1.097. JOSÉ M. SÁNCHEZ GARCÍA. ‘El Carbonero’.

José Manuel Sánchez García nació en El Puerto en 1913, siendo el pequeño de cuatro hermanos. Sus padres llegaron a nuestra Ciudad procedentes de un pueblo de Málaga llamado Tolo. Vinieron buscando trabajo como pinaleros y fueron contratados por la familia Osborne para talar el Pinar del Conde en el Camino Viejo de Rota. Con las ramas que cortaban preparaban leña para los hornos, además de carbón.

1913.
Era alcalde de El Puerto Manuel Ruiz-Calderón y Paz. Ese año un decreto papal declaró festivo el 8 de septiembre, día de la Virgen de los Milagros por la intermediación del Cardenal Enrique Almaraz Santos, quien fue recibido en la Estación de Ferrocarril por la Corporación Municipal Bajo Mazas, con cuyo nombre se rotularía la calle Zarza y quien sería nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad. Ese año volvía a salir la imagen del Cristo de la Veracruz, de salida irregular e intermitente en los últimos tiempos, desde sus capilla de la Sangre en la esquina de Nevería (Castelar) y Palacios (José Navarrete), frente al Bar Apolo donde hace años estuvo el Bar ‘La Mina’ y la Librería ‘Sanjamás’. Pedro Muñoz Seca estrenaba su obra ‘Trampa y Cartón’. En 1913 nació José de los Reyes Santos, ‘el Negro’ cantaor que interpretaba como nadie los ‘martinetes’.

José ‘el Carbonero’ estudió en escuela de D. Juan Pinto Salas, (imagen de la izquierda) en la calle Meleros. Era famosa la frase en el recreo con el desayuno, cuando el maestro decía aquello de: «Cada cual se come lo suyo y Dios lo de todos». Vivió en las calles Cantarería (Pedro de Villa) y Ganado (Calvo Sotelo). Pronto empezaría a trabajar de temporero en el campo, de consumista, pinalero, carbonero, salinero, en la Sierra de San Cristóbal, picando piedra… José ‘el Carbonero’ fue como muchas personas anónimas de los años de la posguerra que pasaron muchas calamidades, no creadas por la sociedad de consumo sino por una situación trágica. Salir de una guerra civil como muchos de ellos, les obligaba a trabajar en los oficios más diversos, para sacar su prole adelante.

Fue movilizado para el Servicio Militar en 1933, en Jerez, Regimiento de Infantería núm. 41 perteneciente a la guarnición de Cádiz.

EL LIBERATO.
Se casó con María Antonia Gil el 24 de enero de de 1942, y tuvieron cinco hijos: Pepi, Antonia, María de los Milagros, José y Paco. Aficiones, las de una persona sencilla de aquella época: la lectura, el cante, el cine, el trabajo y su familia.

Novelas del Oeste de las que se 'cambiaban' en Casa Juana, en la calle Vicario.

Impulsó en sus hijos la afición a la lectura, llevaba a casa los programa del Cine Moderno y las novelas de Marcial Lafuente Estefanía del liberato de Casa Juana, en la calle Vicario, donde apuntaría a sus hijos para poder sacar novelas, a bajo precio. Aquel liberato junto con el de Librada, en la misma calle Vicario, era como la biblioteca pública de la época con novelas y tebeos.

Carboneros

CARBÓN, CISCO Y PICÓN.
En relación con el oficio de carbonero, su hija Pepi recuerda que, de pequeña, veía a su padre preparar un montón de arena donde enterraba las ramas que, al cabo del tiempo, salían convertidas en carbón, cisco y picón, que su abuela vendía en una carbonería. En ese horno, nuestro protagonista tostaba las piñas procedentes de aquellos árboles, que encantaban a la chiquillería. El padre de José participó en la repoblación de las Dunas de San Antón, sembrando pinos. Eran sus amigos, Antonio del Bar ‘El Golpe’, en la calle Ganado, José ‘Chicarrana’, Paco ‘Camero’, ...

Salvoconducto de José, donde describe sus señas físicas personales. Año 1946.

Como nuestro protagonista  no podía ofrecer a su familia muchas comodidades, no podía llevarlos a los espectáculos taurinos, procuraba llevar a la familia a los desencajonamientos, que eran gratuitos. Pepi recuerda que en cierta ocasión, estando tras los burladeros, se escapó un toro y su padre la cogió a ella y a su hermano de un puñado y los subió a la grada de un impulso.

Certificado de voto del año 1954.

MUERTE PREMATURA.
Falleció joven en la Sierra de San Cristóbal, donde sufrió un accidente el 26 de mayo de 1955, con apenas 42 años. Al fallecer, las circunstancias económicas de la familia fueron ciertamente difíciles, tanto que Pepe Ojeda, dueño de la Panadería del mismo nombre situada en la calle Ganado, estuvo facilitando el pan a la familia durante un año hasta que la viuda empezó a trabajar. Pepe fue un gran amigo de la familia. Ese fue el año en el que se empezaron a extraer piedras de la Sierra de San Cristóbal con destino a la Base Naval de Rota que iniciaba su construcción. Los americanos llegaron con la leche en polvo y el queso chedar, que entregaban a los colegios religiosos. Todavía el recuerdo de aquel padre, después de tantos años, sigue vivo en la memoria de sus hijos.

2 comentarios en “1.097. JOSÉ M. SÁNCHEZ GARCÍA. ‘El Carbonero’.

  1. Martin de Garay

    Quisiera puntualizar sobre una persona que se menciona en la nótula del día 5, dedicado a José M. Sánchez García, esa persona se trata de José Ojeda Leiva, un porteño orgulloso de serlo y que en los años malditos del hambre, ayudó a muchas familias de "El Puerto". Era un "güenagente", que como decían sus conocidos y familia: "De bueno se pasaba". Daba créditos (pan fíado), a los cortijos, campos y huertas que liquidaban cuando recoguían las cosechas y los maquileros, cuando recoguían el trigo (si las cosechas venían maldadas, hasta el año que viene). Así como a las familias de los marineros que no pagaban hasta que venían "del moro" y si se hubiera dado bien, si no a esperar al próximo embarque. Hay que nombrar tambien las dificultades del personal del Ayuntamiento que pagaban tarde y mal. Y por tanto, hay que sumar a los anteriores. Además del pan fiado y no cobrado, estaban las peticiones dinerarias. Ayudó tanto a tantas familias necesitadas, que cuando falleció le lloró el Barrio Alto y aún ahora después de 43 años todavía le recuerdan, Así que elevemos unas plegarias para que personas como Pepe Ojeda, no nos falte y sobre todo en estos momentos tan difíciles que estamos viviendo. Aprovecho para dar las gracias a D. José María Morillo y a Diario de Cádiz por Gente del Puerto.

  2. PEPE

    Una pequeña anotación a la información que aparece sobre la llegada de los americanos y sus dádivas de leche y queso.La leche en polvo,el queso y la mantequilla la tomábamos los niños de las escuelas públicas((Hospitalito),los religiosos o privados no sé si les llegaba también,Llevábamos el pan y el maestro nos ponía la mantequilla, por la mañana a la hora del recreo. Cada uno tenía su jarrito, para la leche que se guardaba en la clase, después de enjuagarlo...El queso se daba por la tarde y a veces por la mañana, si no había mantequilla .todos los niñ@s de las escuelas públicas del Puerto y provincia desayunábamos y merendábamos gracias a la aportación americana ,en aquellos años difíciles

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