Todavía estamos en ello

transición [*]
Artículo. Del latín transitio, -onis.
- f. Acción y efecto de pasar de un modo de ser a estar a otro distinto.
Sinónimos o afines:
cambio, mudanza, transformación, metamorfosis.
- f. Paso más o menos rápido de una prueba, idea o materia a otra, en discursos o escritos.
- f. Cambio repentino de tono y expresión.
terreno de transición
[*] Diccionario de Real Academia de la Lengua Española.

También el que fuera secretario del grupo municipal de Vox hasta hace un mes, un chaval de nombre Fernando Mira, ha sido fichado por el PP y ahora está de locutor en Radio Puerto. Este PP que va recogiendo, a cambio de cargos a ex militantes de otros partidos, lo ha hecho con Silvia Gómez (IP, CP, C’s), Antonio Jesús Ruiz, (PA), la mujer de Antonio Jesús, Olga Navas de la que desconozco sus dones políticas y otros asesores que formaron parte con anterioridad de los grupos de Ciudadanos y Vox, que está buscando quedarse sin oposición por la vía de la absorción. Cuidado que, cuando no existe oposición se llega al Partido Único y eso no es bueno. ¿verdad, Caraballo? que algo tienes que saber de eso, desde tus primeros pasos en política desde el franquismo. Se vienen cositas.
En política se puede cambiar de opinión, de partido e incluso de proyecto, práctica no por menos habitual en El Puerto, deja de ser objeto de controversia y crítica. Lo que resulta más difícil de explicar es que el cambio de convicciones coincida exactamente con la aparición de un puesto de trabajo.
José Manuel Caballero, hasta hace unos días secretario y cofundador de Unión Portuense, ha abandonado la formación municipalista para incorporarse al proyecto del Partido Popular de Germán Beardo. No llega solo con una nueva militancia o simpatía política: lo hace también como cargo de confianza en el área de Bienestar Social. Una coincidencia perfectamente legal, pero políticamente demasiado oportuna como para pasar inadvertida.
No puede afirmarse, sin pruebas, que el empleo sea el precio del cambio de chaqueta. Pero Caballero y el Gobierno municipal sí deberían explicar con transparencia qué méritos, experiencia y procedimiento justifican su nombramiento. Cuando alguien abandona el partido del que era fundador y aterriza inmediatamente en la nómina política del Gobierno al que se incorpora, la sospecha no la crea la oposición: la crea la propia secuencia de los hechos.
Unos cambian de siglas para conservar un proyecto; otros, para incorporarse al poder. Podrán ofrecer todas las explicaciones que quieran, pero los ciudadanos también tienen derecho a observar los hechos y sacar sus conclusiones.
El diccionario define transición como el paso de un modo de ser o estar a otro distinto. La política portuense parece empeñada en añadir una nueva acepción: tránsito desde la oposición hasta un puesto municipal, con escala técnica en el cambio de chaqueta.
Aceptar un trabajo no constituye, por sí mismo, delito, corrupción ni pecado mortal. Pero cuando quien ocupa un lugar destacado en un grupo político acaba incorporado al gobierno al que debía fiscalizar, resulta inevitable preguntarse si han sido sus cualidades profesionales las que han cambiado de destino o sus convicciones las que han encontrado acomodo.
Si el nombramiento premia una nueva docilidad política, la responsabilidad sería compartida, aunque no idéntica: uno habría descubierto que las lealtades pueden contratarse; el otro, que la coherencia también puede incluirse en una nómina. Quien ofrece el puesto compromete la limpieza de la institución; quien lo acepta compromete su credibilidad.
Tal vez todo tenga una explicación impecable. Para eso están la transparencia, los méritos acreditados y los procedimientos públicos del "cargo de confianza". Mientras llegan, queda la viñeta de Castrelo y su ruleta de las transiciones: cambia la casilla, cambia la chaqueta y, como siempre, la partida la pagan los vecinos. Así, si una lealtad política se recompensa con un puesto, tan responsable es quien le pone precio como quien acepta cobrarlo. Ancha es Castilla.