3.744. La virtud de no dar

Cualquier mes en la Ciudad. Decido desayunar en la terraza de un bar en la calle Misericordia. Reconozco que una mesita en la calle es mi perdición. Mientras espero, leo el periódico. Aún no he llegado ni a la segunda línea cuando un hombre se acerca a venderme ceniceros. Me limito a rechazarlos y sigo leyendo. Al poco tiempo pasa por allí un conocido. Mientras nos saludamos, otro caballero se pone a nuestro lado y toca la guitarra. Cuando termina la rumba, el músico nos tiende la mano pidiendo dinero. Educadamente volvemos a negar. Mi conocido se va y regreso a la mesa con la idea de acabar el artículo. Imposible. Aún no he encontrado la página cuando otro caballero con un águila Harris en el brazo se acerca. Me quedo mirándole extrañada mientras me cuenta que esas aves son muy bonitas y muy caras. "¿Tú no tendrás algo suelto para el veterinario?". | Plaza de la Herrería esquina y vuelta con Misericordia | Foto: depatitasenelmundo.es
En ese momento miro a mi alrededor buscando una cámara oculta; pero veo que no, que se trata de una situación real. Consigo reponerme y, aunque mi primera intención pasa por sugerirle que se compre un canario -que son mucho más baratos- me limito a seguir negando con la cabeza. Comienzo a impacientarme. El desayuno está tardando. La siguiente en acercarse es una mujer vendiendo sábanas, a la que también le digo que no quiero comprar nada. En ese mismo momento llega la tostada -¡aleluya!-y la señora, insistente a más no poder, empieza a echarme en cara que ella tiene cuatro nietos a los que también les gusta el jamón. Acabo rápido el desayuno y me voy.
| Calle Misericordia. Blog Larga70.com
Desde ese día dos preguntas me rondan la cabeza: ¿qué imagen de la ciudad se estarán llevando los turistas?¿cuánto de desamparados se siente los hosteleros?. Por el momento el tema de la mendicidad , regulado en la Ordenanza de Convivencia, está al descubierto en la ciudad. La anterior, aprobada en 2012, fue derogada el año pasado. Uno de los motivos esgrimidos, según Rocío Luque, era que dicha normativa "invisibilizaba los problemas, como si determinadas realidades no existieran". En este punto quizás los portuenses ya hayamos sido testigos de demasiada realidad. Quizás el remedio no sea derogar una norma y dejar los temas en el aire, sino buscar verdaderas soluciones a los problemas. Yo, por el momento, prefiero sentarme dentro.  | Texto. Mila Alarcón.

6 comentarios en “3.744. La virtud de no dar

  1. Antonio Gassin

    Una ciudad desarrollada es aquella cuyos integrantes mantienen cubiertas sus necesidades más elementales.
    La satisfacción o no de ésta necesidad básica humana es lo que determinará la base de un nivel de vida digna.
    Dicho ésto, cuanto mayor sea el número de personas que pululan por las calles pidiendo o comerciando de forma ambulante aquí o en Minesota, en Nueva Deli o en Pekin, menor es el nivel de bienestar social que presenta y peor será por tanto su grado de desarrollo.
    Las molestias que esto pueda causar al resto de sus habitantes, la imagen negativa que confiera a una ciudad es secundario si lo comparamos con el grado de sufrimiento que padecen quiénes se encuentran en esta situación abocados a tener que subsistir de la voluntad de los demás.
    Pero no es menos cierto que una ciudad como el Puerto con una actividad económica basada fuertemente en la actividad turística no quiera permitirse ofrecer una imagen que impida que el visitante se sienta cómodo y a gusto entre nosotros.
    La voluntad política debería resolver este mal endémico que nadie ha querido atajar pero que urge, principalmente por quienes practican la mendicidad, por los propios habitantes de la ciudad y lógicamente por todos aquellos empresarios y trabajadores del sector que quieren ver como prospera su ciudad. Porque una ciudad que apuesta por el desarrollo es una ciudad más sana.

  2. R Poquet Macarena

    De verdad un artículo sobre la mendicidad en El Puerto? No es suficiente la compasión y humanidad no? También hay que escribir al respecto? Pues nada el que no sepa disfrutar de lo que tiene sin ayudar a nadie o simplemente compadecerse de los que vienen a su mesa diciéndoles que no puedes darles nada con mucha pena, que se metan dentro, o que no vengan al puerto mejor.

    Con la necesidad de otros hay que hacer otras cosas, no escribir de ellos....

  3. Mari Carmen Rosa

    Pueden pedir. Pueden dar..
    Cada uno puede hacer lo que quieran. Ya que todo se puede hacer. Pero a mi personalmente me molesta. Cuando aparco me venga corriendo uno que está enganchado. No para comer. La de las sábanas. Sino quiero sábanas!!. Pesaaaa.
    Y el de los ceniceros .lleva hasta cambio para los billetes si tu le dices que no tienes suelto. No me gusta que sean . Y que sepamos que dependemos de los veraneantes .Y si encima no paran de dar la lata pidiendo.lo siento mucho por los defensores de ellos.. una cosa es el que pide para comer..Y otra que yo le de o no.

  4. REYES Rosselló

    Mucho canino en el Puerto en estos años. Una pena... un sitio tranquilo cambió por completo. En mi época como mucho pasaba el que vendía caracoles o higos chumbos pero iban a situarse en su esquinita para poner el puesto

  5. Rocío Bocarando Orihuela

    Por eso mismo he pasado yo . Hace un año casi justo fui unos días por la boda de una sobrina ! Y este para febrero volví y estuve casi un mes .., también me sentaba en las terrazas y se acercaron, el del cenicero ( le compré ) , la de las sábanas (que me quiso leer la mano y casi se la leo yo a ella) el de los números , la que pide para dar de comer a su hij@..., uno que me vendió un búho ..,un sin fin .., y? En ningún momento me sentí incómoda .., eso pasa en todas partes . Donde vivo en las playas te acosan de verdad , ropa. Fruta, bebidas , aperturas , cierres , fiestas ..,es muy difícil controlar todo eso , con normativas o sin ellas .., menos quejarse y más tener mano izquierda y disfrutar , y sino se sabe tener mano izquierda .., pues eso , meterse dentro de un local y mirar a la pared ... Por cierto en poco vuelvo para un par de meses y encantada de ver de lo que se quejáis tantos por ahí

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