477. ALONSO SANTIAGO. El pintor de la figuración nueva.

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El pintor Alonso Santiago nació en Cabra, al sur de Córdoba. Egabrense o cabreño, según se mire, aquel hecho marcó su carácter y, tal vez, su andadura. Alonso es hijo de pintor y se familiarizó con el arte en el estudio de su padre. Aunque esta circunstancia apuntaba hacia una relación maestro-discípulo, no fue así. Tal vez intuyó la servidumbre que el sello del maestro estampa sobre la personalidad futura del futuro creador y se formó como autodidacto lejos de él. Sin embargo, en el estudio paterno se le abrió la mirada de pintor y  adquirió importantes percepciones que facilitarían después su aprendizaje. Aquel tiempo en que ejerció de espectador fue fundamental en su formación, y de su padre recibió una carga sin la que, con seguridad, todo hubiera sido trabajoso, menos fluido y, tal vez, imposible.

logoFBBIENAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE FLORENCIA.
En su condición de pintor, ha recibido algunos premios estimulantes y ha mostrado su trabajo en multitud de exposiciones colectivas y algunas individuales, quizá la de más renombre haya sido la Bienal de Arte Contemporáneo de Florencia, donde fue artista invitado.

¿PINTURA FIGURATIVA, PINTURA ABSTRACTA?

La mayoría de las veces Alonso Santiago parte de alguna sugerencia figurativa levemente esbozada que no desarrolla. El crítico de arte Antonio Manuel Campoy escribió de él: “le tengo, hoy por hoy, por uno de los representantes más significativos de la figuración nueva” Y añade...”una de las obras más sugestivas de la pintura española actual, una obra solemne y suntuosa”.

portadalisboa_pessoa_puertosantamariaALONSO ILUSTRADOR.
Alonso Santiago ha encontrado en la ilustración de libros y revistas, campo abonado para desdramatizar la trascendencia de la pintura y se ha entretenido en dibujar lúdicamente para lectores de literatura “subidita de tono”, o erótica como gusta decir a otros. Así abordó el encargo de ilustrar la inédita novela de Oscar Wilde, “Teleny”. Después vendrían “Diálogo de Cortesanas” de Pierre Louys, “El libro del gazpacho y de los gazpachos” de José Briz, el “Diccionario de términos taurinos” de Pedro Beltrán, “Europa, Europa...” de Rafael García, “Tercera mitad” de Carlos Álvarez, “Lisboa” de Fernando Pessoa, “El Invisible Anillo”, revista literario-poética...

ALONSO ESCRITOR.
Alonso Santiago es, pues, pintor de amplia trayectoria y bien ganado prestigio, pero también escritor en posesión de algún premio literario que unir a los conseguidos en su más reconocida profesión. Escribe poesía, ensayo, cuentos, relatos cortos, artículos, y  algunas bromas literarias al estilo de Gómez de la Serna, a las que, por respeto a sus greguerías, llamará Ramonerías. Como consecuencia de estas actividades fue finalista del Premio Despeñaperros de poesía y el “Camilo José Cela“ de cuentos, amén de algunas menciones menores. En palabras un tanto jocosas de nuestro biografiado, en la actualidad está ocupado, “como cualquier español que se precie”, en una novela y en un guión cinematográfico.

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Recogiendo el premio de cuentos de Camilo José Cela, del que fue finalista. Trabajó en Madrid, en las clases de dibujo y pintura del Circulo de Bellas Artes y en la Academia Libre de Arte y Letras de San Antón. Tambien colaboró con el Grupo Puzzle.

DE MADRID A EL PUERTO.
Con este bagaje llega Alonso desde Madrid hasta El Puerto de Santa María, pero antes ya había coqueteado con nosotros. De vez en cuando se encerraba en algún apartamento de Valdelagrana para sestear por las playas desiertas del invierno, mirar hacia la Bahía y embarcarse en el Adriano por vivir la singladura de ir a Cádiz, pararse un rato emocionado ante el monumento a “La Pepa”, volver a casa con El Puerto en el horizonte, y penetrar por el Guadalete hasta el corazón ciudadano, una más de las hermosas vivencias que esta población ofrece.

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'Torero' de Alonso Santiago. Tiene obra en colecciones particulares de Cordoba, Madrid, Palma de Mallorca, Huesca, Las Palmas, Tenerife, Valencia, Tanger, Casablanca, Fez, Milan, Vicenza, Pavia, Lisboa...

Alonso dice: “--No fue cosa baladí que aquí aprendiera que los desayunos ya no son triviales y que, para asomarme al día, me instruyera con aplicación en el café con churros, en los molletes con jamón rubios de aceite, o en las vienas enrojecidas por la zurrapa “colorá”. No, no fue cosa baladí”. Y nuestro amigo decidió que este no es un sitio cualquiera, sino el sitio para vivir. Y en el año 2.007, como tarjeta de visita, la sala Alfonso X el sabio se esponjó con una exposición antológica suya, donde la pintura y los visitantes se encontraron  “hasta que la muerte los separe”.

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Vista desde la azotea de Alonso.

Alonso se instaló en un ático del barrio alto que se llenó de flores, desde donde se  otean 360 grados de la ciudad elegida: la Prioral presidiendo la ciudad, la Bahía con Cádiz al fondo, las salinas tras el gran meandro del Guadalete,  Medina Sidonia en el horizonte, la Sierra de San Cristóbal por donde trepan los coches hacia Jerez, Las Beatillas... De aquel paisaje imposible, como homenaje, nacieron algunos cuadros de la exposición.

juanfrancoDesde entonces, a Alonso le han crecido amigos por doquier y  se enfrascó en toda actividad con el entusiasmo de un recién nacido (si antes nació egabrense o cabreño, ahora se siente crecer portuense o porteño). Se le puede ver tanto ante un cóctel de Juan Franco, interviniendo activamente en las tertulias culturales de Razzia Artis en el café Milord, como en un partido de rugby  vibrando como un hincha porteño:  ¡Portu, Portu, Portu...! ¡A la playa!
Este Alonso no se pierde una.

3 comentarios en “477. ALONSO SANTIAGO. El pintor de la figuración nueva.

  1. majka

    Le conoci un poco, era persona maravillosa el me indico camino hacia pintar.......mucha gracias santiago un beso.....majka

  2. Juanma Santiago

    Anoche falleció mi tío Alonso Santiago, de lo que eufemísticamente se suele denominar "una larga y penosa enfermedad". De unos años para acá apenas lo veía, ya que yo me había mudado a Barcelona y él al Puerto de Santa María, donde hace unos días se inauguró una exposición retrospectiva sobre su obra pictórica (Sala CAI, hasta el 20 de marzo, por si vivís cerca y os apetece verla).
    La vocación artística de Alonso venía de familia: su padre, don Alfonso Santiago, también fue pintor. Alonso nació en Cabra (Córdoba), contrajo matrimonio con mi tía Sagrario, la hermana de mi madre, y tuvieron un hijo, Josele Santiago, que también heredó las dotes artísticas de la familia (primero con su grupo de siempre, Los Enemigos, y ahora en solitario). Cuando hablo de "dotes artísticas" no me refiero sólo a la pintura o la música, sino al conjunto: Alonso tocaba muy bien la guitarra española, y me cuesta creer que las inclinaciones musicales de Josele no tuvieran que ver con la influencia paterna. Además, en los últimos tiempos compaginaba su labor pictórica con la literaria: había obtenido algunos premios de relatos y publicado en recopilaciones de poemas. Era, pues, un todoterreno.
    De su evolución como pintor poco puedo contar: dejo esa tarea a los críticos de arte. Sólo asistí a una exposición de sus obras, en la madrileña galería Loring, a mediados de los años ochenta. Por aquel entonces hacía poco tiempo que había decidido dejar su puesto de trabajo como restaurador en el Museo del Ejército y dedicarse a tiempo completo a su gran pasión, la pintura. Su obra es extensa y, como digo, no sé lo suficiente de ella como para analizarla y categorizarla.

    Su última etapa, a juzgar por los paisajes del Puerto de Santa María, es más luminosa, íntima y figurativa que los grandes cuadros casi abstractos de los años ochenta. Los paisajes parecen sustituir a los bodegones y una de sus grandes constantes, la pintura erótica.

    Pero Alonso no se dedicó sólo a pintar cuadros. También desarrolló una fértil carrera como ilustrador. Resultan memorables sus trabajos en libros de temáticas tan dispares como la elaboración de gazpacho, la Lisboa de Fernando Pessoa o las diversas suertes del toreo. No obstante, su obra de arte definitiva en la materia, entiendo, es Teleny, de Oscar Wilde, en la edición de Valdemar. Aparte de las ilustraciones de cubierta e interiores, destacan las letras capitulares, un prodigio de erotismo, trazo firme y, si se quiere, humor.
    Tampoco se puede olvidar su faceta de restaurador, de la que vivió durante más de dos décadas.
    Como digo, veía muy poco a Alonso, de modo que casi todos mis recuerdos de él son infantiles. Me acuerdo de él tocando la guitarra y cantando flamenco (con mucho arte). O amenizando cualquier velada familiar con su retranca, sus chistes y su agilidad mental. O, cuando éramos pequeñitos, agarrando la carcasa de un bolígrafo, llevándoselo a los dientes y ejecutando un impecable concierto de percusión con los dedos: nos tronchábamos de risa. Así es como prefiero recordarlo. Descanse en paz.

  3. Manolo Morillo

    Alonso, por encima de todo lo que se ha dicho en la nótula es fundamentalmente una buena persona. Me considero muy afortunado por pertenecer a su cada vez más amplio círculo de amigos en El Puerto. Y sí, es cierto, yo mismo lo he podido comprobar: lo mismo lo ves en el Rugby, en la Tertuliá de Tresantié o tomándose un cafelito con 'tostá' en el 'Bar la Perdiz', siempre en compañía de su Pilar, haciendo precisamente de pilar.
    Gracias por tu arte y por vuestra amistad.

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