la Cruz Verde. El nombre que le pusieron, Lo Güeno, es un ejemplo de lo que supongo que algunos pretenden con eso de utilizar la ortografía propia de las llamadas “hablas andaluzas”. A esta tasca empecé a ir algo más tarde, cuando ya disponía de más posibles. A diferencia de la anterior esta tasca siguió abierta (aún lo está) y, cuando dejé de vivir en Málaga, se convirtió en casi un rito el pasarme por allí para tomarme una copa de Sangre y Trabajadero y una tapa de callos a la andaluza, picantitos.
En Lo Güeno había un camarero ya mayor, Miguel, parco en palabras, que me reconocía aunque hubiera pasado mucho tiempo sin ir y que, con un ligero gesto de interrogación con su cabeza, parecía preguntarme cuando aparecía por la puerta: ¿lo de siempre?, a lo que yo respondía con otro ligero gesto de afirmación con mi cabeza: ¡por supuesto, gracias! Como no hay gozo que cien años dure, un mal día el bueno de Miguel me dijo que no podía servirme mi vino. No llegué a enterarme muy bien, pero me parece que las bodegas Cuvillo habían pasado a manos de los Ruiz Mateos y que con la expropiación y posterior reprivatización aquello ya no funcionaba como Dios manda. Una vez que Miguel se jubiló deje de tener motivos para mantener mi rito.
Leyendo una novela escrita por Fernando Savater, “Caronte aguarda”, me encontré con la sorpresa de que su protagonista era un amante declarado del Sangre y Trabajadero, lo que hizo elevar mi aprecio por ese bizco feo que parece estar siempre sonriendo. Espero que él pueda seguir disfrutando con un Sangre.
Francisco Martínez Sierra.

noray22a16. PROFETA EN SU TIERRA.
Por Joaquín Perles.
19.08.2009
www.joaquinperles.blogspot.com

Estamos de cumpleaños. Una sencilla web que nació ahora hace un año, se ha convertido en una auténtica revolución popular. Un amante de su tierra, José María Morillo, la impulsó ahora hace justo un año. Incorporando diariamente retratos de los más variados habitantes, naturales o adoptados de El Puerto de Santa María, ha convertido este lugar en el punto de paso y visita de miles, y sí, digo miles de personas que a su vez son curiosos o amantes de su tierra, natural o de acogida. Gente del Puerto, entre cuyos retratados tengo el gusto de haber sido incluido, ha conseguido acercar a jóvenes y mayores el apego y amor por lo propio. Descubriendo personas aún vivas o ya desaparecidas en otros casos, pero que conforman entre todos el paisaje único que es El Puerto.
Puede que este artículo suene chovinista, pero nada más lejos de la realidad. En este mundo de globalidad radical en el que vivimos, precisamente la grandeza de esta iniciativa fabulosa de Morillo, es valorar lo local. Puede llamarse El Puerto, Chiclana, Cádiz o Wisnconsin de la Frontera. Da igual. Lo importante, la esencia, es poner el ojo con respeto y cariño en quien lleva en la esquina toda la vida, y jamás se le ha prestado atención.
Desde este blog, mis felicitaciones por el inmenso y precioso trabajo que José María Morillo ha hecho con esta web, y las gracias por hacerme apreciar lo pequeño y cotidiano entre tanta sobredosis y saturación de grandes y extraordinarios.
Y es que Morillo ha convertido a la Gente del Puerto en profetas en su tierra.
Joaquín Perles.

noray23a17. FINO COQUINERO.
Por Luis Hiniesta.
Diario de Cádiz. 05.01.2010.
Tengo la suerte de haber nacido en El Puerto. También es cierto que pude haber nacido en cualquier otra ciudad de la Bahía de Cádiz, lo que sin duda me haría sentir igual de afortunado. Mi padre se vino de Cádiz a trabajar aquí con 17 años, y hasta su jubilación lo hizo para Osborne y Cia, la empresa que con su Cia aportaba credibilidad a sus productos y orgullo a sus productores, y yo sumaba felicidad.
Mi madre pertenece a esa generación local de camperas que marcan el declive de la actividad agrícola, sustento de sus padres y abuelos pero no de ella, su marido e hijos. Tras esa generación sólo quedaron las viñas durante tres décadas más, hasta los 90. En cualquier caso, siento orgullo y fortuna por mis genes camperos.
Nací y crecí junto al muelle pesquero, y muchos de los padres de mis amigos del barrio trabajaban para la mar, embarcados y en tierra.
amontillado_gMuchos días no podíamos jugar en la calle de Los Moros porque Pepín colocaba su caballo mecánico y sus caballetes de madera desde Comedias hasta Bajamar para liar las cuerdas. Lo recuerdo con una sonrisa de oreja a oreja, la mía y la del bueno de Pepin y su mujer Pepa, nuestros vecinos.Las bodegas con sus trasiegos de botas e ir y venir de camiones para cagar vinos hacia destinos mundiales, el campo con sus cultivos de secano, vacas, gallinas, y cerdos para degustar, y la mar con sus hombres, porque había que tener dos cojones para ir a la mar, y sus familia pendientes del regreso y la parte de la venta, son vivencias que conforman mis recuerdos con el sentir de felicidad, con la suerte de haberlas vivido aquí, en la Bahía de Cádiz, y no en Tombuctú. Los vinos, el campo y la mar, suman los modos de vida de esta ciudad cuando llegue, la herencia de que quienes estaban aquí.
Al inicio de un nuevo año, de otra década, busco tres actividades que me reencuentren hoy con la fortuna y felicidad en la que crecí, que sustenten a los que estamos y han de venir. La herencia dilapidada.
Mientras, brindo con un vino que me llena de orgullo, feliz por pertenecer a esta tierra, y mirando a la mar. Brindo con Fino Coquinero.
Luis Hiniesta.

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12 Comentarios

  1. CARLOS

    29 enero, 2015 at 8:14 pm

    Hola mi nombre es Carlos de la Fuente, y tengo porblemas de intolerancia, al Gluten, Lactosa y soja , estoy interesado, si en la elaboracion del Brandy 501 que ————————-vds elaboran puede tener algun contenido, o trazas
    Saludos

  2. MIGUEL ZAMORANO COBOS

    14 febrero, 2012 at 6:50 pm

    el puerto de santamaria uno de los puertos mas hermosos de España, de este pueblo he conocido a un buen amigo se llama EDUARDO MACIAS antiguo compañero de armas del EA. se fue con el grado de teniente, y hoy dia vive en cataluña, somos buenos amigos y siempre que puede viaja a su tierra el puerto de S.M, actualmente es vocal del PP en castellon de Ampurias en la costa brava, se dice que no hay lugar de esta costa que no haya visitado Eduardo Macias, con gente como el el puerto siempre estara en su boca un saludo de miguel zamorano

  3. Mary

    29 octubre, 2011 at 9:52 pm

    Fabulosa página que despierta más y más mis ganas de conocer El Puerto!!!
    Saludos desde Cantabria,
    Mary.

  4. BERNARDO

    12 enero, 2011 at 6:07 pm

    Me gusta el puerto su gente sus fiestas me siento portuense 100 % no me atreveria a criticar ni lo mas minimo mi origen. Esto es solo un ejemplo de amor a mi tierra y el que sepa donde va mi ejemplo que critique menos el puerto y su gente .Y que venga a nuestra ciudad a conocerla mejor. saludo a todos de buen 2011 .con orgullo Bernardo

  5. Mari Carmen Cailla

    24 julio, 2010 at 6:16 pm

    Hola a todos. En primer lugar queria dar las gracias al autor o autores de esta maravillosa pagina. Por circunstancias vivo fuera de mi Puerto hace ya mas de 12 primaveras, pero gracias a esta pagina, aunque estoy tan lejos me hace sentirme muy cerca, el leer nombres conocidos, ver fotografias, parece que una se traslada como por arte de magia.
    Que maravilla!!!..gracias por hacer que el Puerto no parezca tan lejos!!.
    Un abrazo desde la ciudad de Sierra Vista, en Arizona, U.S.A.
    Para toda mi querida famila y mi gente.

  6. FRAMI

    17 enero, 2010 at 8:27 pm

    hola buenas,no he visto ningun articulo sobre la gente como yo hemos tenido que salir del puerto de santa maria a buscar trabajo fuera de mi tierra por necesidad lo escribe un portuense de 34 años que lleva 9 años en tenerife-sur por motivos laborales y como yo somos muchos fuera del puerto,ya que el paro en el puerto de santa maria siempre es muy elevado y hay poco trabajo y si no tienes un enchufe o un negocio propio tienes que emigrar del puerto lejos de tus familiares y amigos de siempre….esa es mi queja somos muchos portuenses fuera de nuestra tierra por motivos laborales….que siempre soñamos con regresar al puerto con un buen trabajo…pero lo vemos muy lejos….un abrazo.

  7. francisco

    15 enero, 2010 at 6:04 pm

    me parece triste la nula referencia que se hace del sector pesquero tan importante como fue en su dia. pues dio muchos puestos de trabajo.


    REDACCION
    ha escrito: Querido lector, si mira bien el índice, verá muchos artículos y referencias a dicho sector: Chamaco, Manolito El Cochino, Bar La Lucha, Patesca, Joaquín Bellido, El Gato, Ramón González Montaño, la tradición marinera del Nazareno y un extenso etcétera. Nuestro especialista en temas marineros está convaleciente de una dolencia de la que esperamos se recupere pronto, y en breve esperamos continuar con los asuntos del sector pesquero. Saludos.

  8. Pilar

    19 mayo, 2009 at 1:13 am

    Acabo de descubrir ésta página , te felicito por ello , no me sorprende nada la iniciativa siendo tu el autor.
    Un día entré en una farmacia a dejar mi curriculum y me hicieron este comentario . ” ah ,pero¿ eres del puerto? , si aquí todo el mundo es de fuera “; y es que han venido a vivir mucha gente de otras ciudades , pero cuando les preguntan en donde viven dicen los nombres de las urbanizaciones , olvidandose de la ciudad en la que están para todo….ciertamente triste.
    Un saludo

  9. paz

    8 mayo, 2009 at 11:13 am

    hola soy paz quisiera si alguien y conoce ami sobrina anabel carpio de sevilla lleba unos años en el puerto ace lo menos quince años queno se nada de ella su madre se llama manoli lopez y es de la linea yo su tia vivo en el puerto ace siete años sipude alguien alludarme se lo agradesco , gracias.

    maripaz

  10. Teresa Marroquin Nieto

    28 abril, 2009 at 9:02 pm

    Soy adicta a esta pagina web, cada dia me siento mas orgullosa de haber nacido en una ciudad como es mi Puerto. Es una maravilla el poder ver tantas caras conocidas. Aunque me separa una charquito de agua de mi querido Puerto con esta fabulosa pagina web parece que nunca he salido de alli. Gracias, gracias desde el fondo de mi corazon, esta pagina es una joya. Buen trabajo. Un beso desde Jacksonville, Florida.

  11. MANOLO

    25 enero, 2009 at 1:31 am

    APLAUDO CON TODO EL ALMA -Y NATURALMENTE CON LAS MANOS- EL ARTÍCULO DE EDUARDO MENDICUTI SOBRE RAFAEL ALBERTI.

  12. Crisol T.

    11 octubre, 2008 at 4:15 pm

    Hola amigos de “Gente del Puerto”.
    Soy asidua visitante de vuestra magnífica página Web y les aseguro que siento gran satisfacción y alegría porque mi artículo figure ahí, entre esos que tienen un noray como galardón y también como un tótem por el que estamos encapillados a puerto… al Puerto.
    Les agradezco la distinción que me hacen y les aliento a que sigan en esa línea de destacar a todas esas personas que hilo a hilo –verso a verso– entretejen nuestra ciudad a diario.
    Reciban un afectuoso saludo.

    Crisol T.

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Nueva edición libro 'EL HABLA DE FERNANDO GAGO'. Pedidos a: gentedelpuerto@gmail.com

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