
| Texto: José María Morillo
Las marismas del río Guadalete, integradas en el Parque Natural Bahía de Cádiz, están desempeñando estos días un papel decisivo frente a un episodio hidrometeorológico excepcional. Tal y como subrayan técnicos ambientales, estos espacios naturales están absorbiendo millones de metros cúbicos de agua dulce y amortiguando el impacto de las mareas vivas con una eficacia que desconocíamos, actuando a modo de diques de contención.
Para el ambientólogo Juan Martín Bermúdez, de la ONG Salarte: “Son gigantescas esponjas, inmensos colchones de absorción de agua. Se demuestra así su función de “tanques de tormenta naturales” uno de los servicios ecosistémicos que procuran las salinas marinas, los esteros y las marismas a la sociedad. Tenemos que conservar, renaturalizar y restaurar marismas, esteros y salinas para mejorar nuestras vidas”.

Un territorio que fue mar… y que el agua recuerda
Las marismas que rodean el Guadalete antes de su desembocadura, en el término municipal de El Puerto de Santa María, fueron en su día mar abierto. La lámina de agua llegaba hasta el Yacimiento Arqueológico de Doña Blanca, y el actual núcleo urbano portuense —con fundación romana— se asentó a finales del primer milenio antes de nuestra era. A partir de entonces, todo lo construido más allá de la calle Valdés se levantó sobre terrenos ganados al mar. Y, como recuerda la historia, el agua reclama lo que fue suyo… a veces, muchas veces, más de cuatro veces, en los últimos veinte siglos.
Una tormenta perfecta aguas arriba
La combinación de pleamares con coeficientes muy altos, el desembalse de pantanos y las intensas precipitaciones procedentes de la Sierra de Grazalema está aportando volúmenes de agua nunca registrados. Los daños en numerosas barriadas rurales de Jerez, en otros municipios y en la propia Grazalema son ya conocidos.
Sin embargo, El Puerto no está sufriendo los peores efectos, --a excepción del desalojo en el poblado de colonización de Doña Blanca, con tierras muy salinas que recuerdan que un día estuvieron bajo el mar y que ya se han inundado-- y la razón principal está en sus marismas mareales.
Restauración que salva calles y casas

Estas marismas, en proceso de regeneración desde hace años gracias al trabajo del restaurante Aponiente, dirigido por Ángel León, y por Juan Martín, presidente fundador de la ONG Fondo para la Custodia y Recuperación de la Marisma Salinera SALARTE, están funcionando como un auténtico sistema de defensa natural.
Las salinas de San José, La Tapa y Marivéles y otras del entorno prestan un servicio clave: reciben millones de metros cúbicos de agua dulce y, junto a la pleamar, evitan una descarga brusca hacia la bahía de Cádiz y el Atlántico, reduciendo el riesgo de inundaciones en el casco urbano.
La voz de la ciencia

Para el consultor ambiental Juan Martín Bermúdez: “Esta llanura de inundación, estas marismas, están permeando, están funcionando como verdaderos colchones gigantescos, como gigantescas esponjas de agua que están absorbiendo toda esa energía torrencial de agua y, cuando baje la marea, se vaciarán perfectamente, reduciendo el impacto y permitiendo que en la Ciudad de El Puerto de Santa María, las calles, los comercios, las casas de los vecinos no se inunden. La conservación de la marisma no es una opción, no es un capricho, es para la supervivencia del caserío y los propios ciudadanos, para la mejora de la salud y de la calidad de vida de todas las personas”. Y añade: “Estamos ante un desafío global: tenemos que conservar las marismas. Tenemos que conservar la naturaleza porque son nuestros mejores aliados y de nuestra propia supervivencia”.
Llamamiento a la responsabilidad
Desde los ámbitos científicos y periodísticos se insiste en huir de bulos o relatos interesados, seguir las indicaciones de las autoridades, los cuerpos de seguridad y de los profesionales técnicos y científicos.
Para el periodista Francisco Andrés Gallardo, "Nuestros antepasados actuaron de forma más sabia y mejor que nosotros en las últimas generaciones. No basta con la tecnología, son necesarios el sentido común, criterios sensatos y erradicar la especulación urbanística o la planificación sin estudios previos, que acaban en episodios dramáticos. Todavía prevalecen la ambición y la altanería respecto al medio ambiente. En El Puerto tenemos casos sonados que así lo acreditan en la ribera del río o el cordón litoral que nos envuelve".
Gente del Puerto expresa su solidaridad con todas las personas que están sufriendo las consecuencias de estos episodios meteorológicos fuera de lo habitual, y recuerda a la luz de los científicos ambientalistas y estudiosos de la geografía e historia, que la mejor infraestructura frente al cambio climático ya existe: es natural, silenciosa y lleva siglos protegiéndonos: las marismas.
