3.983. Mikel Erentxun. Nuevo disco grabado en El Puerto: ‘El último vuelo del hombre bala’

El pasado mes de enero, en algo mas de quince días, Mikel Erentxun grababa en los estudios de Paco Loco, en El Puerto de Santa María su último disco ‘El último vuelo del hombre bala’, que cierra la trilogía de sus dos discos previos iniciada en 2014: Corazones, grabado tras su incidente cardiovascular, y El hombre sin sombra, centrado en el amor/desamor de las relaciones de largo recorrido. Y lo hace interpretando casi todos los instrumentos (guitarras, bajo, batería) con ayudas puntuales del propio Paco Loco y Karlos Arancegui, exbatería de Bide Ertzean.

Donostia, Madrid, Bowie, Velvet Underground y el paso del tiempo planean en el último vuelo “libre y sin motor” de Mikel Erentxun, que cierra trilogía con El último vuelo del hombre bala (Warner), un disco repleto de guitarras y que dispara balas eléctricas. En él, el donostiarra, que ha cumplido 54 años, canta “las horas vuelan, el tiempo se me escapa”, aunque también que le queda “un último vuelo”.

En los últimos días se ha hablado más de Erentxun por el uso que ha hecho el candidato del PP a la alcaldía de Donostia, Borja Sémper, de su canción Amara en campaña electoral, que de las bondades de El último vuelo del hombre bala. Y eso no es justo. Lo de que se hable más de cuestiones ligadas a la política que de música queda últimamente para el desnortado Andrés Calamaro. Mikel lo ha dejado claro, que era una cuestión de amistad y que se lo habría permitido igual al exbatería de Duncan Dhu, Juanra Viles (PNV) o a Denis Itxaso (PSE-EE).

¿Y qué hay del disco? Pues que consolida la vereda abierta en los últimos años por el donostiarra, cómodo en un espacio equidistante entre el mainstream y el indie, entre los 40 Principales y Radio 3, reafirmándose en un camino ajeno a los dictados más férreos del mercado. A su aire, vamos. Además, el disco cierra una trilogía compartida con el productor Paco Loco (ex Australian Blonde) desde 2014 en sus estudios gaditanos de El Puerto de Santa María.

Grabado el pasado mes de enero, en poco más de dos semanas, Mikel sigue el camino abierto en sus dos discos previos: Corazones, grabado tras su incidente cardiovascular, y El hombre sin sombra, centrado en el amor/desamor de las relaciones de largo recorrido. Y lo hace interpretando casi todos los instrumentos (guitarras, bajo, batería) con ayudas puntuales del propio Loco y Karlos Arancegui, exbatería de Bide Ertzean.

Además, es el tercer disco consecutivo en el que firma todas las músicas y letras. “Aunque suene a tautología, Mikel es seguramente el mejor letrista para las canciones de Mikel”, explica Bunbury sobre su amigo, que ha trabajado con Diego Vasallo, J. Mª Cormán y Rafael Berrio, “los mejores letristas del país”, según el líder de Duncan Du. “Aprendí mucho, antes de lanzarme yo a escribir letras”, indica a DEIA. “Empecé en Corazones por necesidad porque Cormán quiso quedarse al margen. Eran discos que, al hablar de mí, eran muy personales”, apostilla.

Sonido analógico.
Bunbury también destaca la depuración del proceso analógico de grabación elegido últimamente por el vasco, que apuesta por “metodologías de grabación propias de los grandes alquimistas del registro en cinta”. Según Mikel, así, reduciendo las pistas y renegando del sonido digital, con “el que pierde el alma y todo suena igual, robotizado”, apuesta por el error, que defiende como “muy interesante”, como el de algunos discos de The Beatles y Dylan.

830. PACO ‘LOCO’ MARTÍNEZ. Músico y Productor Musical.

Las 13 nuevas canciones de Mikel, frescas, cortas y con múltiples referencias a Donostia, se han alejado del sonido folk y de raíces de Dylan, para adentrarse en terrenos más eléctricos, con guitarras campando a sus anchas. Apenas el onírico Tu amor es un nudo, que abre el CD con un lírico arpa, y la minimalista y evocadora Tengo ganas de ti, escapan de ese ambiente eléctrico que remite al Bowie berlinesco de Robert Fripp y Adrian Belew en Tiempo de descuento, y a la Velvet en Muchacha de ojos tristes.

Incluso los medios tiempos y baladas suenan eléctricos, aunque también hay espacio para las andanadas pop, en Déjalo estar, y un efectivo guiño al power pop y la new wave en la enérgica La vereda. Y en los textos, como analiza Bunbury, se recrea “en sus obsesiones personales recientes”. Del amor (“cosido a la piel”) al sexo (“fuego gasolina entre cuatro paredes”), el paso del tiempo (“se desvanecen los sueños de ayer... en el tiempo de descuento me ato a ti” o “las horas vuelan, el tiempo se me escapa”) y, curiosamente, a algunos versos de cariz sociopolítico en Animales heridos, donde se cuelan inmigración, corrupción, leyes... Eso sí, a pesar de sufrir cronofobia, Mikel todavía ve luz al final del túnel: “Al hombre bala le queda un último vuelo”, canta. | Texto: Andrés Portero.

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