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4.212. Los Reyes Magos en las etiquetas de vinos y el Mapa de Juan de la Cosa

Este es el fragmento de la Epifanía del pregón de la Navidad portuense 2001 pronunciado por el periodista Francisco Andrés Gallardo. “Algunos investigadores sostienen que los Magos, los Reyes Magos, que adoraron a Jesús  eran descendientes de judíos desterrados en Persia, sabedores de la llegada del Mesías y del fenómeno que anunciaría su presencia. | Ilustración: Los Reyes Magos en el mapa de Juan de la Cosa, hecho en El Puerto de Santa María en el año de 1500.

En el 586 A.C. los babilonios saquearon Jerusalén y esclavizaron a decenas de miles de hebreos, exiliados a la capital imperial. La influencia del monoteísmo judío fue decisiva para el origen de la religión de Zoroastro, que adora el Sol, y que aún pervive como minoría en Irán.

Cuando los lombardos saquearon Rávena en el año 751 los mercenarios persas respetaron el templo de la Natividad, dedicado a loa Reyes Magos, a los que reconocieron como símbolos de su imperio.

Aunque esta sea la teoría más factible, me quedo con la tradición de los tres fastuosos monarcas venidos de dispares confines y que confluyen hacia Belén, a la adoración del Rey Verdadero...

Desde Tracia viene el anciano Melchor
desde las orillas del Mar Negro
le acompañan veinte cortesanos
y lo escoltan cien guerrreros.
Va montado en un corcel tordo
con cabalgaduras de terciopelo
Y como rey entregará
al Rey de los Reyes
un lingote de oro
y se postrará con súbdita pleitesía
ante el más Divino de los tesoros

Desde Arabia llega Gaspar,
un cuerpo de astrólogos
lo guía por el desierto.
Un ejército de huríes  lo custodina
al encuentro con el Señor de los Cielos.
En las alforjas de su camello
guarda siete libras de incienso
para adorar a Dios con tan perfumado cargamento
Y  atravesará las tierras
de más allá del Jordán
para proclamar que Arabia
se arrodilla y aclama
al mayor descendiente de Abraham

Y un jovenzuelo monarca
desde las entrañas africanas
también emprende camino
al Oriente Bíblico
de las tierras jordanas.
El rey de los nubios, Baltasar,
cruza aguas del Nilo arriba
y no ceja en su peregrinar
desde Egipto a la Tierra Prometida.
Lo guía treinta magos hechiceros
y en su dromedario se encamina
para exaltar al hombre nuevo
con delicados ungüentos
y un rico cofre con mirra
El presente de los africanos profetiza
que Jesús es Rey y es Dios,
el Mesías esperado
que deberá morir y resucitar
para cumplir con su misión.

Las tres comitivas persiguen
el camino de una milagrosa estrella
que anuncia el alumbramiento insigne
y allá, en Belén, los tres reyes se encuentran
El camino guiado por el lucero
al trío de cortejos ha llevado
por el más maravilloso de los derroteros,
adorar a la Majestad de todos los desheredados

Tres razas se une en el real viaje
para rendirse al encarnado Dios,
pero no hay más jefaturas ni linajes
ante el Soberano de la Creación.
Entre los hombres nos hay diferencias
ni  de piel, origen ni riquezas,
privilegios, raza o nación.
Cuando se postran ante su presencia
reconocerá una sola nobleza...
la sincera bondad del corazón”.

|Texto: Francisco Andrés Gallardo.

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