El ascensor volvió a funcionar; la dignidad llevaba meses averiada

| Texto: Pepe Mendoza
Rosario Vázquez, una vecina de Valdelagrana de 70 años que deshace los agravios y endereza los entuertos de su vida a lomos de una silla de ruedas, recibió el lunes de la semana pasada una llamada de teléfono. La llamamos de RENFE, que lo suyo ya está, dijo alguien desde el otro lado. Por fin, pensó ella. Lo suyo empezó el 25 de junio de 2025. Ese día, el ascensor de la Vía 1 del apeadero de Valdelagrana dejó de funcionar. Y las citas de Rosario en Cádiz con los médicos empezaron a prolongarse en el tiempo, pero no en la consulta sino en el tren. A partir de entonces, al volver de la capital tuvo que continuar hasta la estación de El Puerto, para después coger otro tren, en dirección contraria, a Valdelagrana, donde el elevador de la Vía 2 sí estaba operativo. Hasta que el de El Puerto también se jodió.
Recuerdo hace un par de años el caso de María Jesús y su hijo Arturo, de 11 años, con movilidad reducida. Me impactó la foto de esa madre echándoselo a la espalda, subiendo los escalones de un colegio público de Alicante en el que se estropeó el ascensor, y luego tener que hacer lo propio con la silla de ruedas. Cuatro meses duró la peoná. Pero estábamos con nuestra vecina Charo, así es como le gusta que la llamen. Nuestra paisana ha puesto tantas hojas de reclamaciones que merece que los portuenses le regalemos, en agradecimiento, una hoja de aclamaciones. Un día, tras reiterar por enésima vez que ya no podía bajarse ni en Valdelagrana ni en El Puerto, un administrador ferroviario la mar de empático le dio la solución: “Pues bájese usted en la estación de Jerez”. En esa silla tan estupenda la vuelta es un paseíto, en un salto se encaja usted en el Aqua Park y, aprovechando la pendiente, atraviesa la Nacional IV como atravesaba Indurain el Tourmalet, le faltó decir al lumbrera.
La mañana de aquel 25 de junio de 2025 en el que Charo eligió defenderse y defendernos, alguien publicó el siguiente tuit: “Buenos días ministro, seguro que ya estás en ello pero hay que hacer algo con la A-62, los baches son ya socavones, un saludo y felicidades por su gestión”. Adjuntaba un mapa con la mejora prevista para la A-66. A los pocos minutos lo borró. Miles de internautas salieron en tropel a comentar que el autor del tuit era el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente. Lo escribió, dicen, desde una cuenta secundaria en la que se daba jabón a sí mismo. Él lo negó y terminó la faena con un pase de pecho: “Con una cuenta me sobra y me basta para teneros bailando”. Y eso es lo que hacemos los usuarios de RENFE: danzar desquiciados por ventanillas en las que nadie sabe nada, por ascensores que no funcionan, esperando un cercanía que no se acerca, un media distancia desaparecido en medio de las cumbres borrascosas de la inoperancia burocrática.
El lunes de la semana pasada, casi un año después, el ascensor del apeadero de Valdelagrana volvió a ponerse en marcha gracias a Charo y a todos los que dedicaron su tiempo y su esfuerzo a reivindicar unos servicios públicos dignos. El de la estación de El Puerto, sin embargo, sigue averiado. Las personas vulnerables que lo necesiten, ya saben, pueden bajarse en Jerez de la Frontera. O en Jerez de los Caballeros, que es una joya medieval.
