2.598. José María García López. Escritor, filólogo y poeta indaga en la vida del cineasta Pasolini.

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El filólogo y poeta afincado en El Puerto desde hace 15 años, José María García López, indaga en 'Pasolini o la noche de las luciérnagas' en la vida del cineasta y poeta italiano e intenta dar con las claves que concluyeron con su asesinato en circunstancias nunca esclarecidas.

-Cuarenta años de su muerte y seguimos hablando de la muerte de Pier Paolo Pasolini.
-Es que es un caso abierto, incluso para la Justicia italiana. Posiblemente nos quedemos sin saber quiénes fueron aquellas sombras de la playa de Ostia que acabaron con su vida, pero están todos los ingredientes: la homosexualidad, la mafia, la empresa nacional de hidrocarburos, la CIA, los fascistas, la política... todo lo necesario para tejer una teoría de la conspiración.

-Es lo que hace usted en su libro.
-Fabulo sobre lo que pudo suceder aquella noche, aunque me baso en hechos ciertos y demostrados.

-Hay tanto escrito y dicho sobre Pasolini... ¿qué le hizo embarcarse en otra historia sobre Pasolini?
-Pasolini es un personaje total, un creador inabarcable como cineasta, novelista, poeta... Pero todo empezó por una noticia en la que un senador italiano, Marcello Dell'Utri, un tipo poco fiable, la verdad, compañero de viaje de Berlusconi, afirmó que había encontrado un capítulo clave de su novela inacabada, Petróleo, donde se tejían relaciones entre la empresa nacional de hidrocarburos con la mafia y la CIA. Al final, todo aquello quedó en nada, pero sirvió para que yo me zambullera por completo en el caso Pasolini.

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-¿Cuándo empezó su relación con Pasolini?
-Pues, como casi toda la gente de mi edad con inquietudes culturales, en los cines de arte y ensayo de los años 70, donde descubrimos su Trilogía de la Vida, o Accatone. Era un cine tan verdadero, tan distinto... Por ejemplo, él nunca quiso que Anna Magnani fuera la prostituta protagonista de Mamma Roma porque era un rostro demasiado conocido. Y de ahí a descubrir sus novelas y esa poesía suya tan rara y misteriosa.

-Su cine se regodeaba en un feísmo estético que no sé si hoy tiene vigencia.
-Era un realismo que fotografiaba muy bien su época, con aquellos actores desmayados. He intervenido en proyecciones con jóvenes y todavía hoy su cine conserva aquel impacto y les sorprendía ese lenguaje visual tan peculiar, tan personal. Sí, creo que Pasolini tiene y tendrá vigencia.

-¿Qué nos descubre su Pasolini?
-Tampoco es que pretenda descubrir nada, pero indago mucho en su infancia, que es lo menos conocido, y que yo creo que explica muchas cosas del personaje. Está su padre, un fascista que actúa de manera sexualmente prepotente con su madre, y está su hermano, un partisano asesinado por otros partisanos. Son dos figuras siempre presentes en Pasolini que nos ayudan a entenderle.

-¿Y cómo aborda el tratamiento?
-Con todas las distancias, realizo un acercamiento plagiando de alguna manera el tono descarnado y violento de Pasolini.

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-Algo así, cinematográficamente, hizo Abel Ferrara en su Pasolini.
-No voy a decir que mi libro lo esté, pero desde luego la aproximación de Ferrara no está a la altura de Pasolini, aunque Williem Dafoe está magistral en su papel. Es grotesco el intento de hacer dentro de la película una minipelícula sobre el proyecto de Pasolini que se iba a llamar con un título horrible Porno Teo Kolossal. En esa película no hay compromiso. El final de Pasolini se resuelve con una muerte en la que unas sombras salen de la nada. No hace ni un intento de explicarnos a quién pueden pertenecer esas sombras, pese a que Abel Ferrara había declarado que sabía quién había matado a Pasolini y que en su día diría su nombre.

-Hábleme de aquellas sombras.
-Se sabe que aquella noche del 2 de noviembre de 1975 confluyen tres coches en la playa y dos motos. La gente que vivía en las barracas escuchó la discusión, pero no se atrevió a salir. El único acusado fue Pino Pelosi, al que apodaban El Rana, que le acompañaba en el coche y se declaró culpable de su muerte en defensa propia porque decía que Pasolini intentó violarle. Nadie en Italia cree esa historia. Las sombras están en esos dos coches y esas motos de las que se conocen los propietarios y que es donde están las claves que expongo en mi libro.

-Impresiona que tanto tiempo después haya tanta gente dándole vueltas a ese crimen.
-Es que, como le decía, hay muchísimos componentes que hacen apasionante todo lo que aconteció alrededor de esa muerte. De hecho, el caso sigue abierto, aunque estoy casi convencido de que volverán a cerrarlo. Pero se sigue indagando en la muerte de Primo, en la de Julio César. Es bueno que exista esa curiosidad acerca de los mitos .

-En Pasolini se dan muchos Pasolinis. Su modo de relacionarse con la homosexualidad, con la religión, con el comunismo, del que fue desterrado...
-Era un intelectual generoso y contradictorio. Fue fiel de manera insobornable al comunismo pese a su expulsión y su forma de entender la religión le viene de ese modo de entender el comunismo. En aquella época eran muy habituales los happenings y proyectó su película sobre el Evangelio en su cuerpo, utilizándose como pantalla. A día de hoy puede parecer risible, pero tenía buena intención. Era un hombre puro y valeroso.

-Y un gran provocador.
-Yo no utilizaría la palabra provocador. De hecho, él negaba esa imagen de provocación. Vivía su homosexualidad como una comunión con su cuerpo, una especie de redención. Más bien podríamos decir que era un exhibicionista temerario, lo que, naturalmente, no sentaba muy bien. /Texto: Pedro Ingelmo.

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