666. EL PUERTO, ENTRE ALCALDADAS Y CACIQUISMOS.

El martes 25 de junio de 2002, en plena fiebre de la construcción y la especulación, el portuense Juan de la Lastra y Terry escribía en el periódico del Grupo Joly, Diario de Jerez, esta Tribuna Libre, donde su dolor por El Puerto quedaba patente en estas líneas, que reproducimos, desde un Puerto instalado a caballo entre la desidia y  la nostalgia, pasando por la indignación.

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Paseo de la Victoria cuando aquel parque neoclásico estaba en todo su explendor: las cuatro estátuas de terracota representan a las cuatro estaciones.

Cuando El Puerto estaba sumido en la hambruna de la posguerra civil, los fatídicos 1940 y siguientes, en los que más de la mitad de la población subsistía merced de las tagarninas del Ejido de San Francisco, a los troncos de palmitos del Palmar de la Victoria y las vainas dulces de los centenarios algarrobos del Paseo el mismo nombre, una de las alamedas recolectas más sugestivas y umbrías de todo el Sur… Entonces, no obstante, mantenía su dignidad muy erguida y sobre todo su buen gusto en los ámbitos urbanísticos y de ornamentación forestal y de jardinería tanto en los espacios públicos como en los interiores de sus viviendas.

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El Monasterio de la Victoria, enmascarado por las galerías y la puerta principal, flanqueado su acceso por eucaliptos, hoy todo desaparecido delante de una gran superficie de aparcamientos.

Sólo al anochecer los alertas el uno, el dos, etcétera, de la guardia del Penal de entonces, custodiado por el Ejército, ponían un acento tétrico, melancólico y penoso al aire mórbido de la ciudad, si es que el Levante no la azuzaba.

luiscaballero_alcalde_puertosantamariaEl Puerto resucitó gracias al buen hacer de Ignacio Osborne, conde de Osborne, y de Fernando C. de Ferry y del Cuvillo, a quienes se sumó el tesón y la capacidad de trabajo de Luis Caballero Noguera, el impulsor de la urbanización de Valdelagrana. (En la imagen de la izquierda, obra de Torres Brú).

Por su parte, los alicantinos dieron vida al puerto pesquero. Así en la segunda década de 1940. El Puerto había retomado su pulso de siglo y medio atrás, cuando Filipinas y Cuba se perdían sin remisión, y las destilerías de la Habana, Santiago y Cienfuegos vinieron a establecerse por esta zona.

La atmósfera poblacional de El Puerto cuando aquellas corridas de toros en agosto con Carlos Arruza, Manolete, Pepe Luis Vázquez, Conchita Cintrón, Álvaro Domecq, Simao da Veiga… y el ir y venir después de aquéllas, rezumante la Ribera del Río de olores mil a mariscos de La Guachi, a brea, a ostiones, a mar salinero y a jazmín del jardín de la familia Arvilla, son recuerdos vivos para unas de las páginas más coloristas de la historia portuense.

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Ruinas de Fuerte Ciudad, en la Playa de Santa Catalina. (Foto: Javier de Lucas).

Pero hasta aquí y sólo hasta aquí. Después, entró la vorágine de la construcción mediante la especulación. Sucesivas alcaldadas dejaron exangües la alameda de la Victoria, dejaron desmoronarse el fuerte de Santa Catalina, lugar emblemático de los primeros días de las exploraciones en América, pues desde su marina partieron Juan de la Cosa y Alonso de Hojeda en un viaje cuyos resultados geográficos hacen que sólo le exceda en importancia el primero de los colombinos; y poco a poco han ido desapareciendo caminos deliciosamente rústicos como el de chumberas de Fuentebravía y de madroños como el camino de los Enamorados.

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El Cortijo de Las Beatillas, antes de su restauración. En el volúmen cerrado y compacto del cortijo, la torre es el referente continuo que potencia la horizontalidad del conjunto.

Además, cuando los promotores de la construcción toman las riendas a favor de sus intereses aunque abanderen los de la ciudad, con patente de corso en las manos no tienen miramientos para llevar a cabo sus propósitos por no decir fechorías. Ahora con todos los que tenía en su interior y en sus alrededores, El Puerto está necesitado de pulmones verdes. Desmontaron dunas, la bahía se ciega, las playas ya no son para alardear… A la barrabasada de la antigua Quinta de Santiago de Terry le ha seguido el parche de Las Beatillas, la mejor atalaya para recrearse de la Bahía. ¡Qué pena! (Texto: Juan de la Lastra y Terry).

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5 comentarios en “666. EL PUERTO, ENTRE ALCALDADAS Y CACIQUISMOS.

  1. LSA

    VANDALISMO
    EL Ayuntamiento va a dedicar quinientos mil euros a reparar los daños causados por actos vandálicos en los espacios urbanos y en su mobiliario. Si hubiera guardas de parques y jardines, como antes, seguro que se evitarían todos esos actos vandálicos. Los parques y jardines están como están porque falta autoridad que los guarde y defienda. Por otra parte, el mobiliario urbano que se está instalando ahora es de naturaleza efímera, aunque de mucho coste. Los bancos de la Bajamar son de mantente mientras cobro, aunque hayan costado mucho dinero. Y sobre la fragilidad de otros materiales, no hay más que ver el pavimento todo roto de las calles Ganado, Sierpes, Placilla, Vicario y Juan Gavala, para poderlo comprobar. En la Plaza del Castillo faltan hasta trozos de piedra y hay calvas muy notables en el enchinado. Y respecto de la preciosa plaza de Cristóbal Colón, más vale no hablar. Sobre esta plaza quisiera detenerme hoy. Hasta 1938 aquello era la Cuesta del Carbón, que culminaba en la Posada de Antonio Manso, un comerciante portugués que fue compadre del mismísimo don Juan de Austria. Ese edificio pereció como otros tantos, por los años 60 y fue sustituido por un estafermo de pisos que ahora existe. A mi tío Juan Ávila Gutiérrez se le encomendó el proyecto de reordenación de ese espacio urbano. Y lo hizo siguiendo los cánones del regionalismo de los años 30. Eliminó el centro de la cuesta y lo enrasó con la avenida Micaela Aramburu, dejando a cada lado dos mesetillas con escalones que permitían subir y bajar con comodidad, conectando el nivel de la plaza con sendas escaleras. Lo recoleto de esa plaza y su original concepción espacial llama la atención de todos los visitantes que se lamentan de la falta de cuidado y de los actos vandálicos que ha sufrido. Y como quiera que es repetida la queja, pongo a la consideración de quien corresponda que, de esos quinientos mil euros para reparar actos vandálicos, se empleen unos pocos en restaurar en base a las fotografías antiguas que facilité al Centro de Patrimonio, ese singular espacio urbano, para dejarlo como siempre debió estar: mimado.

  2. Pablo

    No estoy de acuerdo en el caso concreto de Las Beatillas, creo que la restauración y el resultado final son muy buenos y está perfectamente integrado en el paisaje. No puede decirse lo mismo del Teatro.

  3. Rafael Poullet

    Magnífico artículo, si señor. Eso es lo que han hecho con nuestro Puerto, que poquito a poco va perdiendo sus señas de identidad y pareciendose a una ciudad cualquiera de "ningun-lugar".
    Pero no olvidemos que somos nosotros los que ponemos a los alcaldes con nuestro voto, y hemos puesto a muchos de "parche" y que en vez de mejorar nuestra ciudad, la atrasan cada vez un poquito más.
    ¡Que desperdiciado está nuestro Puerto!, y lo único que se ven son peleas partidistas sin ningún sentido, bueno si, sentido lo tiene, para que unos cuantos mejoren sus economías privadas a costa de las arcas municipales...para que nuestra estación se convierta en un horrible cubo de cristal, para que la Bajamar no sea más que una torta de cemento, para que el puente sobre el Guadalete se construya cuando las ranas crien pelos, para que tengan que emigrar los jóvenes porque aquí no se crean puestos de trabajo, para que la Iglesia Mayor se consuma como una vieja esclerotica con el paso del tiempo, para que se pierdan los esplendores de nuestro pasado y vean las futuras generaciones que el Puerto fue un lugar donde merecía la pena vivir y sentirse orgulloso y no la MIERDA en que unos cuantos analfabetos que sólo entienden de amontonar dineros se empeñan que sea.

  4. Andres

    Bonita manera de describir un desastre tan evidente, y al hilo de las playas, ¿Me lo parece o cuando nos bañamos sobre todo en la Muralla, sale uno como pegajoso de agua?,¿tendrá que ver la tan cacareada y costosa depuradora?

  5. Lector Empedernido

    ¡Que sutileza! Vamos, que ni pintado le viene el número de la nótula a los causantes de dejar al Puerto prácticamente sin pulmones verdes. ¡Haberlos haylos!

    Pues, si ¡Ay qué pena de mi Gran Puerto!

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