2.686. Abraham Padilla Consuegra. Los clarines de El Puerto: Tres siglos de historia.

 

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El portuense Abraham Padilla Consuegra es actualmente director de la Banda Municipal de Música 'Amantes de la Música' de Campillos (Málaga, España). Estudió trompeta en el Conservatorio Profesional de Jerez (Cádiz), amplió estudios con Maurice André, José María Ortí y Benjamín Moreno. Entre 2004 y 2007 fue clarinero municipal del. Ayuntamiento de El Puerto de Santa María. Traemos a Gente de El Puerto su investigación sobre los históricos clarines de El Puerto.

Una de las cosas de las que más pueden enorgullecerse los portuenses es de su plaza de toros; bonita, airosa, limpia, cuidada, amplia suficiente. Pero estas cualidades, congénitas y naturales, de nada le servirían si no tuviese su aquél, su duende, su ángel, su gracia especial y característica.

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Manuel Arce, clarinero en la Plaza Real en 1959. /Foto: Plaza Real, de Manuel Martínez Alfonso.

“Una de las cosas que más eficazmente contribuyen a hacer inolvidables las tardes de toros de El Puerto son los clarineros. He dicho los clarineros, y no los clarines. Porque de nada servirían estos magníficos instrumentos adquiridos a finales del siglo XIX en París, potentes y bien timbrados, si no existiesen esos hombres con verdadera vocación de artistas entregados de lleno a mantener el rango y el prestigio de estos famosísimos toques, únicos en el mundo, de la Plaza de Toros de El Puerto de Santa María.”

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Uno de los clarines adquiridos a finales del siglo XIX en París, potentes y bien timbrados.

De esta manera tan bonita y elegante describía allá por los años 60 del siglo pasado Manuel Martínez Alfonso a los legendarios clarineros de El Puerto en su libro El Puerto de Santa María en la literatura española: ensayo de una geografía literaria, para seguidamente dar paso a una entrevista a Manuel Arce Beuzón y José Viñas Gutiérrez, clarineros de la época, quienes dejaron huella por su buen hacer en tantísimas tardes de toros de El Puerto de Santa María.

Orígenes.

La primera noticia de que el ayuntamiento de El Puerto de Santa María (Cádiz) contase con clarineros oficiales es de 1730, poco después de su incorporación a la Corona (hecho que ocurre el 31 de mayo de 1729, año en que la Corte se traslada a dicha ciudad a veranear).

El 20 de octubre de 1730, los regidores Juan José Reynoso y Pablo Miguel de Bizarrón propusieron la contratación de dos clarineros, con el sueldo de 5 reales al día y el beneficio de una taberna libre de impuestos (lo mismo que les ofrecían en Jerez y en Medina), a la razón de lo preciso que era para mayor decencia de la ciudad, y de lo costoso que son estos en traerse de otras ciudades para las funciones que se ofrece.

Fueron concebidos en primera instancia para acompañar a la corporación municipal “bajo mazas”  /En la imagen, los clarineros durante durante la procesión cívica acompañando a la Corporación Municipal, para incorporarse a la procesión religiosa de la festividad de la Patrona.

Con el tiempo, se fueron perdiendo las costumbres litúrgicas y, aunque aún hoy siguen acompañando a la corporación municipal en determinados actos, son más conocidos como los clarines de la plaza de toros que como los clarines del ayuntamiento.

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Cuentan, de hecho, con un decreto municipal que los nombra como clarineros oficiales del Excelentísimo Ayuntamiento

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La propuesta de contratación debió ser aprobada entonces hacia 1730, como decíamos, porque consta que el 24 de marzo de 1735 los clarineros cesarían en su servicio, al querer el ayuntamiento destinar su salario --500 ducados-- al pago de deudas con acreedores.

De Cádiz vinieron clarineros en 1746 para las honras fúnebres de Felipe V los días 17 y 18 de agosto, y el mismo año para la proclamación de Fernando VI del 12 al 17 de octubre, tocando en las casas capitulares durante tres Noches de las Luminarias, en el acto de la jura y en las corridas de toros que se celebraron, por todo lo cual les pagaron 780 reales y los ropones del uniforme.

Los clarineros venidos de Cádiz posiblemente fueron Cipriano López y un tal Raphael, sin poder confirmar con seguridad el apellido de este último. Ejercieron como clarineros municipales de Cádiz de 1728 a 1769, y tocaban con unas trompetas naturales en Re, acompañados posiblemente de un timbalero. No vuelve a tener clarineros propios el ayuntamiento de El Puerto hasta 1762, cuando el 20 de noviembre se contrata a Antonio Rodríguez Montezuma y a su hijo José por el salario de 4 reales de vellón al día.

Ya en 1823, al reinstaurarse la monarquía absolutista, el ayuntamiento acuerda el 30 de junio el nombramiento de los clarineros Juan José Caraballo y Manuel Gómez de la Sierra, siendo sustituido este último por Manuel Marcinis el 9 de diciembre del mismo año, debido a su fallecimiento.

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Unos años después, en 1892, un vecino de Cádiz llamado José Viderique, que solicitaba el arrendamiento de la plaza, ofrecía entre otras cosas añadir un timbalero a los dos clarineros, pero al ser desestimada su propuesta se perdió esta oportunidad del acompañamiento musical que nunca llegó a escucharse en la Real Plaza de Toros de El Puerto de Santa María.

No llegó esto a quitar lustre a la forma de nuestros clarines. Pasados los años y los siglos, todavía el eco de sus sones conmueven el ánimo del aficionado expectante en ese momento de difícil y lucido toque del despeje de plaza, o de otro toque que también presenta gran lucidez en un momento decisivo para el torero: el que le avisa de que pronto, muy pronto, pisará el albero del coso portuense para así enfrentarse al triunfo o al fracaso.

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En la imagen se aprecian los palcos de la plaza: el superior el palco real, con S. M. el Rey Juan Carlos I, y el inferior el palco presidencial, con los dos clarineros a ambos lados del presidente, subidos a una escalerilla cada uno.

El despeje de plaza.

Este legendario, señero e imponente toque recibe este nombre porque la plaza, siglos atrás, convertida por el público en lugar de paseo durante el tiempo anterior a la corrida, debía ser despejada, como es natural, para dar comienzo a la fiesta.

El toque inicial de los clarineros, determinado por la autoridad presidencial tan pronto hacía su entrada en el palco, era la señal que marcaba el comienzo de esta misión del despeje.

Uniformidad de los clarineros.

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El actual uniforme que visten los clarineros de El Puerto están diseñados por el portuense Luis Suárez Ávila, inspirado en los uniformes de Capitán General de la Armada de principios del siglo XIX. El traje que precede a éste estaba basado en el uniforme de los diplomáticos --embajadores españoles en las distintas naciones-- del siglo XIX, y, anteriores a estos, casi con toda seguridad fueron casacas de época (siglo XVIII).

Retomando el uniforme actual, está compuesto por librea y pantalón negro, con vuelta en rojo para la primera, festoneados con galones y ribetes dorados, zapatos de charol y camisa blanca con cuello de tirilla, complementándose con un bicornio de época y un paño rojo con flecos dorados, con el escudo del Excelentísimo Ayuntamiento de El Puerto de Santa María. Para actos oficiales, además, guantes blancos. La uniformidad queda realzada gracias a la peculiar colocación de los clarineros en la presidencia, y sobre escalerilla.

Los toques de cambio de suerte.

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Actualmente, en el archivo municipal de El Puerto de Santa María se encuentra una copia realizada por Francisco Nieto Vila. Éste fue ordenanza de la alcaldía, nombrado en 1926, y era músico violinista. Pocos datos más se saben de este señor.

De la partitura que precede a esta copia realizada en el siglo pasado por Nieto en el archivo municipal no se conserva documento alguno, con lo cual tampoco tenemos nombres de autores ni datos específicos en general.

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Aún así, en el archivo se tiene esta copia como “la partitura de los toques originales de los clarines de El Puerto”-

En cuanto a los toques que se interpretan hoy en día en las tardes taurinas del coso portuense, podemos constatar que con el tiempo han sufrido una serie de modificaciones, lo que es debido al cambio de los diferentes clarineros que han ido pasando durante siglos.

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Muchos de estos clarineros que ejercieron como tal apenas tendrían estudios básicos de lenguaje musical. Dicho motivo, junto al poco uso que se le daría a la partitura que anteriormente mencionada, hizo que al enseñarse los toques de clarines unos a otros de forma no escrita, es decir, de oído, cada uno le fuera dando su toque particular. /Texto: Abraham Padilla Consuegra.

Más información de Abraham Padilla en Gente del Puerto. Nótula 237.

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