813. PEPE VALIENTE MORENO. Niño huérfano de la guerra.

pepevalientemoreno_puertosantamariaPepe Valiente Moreno es un huérfano de la guerra. Hijo del tonelero Rafael Valiente y de Josefa Moreno, es el tercero de cinco hermanos, nacido en Sanlúcar  de Barrameda, el 23 de abril de 1923, aunque muy pronto se vinieron a vivir a El Puerto, primero en la calle Bolos 3 y luego en Cruces 73, durante ocho años. (En la imagen, Pepe Valiente, con una fotografía detrás, de su padre, asesinado en los primeros días de la Guerra Civil).

EN 1923 Pedro Muñoz Seca estrenaba Las Hijas del Rey Leal, Equilibrios, El filón, Las cosas de Gómez, De lo vivo a lo pintado, El Rey Nuevo, y El Vaticinio o S.S.S. El 23 de abril de 1923, el ABC recogía la proclamación de los 145 candidatos a diputados a Cortes por el artículo 29, siendo por El Puerto de Santa María, José Morote, Adicto. También estaban los Conservadores, Mauristas, Ciervistas, Regionalistas, Republicanos, Socialistas, Integristas e Independientes. En 1923 Rafael Alberti empieza a trabajar en los primeros poemas de Marinero en Tierra.

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En la Escuela de D. Juan Pinto Salas, en 1929.

Junto a su hermano Rafael Valiente, con nótula núm. 102 en Gente del Puerto, con 6 y cuatro años respectivamente, lo inscribieron en la escuela de Juan Pinto Salas, en la calle Meleros. Recuerda Pepe que en el recreo con el desayuno, el maestro decía aquello de: «Cada cual se come lo suyo y Dios lo de todos», además, por allí aparecía Paco ‘el de los Bollos’ quien portando una garrafa de helado y una ruleta o reolina invitaba probar suerte y era verdad que siempre tocaba el barquillo con helado de vainilla.

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En la Escuela Nacional de Niños de Bellas Artes, en Santo Domingo. El profesor era D. Antonio de la Torre. Pepe es el primero por la izquierda, de la segunda fila desde el suelo.

El edificio de Bellas Artes, antes de su destino como ‘Escuela Nacional de Niños Nº 5’, fue convento de Santo Domingo, luego Casa Consistorial, y depués además de Escuela, Bellas Artes e Insituto de Enseñanza, en sus diferentes modalidades. Recuerda a diferentes profesores de aquella Escuela: doña Juanita y doña Librada Mingorance, don Guillermo Beltrán, don Juan Wenceslá, doña Carmen Campos Panisse esposa de don Manuel Álvaro Bonet, destinado en el grupo escolar de La Aurora, don Salvador Adame y don Antonio de la Torre. Allí transcurrieron sus seis años de escolaridad.

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Fuerzas de Carabineros entrando en El Puerto en 1936. (Foto: Kiko Sánchez Pérez).

Su padre, Rafael Valiente Pérez, tonelero de profesión como ya se ha indicado, era una persona de fuerte carácter, implicado en movimientos reivindicativos, que sufrió cárcel durante la II República y que vivió periodos de paro forzado. Militante de UGT sufrió en sus carnes la represión de las derechas durante los primeros días de la rebelión del 18 de julio. Previamente su madre sería detenida y ‘paseada’ presionando para que dijera donde se encontraba su padre.

pepevaliente__libro_puertosantamariaLO CONTADO POR UN NIÑO DE LA GUERRA.
Así recuerda Pepe Valiente aquellos días, en su libro «Lo contado por un niño de la guerra», Serie Vivencias y Saberes, nº 2, editado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de El Puerto en 2006. «En los primeros momentos del llamado ‘Movimiento Liberador de españa’, como producto fabricado por un fracasado golpe de Estado, se inventa o se provoca la Guerra Civil; los piquetes de activistas voluntarios son compuestos por falangistas (señoritos y fieles seguidores), Guardias Civiles y Carabineros, todos traidores e la República (los leales son rápidamente fusilados. Hablo de El Puerto de Santa María. Patrullan por las calles de El Puerto haciendo exhibición de fusiles, pistolas y porras y encarándose sus componentes, con todo el que se considere. […] Desde los coches bastaba con divisar a un posible competidor de profesión o rival en el galanteo a una pretérita novia, o a alguna joven hacia la que abrigó rencor al sentirse rechazado ante un antiguo intento de ligue, para que este esforzado patriota decidiera realizar un servicio a la Patria, con la consiguiente detención del presunto o presunta rojo/a; acto que culminará con el purgante de aceite de ricino en el mejor de los casos, o el rapado de pelo al cero a la hembra en su caso. En ocasiones ambos procedimientos coincidían en una misma persona: ítem mas: el aceite de ricino migado con un trozo de pan acompañado del ‘no va más’ de mezclar el pelo procedente del rapado con la dosis del ricino. Mi hermana Ana de 16 años de edad, se libró de protagonizar uno de estos casos gracias a la intervención de un comandante del ejército propietario de la vivienda que teníamos en alquiler. Delito de mi hermana: ser hija de un republicano encarcelado; ¿Para que mas?»

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El testamento de su padre, sacado de la cárcel en un papel doblado dentro de una pieza de pan, poco antes de su asesinato.

EL ASESINATO DE SU PADRE.
Ciertamente la Guerra Civil le dejaría marcado con el asesinato de su padre, que regresaría a la casa de la calle Cruces, aquella noche sería detenido por un piquete que de madrugada se lo llevó a la cárcel, previamente al ‘paseo’ mortal que recibiría días después. Años más tarde Pepe tendría información de quien detuvo a su madre, de quien pudo dar el tiro de gracia a su padre, de todos aquellos que jugaron un papel importante en la represión en El Puerto. Sus nombres no los ha querido publicar en el libro, a pesar de haberlos oído pavonearse en algunos de los casos de represión que vivió El Puerto.

los_nacionales_puertosantamaria"Aquí, en nuestro Puerto, nunca se ha comentado, ni referido. Ni mucho menos se ha publicado una crónica de lo acaecido durante los primeros momentos del fracasado Golpe de Estado, convertido luego en Guerra Civil, llamado al final 'Movimiento de Liberación de España' o algo así. En resumen: la Rebelión Fascista protagonizada por militares de la que hoy todos son desertores y a la que nadie apoyó al parecer. En otros muchos lugares han salido a la luz los sucesos acaecidos en aquellos momentos, siquiera sea con el propósito de comparar los tantos de culpas de ambos bandos: vencedores y vencidos; y de esta forma tratat y hasta conseguir con su manipulación por parte de quienes impunemente pudieron hacerlo, justificar sus atrocidades. No es mi intención hacerlo desde mi orilla, por innecesario y por intempestivo". De su libro 'Lo contado por un niño de la guerra'. (En la imagen, cartel del Ministerio de Propaganda del gobierno de la República).

Pepe ya estaba en Sanlúcar cuando ocurre lo de su padre con unos familiares donde permanecería hasta 1937, de allí volvería a una nueva vivienda en la calle Pagador, 35, frente a un acuartelamiento de legionarios Camisas Negras italianos, con los que haría de escribiente, sin saber italiano.

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Homenaje a las tropas italianas acuarteladas en El  Puerto. El público en la Plaza de Isaac Peral.

bozaletes_puertosantamariaEL MUNDO LABORAL.
Sus comienzos con el mundo del trabajo empezarán en julio de 1937, como aprendiz de barbero en la situada en la esquina de Cruces y Postigo, aunque por poco tiempo. Luego entraría en la Fábrica de Productos Enológicos de Rafael Poullet, donde se fabricaban la mecha de azufre o pajuela, el lacre, almíbar, bozaletes para botellas de cava, entre otros productos que se fabricaban en la calle Larga.

Al año, por mediación del Martín García-Lago y de la Herrán, gestor Teniente de Alcalde, consigue entrar en el Ayuntamiento como botones-recadero, tras unas pruebas que le realiza el entonces secretario general Federico A. Sánchez-Pece del Puerto, siendo alcalde Antonio Rives Brest (el que le daría el nombre a la marca de Destilerías Rives). Allí permanecerá hasta la jubilación, con 65 años, durante el mandato de Juan Manuel Torres Ramírez.

En ese periodo conocerá de todo, bajo los diferentes mandatos en dictadura y democracia de 18 alcaldes. En su primer año como funcionario se sucede el hundimiento del Crucero Baleares donde perecen varios hijos de El Puerto. En el ayuntamiento recibe el final de la guerra y conoce la dureza de la posguerra, pero contento con poder tener un trabajo donde algunos le miraran con escepticismo ‘al hijo del rojo’. Corridas patrióticas, incluso una que no se celebró y eso que la promovía el General Queipo de Llano, actos de nacional catolicismo, con procesiones y presencia constante de la Iglesia Católica, acaso como desagravio a lo que sufrieron sus integrantes durante la contienda, pero ahora posicionada claramente con el poder. Los moros corriendo la pólvora en la Plaza de Toros. Desfiles de los italianos, de la Legión, de los flechas navales, de…

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Las ventanas de la parte superior derecha del edificio municipal fue la vivienda que ocuparía Pepe Valiente con su familia.

Pepe se casa con la arqueña Juliana Candón Pérez en 1957 con la que tendrá cinco hijos: Marina, David, Moisés, Abraham y Rebeca. Al igual que su hoy desparecido hermano Juan Valiente --el hijo póstumo de su padre que nacería cuatro meses después de asesinado éste-- quien además de ser también funcionario municipal pondría a sus hijos nombres bíblicos.

Con su familia, ocuparía la vivienda que existía en la parte superior derecha de la Casa Consistorial en la Plaza de Isaac Peral, un pisito pequeño desde el que se divisaba el caso antiguo de El Puerto.  En la actualidad habita en una vivienda de los funcionarios municipales existentes entre la Casa de la Cultura y la Avenida de Andalucía.

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Carné de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, expedido en 1963.

LA FALANGE ENTRA EN PEPE.
El tiempo pasa y Pepe Valiente sigue prosperando en el Ayuntamiento, donde desempeñará diferentes funciones. A principio de la década de los sesenta del siglo pasado tiene oportunidad de ascender en el escalafón municipal, ya era ordenanza y necesitaba hacer unas oposiciones internas. Para ello, le exigen, de forma sutil en la documentación a presentar el ‘certificado de adhesión al Movimiento expedido por la Jefatura donde esté inscrito como militante’. O sea, que se tenía que hacer falangista, y Pepe solicitó su carné para poder seguir avanzando en el mundo profesional, como tantos en aquella época. Estamos en el año 1963.

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Pegada de carteles en las primeras elecciones democráticas para los Ayuntamiento en 1979, con la imagen de Pepe Valiente, Paco Lara, Estaban Caamaño o María Angeles Fernández Cortabarría, en la esquina de la calle Valdés con Menesteo.

TENIENTE DE ALCALDE DE URBANISMO.
Con la llegada de la democracia, militante del PSOE, iría en las primeras listas municipales que encabezaba Esteban Caamaño Bernal, junto a Francisco Lara Fernández, María Ángeles Fernández Cortabarría y Alfonso Sevillano Garcia. Merced al pacto de las izquierdas, gobernarían junto al Partido Comunista y el Partido Socialista de Andalucía.

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De izquierda a derecha, Pepe Valiente, el periodista y archivero municipal, José Ignacio Buhigas Cabrera, desconocido, José María Simón Castilla, Teniente de Alcalde y Concejal de Cultura, Francisco Lara Fernaández, concejal socialista, el periodista Agustín Merello y el poeta Rafael Alberti, en el Salón de Plenos de la Plaza del Polvorista.

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Con Santiago Carrillo Solares a las puertas del Ayuntamiento.

Pepe Valiente pediría una excedencia especial del Ayuntamiento y ostentaría la responsabilidad de Teniente de Alcalde de Urbanismo, empero, dimitiría a los dos años y medio, «aquello no era lo mío» afirma, y se reintegró en su puesto como Jefe de Subalternos del Ayuntamiento, categoría profesional con la que se jubiló en 1988.

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De izquierda a derecha, Elias Py, desconocido, Rafael Valiente Moreno, desconocido, Esteban Caamaño Bernal, Ramón Rubial Cavia, Tina Aguinaco, Pepe Valiente, Pablo Expósito, Milagros Sanz Ganaza, desconocida, Fernando Mena, y Rogelio, ante el desamortizado Penal, donde estuviera preso Rubial.

PINTURA.
Aficionado al dibujo y la pintura desde pequeño, ha participado en diferentes exposiciones colectivas en El Puerto, en el Auditorio Municipal ‘Las Capuchinas’, en el antiguo Hospital Municipal y en la Bodega Alvareda; sus obras son en óleo y acrílico sobre lienzo. Pintaría también el primer cartel del Carnaval de El Puerto tras su recuperación y algún encargo de Rota. Buen rotulista, muchos diplomas de los que salían de la Casa Consistorial llevan el estilo inconfundible de este ‘niño huérfano de la guerra’.

4 comentarios en “813. PEPE VALIENTE MORENO. Niño huérfano de la guerra.

  1. Juan Luis Rincón Ares

    He sabido esta semana que ha fallecido Pepe Valiente. Los que hemos tenido la suerte de conocerlo sabemos que nos quedará en lo aprendimos de él y con él: a luchar, a ser solidari@s, just@s, a no olvidar el pasado pero tampoco vivir en la amargura, a tener fe en el futuro y pelear por el cada día. Su sentido del humor, su ironía era un látigo de justicia. Escribiendo o hablando.
    Pepe, yo sé que ni tu ni yo creiamos en esas cosas, pero si descubres algun lugar por ahi arriba donde se junte la buena gente ya sabes a quiien debes dar nuestros mas fraternales abrazos. ¡Honor al camarada Pepe Valiente! El suena por tí el Himno de Riego y la Internacional. ¡Que la tierra te sea leve y la memoria del pueblo no te olvide!

  2. Koky

    Que buenos recuerdos tengo de Pepe, en mi niñez, cuando iba a ver a mi padre Francisco Ramirez de Piña (nótula 394) al Ayuntamiento de la Plaza de Peral, cariñoso y amable, me sentaba en con él en la consergeria mientras esperaba, me contaba cosas, me daba papel y lápiz para escribir o dibujar, él me llamaba "El peque", seguramente lo recordará.
    Me he alegrado mucho de ver esta nótula, no sabia de su historia, solo se que lo tengo en mi memoria como un gran hombre, como me decía mi padre.

    Un cariñoso saludo.

  3. maria jesús

    A Pepe Valiente, podría decirme, si el libro esta a la venta?
    Su historia supongo que será muy parecida a la de mi suegro,- Joselito el Chico- pero Vd. tuvo la suerte de contar con su madre, él era huérfano de madre, su padre vivía pero “no salía ni en la foto”, es decir se olvido que Joselito esta vivo y que lo necesitaba. Yo creo que la palabra “padre” le quedo grande para la hombría, y el gran calibre ético y humano que tenia su hijo. Es terrible y desgarrador el sufrimiento de su padre con la firme conciencia de su inmediata ejecución, me estremezco solo de pensar , sus sentidas reflexiones, sabiendo el desamparo en el que dejaba a su familia, y como ¡pobre mío! quería dejar bien atado, que esas herramientas que por desgracia ya no las iba a necesitar , les aportaran algo de dinero. Fueron años de hambruna y desesperanzas para todos , pero lógicamente, especialmente espeluznantes e inhumanas para las familias con el estigma de” ROJOS” para ellos nada es comparable, todo lo que siquiera pudiéramos llegar a imaginar, seguramente seria una mínima parte de la cruda y horripilante realidad. Mi más profundo y sincero respeto por Vd. y su familia. Que Dios los guarde y les de salud para que sigan siendo memoria viva de aquellos deshonrosos sucesos. Yo creo que muchos de los nombres que calla son sobradamente conocidos, como dice se pavoneaban de la desgracia de familias como la suya, pero por mas que se revistan de “oro” siempre serán “OROPEL” Puede sentirse orgulloso, de la honorabilidad de los suyos, otros no pueden mirarle a los ojos sin sentir vergüenza.
    Me gustaría si tiene a bien saludara en mi nombre a si hija Marina, ambas fuimos compañeras en el colegio Nuestra Sra. de la Merced, y desgraciadamente no he tenido noticias suyas desde hace muchísimos años.
    Saludos.

  4. LSA

    Cuando Pepe Valiente decidió publicar sus memorias, me pidió que le escribiera prólogo. Para mí Pepe Valiete es una persona entrañable, que fue fue amigo de mi padre y es amigo mío. Este fue el prólogo.

    PRÓLOGO

    Mi criterio es que los libros deben comenzar en carne viva. Sin piel que los tape. Sin papel de envolver. Quiero decir, que los prólogos son inútiles condimentos de los libros. Porque los prólogos no los lee nadie.
    Pero, por el contrario, los autores de libros se desviven porque alguien les quite la vergüenza; que alguien se lleve el primer chaparrón, para entrar en faena desahogadamente. Yo creo que los escritores primerizos, y sobre todo los que José Luis Tejada llamaba de la “poesía secreta”, son unos vergonzantes. Y muchos están equivocados. Porque cuando se escribe como se habla y lo que se cuenta es digno de ser contado, no hay por qué temer salir a la luz pública, ni tener a alguien que apadrine ese parto que, al fin y al cabo, un libro es un como un parto.
    Además, los escritores de prólogos suelen ser gente de renombre u tronío y lo suficientemente mayor como para que den lustre a la obra que va detrás. Pero yo, ni tengo lo primero y lo segundo, lo de la edad, lo voy adquiriendo a fuerza de años. El caso es que los prólogos, a menos que sean como el de Gregorio Marañón a “El Cádiz de las Cortes” de Ramón Solís o el de Rodríguez Marín a su edición del “Rinconete y Cortadillo”, son un contradiós. Los prólogos se escriben, generalmente, por compromiso. Y, salvo casos muy puntuales, son inservibles. Pro-logos, es la antepalabra, y si, como escribe San Juan ,“Al principio fue la Palabra...”, el prólogo es lo último que se escribe para un libro. Se compone con el libro ya hecho, maquetado y a punto de entrar en la imprenta. Por eso lleva incluso hasta paginación distinta y, a veces, hasta en números romanos, que lo desvincula de la obra a la que precede.
    Ciertamente no es por compromiso por lo que yo prologo estas memorias de Pepe Valiente. Me lo ha pedido y yo, que no me niego a nadie, no puedo negarme a su requerimiento. Pepe Valiente es amigo mío, desde hace bastantes años, y fue amigo de mi padre, desde muchos más.
    ¿Que Pepe me requiere para que yo ponga el libro en suerte? ¿Que Pepe me pide que yo me moje y me lleve el primer chaparrón? Pues aquí está el tío, dispuesto a lo que Pepe guste mandar.
    Los libros de memorias son un magnífico instrumento para conocer la intrahistoria, o la historia pequeña, o lo inmaterial, a veces, ajeno a las historias que está en los documentos o en los grandes manuales. La historia está hecha de infinidad de nostalgias colectivas y de multitud de vidas pasadas, todas trascendentes. Su suma es el medio ambiente y el clima en que han ocurrido los grandes sucesos. Explican los porqués, los cómo y los dónde de la vida de la Humanidad.
    Que un jubilado, porque Pepe Valiente es un jubilado, se ponga a escribir sus recuerdos no es extraño. Pepe, pasea el júbilo de su jubilación y es un ameno conversador, desde siempre. Y el asueto es un buen amigo de la regeneración de la memoria. Y la memoria es la facultad de recordar; es la facultad de renovar las querencias. Porque re-cordar tiene mucho que ver con “cor-cordis”, corazón, querencia, afición, cariño. En el corazón están situadas, tradicionalmente, las potencias del amor, de los afectos. Y el prefijo “re-“ nos conecta con la vuelta atrás en la querencia, en la cordialidad.
    Recordar lo que se ha vivido es un desenfadado ejercicio y un enamorado galanteo consigo mismo. Es refocilarse en la evocación de lo pasado, con sus dichas y sus desdichas. Otra cosa es el palimpsesto que es reescribir sobre un pergamino borrado, raspado. O las trayectorias palinódicas, como se ha dado en llamar a los libros de memorias, falsos, que algunos han hecho para justificar sus vidas.
    Los mayores tienen una especial inclinación por contar sus historias a los jóvenes. Y eso ha ocurrido desde que el mundo es mundo. Si no ¿cómo se habría transmitido, de generación en generación, la cultura y los ejemplos de vida?
    Recuérdese cómo la fuerza de la tradición oral ha permitido que hoy existan en un soporte tan frágil como la memoria, manifestaciones impensadas e inmateriales que han superado los avatares de siglos. El romancero o el cancionero, o los cuentos de tradición oral son unos elementales ejemplos. O las historias y tradiciones familiares que siempre hay alguno de la casa que las recuerde y a quienes todos preguntan. La escritura, en cambio, las fija, les da apresto y garantías de mayor supervivencia. Y de credibilidad. Sobre todo si el que cuenta es testigo inmediato de lo sucedido. La inmediatez acaso tiña lo contado de proximidad y, a la vez, de añoranza selectiva. Han pasado, desde los hechos que se relatan en estas memorias los años suficientes como para ver esos sucesos con cierta objetividad.
    Es lo cierto que la niñez contada desde la ancianidad, desde la experiencia, no es lo mismo que la niñez contada desde ella misma. Porque, desde la experiencia de los años, se les da otra perspectiva y se sacan consecuencias o moralejas.
    Las memorias de esos años de Pepe Valiente son la mejor forma de concienciar a los lectores de que muchos de los hechos que relata no debieran de ocurrir más, ni en España, ni en ninguna otra parte del Mundo. Es la historia de una orfandad traumáticamente alevosa. Es la historia de lo acaecido en muchas familias, antes, en el desgobierno del Frente Popular, y durante la Guerra y la posguerra incivil. Es la consecuencia de los odios y las vendettas de los que han estado en las retaguardias, tanto en un bando, como en otro. Particularmente de los cobardes, sanguinarios exterminadores de sus antiguos correligionarios, como sucedió la mayoría de las veces.
    La sensación de la orfandad que nos transmite Pepe Valiente, me recuerda el relato en sus memorias de don Antonio Alcalá Galiano, que con su madre, desde una torre mirador de Chiclana, con un catalejo, vio el navío de su padre Don Dionisio, en Trafalgar, irse a pique, en llamas y tener la conciencia de ser huérfano.
    Pepe Valiente cuenta la urgencia del luto de todos los de su casa, con tintes “Iberia” color negro y un barreño de agua hirviendo donde se metía la ropa, y el piadoso sueño de la madre que aquella noche, precisamente aquella noche, no oyó las descargas de fusilería y el tiro de gracia, que solían venir de donde el cementerio.
    Ser huérfano, con tan pocos años, y depender de la nada son sensaciones que marcan toda la vida. Y, sobre todo, cuando la orfandad la ha producido un asesinato alevoso. Arrancar a los padres, a los varones, de las casas, como se produjo durante el Frente Popular, en la Guerra y en la posguerra, no son más que producto de los sentimientos más innobles que puede albergar el ser humano: el odio, el resentimiento, la venganza.
    Todo, en estas memorias, gira alrededor de unos encarcelamientos, incluso durante la República, por mor de la lucha obrera, y durante la Guerra, un asesinato y una orfandad. Y en medio de todo ello, presidiendo las situaciones más inverosímiles y angustiosas, surge, como la “mujer fuerte” de la Biblia, la madre, piadosa, reconfortadora, firme como un roble, que va la misa por José Antonio y por los Caídos, porque ellos fueron fusilados también por defender sus ideas.
    Lo de menos son las reflexiones que algunas veces saca Pepe Valiente. Lo de más es que, como muchas víctimas inocentes de injusticias tamañas, se rebele contra todo lo instituido.
    Pero, aunque el tema central de estos recuerdos sean el asesinato del padre y la orfandad desvalida, hay en estas memorias muchos momentos felices para cualquier niño. Son el relato de los juegos, las travesuras, la caza de pajaritos, el recuerdo de los maestros de primeras letras, los primeros trabajos y empleos. En numerosos capítulos se adivina un Pepe Valiente escritor de costumbres desaparecidas, con la misma destreza y donosura que Fernán Caballero, que Luis Montoto, que Estébanez Calderón.... La vida en las casas de vecinos, el aspecto que tenía El Puerto en su niñez, sus amigos, las estancias en Sanlúcar. Son preciosas las lineas que dedica a don Agustín del Toro o a Don Agustín Alberti Brunet, conocido sólo por Brunet. Sus recuerdos de Don Martín García-Lago y su entrada en el Ayuntamiento como empleado...
    Por las páginas de este libro de memorias pasan redivivos muchos personajes, personas y personillas, naturales o vecinos, que vivieron o están viviendo hoy en El Puerto, como Luis Valle Rey, “Palomito”, bailaor, que se casó en Granada con “La Golondrina”, de la que está viudo y vive ahora en Marbella; Antoñito el hijo de “La Chillona”; Rafael Guillén, hijo de otro tonelero, como Pepe Valiente, Casimiro; Estéban Caamaño que llegó a ser Eurodiputado, Paco Ocaña, sobrino de Pastora y de Ramito, el carpintero que terminó de Concejal del Ayuntamiento...
    Pepe Valiente, además, es dibujante y pintor de afición, un fotógrafo de muchos quilates y un observador muy perspicaz. Con sus propios dibujos ilustra su libro y con fotografías , que ha entendido muy adecuadas. Entre todas veo a los niños de su colegio en torno a ese recordable maestro de escuela que fue Don Antonio de la Torre, inconfundible, más joven que cuando yo lo conocí.
    Y, finalmente, unas reflexiones. Toda vida humana es respetable. Toda. La de los curas, frailes y monjas torturados y asesinados por el Frente Popular, las de los “Caidos por Dios y por España”, las de los Republicanos y los tildados de “rojos”. Todas las vidas. Todas las vidas truncadas por el odio y las guerras. Todas me merecen un absoluto respeto y son acreedoras del agradecimiento de todos por sus renuncias y sus entregas. Cada una; todas. Sirvan los libros de memorias como este para evitar que vuelvan a ocurrir. Nunca más. Dios mío, nunca más.
    Luis Suárez Ávila

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