3.069. Enrique Alcina Echeverría. Periodista y escritor.

 

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Enrique Alcina Echeverría nació el 23 de julio de 1963 en Cádiz. Su abuelo, Enrique Alcina Lainez, fue presidente del Cádiz C.F. en 1944. Periodista vocacional desde chico y profesional desde 1984. Trabajó más de 26 años en Diario de Cádiz, primero en la redacción, luego como corresponsal en El Puerto, en casa y en la delegación de la calle Larga, y al final de nuevo en la redacción central gaditana. Ha narrado aconteceres sociales, políticos, deportivos, culturales, con acento de la Bahía de Cádiz. En la actualidad escribe en diversos medios de comunicación, como eldiario.es. /En la imagen, Enrique Alcina a su paso por el programa cultural de Radio Puerto ‘Pensión Triana’, que se emite los jueves a partir de las 19:00 horas.

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Enrique Alcina Quesada (1878-1943), bisabuelo de nuestro protagonista, fue presidente de honor de la Academia Española de Urología. Introdujo en España la anestesia local. /Foto: Real Academia Nacional de Medicina.

Enrique es hijo del conocido urólogo Enrique Alcina del Cuvillo, perteneciente a una familia ligada a la medicina desde el siglo XIX; su madre y hermana comparten el mismo nombre: Araceli. Es sobrino de quien fuera, durante muchos años, Ayudante-Secretario del entonces príncipe y actual  Rey don Felipe, el general de Brigada de Infantería de Marina en la reserva José Antonio Alcina del Cuvillo, y con anterioridad Ayudante de Campo del Rey emérito. (ver nótula núm. 036 en Gente del Puerto).

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La imagen tiene 28 años: de izquierda a derecha, Pedro Rios, María José Sánchez, Agustín Merello, Fito Carreto, el desaparecido Diego Mora, un joven José Joly Martínez de Salazar, Manuel de la Peña y Enrique Alcina. Se inauguraba la Delegación de Diario de Cádiz en la calle Larga, 27 en 1988, con Agustín Merello como primer Delegado quien permanecería hasta 1990.

1963
El año del nacimiento de Enrique era alcalde de la Ciudad, Luis Portillo Ruiz. Las lluvias torrenciales de febrero de 1963 provocaron la mayor avenida registrada del río Guadalete, que se desbordó, si bien se atenuaron al estar construidos los pantanos de Bornos y Arcos; algo que se repetiría en 1970, 1996, 2009 y 2010; helicópteros de la Base Naval de Rota rescataron a vecinos de núcleos rurales.

 

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Rafael Alberti abandonaba en 1963 Buenos Aires (Argentina), donde se encontraba exiliado desde 1940 y donde nació su hija Aitana. Publicaba «La lozana andaluza» (Mamotreto en un prólogo y tres actos, interpretación libre de la novela de Francisco Delicado, presbítero) (Adaptación y versión escénica de Rafael Alberti). Incluido en Teatro II. Buenos Aires: Losada.«Suma Taurina»(Verso, prosa, teatro). Edición de Rafael Montesinos. Barcelona: Editorial RM. Pero el exilio continuará en Roma (Italia).

El 24 de marzo el Zeppelin C.F. perdía ante el Puerto Real, en el campo de La Salle, por 3-1. La parroquia de San Marcos cambiaba ese título por el de Ntra. Sra. del Carmen y San Marcos; además se rectifican sus límites territoriales con la parroquia de Nra. Sra. de los Milagros. Nacían el Rector del Seminario de Jerez y canónigo, Ignacio Gaztelu Pastor, el fotoperiodista del Grupo Joly, Fito Carreto y la diseñadora gráfica Eva Díaz Hurtado. Morían el papa Juan XXIII y y el presidente norteamericano John F. Kennedy.

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De izquierda a derecha Montse Barreiro luciendo su embarazo, Inmaculada Macías, la cabeza de Emilio López, Lalia González Santiago, Jerónimo Andreu que visitaba la redacción de Diario de Cádiz, Juan Luis Gutiérrez, Alberto Grimaldi, Enrique Alcina y Jorge Bezares. Enero de 1996. /Foto: Colección Montse Barreiro.

Pero volviendo a nuestro protagonista, de pequeño, Enrique retransmitía los partidos de chapas a un público mayoritariamente imaginario. Llegó a escribir sobre las bondades del viento de Levante: “Lo mejor del Levante es que devuelve a la memoria los asuntos que parecían olvidados”.

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Con el rockero Miguel Ríos.

Melómano, rockero, ávido lector de lo que sea, curioso, ha navegado por todos los géneros, desde la información general, la política, la cultura, los deportes, temas sociales, el carnaval gaditano… Obtuvo el galardón en la primera edición del premio ‘Paco Navarro’ de crónicas de carnaval, entregado por la Asociación de la Prensa de Cádiz.

‘Amarillo submarino es’
Enrique acuñó el término del ritmo beatle gaditano. Una columna suya del 21 de junio de 1991, titulada “Amarillo submarino es”, dio paso a la leyenda del Submarino Amarillo, el verdadero. ¿Cómo llevará Enrique Alcina que, con el paso del tiempo, se conozca por todos los confines del mundo al equipo capitalino con un “sobre nombre” parido con nocturnidad y alevosía desde su Hispano Olivetti?

Mágico González, la leyenda
Ha publicado tres libros: “La vida en toneladas”, sobre el muelle de Cádiz; “Rosas y Mosquitos”, crónicas gaditanas, y “Mágico González, la leyenda”.

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Firmando ejemplares de ‘Mágico González, la leyenda’ en la tienda oficial del Cádiz C.F.

Quienes vivieron la era “Mágico González” en el Cádiz C.F. la recuerdan como el paso de una estrella fugaz sobre el horizonte marino de la costa gaditana. Entre la leyenda y su historia, la figura del desgarbado salvadoreño, el astro inigualable, sembró su semilla de simpatía en el corazón de todos aquellos que aman lo que ocurre en un rectángulo de juego. De su nuevo libro “Mágico González, la leyenda”, dicen que es la historia de un genio escrita por otro genio

Bob Dylan, García Lorca, Juan Marsé son algunos de sus referentes en la música, la poesía y la literatura. /Texto: Manolo Morillo.

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De la contraportada del libro ‘La leyenda: Mágico Gonzalez': “Quienes vivieron la era “Mágico González” la recuerdan como el paso de una estrella fugaz sobre el horizonte marino de la costa gaditana. Entre la leyenda y su historia, la figura del desgarbado salvadoreño, el astro inigualable, sembró su semilla de simpatía en el corazón de todos aquellos que aman lo que ocurre en un rectángulo de juego. También vibró el corazón de Enrique Alcina Echeverría, aún lo hace. Será por eso que este libro, esta muestra heterodoxa del pasado reciente, el retrato de un tiempo y de un lugar, lleva en cada una de sus líneas gran parte del polvo que permanece suspendido al paso del cometa. De la mano de Enrique, de su prosa arrebatada y el nervio de su genio, viajamos con la sonrisa como único equipaje al recuerdo, a rememorar la épica del hombre que también soñaba despierto y que lo hacía con un balón en los pies. Entienda el lector que tiene delante un libro de la mejor poesía, un poema de amor y un canto a una extraña forma de victoria o a la voluntad o a la gloria. Jorge “Mágico” González tuvo el mundo en sus manos, y lo retuvo, su mundo, el que él quiso y no el que quisieron o quisimos darle. Fue futbolista enorme en un equipo pequeño, un ídolo del sur, rebelde de su propia causa, la que fuera, que sigue siendo un misterio; el misterio que late en el interior de todas y cada una de estas páginas: 

“Mágico aparece en la escena, como un dibujo animado en la sombra asignada a un teórico interior izquierdo, y dribla de primeras a Sañudo, implacable defensor del Rácing de Santander. Minuto 24 de la segunda parte. Jorge ya ha movido dos veces el marcador de la torre de preferencia. Le entra Chiri medio hipnotizado, a la postre superado con un recorte magistral sin espacio sideral para poner un excusa convincente, el Mago tiene una idea, un pálpito, 14 de septiembre de 1986, ocho menos cinco de la tarde, y su requiebro le conduce al área de castigo. Se lo piensa, vuelve sobre sus pasos y sienta con la cintura a Roncal, le arrebata el sentido del equilibrio, se cuela en sus futuras pesadillas. Camino de la portería, incierta la ciencia del engaño, levanta la vista y observa al dueño de la duda y de la portería, Pedro Alba, que amaga con salir al encuentro de Mágico. Quieto el tiempo, ansioso el tanteador simultáneo dardo, Jorge saca la cuchara, saborea el momento con una caricia, dispara de pronto y la pelota vuela feliz, un poco mareada por el efecto visceral que le ha sugerido Mágico, y encuentra su destino en la escuadra izquierda de Alba, el atónito. Quince minutos de ola al nuevo estilo mexicano. Un solo grito: ¡Mágico, Mágico!”

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