3.947. La Semana Santa de hace 100 años

Fue 1919 un año denso y cargado tocante a la situación política general del país y en el aspecto laboral, especialmente, en nuestra Ciudad. Considerando esas circunstancias resulta algo sorprendente  que saliesen con normalidad, dentro de lo que se podría esperar, tanto el desfile de la Soledad el viernes santo, como las procesiones del Corazón de Jesús, que lo hizo el 27 de junio desde la iglesia de San Francisco, la de la Inmaculada Concepción, el 7 de diciembre, desde las Carmelitas y, por supuesto, las tradicionales de la Virgen del Carmen, el 16 de julio y la de la Patrona, la Virgen de los Milagros, el 8 de septiembre. En Sevilla, por ejemplo, se produjo un atentado durante la “madrugá” en el que resultó herido un sacerdote al ser arrojada una bomba de fabricación casera en la misma puerta de la catedral.
En El Puerto de Santa María, de las quince sociedades adscritas al Centro Obrero, una especie de sindicato gremial, presidido en esa fecha por Francisco Parra, que aglutinaba a numerosos trabajadores agrícolas, viticultores, toneleros, pescadores de bous, zapateros, barberos, carpinteros, albañiles, cerrajeros, panaderos, marineros de cabotaje, arrumbadores, carreros, cocheros y diversos oficios más bajo el amplio epígrafe de “Oficios Varios”, dos de ellas estaban en pleno conflicto laboral con sus patronos. El gremio de arrumbadores con los criadores y exportadores de vinos, y los marineros del bou con armadores y patrones de dichas embarcaciones, denominadas “parejas” por estar formada por dos unidades iguales, dedicadas a la pesca en su modalidad de arrastre.  El primer conflicto alcanzó la máxima gravedad, produciéndose el cierre patrona. Y en el segundo, la mediación del alcalde Ernesto Piury, unos días antes de la celebración de la Virgen del Carmen, contribuyó a la solución del conflicto.

| Imagen del interior del Convento de las Capuchinas, antes de su rehabilitación como Hotel Monasterio.

Hecho este  preámbulo para informar al lector de la situación que se vivía en la Ciudad hace ahora cien años, digamos que los divinos oficios se celebraron a partir del Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección se celebraron en las iglesias conventuales del Espíritu Santo, Capuchinas, Carmelitas, Concepción y en las capillas de San Juan de Dios, Asilo de Huérfanas y Colegio de las MM. Corazonas, así como en la Parroquia de San Joaquín con los prolegómenos de las bendiciones de palmas celebradas, como los divinos oficios con gran solemnidad y asistencia de público en las iglesias de San Francisco y  Mayor Prioral.

Los estrenos de ese año de la única cofradía que procesionó, la de la Soledad de Nuestra Señora, fueron dos. Uno, en el ajuar de la titular: “un valioso rosario de oro, objeto de admiración y elogios de cuantos lo vieron”, una ofrenda de la distinguida señora Dª Carmen Fernández, Viuda de Pérez Macías.   Y otro, en el exorno del paso, instalándose nueva cancelería complementada con el foco de acetileno apuntando el bello rostro de la Señora.

La procesión inició su marcha a las 20 horas del viernes santo tremolando peligrosamente los guiones-estandartes de las tres cofradías existentes, debido al fuerte viento que sopló durante toda la tarde noche, aplacándose después con la pleamar. Los uniformes de los niños del internado y los devotos seglares con cirios encendidos que formaban parte del cortejo, acompañando a los nazarenos, aportaban menos severidad al conjunto, proporcionándole una mayor variedad visual. Otras de las características o diferencias, respecto a otros años, fueron las escoltas de los pasos, constituidas por dos cuerpos diferentes; el del Señor yacente en la urna lo escoltaron cuatro números del cuerpo de Carabineros y al paso de palio, igual número de la Guardia Civil.

En el capítulo de autoridades, al frente des representantes corporativos figuraba el alcalde, Ernesto Piury. Este año, incluso, se celebró el tradicional sermón después de recogida la procesión que hacía algunos años que no se celebraba, dirigiéndose a los fieles desde el hermoso púlpito de la Prioral el capellán de San Juan de Dios, el Padre Cástulo Barrios. | Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz | A.C. Puertoguía.

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