3.004. Amigas de la calle Santa María.

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Quica. Mi amistad con Josefa Rodríguez Obregón, Quica, viene de muy lejos. No podría precisar el año, pero lo que sí sé, es que  no levantaba dos palmos del suelo. Quica,  no solo era buena amiga  mía, lo era también de todos los niños y niñas de la Placilla y del entorno, además de una estupenda compañera de juegos. /En la fotografía, casa de la calle Santa María, donde vivían Aurelia Nimo Real,  Maleni y Charo López Nimo.

No, en aquellos años, los niños no teníamos  ni  estrés,  ni agobios, solo  mucha alegría, y algún enfado que otro. Cuando esto sucedía,  la enfadada se ponía muy digna y… me voy para mi casa. Y claro, allá que íbamos con la agraviada, diciéndole…no te enfades, si ha sido sin querer. Por lo general la cosa se arreglaba pronto, porque la mayoría éramos nobles, se pedía perdón y… aquí paz y después gloria.

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Josefa Rodríguez Obregón, Quica, en la actualidad.

Quica, era una niña con mucha nobleza y con  un corazón de oro, con la que  rara vez te enfadabas,  ni reñías, y es que era una niña, paciente y comprensiva, que la mayoría de las veces con su simpatía y gracia innata  mediaba para que no hubiera follones. Vivía en la calle Santa María, en una casa propiedad de los abuelos del artista David Calleja, mis palabras no lo ofendan, pero como a las casas las hacen los vecinos para casi todos esa casa era conocida como la casa de Aurelia Nimo.

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Aurelia Nimo Real, madre de Charo y Maleni.

Aurelia.
Aurelia Nimo Real era una mujer de carácter, pero al igual que Quica, la simpatía personalizada. Debía ser mujer valiente, porque por aquellos años no era fácil colgarte el cartelito de “separada”.  Su marido Pepe López, regentaba el Bar Colón  y aun estando separados, Aurelia, se seguía encargando personalmente del cuidado de su ropa. Qué cosas no? impensable hoy en día pero…. era otra generación.

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El Bar Colón, en la confluencia de la plaza del mismo nombre con la Avda. Micala Aramburu, regentado por Pepe López Herrera que aparece a la izquierda de la imagen, marido de Aurelia Nimo. Con posterioridad el bar lo tuvo durante muchos años Bill, un croupier británico que vino a trabajar al Casino Bahía de Cádiz; este establecimiento ha pasado, con el tiempo, por varias manos con diferentes negocios de hostelería. /Foto: Familia López Nimo.

Sí,  era, de las mujeres que a pesar del poco trato con su marido, no podía permitir  que fuera desaliñado. No era la única. Desgraciadamente,  muchas mujeres no terminaban de desvincularse de sus maridos, y ellos lo sabían. Pues bien, Aurelia tuvo once hijos, aunque solo sobrevivieron  seis, cinco chicas y un chico, así: Pepa, Milagros, Loli, Pepe, Charo y Maleni.  Por cierto  no sé, de donde les viene la afición a la copla, pero al menos las tres pequeñas, cantan como los ángeles, doy fe de ello.

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De izquierda a derecha, Ana “Toti” Pérez, Carmela Bernal, Carmen Aguilar, Rosa Valiente, Francisca Pérez, Chari, Milagros Bernal y Gertrudis. 18 de Octubre de 1958.(Colección Encarni Pulido. Foto Rafa).

Esta valerosa mujer, tuvo que buscarse la vida, vendiendo números de los no oficiales y con las socorridas mallas de Terry. Algunos de los mayores,  pronto empezaron  a ayudar a su padre en el bar,  otras se buscaron la vida en el servicio doméstico.

Charo
Rosario López Nimo: gracia y simpatía en grado superlativo,  es la mejor descripción que puedo hacer de Charo, sin olvidarme de su gran corazón. Parece que la estoy viendo, siempre protectora de las más pequeñas, mediando en las pequeñas garatas y defendiéndonos a capa y espada si venia alguien a molestarnos. Además desde bien pequeña, tuvo los arrestos suficientes como para saber que nada es gratis, y que con esfuerzo  todo se logra. Y así fue, se acercaba el día de su comunión, y  desgraciadamente su madre le dijo que tendría que  ir con un vestido de los  más arregladitos --solo se usaba en domingo y días de fiesta--. El disgusto fue serio, pero sentenció a su madre...  no te preocupes, me lo voy a comprar yo. Se lo propuso y lo consiguió. Que como? Pues, haciendo recados, limpiando escaleras, en definitiva, trabajando. Y  ese gran día, salió para la Iglesia, con su vestido blanco inmaculado y preciosa como una princesita. Así es ella vital, luchadora, servicial, siempre encantadora.

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Charo y Maleni López Nimo en la calle Santa María.

Maleni
Maleni López Nimo, era tan jovial y alegre como su madre, además muy  guapa y  espabilada. Todavía la  recuerdo, como la precursora de la información, que nos llevaría a descubrir el paso de niña a mujer, que inexorablemente, tendríamos que experimentar. Que nadie me entienda mal, por aquellos años, ciertos temas no se mencionaban en casa, y al ser ella mayor --aunque por muy poco-- y muy espabilada,  nos relataba, los cambios que se irían generando en nuestros cuerpos. No hay que decir que ella los contaba con ilusión, pero a las demás nos inquietaba. Se nos antojaba un fastidio, esos cambios hormonales, anunciados y sobre todo los tabúes que había en cuanto a la regla --menstruació--.Ya saben, lavarte sí claro está, pero… que si no podrás lavarte la cabeza, ni ducharte, ni mojarte los pies en la playa, ni comer cosas frías, etc. Ay cuantas pamplinas! En fin, que le íbamos a hacer, estaba claro que nuestras madres, tenían esa mentalidad heredada la mayoría de las veces, y no las iban a cambiar.

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En el Bar Colón, detrás de la barra, a la izquierda el camarero Paquito y el padre de las hermanas Charo y Maleni, Pepe López Herrera. Delante, por confirmar, dos miembros del Cuerpo Superior de Policía; a su lado vestida de blanco, Mercedes, esposa de Ramón Nimo que aparece a la derecha de la imagen. /Foto: Familia López Nimo.

Yo diría que fueron la generaciones “del miedo”, pues todo parecía asustarlas y nos sobreprotegían. Claro, que se escuchaban truculentas historias de desapariciones de  niños, para quitarles la sangre, y muchas cosas más. Yo recuerdo que  el miedo que le tenía al hombre del saco, era considerable y no digamos al acostarnos, la gracieta de: Mariquita Jula, Jula, que te como la asadura. Por más que me tapaba la cabeza los escuchaba… que voy por la escalera, como diría mi torero favorito… guasa en el patio de caballos.

En esa casa, se vivían ratos agradables, viendo reunirse a las vecinas  en la azotea, para realizar trabajos manuales, y claro, no faltaban ni las risas ni las conversaciones, serias y  picantes. Impagables, aquellas reuniones.

El mundo del trabajo.
Pero volviendo a Quica, su padre, Antonio Rodríguez Bueno,  albañil de profesión, trabajaba para a la empresa Gálvez, su madre, Josefa Obregón Suárez,   trabajaba en casa  que no era poco, cuidando de su familia. Fueron años duros, pero a pesar de las dificultades salieron adelante, tarea nada fácil con tanto niño que criar, pero afortunadamente tuvieron una infancia tranquila y  feliz. Milagros, -Guini- es la mayor de sus hermanos, le siguen: Josefa, Quica, Kiko, Javier que nos dejó, Doro o Isidoro y  Chico. Al ser una familia numerosa, desafortunadamente, los mayores tuvieron que dejar pronto el colegio --cosa que siempre han lamentado-- y entrar de lleno a trabajar. Las niñas, a servir y los niños, a aprender algún oficio.

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En el Bar La Liebre, luego frutería Vela en la Placilla: Luis Jurado, su dueño; José Luis Poullet Rodríguez, Pepin, el barbero: Pepe López Herrera, y Perico García Benítez, vecino de la calle Santa María casado con Pepa, para quien Quica trabajo en ese su primer empleo con tan solo diez años. /Foto: Familia López Nimo.

Tenía diez años cuando le anunció su madre, --supongo con mucho pesar-- que ya era una mujercita y tenía que ayudar en casa. Está claro, que la irían preparando, pero creo que era muy pequeña para asimilarlo. En fin,  no quedaba otra.

No tuvo que ir muy lejos, justo cruzar la calle. Pepa –la vecina de  enfrente--  precisaba de ayuda en las  tareas domésticas y,  a pesar de la poca edad,  desempeñaba todo cuanto le encomendaban, desde lavar ropa hasta encalar... Ya con 14-15 años, entro interna al servicio de Javier  Fernández Prada. Fueron unos años  complicados, al ver tan poco a su familia, pero buenos en cuanto al trato recibido de sus patrones. Años después, se colocó ya externa, es decir, yendo a dormir a casa, con Fernando Melgarejo Osborne y otras familias.

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La boda de Antonio y Quica, el 14 de enero de 1973.

Fue, en la Agencia de Seguros de Javier Fernández Prada, en el número 17 de la calle San Juan, --vivienda de la que en la actualidad solo queda un solar tapiado-- donde conoció al que años más tarde sería su esposo, Antonio Camacho. Tenía dieciséis años, cuando la encandiló,  un joven, empleado de la Agencia. Era, alto, guapo  y con carita de bonachón.´ La feliz unión culmino el 14 de Enero de 1973; un enlace realmente bonito, bonito y peculiar pues el ágape, se celebró en el patio  del Convento del Espíritu Santo, propiciado al  ser la novia sobrina de una de las religiosas, en el mismo Convento.. De la misma manera, durante su viaje de novios les proporcionaron alojamiento en los Conventos de Córdoba y Málaga. Todo transcurría felizmente, pues el nacimiento de sus dos hijos: Antonio y Mónica y  el anuncio de un tercer embarazo les hacía sentir plenamente dichosos.

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El matrimonio, con sus hijos Antonio y Mónica.

Pero la felicidad, desafortunadamente  es efímera, y un mal día, se truncó. Fue, en el transcurso de la cena de aquel fatídico  28 de Febrero --día de Andalucía-- de 1990 cuando su marido, expresó  una repentina indisposición,  inmediatamente después de verbalizarlo, se desvaneció. Dios, que conmoción! Tres días, luchando por su vida, pero a pesar de su juventud, el 2 de marzo falleció. Realmente, para volverse loca. Pobre Quica,  con apenas 38 años, dos hijos y embarazada de cinco meses, pensó, que el mundo se hundía a sus pies, y no era para menos. Que como salió adelante? ni lo sabe, era tal la desesperanza, que no sabía si estaba viva o solo sobrevivía. No comprendía por qué su infortunio, ni como saldrían adelante sin su marido. Pero  la naturaleza, seguía su curso e inexorablemente, su hija Beatriz, venia abriéndose paso a la vida y la necesitaba fuerte. Que mayor estimulo podría tener que sus hijos y saber que esa criatura hermosa,  estaba sana  y no había sufrido las consecuencias de tanto drama. Vacilante y con muchos miedos, cogió las rienda de su vida y… a trabajar. Y sí que trabajó duro, y no fue nada fácil, como iba a serlo  para una mujer sola y de pocos estudios, pero salió adelante con mucha dignidad y lleva a orgullo haber podido criar bien a sus hijos y darles estudios.

Inexorablemente, el tiempo pasa inclemente y llego la hora de su más que merecida jubilación. Y como la mayoría de mujeres en sus circunstancias, guannía, es decir maltrecha de tanto trabajar.

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Fernando Duran, en su programa El Puerto al Día, desde el Estudio José Morillo León, en Radio Puerto. /Foto: RP

Radio Puerto
Fiel seguidora del programa matutino, 'El Puerto al Día', realizado desde el 'Estudio José Morillo León' de Radio Puerto por el genial Fernando Durán, quien da a los oyentes la oportunidad de participar en concursos y tener voz en sus reivindicaciones, sugerencias  etc. Y todo con un saber estar y una gracia innata dignas de mención. Pues bien, como de gracia mi amiga Quica está sobrada y sembrá, sus intervenciones para quienes la conocemos,   siempre son  expectantes. Fernando, sabe sacarle esa chispa picante, nunca soez, que hace que pasemos ratos  de los más agradables. En fin, momentos impagables de ambos dos.

Mujeres sencillas a las que la vida no siempre ha tratado bien, pero que han sabido plantarle cara, luchar y vencer los contratiempos y adversidades con arrojo y valentía. No nos engañemos, si buscamos héroes, es a personas como ellas a las que  debemos tomar como ejemplo,  porque realmente son eso, ejemplo de dignidad y honestidad, y no ídolos de barro. /Texto: María Jesús Vela Durán. 

4 comentarios en “3.004. Amigas de la calle Santa María.

  1. Esperanza Lacarta

    Una estupenda mujer, y una gran amiga, aún habiendo pasado tantos años, recuerdo cuando jugábamos en la calle, cuando éramos chicas, y luego las vueltas que da la vida, pero has demostrado ser una luchadora como la que más, con mucho sacrificio, de eso no me cabe la menor duda, querida amiga, siempre seremos amigas, para siempre, ya veras, como en cuanto pueda, vuelvo otra vez para haya y nos volvamos a ver todas, oleeeeeeeeeee, guapaaaaaaaaaaa

  2. Esperanza Lacarta

    Precioso Maria Jesus, que bonito, y duro a la vez, tan joven una gran mujer, verte sola, con 2 chiquillos y un 3º en camino, que dura es la vida a veces, cuanto abras pasado Kika, amiga, de Mi Placilla, y compañera de juegos, eres una gran mujer, y una madre coraje, pues los tiempos aquellos, no eran nada buenos, pero con tu valentía y tu fuerza, supiste sacar a tu familia adelante y con buenos estudios y educación, cuanto sufrimiento, pero que alegrías, tenderas ahora de pensar que todo lo has hecho tu solita, porque eres una gran madre y una gran mujer, un beso preciosa

  3. Antonio Carbonell

    Recuerdo con especial cariño aquellos años de mi infancia en la calle Santa María. A Aurelia, toda una institución, ejemplo de entereza y humildad y a sus hijas Charo y Maleni, amigas de mis hermanas. También a mi amigo Kiko. Me ha encantado muchísimo esta hermosa narración. Enhorabuena María Jesús.

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