2.658. Manuel Arce Beuzón. El alma de una corneta.

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Manuel Arce Beuzón, nacido en 1925, hoy tendría 90 años. Estaba casado y era padre de seis hijos, dos de ellos de su segundo matrimonio tras quedar viudo En 1985, un desgraciado accidente le privó la posibilidad de seguir tocando el instrumento que había marcado su vida: la corneta. En su domicilio, en una vitrina, relucía una corneta plateada que le regalaron en un homenaje. A su lado una gran fotografía del Cristo de la Misericordia, su hermandad, y fotografías de juventud que muestran un Manuel Arce desfilando, con aire marcial, con su inseparable corneta.

Aunque con la nostalgia de alguien que sabía que nunca podría tocarla como antes, Manuel Arce despertaba un brillo especial en sus ojos cuando recordaba sus comienzos. “Fue a los 12 años, con don Antonio Torres de la Higuera. Éramos unos chiquillos y jugábamos a la pelota por las tardes, hasta que un día vi la banda de don Antonio y me apunté”, recuerda.

Don Antonio Torres de la Higuera --Torriguera--, que dirigía la banda de cornetas y tambores, fue quien enseñó a Manuel Arce a lo que se llama ‘educar la corneta’, haciendo escalas y tocando muchas sencillas. A los seis meses de ensayo, el pequeño Manuel se incorporó ‘a filas’ tocando en la Semana Santa de 1938. Junto a algunos de sus compañeros, por la mañana asistía a las clases en el colegio y por la tarde iba a ensayar todos los días por los pinares de lo que ahora se conoce como el Cruce del Oasis.

Muy joven entró a trabajar en bodegas Terry, donde permanecería durante 48 años, hasta su jubilación. Y, al igual que en su etapa escolar, cuando salía de trabajar, acudía a los ensayos llevado por una especial motivación. Fruto de ella, a los 24 años empezó a tocar los clarines con Torres de la Higuera, una etapa que duró 25 años.

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Manuel Arce, clarinero en la Plaza Real en 1959. /Foto: Plaza Real, de Manuel Martínez Alfonso.

Después llegó una etapa en la brigada de la Cruz Roja, donde se le propuso que crease una banda de cornetas y tambores. La formó en el año 1960 y el lugar de los ensayos era la calle San Sebastián, a espaldas de la capilla de la Aurora. Fueron siete años tocando en Semana Santa, en Carnavales --entonces Fiestas Típicas Gaditanas--, en la cabalgata de Reyes, e incluso en la Feria.

A finales de los sesenta, Eligio Pastor Nimo, entonces hermano mayor de la Flagelación, le autorizó a que crease una banda propia que llevaría el nombre de esa Hermandad. Con el paso del tiempo, la banda pasaría a llevar su nombre, el que permanece en el recuerdo de muchos portuenses, la Banda de Cornetas y Tambores de Manuel Arce, primero con unos sencillos uniformes color azul y luego con las características casacas rojas.

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En la imagen, tomada en la Semana Santa de 1967 delante del monumento a la Inmaculada de la plaza de la Iglesia, el músico y director Manuel Arce Beuzón con componente de la extinguida Banda de Cornetas y Tambores del Cristo de la Flagelación, de El Puerto. Reconocemos, a la derecha de la imagen a Jesús Rosso Morro, con el tiempo, clarinero de la Plaza Real, al igual que Arce que lo era desde 1950, quien reconocía que tocar los clarines «es un trabajo de pulmones, pues es un instrumento tan grande y tan potente, sin ninguna llave, que para rodar las notas hay que sacarlas del pecho». Manuel Arce provenía de la Banda de Torres de la Higuera, ‘Torriguera’.  /Foto: Colección Javier Roselló Marroquín.

Con su banda, Manuel Arce recorrió toda la provincia de Cádiz y varias provincias andaluzas. Hasta la localidad almeriense de Adra llegó a desplazarse para tocar. A ella se uniría durante un tiempo el conjunto de majorettes fundado por José Blandino Lara y Francisco Ullén García de Quirós. Así fue hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado.

EL ACCIDENTE.
Un día del verano de 1985, Manuel Arce fue atropellado por un coche y precisamente la peor parte se la llevó su prodigiosa mandíbula, capaz de llegar a donde muchos cornetas no podían. Perdió la dentadura y con ella se fue su arte. Todavía seguía intentando, a sus 71 años tocar la corneta, “Pero al llegar a la quinta nota me pega un crujido la mandíbula y no puedo”, lamentaba.

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La Banda de Arce, a su paso por el desaparecido Bar El Rempujo, en la plaza del Polvorista, durante una Fiesta de la Vendimia a mediados de la década de los setenta del siglo pasado. /Foto: Rafa.

Las singladuras de su banda continuaron de la mano de Alfonso Cumbrera y Ernesto ‘el Porra’, que junto a Josele y varios componentes más siguieron tocando hasta formar la Banda de Cornetas y Tambores del Cristo del Amor, capitaneada por José Otero Guzmán y ‘el Yupi’. Antes, Ángel Suano y Francisco Ullén habían llamado a Josele para que se hiciera cargo de todo, creando el que se llamó el Batallón Infantil. Manuel Arce fue requerido para formar la Banda del Cristo del Amor, también llamada al principio Banda de la Virgen de la Piedad, “pero me negué porque para no poder tocar prefería no salir”. Manuel Arce reconocía que lo pasaba muy mal, que lloraba de impotencia cuando no podía tocar de nuevo la trompeta, que se puso ‘de los nervios’ durante un tiempo, refugiándose en una parcela a la que acudía para pasar el rato y olvidar. Ni siquiera la cercanía de su casa con el Hogar del Pensionista le atraía “yo nunca tuve vicios, nunca había fumado, ni jugado a las cartas o el dominó, mi vicio era la trompeta”, afirmaba.

Arce se sorprendía en 1999 de lo lejos a lo que llegaban muchas bandas “que cobran 400.000 pesetas por tocar una tarde en El Puerto”. Su banda, aseguraba, nunca pasaba de las 40.000 pesetas en la Ciudad, y de algo mas fuera. Eran treinta personas y tocaban a unas mil pesetas por cabeza. También recuerda que su banda actuaba muchas veces requerida por el Ayuntamiento sin cobrar y que, cuando lo hacían, tardaban varios meses en cobrar. Como hoy. De las bandas del cambio del milenio destacaba la del Cristo del Amor y le parecía muy buena porque tenía “muy buen material y muy buena organización”.

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Una foto oficial de la Banda de Cornetas y Tambores Manuel Arce, delante de la Prioral. El director, a la izquierda de la imagen, acompañado entre otros por Chiqui, Chote, Javi, Luciano, el Boca, Pepe, Carli, Fernandito López Gil (ver nótula núm. 1.756 en Gente del Puerto) ...

Ninguno de sus hijos siguió sus pasos, tan solo uno que fue corneta y clarinero pero lo dejó “porque esto es una afición muy dura que a última hora no compensa nada”. A su juicio, tocar la corneta no es difícil, “lo difícil es tocarla bien. Sonar, suena cualquiera, pero hay que picarla, darle el picado y el contrapicado, que es el extracto de la corneta”, explicaba mientras gesticulaba con la mano imitando los sonidos de un toque de clarines. “Al escuchar una banda, se lo que escucho y me conmueve”.

Manuel Arce confesaba que su marcha favorita era el Himno de la Alegría y uno de sus mejores recuerdos las noches en que, en solitario, hacía sonar su corneta tocando una saeta al Jesús de Rota. Hoy, el mejor homenaje a Manuel Arce es el recuerdo que de él, de su figura recta y firme, tienen miles de portuenses cada vez que escuchan el sonido emocionante de una corneta en la calle. /Texto: Rafael Navas Renedo.

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Anuncio del amontillado portuense M. Pico, en el periódico gaditano 'Tinta China' el día  6 de julio de 1901.

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