3.212. La Arietina. El exclusivo y humilde caracol de la Sierra de San Cristóbal.

“No es un resto inerte huella del paso del hombre, ni un organismo desaparecido y fosilizado. Ha visto retirarse la marisma, luego poblarse y despoblarse la Sierra con las culturas del hombre ya que convive desde antes de la edad del bronce en el Cerro de San Cristóbal con nosotros y así debería de mantenerse en el futuro”. | En la imagen, la Theba Pisana Arietina. | Foto: Andre Burguer.
Hace 35 años, el que fuera primer alcalde del periodo democrático, Antonio Álvarez Herrera, al conocer los trabajos arqueológicos que se estaban iniciando en las inmediaciones de la Sierra de San Cristóbal, en el Pago de Sidueña, exclamó que “¡Vaya problema le ha surgido a El Puerto!” cuando conoció de la mano del arqueólogo, Diego Ruiz Mata, que lo que se estaba desenterrando en aquel promontorio artificial, era una ciudad del siglo VIII a.C., una puerta al pasado.

| En los fosos-basureros de época medieval, aparecieron muchas carcasas de caracoles usados como alimento humano.

Con el tiempo hemos sabido que es de una importancia extraordinaria en el mundo científico. El concejal de Cultura, a la sazón Antonio Muñoz Cuenca, se tomó aquello como algo propio y destinó dineros, esfuerzos e ilusiones, de las que surgieron el Museo Municipal. Años más tarde otro concejal, Miguel Marroquín, destinaría igualmente ilusiones, esfuerzos y recursos para esbozar, de la mano del arqueólogo, lo que pudiera haber sido un Parque Temático de la Arqueología, mientras desde la Junta de Andalucía, se expropiaban los terrenos, que luego darían paso a la creación del recinto que hoy puede visitarse de forma gratuita y guiada, de miércoles a domingo, dirigido por el arqueólogo Francisco Alarcón.

La cita con la que empezaba este artículo es anónima, pero no a quien se refiere, a un humilde caracol de nombre Theba Pisana Arietina, plano y con cresta, encaramado sobre nuestra propia historia, que convive a su vez con la del Yacimiento de Doña Blanca. Es un raro endemismo ibérico que, en nuestro país solo se da en la Sierra de San Cristóbal y, en Portugal en un pequeño reducto del sur.

| Una imagen aérea del yacimiento en los comienzos de su excavación. A la izquierda, la Sierra de San Cristóbal, la necrópolis y el poblado de las Cumbres y la explotación minera al aire libre. | Foto: Diego Ruiz Mata.

La historia del caracol y del yacimiento son historias paralelas, lentas, que perviven desde la colina artificial que ha estado dominando El Puerto y la Bahía de Cádiz y que, a poco que se le insufle entusiasmo, pueden traernos la Historia con mayúsculas: el inicio de la civilización de Occidente, cuando era introducida por este rincón del Sur.

Me dicen que el candidato a senador, Paco Lara, concejal que fue en aquella primera corporación democrática, afirma que si llega a sentarse en Madrid, en el palacete de la plaza de la Marina, una de las primeras cosas que buscará para El Puerto será la definitiva puesta en valor de Doña Blanca. El Yacimiento, su historia y los portuenses lo merecemos. | Texto: José María Morillo

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