Del Guadalete al Nervión

| Texto: Bernardo Rodríguez Caparrini
En el curso académico 1909-1910, el erudito portuense Hipólito Sancho de Sopranis (1893-1964) ingresó en el Colegio de Estudios Superiores (conocido desde fecha temprana con el nombre de Universidad de Deusto), centro de enseñanza que la Compañía de Jesús —a solicitud de la sociedad anónima de accionistas “La Enseñanza Católica”— dirigía desde su inauguración en septiembre de 1886 a orillas del Nervión, a corta distancia de la rica ciudad industrial y comercial de Bilbao. La admisión en la institución deustense del joven de 16 años Hipólito Sancho Mayi (como entonces se llamaba) se vio facilitada probablemente por el hecho de ser antiguo alumno del colegio jesuita de San Luis Gonzaga de su ciudad natal, donde —tras un año de instrucción primaria— había cursado en régimen de internado los seis años de bachillerato, entre 1903 y 1909, obteniendo el grado en el Instituto General y Técnico de Jerez de la Frontera con la calificación de aprobado en ambos ejercicios.

Provisto ya de su título de bachiller, que se le expidió el 23 de julio de 1909 y se le entregó el día 16 del mes siguiente, llegaría el joven Hipólito al suntuoso edificio de Deusto, llamado a veces “Palacio de la Enseñanza Católica”, hacia finales del mes de septiembre, poco después de que el facultativo Juan Bautista Péndola Romero emitiera en El Puerto de Santa María (22 de septiembre) su certificado médico de vacunación. Las clases comenzaban el 1 de octubre. Sobre los pormenores del viaje no tenemos información, pudiendo quizás haber sido acompañado hasta Bilbao por alguno de sus progenitores, Hipólito Sancho García (1866-1938) y María Teresa Mayi Garci (1866-1951), padres asimismo de cuatro niñas, domiciliados en el número 86 de la calle Larga. Cabe también la posibilidad de que Hipólito viajara en compañía de otro antiguo alumno del colegio de San Luis Gonzaga: su paisano Ramón Pico Ferrer (1894-1961), cuyo padre, Manuel Pico Lobo (1852-1940), se ocupaba en la exportación de vinos de Jerez, al igual que Hipólito Sancho García, este último asociado desde febrero de 1905 con su primo hermano Alfonso Sancho Mateos (1858-1952) en la empresa vinatera Alfonso e Hipólito Sancho.

Con respecto a Ramón Pico Ferrer, ingresó entonces en Deusto con objeto de iniciar los estudios preparatorios para ingeniero industrial, si bien tras ese primer año abandonó el Colegio de Estudios Superiores y se matriculó como alumno de enseñanza no oficial en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla, obteniendo el grado de licenciado en octubre de 1915 (posteriormente fue juez municipal en El Puerto).
Por su parte, Hipólito Sancho optó por simultanear en Deusto la carrera de Filosofía y Letras con la de Derecho, figurando en el Catálogo de 1909-1910 como alumno interno del “Primer grupo de Filosofía y Letras y Preparatorio de Derecho”. Para dar validez académica a los estudios cursados en Deusto, Hipólito Sancho hizo su matrícula como alumno no oficial en la Facultad de Filosofía y Letras (Sección de Letras) de la Universidad de Salamanca, obteniendo en junio de 1910 la calificación de notable en cada una de las siguientes cuatro asignaturas: Lengua y Literatura Españolas, Lengua y Literatura Latinas, Lógica Fundamental e Historia de España.
No es nuestro propósito ahondar en la estancia de Hipólito Sancho Mayi en Deusto durante los años posteriores, hasta su salida definitiva en el curso 1914-1915. Cabe recordar que el 3 de octubre de 1913, con 20 años, obtuvo el grado de licenciado en Filosofía y Letras —con la calificación de sobresaliente— en la Universidad de Salamanca, y el 16 de junio de 1915, en la misma universidad, con aprobado, el de licenciado en Derecho.

Cuando Hipólito Sancho llegó al Colegio de Estudios Superiores en el otoño de 1909, la comunidad jesuita estaba integrada por 49 personas: 29 sacerdotes, 4 escolares y 16 hermanos coadjutores, según se refleja en el catálogo de la Provincia de Castilla de la Compañía de Jesús. Desde el 8 de septiembre era rector —el quinto— y prefecto de estudios del Collegium Bilbaense et Convictus Superiorum Facultatum el padre Ignacio María Ibero Orendain (Azpeitia, 1858-Loyola, 1942), quien permanecerá en el cargo hasta el 11 de junio de 1916. En el curso 1909-1910 impartían docencia en la Facultad de Derecho los padres Luis Izaga, José Nemesio Güenechea, Casimiro Climent, Claudio García Herrero, Fidel Quintana, Joaquín Pérez Platero, Ramón Zurbano, Saturnino Gutiérrez, Félix López del Vallado (también director de la Academia de Derecho y Literatura de San Luis Gonzaga) y Enrique Gómez de la Torre (que dirigía la revista Estudios de Deusto, en la que colaboraban profesores y alumnos).

Pertenecían al profesorado de la Facultad de Filosofía y Letras los padres Ignacio María de Egaña, Indalecio Llera, Julián Emperaile y Matías Ibinagabeitia, más los aún escolares jesuitas Eusebio Hernández, José de Tiedra y Marcelino Ereño. De los profesores mencionados, Hipólito Sancho debió de ser discípulo durante su primer año de, al menos, el veterano Indalecio Llera (Lengua y Literatura Españolas), José de Tiedra (Lengua y Literatura Latinas), Julián Emperaile (Lógica Fundamental) y Matías Ibinagabeitia (Historia de España).
Completaban el claustro de Deusto los jesuitas que enseñaban las asignaturas de Ciencias —principalmente Matemáticas— a los alumnos que se preparaban para el ingreso en las escuelas especiales de ingenieros: Cesáreo Eguidazu, Manuel María Menchaca, Juan Manuel Obeso, Francisco de Borja Cienfuegos, Gabriel Vilallonga Ibarra, José María Mazarrasa, Francisco García, Melchor Delgado y Carlos Herrera. En cuanto a los hermanos coadjutores, sin duda trató Hipólito asiduamente con uno muy destacado: el hoy beato Francisco Gárate (1857-1929), quien durante los últimos 41 años de su vida ejerció como sencillo y amable portero de Deusto.

Esta nutrida comunidad jesuita atendía a un total de 238 alumnos, de los cuales algo más de la mitad —122— eran internos, y externos los otros 116. La pensión que debían pagar los internos era bastante elevada, 1500 pesetas/año, mientras que en el externado se pagaba una cuota anual de 200 pesetas (aunque había algunos externos gratuitos).
De acuerdo con los datos que aporta el Catálogo de los alumnos 1909-1910, el alumnado más numeroso correspondía al de la Facultad de Derecho (165: 87 internos y 78 externos), seguido por el que cursaba la preparación para las escuelas especiales de ingenieros (55: 26 internos y 29 externos) y, finalmente, por el de la Facultad de Filosofía y Letras, con inclusión del Preparatorio de Derecho en el que se encuadraba Hipólito Sancho (18: 9 internos y 9 externos). Apuntemos que, del universo estudiantil señalado, eran de nuevo ingreso 92, distribuidos entre 47 en régimen de internado y 45 como externos (procedentes en su mayoría de Bilbao). En el grupo de internos admitidos en el curso 1909-1910 encontramos a cinco de extracción aristocrática (entre paréntesis damos el título nobiliario paterno/materno): los hermanos José María y Manuel Pérez de Guzmán Sanjuán (duque de T’Serclaes), Francisco Roca de Togores Caballero (marqués de Rocamora), José María Vilallonga Medina (conde de Vilallonga) y Francisco Ansaldo Vejarano (vizcondesa de San Enrique).

En su Historia de la Universidad de Deusto (1886-1961), publicada en 1962 como número extraordinario de Estudios de Deusto dedicado al 75.º aniversario de la institución, el jesuita Carmelo Sáenz de Santa María explica que durante el rectorado del padre Ignacio María Ibero hubo “un forcejeo continuo entre los partidarios de la tradición, que aquí equivale a cumplimiento estricto de las normas de soledad y silencio y la acusada tendencia del padre Ibero a la benignidad. Se afloja la exigencia del traje de etiqueta; se conceden «fusiones», que al principio son censuradas y al fin de su periodo son suprimidas. Menudean las buenas comidas y siempre hay alguien que transcriba las minutas para envidia de los venideros; hasta se detallan las calidades y precios de los puros que se repartían en las distintas divisiones: Henry Clay para los mayores, Partagás para los intermedios, Perfectos para los pequeños, que salían a 80, 70 y 60 céntimos respectivamente …”.

A pesar de este ambiente relativamente permisivo, las normas de comportamiento eran más estrictas para los alumnos que, siendo casi niños todavía, se incorporaban al Colegio de Estudios Superiores, fundándose la disciplina en los primeros años —como se estipula en los distintos reglamentos— “con algunas variaciones en sentido más amplio, en la de los Colegios de 2.ª enseñanza a que vienen acostumbrados los jóvenes, conservándose la presencia de los inspectores en los recreos, filas y paseos”.
La vigilancia constante como manera de prevenir las faltas de disciplina de los alumnos, característica de la pedagogía jesuita, no supondría nada extraño para Hipólito Sancho, que ya había experimentado durante varios años en el colegio de San Luis Gonzaga de El Puerto las privaciones propias de un internado. Su necesaria adaptación a un entorno, clima, estudios, profesores y compañeros nuevos se vio además favorecida, seguramente, por el hecho de que en ese mismo curso 1909-1910 ingresaron con él en Deusto, al menos, siete alumnos con los que ya había coincidido en el colegio de El Puerto: Agustín Alcalá Henke (Derecho), Augusto Caballero Rubio (Preparatorio de Ingenieros de Caminos), Joaquín Contreras Pérez de Herrasti (Filosofía y Letras/Preparatorio de Derecho), José Ivison Sánchez-Romate (Derecho), José Manuel Pabón Suárez de Urbina (Derecho), Ramón Pico Ferrer (Preparatorio de Ingenieros Industriales) y Tomás de la Presa Vázquez (Derecho).

Aunque cursaban carreras distintas, al tratarse de alumnos de nuevo ingreso, los siete figuran con Hipólito Sancho en la “Cuarta Sección” del Colegio de Estudios Superiores (teniendo Sancho asignado como número de orden el 45). Otro antiguo alumno del colegio de San Luis Gonzaga, el sevillano José María Vilallonga Medina (sobrino del sacerdote Gabriel Vilallonga), fue admitido en Deusto a la vez que Hipólito, como hemos visto, si bien no habían llegado a coincidir en El Puerto de Santa María.
A estos siete alumnos bisoños hemos de añadir otros seis excolegiales de los jesuitas de El Puerto, todos ellos estudiantes de Derecho, que llevaban ya algunos años en Deusto cuando ingresó Hipólito Sancho: Atilano Alonso González, José María Castrillón Huertas, Alfonso M.ª Orti Serrano, Ignacio Sanz Escobedo, Cristóbal Caballero Rubio y el portuense Francisco Gaztelu Oneto (los dos últimos, recién licenciados en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca). Además, Hipólito debía de conocer de El Puerto, aunque no del colegio de los jesuitas, a Emilio Díaz Molleda, alumno veterano de Derecho en Deusto.

En el Catálogo de los alumnos 1909-1910 del Colegio de Estudios Superiores aparece Hipólito Sancho Mayi en el “Coro primero” de la “Cuarta sección” del Apostolado de la Oración, asociación piadosa que dirigía en Deusto —donde tenía centro propio— el padre espiritual de los internos, Gabriel Vilallonga, y a la que pertenecían todos los alumnos (incluidos los externos). También era el padre Vilallonga director de la Congregación de la Inmaculada Concepción y San Luis Gonzaga, grupo más selecto en el que Hipólito Sancho fue admitido probablemente el día de la Inmaculada de 1909. No sabemos si Hipólito llegó a viajar a El Puerto para pasar allí las vacaciones de Navidad con su familia, pero hubiese podido hacerlo, ya que desde el curso 1900-1901 estaba autorizada dicha salida a los internos. Nuestro protagonista tendrá que esperar hasta el curso 1911-1912 para ingresar como socio en la deustense Academia de Derecho y Literatura de San Luis Gonzaga, de la que será su presidente durante el año académico 1914-1915.
________
| Agradezco la colaboración prestada por Ana Becerra Fabra para la realización de este trabajo.
| NdD. Algunas imágenes han recibido tratamiento infográfico para mejorar la calidad.
