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Reconstrucciones con Inteligencia Artificial (V) #6.484

El Puerto Gaditano de Balbo, el hombre que abrió el Guadalete al mar

| Construcción del Canal de Balbo --la actual desembocadura del Guadalete-- donde se asienta El Puerto de Santa María.

| Texto: Juan José López Amador | Imágenes creadas con IA
En esta entrega presentamos una serie de reconstrucciones de algunos de los hitos más importantes del Puerto Gaditano, el puerto romano que, en el año 19 antes de Cristo, mandó construir Lucio Cornelio Balbo el Menor, sobre el que hoy se asienta la ciudad de El Puerto de Santa María.

Para ello, se eligió un enclave estratégico, situado entre el mar —la Bahía de Cádiz— y un brazo del río conocido como la Madre Vieja del Guadalete, que por entonces desembocaba en las proximidades de la actual Puerto Real. Sobre el manto de dunas existente entre ambos espacios se ubicó el Portus Gaditanus.

Balbo planificó y ejecutó un gran canal (la actual desembocadura del río Guadalete) sobre el que se organizó el puerto, junto con todas las infraestructuras necesarias para su funcionamiento. Asimismo, mandó construir un gran puente que permitiera salvar la nueva desembocadura sin interrumpir el trazado de la Vía Augusta, que partía de Gades en dirección a Hasta Regia (Jerez) y continuaba hasta Roma.

Conviene señalar que todas estas reconstrucciones proceden de la segunda edición del libro El Puerto Gaditano de Balbo. El Puerto de Santa María, Cádiz, cuya publicación está prevista para este año 2026. En esta nueva edición hemos incorporado una treintena de recreaciones realizadas con inteligencia artificial, que representan distintos espacios, trabajos y escenas de la vida cotidiana, procurando siempre que mantengan un riguroso sentido arqueológico y una coherencia espacial acorde con nuestro entorno.

Con estas imágenes pretendemos hacer partícipe al lector de una propuesta visual fundamentada en el conocimiento adquirido. En esta misma plataforma de Gente del Puerto ya se han presentado diversos trabajos relacionados con los restos romanos conservados tanto en nuestro término municipal como en la ciudad. Nótulas: 1.414 · 1.623 · 2.000 · 2.430 · 4.030 · 6.135 · 6.196.

Justo frente a Cádiz, Balbo —seguramente asesorado por arquitectos e ingenieros militares— eligió el enclave donde situar el nuevo puerto de Gades. La tarea no era sencilla: había que unir el mar con uno de los brazos del Guadalete.

En aquella época, el río se dividía en dos cauces principales a la altura de la Cartuja de Jerez. Uno de ellos giraba hacia la izquierda, bordeando la zona de Bolaños; el otro lo hacía hacia la derecha, pasando frente a Doña Blanca, y es el que conocemos como la Madre Vieja. Ambos brazos se unían en las marismas antes de alcanzar el mar, desembocando aproximadamente por la zona de Puerto Real, en lo que hoy conocemos como el río San Pedro.

La solución adoptada por Balbo fue aprovechar este brazo derecho y conectarlo directamente con la bahía. Para ello, fue necesario cortar una gran duna —el denominado Manto Eólico Litoral (MEL)— y atravesar parte de las marismas. El canal resultante, según nuestras estimaciones, debió de tener entre 2,5 y 3 kilómetros de longitud y una anchura aproximada de entre 200 y 230 metros, dimensiones suficientes para permitir la maniobra de grandes barcos de carga.

Se trató de una obra gigantesca, que debió requerir una mano de obra numerosa y especializada. La ingeniería constructiva romana se puso al servicio de un proyecto destinado a perdurar, haciendo navegable esta nueva desembocadura del río Guadalete, por la que, durante siglos, ha discurrido buena parte de la historia que llegó hasta nuestra Ciudad.

En la imagen superior hemos simulado cómo, una vez abierto el canal —la actual desembocadura del río Guadalete—, Balbo, acompañado de sus oficiales, revisa las obras y la navegabilidad del mismo a bordo de un birreme cargado.

Una de las labores más trascendentes pudo haber sido la apertura de los dos espacios de tierra que, durante la construcción del foso del canal y, posiblemente, del puente, se mantuvieron para separar provisionalmente el mar del río. Una vez finalizados los trabajos de canalización, estos diques o espacios separadores se habrían desmontado para permitir la entrada tanto del agua marina y sus mareas como de la corriente fluvial. Al unirse ambas aguas, el puerto se convirtió en un enclave seguro para el fondeo de embarcaciones procedentes de todo el Mediterráneo, así como para las que partían hacia Ostia y decenas de puertos repartidos por el Imperio.

Hasta fechas muy recientes, nuestro puerto militar y pesquero ha sufrido una circunstancia singular, aunque natural: el cierre parcial de su cauce por la acumulación de arenas. Su emplazamiento dentro del manto eólico litoral —un sistema en constante movimiento, impulsado tanto por el mar como por el viento— provoca que la arena intente recuperar de forma continua su territorio perdido. Esta dinámica ha generado, históricamente, una lucha permanente entre el río y los sedimentos, que ya desde época medieval ocasionó importantes perjuicios a la Ciudad.

Los ingenieros romanos debieron de conocer bien estas condiciones y, con toda probabilidad, fueron los primeros en construir espigones a uno y otro lado de la nueva desembocadura. Los problemas de calado del río se han ido mitigando en gran medida gracias a estas estructuras, ejecutadas de forma continuada a lo largo del tiempo —especialmente desde la década de 1970— y, por supuesto, mediante los dragados periódicos.

En el Coto de la Isleta se conserva un tramo significativo de la Vía Augusta (nótulas 4.325 · 4.481 · 5.127), la gran calzada romana que, durante los años del Principado de Augusto, vertebró un número considerable de ciudades desde Cádiz hasta Roma. Aunque la información disponible sobre su trazado es limitada, contamos con fuentes fundamentales como los Vasos de Vicarello, el Itinerario de Antonino y el Anónimo de Rávena.

Como es lógico, la vía discurría por el Puerto Gaditano antes de alcanzar Hasta Regia, en la actual Jerez. Los restos que hoy se conservan y pueden observarse corresponden a una calzada parcialmente destruida por la acción del medio natural y el paso del tiempo. En origen, su construcción debió de ser muy similar a la que recrea la imagen superior, en la que un jinete militar romano conduce una biga a través de un paisaje marismeño que, viniendo desde Cádiz, quedaría a la derecha al aproximarse a El Puerto, mientras que a la izquierda se alzarían los montes dunares, lo que hoy conocemos como el Coto de la Isleta.

Sobre este mismo trazado hemos localizado un plano del Ejército fechado en 1735, en el que se representa un camino que discurre exactamente por encima de la antigua calzada. Este camino desaparece, sin embargo, de toda la cartografía elaborada con posterioridad. Cuando se descubrieron los restos arquitectónicos de la vía, se constató que sobre ellos se había depositado una duna y, encima de esta, una capa de tierra vegetal que terminó por cubrir completamente el camino, protegiendo los vestigios al tiempo que los ocultaba.

Este depósito sedimentario lo hemos relacionado con el terremoto y tsunami de Lisboa de 1755, un episodio que alteró de forma notable la configuración de nuestras áreas marismeñas (nótula 4.030).

Para salvar la nueva desembocadura, Balbo mandó construir un puente, del que no está del todo claro cuántos pilares llegó a tener, ya que existen distintas versiones transmitidas desde época andalusí (nótula 6.196). Nosotros hemos optado por reconstruirlo con ocho arcadas y siete pilares en el cauce del río, siguiendo la representación realizada en 1567 por Anton van den Wyngaerde, quien lo dibujó y describió con siete pilares visibles en el río.

En ese mismo lugar aparece amarrada la flota de las Galeras de España, al mando de Álvaro de Bazán, durante el periodo de la Capitanía General de la Mar Océana. Dicha flota hubo de trasladarse posteriormente a Cartagena debido al progresivo aterramiento causado por los bancos de arena, que dificultaban de forma constante la navegabilidad en la boca del río.

En la imagen se aprecia, al fondo a la izquierda, la Sierra de San Cristóbal, y en primer término las marismas. Los transeúntes que recorrían la Vía Augusta con destino al Puerto Gaditano eran controlados por los soldados que custodiaban el puente. Desde allí, quienes se dirigían al puerto giraban hacia la izquierda, donde debían cruzar un pequeño puente sobre el arroyo de la Zangarriana [que discurría por la calle Ganado, hoy soterrado] para acceder a la zona portuaria. Por el contrario, quienes continuaban de frente lo hacían en dirección a las villas y alfarerías diseminadas por la campiña, o proseguían su camino hacia las tierras de Hasta Regia.

Se desconoce el momento exacto en el que desaparecieron por completo los restos del puente. Aún en el siglo XIX se podía observar uno de sus pilares. En el Repartimiento del siglo XIII, cuando se hace referencia a esta estructura, se menciona como si todavía estuviera en uso, algo que no volverá a repetirse, ya que las fuentes posteriores hablan siempre de él únicamente como un conjunto de restos.

Son numerosos los restos de grandes muros de época romana que aparecen en las calles que rodean el Castillo de San Marcos. En Santo Domingo, Cañas, la plaza Alfonso X, Juan de la Cosa, Federico Rubio, Palma, Sol o en el propio castillo —donde se conservan una decena de columnas, algunas de mármol gris estriado— se han documentado vestigios de edificaciones de gran entidad. Todo ello confirma la importancia de esta pequeña elevación sobre la que se asentaban las principales infraestructuras de aquel gran puerto.

Desde este enclave partían los productos obtenidos en la costa y en la campiña, o llegaban mercancías procedentes de otras ciudades: ánforas cargadas de vino, aceite u aceitunas, garum gaditano, lomos de atún en salazón, trigo y una infinidad de productos que, en su mayoría, se transportaban al puerto de Ostia para abastecer a la gran Roma. La arqueología, no obstante, demuestra que estos intercambios se extendían también por todo el Mediterráneo y el Atlántico africano y europeo, siguiendo una dinámica comercial que se mantenía desde hacía milenios.

En la imagen se representan los cantiles del nuevo puerto, con el bullicio propio de las labores de carga y descarga en un entorno urbano que recuerda al de una pequeña ciudad, tal y como han confirmado las estratigrafías arqueológicas. Funcionarios y administradores recorren los muelles: el procurator annonae, encargado del grano; el procurator ad oleum, responsable del aceite; el procurator ad elephantos, vinculado al control de animales destinados a los juegos; además de tabularii, secretarios y censores, que supervisaban la calidad y el peso de las mercancías.

Junto a ellos, era imprescindible la presencia de una abundante mano de obra especializada, como los estibadores (saccarii) o los buceadores profesionales (urinarii). Resultaría imposible enumerar aquí la diversidad de oficios, personas y actividades que, a diario, daban vida a este puerto y a su entorno inmediato.

En la imagen se muestra la reconstrucción idealizada de un pequeño edificio público de época romana. Para esta recreación se han tomado como referencia las columnas conservadas en el Castillo de San Marcos y los restos de una puerta doble de carácter monumental, aparecida bajo la muralla del castillo durante las obras realizadas en la Cátedra de Alfonso X, en la calle Federico Rubio. Junto a ella se documentaron otros muros situados a una cota ligeramente superior.

Estos restos son hoy visibles gracias a que la empresa propietaria del inmueble, Caballero, instaló un pavimento de cristal que permite su observación. Esta gran puerta, con dos accesos, debió de ser conocida por los andalusíes, ya que se encontraba adosada a la muralla. Algunos de sus sillares y, posiblemente, varias de sus columnas habrían sido reutilizados en la construcción de la mezquita, una estructura de gran entidad que, en buena parte, aún se conserva integrada en el castillo.

Sabemos que el punto donde se localizó la puerta corresponde al exterior del edificio al que pertenecía, ya que, como se ha señalado, su trazado quedaría oculto bajo la muralla. Por ello, desconocemos cuál fue su función concreta dentro del ámbito portuario. Cabe la posibilidad de que se tratara de un edificio de carácter religioso, vinculado al culto a los dioses y a ceremonias públicas, o bien de una construcción relevante relacionada con la administración del puerto.

En la imagen se representa una escena en la que ha sido necesario utilizar el Castillo de San Marcos en su estado actual para situar correctamente el lugar de uno de los milagros atribuidos a la Virgen Santa María, relacionado con el hallazgo de muros romanos que permitieron continuar, pese a la adversidad, la construcción de su iglesia-fortaleza.

Tal fue la importancia de este episodio que el rey Alfonso X el Sabio le dedicó una de sus célebres cantigas, la número 358. Las obras del templo se vieron retrasadas por un fuerte temporal que impedía la llegada de piedra a causa de la tempestad. En ese contexto, un trabajador de las obras del castillo advirtió al maestro Alí de que conocía el lugar donde había sillares ya tallados, situados en la plaza frente a la construcción.

Por la relevancia de este relato, consideramos oportuno reproducir aquí dicha cantiga para que el lector pueda apreciarla en su totalidad.

Allí trabajaban unos quinientos / hombres cada día / y trasladaban muchas piedras / para hacer los cimientos; / pero durante un tiempo / el mar fue azotado por grandes vientos, / de tal modo que no podían / mover ni la menor piedra // ni con barcos, ni con ingenios, / ni con medios mecánicos / ni con habilidad alguna./ Entonces, un hombre de su cuadrilla, / dijo al maestro Alí: / –“Os mostraré un canto de gran tamaño / que de tener muchos como él, / la labor podría ser recrecida // muy pronto”; E inmediatamente se lo enseñó / y lo sacaron del fondo / de la tierra; y después / que lo vieron cuadrado que no redondo, / cavaron más y encontraron otros tales / en gran abundancia, / de tal modo que la construcción / empezó pronto a verse de lejos./ Después que el maestre Alí / vio esto, a pesar de que era moro, / entendió que muy bien guardadas / había tenido la Virgen / aquellas piedras, / que eran tan preciadas como el oro / para edificar rápido, / mucho más que las pequeñas. // Entonces, cuando todos supieron / que habían sido halladas de este modo / aquellos cantos bajo la tierra, / grandes y bien cuadrados, / de manera que –como es sabido– / la labor había sido hecha rápida / y los muros igualados / y las torres acabadas // dieron por todo ello “loores” / a la Virgen gloriosa, / que quiso hacer para sí / una iglesia noble y muy hermosa / y fuerte, en la que se acogiese / la gente, que atemorizada vivía / porque hasta entonces / no había tenido lugar donde defenderse.

El texto de la cantiga es claro en cuanto al lugar donde se encontraban estos sillares: la plaza que hoy conocemos como plaza de Alfonso X. En la década de 1980, con motivo de una remodelación de este espacio, se llevaron a cabo excavaciones arqueológicas que sacaron a la luz un cementerio cristiano y, a mayor profundidad, un gran muro de sillares, aún bien conservado. Sin embargo, en el estrato arqueológico se documentó una gran fosa medieval que alcanzaba dicho muro y lo había desmontado en parte, lo que constituye una prueba material del lugar al que hace referencia el milagro de la Virgen de Santa María.

El documento también relata cómo parte de los muros de muelles o de edificaciones romanas fueron reutilizados en la construcción que hoy contemplamos. Intercalados en ella se conservan fragmentos de aquel puerto romano, tan significativo en la historia de nuestra ciudad y de toda la Bahía de Cádiz.

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Bibliografía
LÓPEZ AMADOR, J. J. y PÉREZ FERNÁNDEZ, E., 2013: El Puerto Gaditano de Balbo-El Puerto de Santa María. Cádiz. Ed. El Boletín.
PÉREZ FERNÁNDEZ, E., RUIZ GIL, J. A. y LÓPEZ AMADOR, J.J., 1989: “El Portus Gaditanus, estación aduanera de la Bética”, Revista de Arqueología nº104, Madrid, pp. 29-38.
PÉREZ FERNÁNDEZ, E Y LÓPEZ AMADOR J.J. 2021: El Puerto de Santa María en el siglo XIII. La repoblación de Alfonso X: de al-Qanatir a Santa María del Puerto.  El Puerto de Santa María. Ediciones Suroeste. ISBN:978-84-122907-4-5

 

1 comentario en “Reconstrucciones con Inteligencia Artificial (V) #6.484

  1. Carmen López Ruiz

    Me ha encantado
    Como podría tener toda esta información
    Quisiera tenerla en papel
    Para dársela a mis nietos
    Para que sepan la historia del Puerto ya que en los colegios no la dan y para mí
    Gracias

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