2.084. LA MEMORIA DE NUESTROS MAYORES

20 04 2014

Ay, si os pudiera materializar esas imágenes que desbordan las evocaciones, que proyectan los recuerdos de forma nítida.

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Fotos que impresiona la memoria en un tono sepia oscuro, del mismo color de las túnicas de estameña de aquellos cofrades  con los maderos a cuestas que atravesaban como espíritus mudos el parque. El albero de las añejas veladas veraniegas y de los juegos infantiles de aquellos niños que nos criamos en El Molino, el parque de la Victoria. Con los patos recogidos en la gruta que diseñó Francisco Lameyer y con la luz amarillenta que despedía la ermita de los Caminantes, custodiada por los Álvarez Campana, repleta con los exvotos plateados que rodeaban a la imagen de Nuestra Señora de la Concepción. Qué pena del vergel de lo que fue el monasterio que custodiaba a la Señora de la Soledad y a la del Desconsuelo.

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Qué queda de aquella alameda de los Mínimos, de aquel parque de la Victoria de nuestras nostalgias. Qué lástima con lo que le han hecho. Nunca mejor dicho, cómo lo han rematado.

Una de tantas cosas que dejaron de ser lo que fueron…

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La bodeguita de González Rico, hoy reconvertida en moderna cafetería y churrería.

Como las espadañas de La Sangre y de Jesús de los Milagros, el aroma punzante de la bodeguilla de Misericordia o de Casa Lucas, la prolongada sirena de las Bodegas Terry, que marcaba la vida de las barriadas obreras levantadas por Rebollo… la fragancia a periódicos y tebeos recién llegados a la Librería Cortés,  los sobres de soldaditos del quiosco verde de la plaza del Castillo, los juanillos y torrijas de La Campana, los bilbaínos y penitentes de cartón de Los Ángeles, el café mañanero en el Central, el olorcillo de los filetes rusos de La Solera bañados en catsup de Conservas Sur, las cazuelitas del Tendido 4, el frescor del Manolo González en La Puntilla, las araucarias que descollaban por Peral, las risas infantiles de los domingos en el  Moderno, los quejíos de Camarón en el Principal, las paredes almagras de La Angelita, las cunitas del parque, los burgaíllos recién mariscaos en La Colorá…

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Las araucarias de la Plaza de Isaac Peral nos dejaron con el fin del milenio.

Por eso cuando contemplo la luz del atardecer en El Puerto, cuando me sosiega ese halo azulado de destellos al dirigirnos a las salidas de nuestros cortejos, paladeo la mirada porque esa Primavera de nuestra infancia y de nuestro presente está ahí. Intocable. Ese crepúsculo no lo podrá alterar ningún lumbrera; ni habrá listillos que puedan especular con esos resplandores. No hay dinero en el mundo para que una multinacional pueda deslocalizar la luz de El Puerto cuando acaricia las imágenes de nuestras hermandades.

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Las desaparecidas cunitas del Parque. Como el Club Taurino, o Los Caballitos.

De ahí que debamos saber valorar lo que aún tenemos y lo que encierran en su memoria y en sus amores los veteranos cofrades, bitácoras vivientes de nuestra ruta e inversores de tantas horas de esfuerzos y vivencias con las que hipotecaron sus corazones. Disfrutemos de las experiencias y recuerdos de esos venerables jóvenes, de Antonio de la Torre, de Luis Ortega, Manolo Girón, Antonio Velázquez, al que pude conocer como maestro y padre, Alfonso Carreto, Fernando Gago, Paco Camacho, Jesús Nogués, Paco Lerdo, Luis Suárez.

Saboreemos lo que todavía permanece, como el vaho de los vinos góticos de La Palma, los anaqueles de Las Novedades, de la Diana, o de La Giralda o el perfume de los nardos en la plaza Juan Gavala cuando amanece el 7 de septiembre.

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Máquina registradora de Las Novedades.

No podemos esperar que las cosas desaparezcan para echarlas de menos, ni quedarnos indiferentes cuando las ultrajan como ahora a los santos muros de la Iglesia Mayor.

Ni aguardar que nuestra gente no esté con nosotros para decirles cuánto le debemos, cuánto les queremos… /Texto: Francisco Andrés Gallardo. (Del Pregón de la Semana Santa 2010).



2.083. ÁNGELA CALA. In memoriam.

19 04 2014

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Lo supe ayer. Un tropezón desagradable en FB me llevó a perfiles de amigas comunes y cuando vi que su foto se repetía empecé a leer los comentarios donde se nos informaba de su muerte. Angela Cala había muerto [el 7 de abril] y yo sin enterarme. Las vacaciones de Semana Santa han hurtado al colegio del runrún funerario que se produce –-cada vez más dolorosamente a menudo– “cuando una amiga se va”.

Angela. Pienso en ella y mi memoria tiene que remontarse casi treinta años, cuando con la barriga hasta la boca y la boca vestida de sonrisa de luna llena, llegaba hasta mis clases de Graduado Escolar en la Casa de la Cultura. Angela. Rabiosamente guapa, rabiosamente viva, tanto, tanto que me ponía nervioso sólo con mirarme.

Angela. ¡Ay, si tú contarás! Nuestra amistad tuvo mil fases diferentes cada una más bonita que la otra, hasta que un día la vida te cambió los pasos y te me perdiste por las islas. Desde entonces sólo supe de ti por voces intermediarias y ya no era lo mismo. Nos mandábamos besos y saludos pero me faltaban tus ojos incendiarios. Supe que enfermabas y que luchabas como sólo un puñado de personas heroicas se atrevan a luchar contra la muerte. No te acompañé en esos pasos. Me ha emocionado la despedida de tu querida Isabel: adiós cacho warra!!

Ahí va la mía:

Angela. No creo en la vida más allá. O sí. Creo que la gente querida permanece en el corazón de los suyos. Y tú estarás siempre en el mío. Que tus hijas no se sientan solas. Aquí queda algo así como un tío que les contara cuando ellas quieran lo bonito y lo bello de su madre. Y que estará a su lado si les hace falta. Que la tierra te sea leve. /Texto: Juan Rincón Ares.



2.082. SAETA AL NAZARENO.

18 04 2014

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Esta es la historia de cómo asistí al nacimiento de una saeta a Jesús Nazareno de El Puerto, de cómo cambió de casta, de cómo cambió de mano, y entró en la cadena irrefrenable de la tradición:

Manuel Machado, en cuatro versos, hizo un conciso tratado de la anonimia de las coplas populares:

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son.
Y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe su autor.

Y viene al cuento recordar cómo una poesía de autor llega a ser copla. Es un hecho misterioso, que se escapa de las manos del que la compone, el que una obra culta prenda en la tradición popular y se confunda con ella.

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De izquierda a derecha, Alfonso Terry entrega a Luis Suárez Rodríguez la medalla de socio número 1, cofundador de la Asociación de Ntro. Padre Jesús Nazareno en 1927 y cuyos estatutos se aprobaron en 1941, en presencia de un joven perteneciente a la colonia alicantina y el veterano hermano Antonio González Rivera.

Por los años cuarenta, mi padre, Luis Suárez Rodríguez, compuso unos “Gozos de Nuestro Padre Jesús Nazareno” a los que el Maestro de Capilla de la Prioral puso en música e interpretaba todos los años en el famoso quinario del Nazareno. Uno de los cinco motetes decía:

Divino Padre Jesús,
no te abraces al madero;
suelta y déjame la cruz,
porque yo llevarla quiero,
en vez de llevarla Tú.

Y año tras año, el coro del recordado maestro don Francisco Dueñas Piñero con acompañamiento del órgano grande de la Prioral, reforzado con los violines de don Ramón Zarco y de Agustín Moreno, cantaba los “Gozos” en el ejercicio del quinario. En el presbiterio del altar mayor –añadido con su ampulosa maquinaria efímera de altar para los “Cultos”–, con ciriales, incensarios y naveta pululábamos, de dalmática, toda aquella “Comunidad de Venerables Granujas”, como Don Antonio Cía (Ver nótula núm. cxx en Gente del Puerto) nos apodaba a los eventuales monaguillos nazarenos. Tras el rezo del quinario, los “Gozos”; tras los gozos, el sermón; tras el sermón la exposición de Su Divina Majestad y bendición.

Y año tras año, en aquellas fastuosas ceremonias litúrgicas, sonaban en la Prioral los “Gozos” que compuso mi padre. Los motetes fueron cinco, pero de cuatro ni siquiera queda noticia. De los cinco, el que tuvo mejor fortuna fue el que he dicho y que pervivió como copla.

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El paso del Nazareno por la calle Vicario, frente a la sacristía del primer templo local.

En lo culto que salta a la categoría superior de lo tradicional opera una especie de “selección natural” en que se salva sólo aquello que intrínsecamente tiene garantías de supervivencia, sin que se haya sabido nunca qué cualidades estéticas son precisas para permitirle dar ese salto que tiene mucho de sintonía vivencial.

Una madrugada del Viernes Santo de los años sesenta, Paco “El Azotea” y Pellicer, mano a mano, no bien hacía “fondo” el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno, comenzaban a cantar sus saetas que atronaban el silencio de la noche penitencial. Yo, que iba de fiscal de paso, no pude reprimir mi emoción al identificar, en una de las coplas de Paco, la letra del motete que mi padre había compuesto.

Pero la cosa no quedó ahí. En plena Campana de Sevilla la volví a oír otra vez y entonces de los labios de Antonio Mairena. Supe, después, que el maestro de los Alcores la había copiado, oyendo la radio, de un concurso de saetas.

Y, en Jerez, al hacer fondo el Nazareno frente a “La Venencia”, oí la misma saeta una madrugada. Luego, Paco “El Azotea” la ha vuelto a cantar muchas veces. Y yo la he oído. Y la copla, yo no pregunto de quién es. Que para que me diga que no lo sabe, que es popular, me basta con oírla cantar y guardar el secreto. Porque, como Manuel Machado concluye:

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Texto: Luis Suárez Ávila.



2.081. LA SAETA EN EL PUERTO.

17 04 2014

josemariapeman_puertosantamariaJosé María Pemán –a la izquierda de la imagen– dejó escrito que “La saeta, especie de oración silvestre y espontánea, con algo de copla y algo de sollozo, es la cifra y compendio de la devoción andaluza. En ella se increpa a Judas y a los sayones, se departe amistosamente con San Juan, se piropea a la Virgen y a las Marías, se lloran los dolores de Cristo con una familiaridad candorosa y sencilla, y al mismo tiempo con tal sentido de la realidad plástica y viviente, que, más que viendo desfilar a una cofradía por la calle, parece que estuviese el pueblo viendo pasar el trágico cortejo de Cristo, camino de la muerte, en las faldas mismas del Calvario”.

Desgraciadamente, por los años 1920 comenzó también el prestigio por la saeta. Se convirtió, en algunos casos, en una manifestación exhibicionista; un signo externo de mal entendido prestigio. Quiero decir, la saeta pagada por el señorito, que en un balcón de su casa contemplaba el paso de las cofradías, mientras mercenarios del cante lo confirmaban en su osadía y su hinchazón, sin ninguna connotación religiosa. Eso ha seguido y seguirá.

antoniojimenezsalguero-caneco_3_puertosantamaria-copiaPermitdme que recuerde a los saeteros portuenses a los que conocí, desde que por primera vez, acaso con siete años, me incorporé, como acólito provisional, en las madrugadas nazarenas, al lado de mi padre, fiscal de paso, y oí las voces fervorosas y venerables de Pellicer, de Laynez, de Gatica, de Paco El Azotea, de El Caneco, de Esperancita López, de Milagritos Forte, de Matiola, de Carrasco, de Juanito Arjona o el pito de caña con que un anciano interpretaba estremecedoramente su saeta en la Plaza de las Galeras, al paso del Nazareno, todos los años, hasta que uno de ellos faltó y nunca supe quién era. /A la izquierda imagen de Antonio Jiménez Salguero ‘el Caneco’. Debajo, Antonia Núñez Heredia, ‘la Obispa’, abuela de Rancapino y Orillo del Puerto.

antonia_la_obispa_puertosantamariaEl Puerto ha sido y es una ciudad de honda tradición saetera. Ha visto pasar la historia completa y tortuosa de cómo la saeta se engendró y tomó carta de naturaleza flamenca. El Puerto que, al amparo de la flota de las galeras tuvo en su solar a pícaros, a ciegos fingidos, a animeros; que tuvo Cofradía de Animas en la Prioral con magnífica capilla y retablo; que en el siglo XVII fundó la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno a la Cofradía de Animas de San Nicolás de Tolentino; que vibró con las penetrantes saetas de los misioneros franciscanos y capuchinos; que hizo suyos los retazos de coplas sentenciosas y morales y las pasó por el tamiz flamenco de un Tomás El Nitri, una Teresita Mazantini, una Ana Losa; una Antonia La Obispa, un Diego el Gurrino… hasta dejarlas pulidas e incorporadas a la tradición, tiene peso específico y legitimación para exaltar a su saeta.  /Texto: Luis Suárez Ávila.



2.080. MANUEL ARCE BEUZÓN. Director de Banda de Cornetas y Tambores.

16 04 2014

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En la imagen, tomada en la Semana Santa de 1967 delante del monumento a la Inmaculada de la plaza de la Iglesia, el músico y director Manuel Arce Beuzón con componente de la extinguida Banda de Cornetas y Tambores del Cristo de la Flagelación, de El Puerto. Reconocemos, a la derecha de la imagen a Jesús Rosso Morro, con el tiempo, clarinero de la Plaza Real, al igual que Arce que lo era desde 1950, quien reconocía que tocar los clarines «es un trabajo de pulmones, pues es un instrumento tan grande y tan potente, sin ninguna llave, que para rodar las notas hay que sacarlas del pecho». Manuel Arce provenía de la Banda de Torres Higuera, vulgo ‘Torriguera’.  /Foto: Colección Javier Roselló Marroquín.



2.079. HERMANDAD DEL NAZARENO. Estreno de una nueva imagen del Cristo.

15 04 2014

Aunque no ha trascendido a los medios y, con el sigilo que debe presidir cualquier cambio en una imagen titular de tanta devoción como la que tenía la Hermandad, este año se ha estrenado una nueva, obra de un prestigioso imaginero y escultor sevillano. Con ello se han colmado los deseos largamente expresados por los hermanos costaleros de la Hermandad.

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La imagen moderna y la antigua de Ntro. Padre Jesús Nazareno.

En efecto, la antigua imagen, obra del escultor Ignacio López, discípulo de Pedro Roldán,  que fue regalada, en 1702, a otra extinguida Hermandad del mismo nombre, por su Hermano Mayor y Escribano de El Puerto de Santa María Sr. Natera,  tenía gran fragilidad en las piernas, por lo que era sostenida por los “andadores” de hierro, que le colocó el  escultor Ignacio López y carecía de naturalidad, teniendo fijos sus antebrazos y una corona de espinas de orfebrería totalmente impropia. Estas circunstancias y fragilidad  impedían las evoluciones, vibraciones y cimbreos lógicos de la delicada tarea de los hermanos costaleros y, sobre todo, no hacía posibles las deseables levantadas conocidas como “Al Cielo con Él”.

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Una fotografía de la antigua imagen, sobre la antigua peana, en la nave la Patrona. /Foto: Francisco Sánchez Pérez.

La nueva imagen tiene más naturalidad porque se le ha dotado de abundantes hilos de sangre en la frente, en las comisuras de los labios, en la nariz, en la cara y se han acentuado las que la antigua imagen tenía en el cuello y en las piernas. Para mayor seguridad, las piernas de la nueva imagen se han taladrado por su interior y en ellas se han alojado unas barras de acero inoxidable.  El pie derecho tiene una nueva dirección, hacia fuera y, en su planta levantada se ha colocado una cuña que, aunque le resta belleza ha ganado en estabilidad. También se han articulado los hombros y los codos, ya que la anterior imagen tenía los antebrazos fijos, una rareza que solamente tenía esa escultura y, aunque era una postura única en una imagen de Nazareno, se ha previsto que la nueva tenga mayor movilidad.

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La primera cuadrilla de cargadores del paso del Cristo. Entre ellos podemos distinguir a José Luis Galloso y mozo de confianza, Antonio Sabio, Tao Torrecillas, Alfonso Terry, Lolete, Pepe Gómez, José Manuel Terry Cuervo, Santi, entre otros.

Ha sido un acierto colocarle a la nueva imagen  una corona de espinas lígnea mucho más natural que la de plata que tenía la anterior.

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La nueva peana de la imagen. /Foto: Alberto Díaz.

En cuanto a la  peana, es más robusta y de dimensiones más grandes  que las de la antigua imagen. Ello ha obligado a eliminar el escabel de madera tallada y dorada del retablo barroco donde se colocaba la antigua imagen del Cristo, de peana mucho más pequeña. Esta actuación sobre el retablo era previsible e imprescindible. Tiene el inconveniente de que, ahora, la nueva imagen queda algo más baja en el retablo que las de la Virgen y del San Juan, pero eso tendrá algún arreglo, sin duda. Una sugerencia sería bajar las ménsulas laterales que sostienen a las otras dos imágenes, aunque esa obra requeriría actuar sobre un retablo de singular mérito. El retablo, como se sabe, es procedente de la Iglesia del Salvador de Sevilla y fue colocado en la capilla de los Caballeros Enciso de la Prioral el año 1957.

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La nueva imagen del Nazareno de El Puerto. /Foto: Alberto Díaz.

Solo nos queda que felicitar a la Junta de Gobierno y a los Hermanos costaleros de la Hermandad  por esta nueva adquisición que viene a  cubrir un espacio necesario dentro del arte cofradiero local y a colmar unos deseos clamorosamente expresados  desde hace algún tiempo.

No sabemos si la antigua imagen será conservada junto con la de Nuestra Señora de los Dolores de Ovando, retirada del culto, o será vendida a alguna otra Hermandad, para poder terminar de costear el impresionante paso nuevo en construcción.

Con las debidas reservas, no sabemos si el cambio de imagen titular ha contado con todos los parabienes de la Comisión de Arte Sacro del Obispado de Asidonia-Jerez, siempre atenta a las justas propuestas de las Hermandades y Cofradías.

Por último, desde estas líneas, debemos felicitar a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, constituida en 1941, por la celebración del 450 aniversario de su fundación./Texto: Gaspar Molina Zaldívar.



2.078. HERMANDAD DE LOS AFLIGIDOS. Estreno de web.

14 04 2014

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Alejandro Márquez Fernández Galván ha creado una página web dedicada a la imagen de Ntro. Padre Jesús de los Afligidos, que viene funcionando desde el pasado noviembre de 2013. Pretende con ello aumentar la devoción de esta venerada imagen, amen de dar a conocer también a sus visitantes estampas antiguas de la historia de nuestra Ciudad.

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Junta de Gobierno haciendo la profesión de fe, con Juan Melgarejo Osborne, en el centro.

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Cargadores y capataces del paso del Cristo de los Afligidos.

La página aglutina a todos los devotos o fieles de esta imagen, la cual ya desde mediados del siglo XVI, era objeto de culto y devoción en El Puerto. Actualizada diariamente, se pueden contemplar fotografías de la imagen del Señor de los Afligidos, tanto actuales, como antiguas, que sirven de igual modo para recuperar una parte de la historia de nuestra Ciudad.

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Besamanos en la puerta de la Capilla del Antiguo Convento San Juan de Dios. El Papi, en primer término a la izquierda.

Las imágenes de Jesús de los Afligidos de El Puerto y del Jesús Nazareno de la Merced (Guatemala), proceden de un mismo taller de escultura, el que mantuvo abierto en la Antigua Guatemala el imaginero Mateo de Zúñiga entre 1640 y 1687, a quien está atribuida su realización.






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