Cuando el cante vivía en los patios: la leyenda silenciada de “la Bermúdez”

| Texto: Antonio Cristo Ruiz
Hubo una voz en El Puerto que nunca pisó un escenario… y, sin embargo, hizo venir a los grandes para escucharla. Soledad de la O Bermúdez, “la Bermúdez”, cantaba en patios y reuniones familiares, en un tiempo en que ser mujer y cantaora era casi un acto de rebeldía silenciosa. Sin aplausos oficiales ni carteles, su eco quedó grabado en la memoria de quienes supieron reconocer el cante cuando era verdad.
A Soledad de la O Bermúdez no le permitieron cantar debido a los prejuicios de aquellos tiempos, en los que no estaba bien visto que las mujeres cantaran y bailaran de cara al público. Ya recogí algunos datos sobre ella en la nótula 5.326, titulado Alonso Suárez de la O, “Tío Alonso el Cepillo”. Sin embargo, recientemente he encontrado nueva información muy interesante sobre esta mujer.
Tío Alonso el Cepillo
A Tío Alonso no le gustaba hablar de sus familiares fallecidos. Recuerdo que nos decía: “—A los difuntos hay que dejarlos descansar en paz, por los malos ratos que han pasado en esta vida”. Aun así, nos informó de que su madre fue una gran cantaora. Alonso decía que, tras quedarse viuda, su madre pasó muchas fatigas para sacar adelante a la familia.
La familia de Soledad de la O Bermúdez (1868–192?) y su esposo, Juan Suárez Santos (1866–191?), tuvo varios hijos: José (188?), Luis “el Viejo” (1890), Dolores (1895), Alonso (1900–1990), Salvadora (1903) y María (1905).
Posiblemente fue una de las grandes cantaoras nacidas en nuestra tierra que nunca pisó teatros ni tablaos flamencos. El problema era que, en aquellos tiempos, no estaba bien visto que las mujeres cantaran y bailaran en fiestas o ante el público.Aun así, importantes artistas del flamenco gitano acudían a nuestro pueblo en numerosas ocasiones solo para escucharla cantar.
José Paradela Suárez “el Tordo”
Recurrí en muchas ocasiones a mi amigo José Paradela Suárez, “el Tordo”, quien me habló de la familia Suárez de la O. Todos sus miembros cantaban, pero la que más destacaba era la matriarca. José “el Tordo” recordaba una boda de un familiar de la Bermúdez, en la calle Zarza: no cabía un alma en el patio, y más de doscientas personas se agolpaban en la puerta para poder escucharla cantar. En el padrón de 1910 constaba que vivía en la calle Lechería nº 4, con cuatro de sus hijos.
José de los Reyes “el Negro”
José de los Reyes “el Negro” hablaba de “la Bermúdez” como una mujer bien parecida, que solo cantaba en reuniones familiares o para algunos artistas flamencos que acudían a escucharla. Fue su vecina en la calle Lechería, y después se trasladó a la calle Santa Clara. Pregunté a “el Negro”, que cuándo la había escuchado cantar. Me respondió que cuando fue su vecina en la calle Lechería, ya viuda, con unos cincuenta y tantos años. Una mañana de sol de invierno, estaba sentada en una vieja silla de anea en el patio. De pronto arrancó por tonás, y —según me dijo— se le removieron los sentimientos gitanos. “—¡Olé, las que cantan bien!”, le soltó… y ella dejó de cantar. Se lo comentó después a su hijo Alonso, quien le respondió: “—No te enfades, José; quizás la cogiste en mal momento, recordando la muerte de mi padre, Juan”.
Cantó para los grandes
Aficionados mayores de El Puerto contaban que cantó en algunas ocasiones a Pastora Pavón, cuando esta venía a actuar al Teatro Principal de El Puerto de Santa María. También mantuvo una gran amistad con la cantaora portuense Ana Loza, quien actuaba en el Café Invencible de Cádiz hacia 1881. Es probable que en más de una ocasión coincidieran y se escucharan mutuamente.
En aquellos tiempos, los artistas flamencos que llegaban a los pueblos preguntaban por los aficionados que mejor cantaban y bailaban en la localidad. Figuras como Manolo Caracol, Lola Flores, Canaleja de Puerto Real o Juan Valderrama, entre otros, escucharon en alguna ocasión a aficionados locales como Manolito Barrera, Manuel Jarana, José de los Ríos “el Loco”, Manuel Bermúdez “Anzonini” o Diego Gálvez “el Gurrino”.
Cuando venían a El Puerto la bailaora Josefa Martín Lanzarte, “la Macaca”, y su esposo “el Príncipe Gitano”, en ocasiones se reunían en fiestas con Manuel Bermúdez Junquera “Anzonini”, José de los Ríos “el Loco”, Manuel Jarana y Monolito Barrera “el Soldao”.
Sé que a Manolo Caracol le gustaba mucho el cante de Manuel Gallardo de los Santos, “Agujeta el Viejo”. En alguna ocasión, cuando veraneaba en El Puerto de Santa María, en el Hotel Fuentebravía, lo llevé en mi moto para que lo escuchara cantar.
Joselito Mora
Mi amigo Joselito Mora, cuyo padre y abuelo materno fueron grandes aficionados al flamenco en nuestra tierra, también me aportó información. En varias ocasiones los he mencionado en mis nótelas en Gente del Puerto.
Hablé con él y le pregunté por Soledad, “la Bermúdez”. Me confirmó que fue una gran cantaora, aunque solo la escuchaban sus familiares y algunos artistas gitanos de la época. Me comentó que su padre y su abuelo sí la oyeron cantar. Posiblemente fue una de las cantaoras más importantes que han salido de El Puerto de Santa María. Su cante era profundamente gitano, como calé que era.
Cantó en varias ocasiones para Pastora Pavón “la Niña de los Peines” y para Manuel Torre cuando estos actuaban en el Teatro Principal. También mencionó a José Suárez Alemán, “Pepe Hano”, a quien acudían cantaores de distintas provincias andaluzas para escucharlo cantar y verlo bailar.
El cantaor portuense José Gutiérrez, “el Pavirri” (1865–1936), también la escuchó cantar en varias ocasiones. Consta que actuó junto a la bailaora Milagros Lechuga en el Teatro Principal hacia 1910, según publicaciones municipales. Conviene recordar que, en aquellos años, las mujeres no tenían presencia en la vida pública: su papel se limitaba al hogar, al trabajo en el campo y al cuidado de la familia.
Cuando pintaron mi despacho, me envolvieron todos los papeles del archivo mientras yo estaba en El Puerto. Con paciencia, he ido recuperando datos de esta mujer.
El último cantaor del Puerto sobre el que me queda por investigar es José Gutiérrez, “el Pavirri”, aunque quizás nunca vea la luz, pues hay datos importantes que consultar en las iglesias Mayor Prioral y San Joaquín, así como en el Archivo Histórico de El Puerto.
Es una pena no poder reunir más información y cerrar así el capítulo de los antiguos cantaores portuenses.
Soledad nos dejó esta letra por soleá, que resume su visión de la vida:
Tan oscura veo esta vida,
que por mucho que salga el sol,
no veo la luz del día.
