3.739. El doble crimen de ‘El Arropiero’, al pie de la letra (y Segunda Parte)

Antonia Rodríguez Relinque, Antoñita, fue la víctima más conocida a nivel nacional, al ser la última, de los crímenes ocurridos en nuestra ciudad en aquel frío invierno de comienzos de los setenta. No obstante, como decimos, hay otra persona más que fue asesinada En Puerto de Santa María en las Navidades de 1970 a manos de Delgado Villegas, este suceso se esclareció gracias a la resolución del asesinato de Antonia. En esta segunda parte hablaremos a lo largo y a lo ancho de este no menos escabroso suceso de manos de la crónica que Margarita Landi reflejó en ‘El Caso’: el asesinato de Francisco Marín Ramírez.
«Otro crimen de Manuel Delgado: Hace mes y medio mató a un ‘amigo’ ocasional»
Se desconcertó Manuel cuando supo que la Policía estaba al corriente de cuanto había hecho en su vida, en sus andanzas por Francia e Italia, de sus pequeños delitos contra la propiedad en Barcelona, Valencia, Gerona, Madrid y Sevilla; de su alistamiento en la Legión, donde tuvo ocasión de aprender algunos golpes básicos de kárate; de las veces que había sido detenido, sin llegar nunca a ingresar en prisión, ya que por sus verdaderos o fingidos ataques epilépticos fue internado en un sanatorio psiquiátrico ( y soltado ¡cómo no!); de la afición que había tenido por cierta droga, siendo sometido a una cura de desintoxicación, que surtió efecto; de que desde entonces prefería el alcohol, principalmente ginebra y coñac; de que alguna de sus detenciones fueron por vivir de las mujeres y por sus “manías” de tipo sexual…

| Reconstrucción de uno de los crímenes en El Puerto de Santa María. A la izquierda, el criminalista Salvador Ortega quien, durante tres años estuvo acompañando a 'el Arropiero' por la península reconstruyendo los crímenes que afirmaba haber cometido; aparecen en la imagen, también, un policía local, 'el Arropiero', el comandante de la Policía Local, Manuel López Romero y el Comisario de Policía, Victor López Sanz.

En su mente primitiva no cabía la idea de que todo eso estuviera recopilado y archivado en la Dirección General de Seguridad y que a los funcionarios de la Comisaría del Puerto de Santa María les hubiera bastado con una llamada telefónica de su comisario don Víctor López Sainz, para conocer todos los detalles. Esto debió impresionarle sobre manera y pudo influir en su comportamiento posterior.

A la Policía no se le olvida ningún suceso, y aunque lo parezca, jamás “arrincona” un caso criminal. Durante los interrogatorios el señor comisario tuvo la sospecha de que Francisco Manuel, el “arropiero”, podía ser quien matara el 3 de diciembre pasado a un joven de veinticuatro años, cuyo cadáver había sido encontrado en el río Guadalete. La idea fue afirmándose más y más… Hasta que en cierto momento puso ante los ojos del detenido la fotografía de Francisco Marín Ramírez, el joven que apareció en el rio. Cambió de expresión, se desconcertó; tal vez pensó que “lo sabían todo” y que era inútil negar que el lo había matado, así que confesó su crimen.

| Francisco Marín Ramírez, primera víctima de Delgado Villegas en El Puerto, fue asesinado en Diciembre de 1970 con 24 años. | El Caso.

Se da la circunstancia de que Francisco vivía con sus padres (él ferroviario y de intachable conducta) en la Calle de Cervantes, número 12, muy cerca de la casa que habitaba Antoñita, aunque no tenía ningún trato con ella.

Cierto día del mes de noviembre pasado, cuando Manolo deambulaba vendiendo sus arropías, se conocieron. Francisco se acercó como cliente y le pidió un bastón, lamentando que todos los que llevaba eran demasiado delgados para su gusto. Simpatizaron y quedaron en verse para charlar más tarde. Así lo hicieron llegando a intimar bastante, cosa extraña en el joven, que era introvertido, sumamente tímido y poco partidario de hacer amistades con nadie. Además hay que tener en cuenta que Manolo es analfabeto (solo dibuja su nombre para firmar) y con muy pocas “luces”, mientras que Francisco (natural de Córdoba y vecino de El Puerto desde hace dos años), era muy inteligente, muy estudioso; había inventado una máquina para bobinar; era delineante y electrotécnico. Sabemos que en su casa poseía una gran biblioteca y como dato curioso les diré que en uno de sus libros, concretamente en el titulado “Así hablaba Zarathustra”, obra de Nietzsche, el estudioso inteligente joven había subrayado el siguiente párrafo: “Cuando padezcas algún problema moral o físico, dedícate a tu trabajo, para poder paliar problemas morales que puedan causarte”.

| El desaparecido Puente de San Alejandro. | Foto: J. Cabrera.

He de advertir que Francisco Marín Ramírez padecía aguda miopía, con once dioptrías en el ojo izquierdo y diez y media en el derecho; quizá este defecto fuera la base fundamental de su acusada timidez, de su aislamiento, de su “temor” a las mujeres. Precisamente por su retraído carácter fue extraordinariamente difícil investigar las circunstancias de su muerte, cuando fue encontrado en el río Guadalete el día 3 de diciembre a unos doce kilómetros, río arriba, por un vecino que con su barca se dedicaba a buscar mariscos. La autopsia, según dicen, había diagnosticado fallecimiento por asfixia, pero no por inmersión, de modo que cuando cayó al agua ya estaba muerto… ¿Quién le había matado y tirado al río?... Esta interrogante estaba atormentando a los funcionarios de la Brigada de Investigación Criminal del Puerto de Santa María y habría de contestarla el “arropiero”, ya que el era el autor de tan execrable actuación.

«A golpes de kárate»

Manolo y Francisco llegaron a congeniar y a sentir afecto mutuo, pero era un afecto enfermizo más bien; el primero, un sujeto típicamente lombrosiano, era dominante, sádico; el segundo, sumiso, cariñoso, tal vez en demasía, mostrándose siempre ansioso de amistad y de atención. He sabido que el último día de su vida, el joven quedó con su amigo en verse por la noche y al comprobar que no acudía fue en su busca; vio una motocicleta (que luego resultó haber sido robada en San Fernando) y la utilizó para llevarle a dar un paseo por las afueras. Sería más tarde esta máquina de 49 c. c. la que facilitaría una pista a la Policía, pues cerca de ella fueron halladas unas gafas de gruesos cristales con la patilla derecha rota, y que no es fácil pensar que un miope de tal categoría se marchara del sitio donde se le cayeron las gafas sin buscarlas afanosamente. Los funcionarios sospecharon que allí, en aquel lugar, junto a la maquina, se había desarrollado una pelea, una escena violenta, pero no podían saber quiénes eran sus protagonistas ni lo que hubiera podido ocurrirles.  

| El criminalista Salvador Ortega fue quien detuvo a 'El Arropiero'. | Foto: ABC

Fue el padre de Francisco quien el día 3 de diciembre acudió a la Comisaría para dar cuenta de la desaparición de su hijo, que nunca había faltado de su casa. Se pensó en un principio que se trataría de alguna escapada juvenil, en la que estuvieran enredadas algunas faldas, pero ante la fotografía del muchacho, surgió el recuerdo de las gafas de gruesos cristales encontradas junto a la moto. El padre las identificó. Ya era casi evidente que a Francisco Marín le había tenido que ocurrir algo muy grave. El día 12 del mismo mes era encontrado su cadáver.

De acuerdo con lo que declaró el criminal, ya cuando iban en la motocicleta por las calles del Puerto, Francisco hizo algo que a él no le gustó y discutieron y al detenerse y echar pie a tierra le espetó un golpe de kárate en el cuello que le hizo perder las gafas y le dejó medio “grogy”; cogiéndole también por el cuello, bajo la barbilla, con la mano extendida (utilizando la curva formada por el índice y el pulgar) le levantó del suelo… El muchacho se sentía mal, respiraba con dificultad y pidió a su amigo que le llevara a refrescarse junto al río. Eran como las once y media de la noche y la brisa estaba muy fresca; atravesaron el Puente de San Alejandro, sobre el río Guadalete, que desemboca en la carretera general (Madrid-Cádiz), y se sentaron sobre el borde de la muralla que da al río, apoyando los pies en el banco de piedra que allí existe.

| El arropiero entrando en estancias policiales, flanqueado por los expertos criminalistas Manuel Alcalá y Salvador Ortega, su captor. | Foto: ABC

Por ciertos hechos de Francisco, siempre llevado por su especial afecto al compañero, éste se volvió a enfadar y volvió a pegarle en el cuello, haciéndole caer sobre el fango, a la orilla del agua. Cayó boca abajo y quedó inmóvil: estaba muerto, asfixiado. Manolo bajó en su busca, pero como sus pies se hundían en el fango, desistió de acercarse más y se fue. Ha dicho que volvió al día siguiente y se extrañó al no ver allí el cuerpo de su amigo. Lo que había pasado era muy simple: al caer estaba muy baja la marea; horas después en su pleamar, las aguas arrastraron el cadáver río arriba, a unos doce kilómetros de distancia, y lo dejaron sobre la tierra enfangada de nuevo en un recodo de la orilla. La autopsia (realizada por el eminente forense D. Luis Frontela) determinó que murió por asfixia; parecía estrangulado, pero no había sido así: los golpes de kárate habían causado el mismo efecto que un par de manos o que una media, o que una horca: La asfixia mortal. | Textos: Mario Fleming Cumbreras/ Margarita Landi

2 comentarios en “3.739. El doble crimen de ‘El Arropiero’, al pie de la letra (y Segunda Parte)

  1. Conchi Marin Cañizares

    Esto no es cierto!.La familia estamos harta de mentiras.Soy una de las heemanas de Paquito( Francisco Marin) y repito,estamos hartas e indignadas por las informaciones de tanto canalla.Mi hermano no fue asesinado por este tipo,él se hizo cargo de su muerte pq alimentaba su ego psicopata a costa de asignarse asesinatos.Mi heemano estuvo 9 dias secuestrado (sus llaves estaban rotas y torcidas ) la auptosia reveló que hacia horas d su muerte cuando lo encontraron 9 dias después.
    Mi padre, antes de fallecer,reclamó( como tantas veces) las pertenencias de su hijo,de nuestro hermano,pero nunca se lo dieron pq el caso no estaba solucionado,ni a estas alturas se solucionará ya.Mi hermano no conocia de nada al macabro " arropiero" .Corria el año 70 y eran tiempos oscuros,nadie investigó nada,por más que mis padres insistieran .Dejad de dar informacion falsa,manipulada y de mostrar la imagen de nuestro Paquito.

  2. Milagros Muñoz Gil

    Conocí al arropiero (sin saber que era el) en la playa La Puntilla bañándose, lo supe por las fotos del CASO cuando mató a Antoñita.

Deja un comentario