Perfumería Roque, cuando cerrar es despedirse de media vida

| Texto: José María Morillo
Hay carteles que anuncian rebajas… y otros que anuncian el paso del tiempo. El del escaparate de la Perfumería Roque nos anuncia que ha llegado la hora de cerrar. Y uno, al leerlo, no piensa en descuentos, sino en recuerdos.
Y es que, lo que se liquida en la esquina de la calle Nevería con Ricardo Alcón no es solo género al 50%. Lo que se va es una manera de entender el comercio que hoy parece casi un lujo: la de mirar a los ojos, escuchar sin prisa y recomendar al vecino, no como quien despacha a un cliente.

Detrás del cartel —y de tantas décadas— están Luisa, ‘Chica’, y Ana Morales Vega. Dos hermanas que no han necesitado mucho marketing para fidelizar a medio El Puerto. Les bastaba con una sonrisa y una memoria prodigiosa: sabían quién venía por colonia, quién por un tinte de urgencia y quién, en realidad, necesitaba más conversación que cremas.
La historia viene de antiguo. Del padre, José Roque Morales Augusto, aquel droguero de la calle Ganado que no solo vendía productos, sino soluciones domésticas con receta propia. De esos hombres que te arreglaban una mancha, un problema de humedad o una duda existencial con la misma naturalidad. Y de esa escuela —la del mostrador como confesionario— aprendieron todos. También Chica, que empezó con 14 años. Y Ana, desde 2004 en la perfumería.

En 2003 vinieron los cambios. La droguería, por un lado, la perfumería por otro. Mudanzas, crisis, modas que van y vienen. Y el centro de El Puerto transformándose a velocidad desigual: primero la discutida peatonalización, después las franquicias colonizando esquinas, más tarde las grandes superficies y los centros comerciales prometiendo comodidad en bandeja… y, por último, el clic de las compras por internet.
Ellas han resistido hasta el final, con una terquedad elegante y sin estridencias.Sin convertirse en caricatura de lo antiguo ni disfrazarse de modernas. Simplemente siendo lo que siempre fueron: cercanas, naturales, verdaderas. Ese tipo de trato que hoy, curiosamente, se intenta imitar en campañas de marketing, pero que ya no cuelan.
También conocieron no hace tanto la cara más dura del camino. La pérdida del padre en 2021, con 92 años. La de su hermano Roque, con 57 años, apenas unos días después, en plena sacudida del coronavirus. Pero la familia siguió. Las hijas de Roque junior, Paloma, Laura y Carmen Morales Carmona; la madre, Carmen Carmona Fernández del Refino de los Muertos, (pulsar aquí para conocer la historia de tan peculiar nombre) las asesoró en el relevo. 
Chica y Ana afirman sin dramatismo que echarán de menos a la gente. Y eso, en boca de quien ha pasado más de media vida detrás de un mostrador, no es para nada una frase hecha, porque el cliente dejó de serlo hace mucho tiempo. para convertirse en amigo.
El escéptico podría decir --y no le faltaría parte de razón-- que todo esto es nostalgia, que el comercio evoluciona y que no se puede vivir anclado en el pasado. Es verdad. Pero no es menos cierto que no todo progreso mejora lo que sustituye. A veces solo lo hace más rápido, más barato y desde luego, como es en este caso, más impersonal.
Quedará, eso sí, la imagen final: la de Chica y Ana atendiendo sin prisas, como siempre han hecho, liquidando sin urgencias porque el local es suyo y el tiempo, ahora, también. Fieles hasta el último día, a su estilo. Como si cerrar no fuera un final, sino otra forma de seguir siendo ellas mismas, descansando, viviendo, relajándose.

Porque estar detrás de un mostrador, también es duro, como lo es el sector de los servicios. Y, como sucede siempre, nos daremos cuenta lo que las echaremos en falta, cuando ya no estén en ese rincón de Nevería con Ricardo Alcón. Nuestra alegría es que por fin podrán disfrutar, sin límites, de su tiempo y de los suyos.

Les deseo lo mejor. Las he tratado toda la vida. Yo vivía en Ricardo Alcon. Profesionales como la copa de un pino, como lo fueron su padre y su hermano.