2.187. NURIA ESPERT. En El Puerto, hace 20 años, con ‘El cerco de Leningrado’.

Se cumplen este verano de 2014 veinte años desde que Nuria Espert visitó el Festival de Comedias del Teatro Muñoz Seca con ‘El Cerco de Leningrado’, de José Luis Sanchís Sinisterra, Premio Nacional de Teatro 1990. Antes ya estuvo por aquí con poemas de Alberti y después ha vuelto, ya al Muñoz Seca, pero lo de aquella noche del domingo 21 de agosto en el patio del Colegio de San Luis Gonzaga fue apoteósico.

nuria-espert--478x270

El cerco de Leningrado supuso la vuelta de dos grandes actrices a los escenarios: Nuria Espert, que los había abandonado hacía casi un lustro por la dirección de óperas, y María Jesús Valdés, que se retiró de manera drástica al casarse hacía entonces varias décadas. Las dos reconocían estar enganchadas con las tablas, empezaron a recibir sus dosis en el teatro de Baracaldo (Vizcaya) donde se estrenó el 10 de marzo de 1994, y en el verano  en El Puerto de Santa María con la nueva pieza de uno de los pocos autores contemporáneos españoles vivos y prestigiados, José Sanchís Sinisterra, quien una vez más acudía a la comedia de reflexión, en versión escénica del director argentino Omar Grasso.

Espert estaba más que satisfecha con la reacción del público: "No estoy acostumbrada a hacer comedias y pensé que no se pillaría todo el humor que encierra la función, pero las risas de los espectadores desde el primer cuadro han sido regalos de los dioses". María Jesús Valdés, una de las actrices más famosas de Espana en los años sesenta, hizo unas desapercibidas representaciones en La dama boba en 1991. Ahora tiene claro que ésta es su vuelta al teatro: “Sentí como si el tiempo se hubiera detenido 25 años y yo nunca hubiera dejado de trabajar". La actriz reconocía que dentro de ella hay dos personalidades. Mientras se dedicó a su familia nunca echó de menos la escena.

elcercodeleningrado2_puertosantamariaSanchís Sinisterra, comentó: "Me pareció un trabajo admirable, lleno de amor, entrega, de dedicación a desentrañar un texto; lo que está claro es que pusieron mucho más de lo que suelen poner director y actores, hicieron un trabajo muy personal y cada uno de ellos abordó la obra como si fuera propia". El autor también tuvo palabras muy elogiosas para el escenógrafo Toni Cortes, quien realizó un curioso y efectista juego con la idea del teatro dentro del teatro. /En la imagen de la izquierda, Nuria Espert y María Jesús Valdés, durante su interpretación magistral hace 20 años.

Sanchís Sinisterra incidía con su obra, escrita hace 24 años, en una tema que empieza a ser recurrente en el teatro español: viejos profesionales de la escena se encuentran encerrados en antiguos teatros, que antaño fueron símbolos, filosofando, rememorando, llevando a la práctica sus utopías, algo que fue y no es. Se encuentran ejemplos en El nacional de Albert Boadella con Els Joglars, y Perdonen la tristeza, de Zaranda de Jerez (grupo muy consolidado internacionalmente ).  Sanchís piensa que este hecho es sintomático de algo: "El teatro siempre ha sido un espacio de resistencia y en los momentos que se percibe un cierto desmantelamiento de la función del teatro en la sociedad, siempre hay algunos náufragos que juntamos tablas y construimos un escenario flotante para afirmar nuestro deseo de resistir". En el caso de este autor valenciano el juego del teatro dentro del teatro data de antiguo. De hecho, El cerco de Leningrado es la última parte de una trilogía en la que se aborda el mismo tema. Las otras dos piezas fueron Naque o de piojos y actores y su popular ¡Ay Carmela!.

Sanchis sitúaba con esta obra a las dos actrices en un viejo teatro abandonado desde hace dos décadas, menos por las que fueron esposa y amante de su último director y primer actor, hombre militante de la izquierda muerto en extrañas circunstancias. La obra transita por el campo del teatro político, del teatro cómico, del teatro de reflexión, del análisis histórico, de la autocrítica social. /Texto Rosana Torres.

Deja un comentario