3.613. ‘Pepe Botella’ en El Puerto

Nos cuenta José Ignacio Buhígas en uno de sus múltiples artículos de divulgación histórica, “que el primer acto de la Guerra de la Independencia en nuestra ciudad tuvo lugar el 29 de mayo de 1808. Aquél día se produjo el levantamiento popular dirigido a tomar las armas contra el ejército napoleónico en favor de la Monarquía Española”. En unas fechas se cumplirán 210 años de aquellos sucesos. | José Bonaparte. Retrato realizado en 1809 por José Flaugier.

| Fernando VII. Retrato realizado por Francisco Goya

Unos días antes, concretamente el 2 de mayo de 1808 los franceses, con el consentimiento de Fernando VII, intentan sacar de la capital a los Infantes. Algunos miles de madrileños se concentran en el Palacio Real y se origina un ligero tumulto cuando en uno de los balcones aparece el Infante Francisco de Paula. Por orden de Murat, mariscal del ejército francés, los soldados disparan contra la multitud indefensa y los enfrentamientos se generalizan por toda la ciudad y se extienden a lo largo del resto del territorio español. Dos años después, en febrero de 1810 los porteños entregan la ciudad a los gabachos.

Durante poco más de dos años –hasta agosto de 1812- El Puerto se convierte por intereses estratégicos en el Cuartel General del I Cuerpo Imperial de los franceses, tiempo éste en que duró el asedio a la capital gaditana. Casi con la vanguardia del ejército galo, que mandaba el general Agustín Darricau, llegó el propio Rey José I Bonaparte, apodado por el populacho como ‘Pepe Botella’, y que estuvo en El Puerto de Santa María del 16 al 25 de febrero de 1810.

| No era alguien querido. De hecho, en la corrida de toros que se organizó en El Puerto de Santa María en su honor, no asistió el pueblo. Y este dibujo anónimo circulaba por España. "Cada qual tiene sus suerte, la tuya es de borracho hasta la muerte".

El historiador granadino Francisco Luis Díaz Torrejón, en su libro ‘José Napoleón I en el sur de España’ nos relata con precisión los avatares de la visita real a nuestra ciudad: “Con las primeras luces del viernes 16 de febrero, el rosario de carruajes que componen la caravana regia sale de Jerez para iniciar una nueva etapa en el largo viaje por las tierras sureñas”.

El vecindario de El Puerto ve el paso lento de la caravana josefina que entra en la ciudad, cuando es la una y media de la tarde del mencionado 16 de febrero. José Napoleón I percibe durante el tránsito urbano una realidad tantas veces repetida durante su viaje andaluz, pues aquí encuentra la calle Larga llena de vistosas colgaduras en señal de bienvenida. Las autoridades locales, tanto civiles como eclesiásticas, rinden al monarca los máximos honores en cuanto pisa tierra.

| Salón de Baile del Palacio de Villarreal y Purullena.

La municipalidad tiene preparado el alojamiento de José Bonaparte desde el momento de anunciarse su visita y, conforme a la alta dignidad del visitante, el inmueble elegido para ello es uno de los mejores de la población. La residencia regia queda establecida en la casa-palacio del marqués de Villarreal y Purullena –una noble familia de comerciantes apellidados Ortuño Ramírez- y de su acondicionamiento, con toda clase de detalles, se habían encargado los regidores.

El Puerto de Santa María es entonces la localidad más militarizada de la zona. Con dieciocho mil habitantes es la plaza ocupada más próxima a Cádiz en línea recta, porque apenas dos leguas separan a ambas ciudades por mar, a través de la bahía.

No olvidemos que las plazas de Cádiz y de la Isla de León fundamentaron su posición antinapoleónica en unas ventajas naturales que incitaban a la resistencia hasta hacerla prácticamente irreductible. Tras frustrados intentos de abordajes militares y fracasadas invitaciones de rendición, comenzaron a convencerse de la escasa capacidad de maniobra frente al férreo enquistamiento de este pedazo de tierra gaditana.

| Miembro del Regimiento de Granaderos de la Guardia de Jose Bonaparte. 1810

No obstante, en esas fechas aún albergaban algunas esperanzas –aunque mínimas y remotas- de una solución favorable y entre quienes se resisten a darlo todo por perdido se hallaba el propio José Napoleón I. El rey no se resigna a esta amputación territorial y confía en los efectos intimidatorios de las fuerzas imperiales, como se advierte en la carta que el 18 de febrero de 1810 dirige a Napoleón desde nuestra Ciudad: “Majestad, parece que Cádiz quiere defenderse; veremos dentro de unos cuantos días lo que hará cuando tengamos algunas baterías montadas”.

José Bonaparte desea reconocer personalmente la línea napoleónica desplegada en torno a la bahía de Cádiz, y desde su alojamiento en la calle Cruces parte hacia Puerto Real, avista desde lejos la inexpugnabilidad de la Isla de León, acrecentándose su impotencia cuando llegan al borde del caño de Sancti Petri y contempla la cortadura del puente Zuazo, terminando su recorrido por la parte sur de la bahía en Chiclana de la Frontera. También visita por la parte norte Rota, Chipiona y Sanlúcar de Barrameda.

 

| 'El rey José I en la Bahía de Cádiz'. La vista está tomada desde la playa portuense de Santa Catalina, al fondo Cádiz. Óleo de Augusto Ferrer Dalmau Nieto.

Precisamente a escasa media legua de El Puerto, por el camino de Rota, se encuentra el Castillo de Santa Catalina y muy probablemente fuese ahí donde el rey José realizara su primera parada durante este segundo viaje costero.

Después de múltiples intentos y convencido de que por vía diplomática no iba a conseguir nada positivo para sus intereses, en la mañana del 25 de febrero de 1810 abandona nuestra ciudad camino de Jerez de la Frontera, como primera etapa de un viaje a través de las sierras gaditanas orientales y la abrupta Serranía de Ronda con destino Málaga. | Texto: Manolo Morillo

 

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