2.572. Honor y Gloria.

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Cuando escribí sobre el  ‘Panorama Bélico’ en las páginas de Diario de Cádiz el 23 de febrero de 2003, no imaginaba que el artículo pudiera servir para conocer unos hechos que acontecieron en el litoral gaditano hace más de 65 años. Porque el caso es que algunos marineros, especialmente patrones y motoristas de embarcaciones pesqueras, hicieron posible que numerosos represaliados políticos del franquismo a los que les era casi imposible atravesar las fronteras, pues los controles fascistas eran severísimos, pudieran salir de España. /En la imagen, el pesquero Correa, posiblemente fuera una de las embarcaciones que transportara antifascistas a Tánger y Casablanca; barcos de ese calado y tonelaje tenían capacidad para transportar represaliados.

Confieso que cuando mi amigo Elías Py Rodríguez, un buen maestro de Escuela, ya jubilado, y un luchador nato en la defensa de los intereses de los trabajadores, me refirió la historia me sentí muy feliz.

Me decía que en un viaje que por causas familiares había realizado a Madrid, entabló conversación en el tren con un viajero que era de Cádiz y que vivía en Alicante. Y entre las pequeñas confidencias que se contaron, mira por dónde, se abrió un diálogo referente a los pescadores gaditanos que al final de la Guerra Civil española y la prolongada posguerra, salvaron de la cárcel y, en muchos casos, de la muerte a republicanos y cenetistas de la Unión de Fuerza Democrática y a comunistas.

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Rafael Trechera Ramos, a punto de cumplir 93 años el próximo 30 de octubre, en su residencia de Alicante.

Lo que no podía imaginar, me indicaba Elías, que el acompañante casual de viaje era uno de los españoles que escondido en la sala de máquinas de un pesquero pudo llegar a Tánger en noviembre de l949 y posteriormente a Casablanca donde permaneció hasta 1973. Se llama Rafael Trechera Ramos y tiene actualmente 92 años.

Les cuento todo esto porque a partir de aquel momento, no solo vengo hablando asiduamente con Rafael, sino que además nos hemos visto en varias ocasiones y siempre ha destacado la encomiable labor de los pescadores que ayudaron desinteresadamente a los antifascistas, aun corriendo el riesgo de ser fusilados si eran sorprendidos.

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La fotografía, tomada por Rafael Trechera, se corresponde con una visita de este último a El Puerto a mediados de los cincuenta a casa de su protector y amigo Simeón Nogueroles Verdú. Solo permaneció por espacio de un día dado que las circunstancias no eran del todo lo favorables para los exiliados, regresando a Casablanca al día siguiente. En la imagen, a la izquierda Siméon Nogueroles y su familia, junto a las familias de Rafael y su hermano Jerónimo, que aparece a la derecha la imagen, en la calle Jesús de los Milagros.

Añadía que las tripulaciones de los barcos, a excepción de los técnicos, desconocían que íbamos escondidos incluso en los artes de pesca. Repasa con tristeza aquellos años y menciona cautelosamente el nombre del motorista que le salvó la vida: Simeón Nogueroles Verdú, ya fallecido, natural de Villajoyosa y que vivió la mayor parte de su vida en Cádiz y en El Puerto.

Me cuenta Rafael que se les conocían como topos porque la mayoría de ellos vivían escondidos en galerías subterráneas, con el fin de no ser detenidos. Que además la salida para Tánger y Casablanca se realizaba en los muelles de Cádiz y El Puerto y que cuando las condiciones meteorológicas eran adversas, por ejemplo, el viento de Levante, los andaluces provenientes de Granada, Sevilla y Jerez, además de los gaditanos, se salvaguardaban en las casas de generosos ciudadanos que se prestaban también a ayudarlos, entre ellos, su hermana.

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La dársena de Casablanca (Marruecos) en el primer tercio del siglo XX.

Yo conocí al bueno de Simeón Nogueroles Verdú, el motorista que ayudó a Rafael Trechera Ramos y nunca le oí decir nada de tan extraordinaria proeza. Como tampoco que salvó de entrar en el penal de El Puerto a Adolfo Valdivia, alicantino que se vino a trabajar a El Puerto en los años cuarenta en la empresa Obrascom, después sería Dragado y Construcciones.

Este ingeniero hidráulico fue perseguido y Simeón le ayudó, embarcándolo y llevándolo a Casablanca en 1948, estableciendo su residencia familiar en Mazagan a 90 Km. al sudoeste de Casablanca.

Adolfo Valdivia era amigo de Rafael Trechera, desde su llegado a El Puerto, a mediados de los años cuarenta. Vivieron casi tres décadas en Marruecos. Adolfo Valdivia se presentó por la provincia de Alicante en 1977, en las primeras elecciones democráticas en el Partido Socialista Popular (PSP) del profesor Enrique Tierno Galván.

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Una antigua fotografía de Calpe, con el peñón de Ifach al fondo.

Otra meritoria labor de aquellos años de la posguerra, la de Juan ‘el peluquero’. Juan Baidal Sau, que así se llamaba, nació en Calpe y llegó al litoral gaditano a finales de los años 30 acompañado de Vicenta, su esposa.

Lo del apodo se debía a que su mujer y él eran peluqueros. En Calpe se le conocía por ‘segrentana’. Pero Vicenta enfermó y Juan tuvo que volver a su primera profesión, la de pescador. Embarcó como motorista en El Puerto y en Cádiz ayudando durante siete años a represaliados políticos del franquismo, llevándolos escondidos hasta Tánger y Casablanca en las redes de pesca y en la sala de máquinas del barco.

Sin embargo, por un chivatazo que dieron en la Ayudantía Militar de Marina, detuvieron a Juan y lo encarcelaron en el penal de El Puerto en 1949.

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Patio de la casa de la familia Terry en la plaza de los Jazmines, donde luego estuvo el hotel Duques de Medinaceli.

Al hilo de todo este asunto, mi hermano Rafael, que conocía todo lo acontecido, unos meses antes de fallecer, me comentó que Vicenta fue artífice de que su marido sólo permaneciera seis meses en la cárcel. Porque aprovechando uno de los viajes de Franco a la casa de los Terry en El Puerto, donde ella era muy apreciada por su buen hacer como peluquera, pidió que intercedieran ante el General. Aquel día por la noche, Juan el peluquero quedó en libertad. Horas después partieron definitivamente para Calpe.

Por todo ello creo que el Estado español, la Junta de Andalucía y las fuerzas sociales organizadas, deben también contribuir a la recuperación de la memoria de aquellos pescadores. Honor y gloria para ellos, pues, a pesar del riesgo que corrían, acogieron en sus barcos y trasladaron a Tánger y Casablanca a numerosos represaliados políticos del franquismo.

Y ahora digo yo: ¿Merece esta buena gente de la mar que en la década de los 40, salvaron de la cárcel y, en muchos casos, de la muerte a represaliados políticos del franquismo por lo menos el reconocimiento del Estado español y de la Junta de Andalucía? /Texto: Antonio Carrbonell

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