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4.202. Juan de Dios Frías Trenado. Recuperando hombres y mujeres. Por Juan Rincón

Que un descreído ateo como yo escuche con paciencia a Johny predicarle estas cosas sobre dioses y liturgias y sonría, es algo que, visto desde fuera y guste o no, conmueve. Y no me cabe más que reaccionar amable, que reconocer mi admiración por la gente como Rocío, como Daniel, que alrededor de unos valores políticos, religiosos, éticos o sociales, son capaz de cambiar su vida y ponerla al servicio de la comunidad. Como hizo Johny. Me parece un milagro --de los suyos-- o un proceso de transformación cualitativa, de acumulación dialéctica --un milagro de los míos--, desde mi filosofía salpicada por el marxismo. Esta es su historia. | Foto: Jorge Miró

A Juan de Dios Frías Trenado lo nacieron hace 38 años en Madrid pero se lo llevaron muy pequeñito a La Puebla de Alcocer, provincia de Badajoz, en la Siberia extremeña. Quizás aquellos fríos hicieron necesario que tuviera un corazón tan grande, capaz de dar tanto calor. Casi nadie, fuera del ámbito familiar lo conoce por ese nombre. Él es Johny, el Johny de Las Tablas. 

Muy temprano, apenas tenía 8 o 9 años, la suerte, la buena suerte, nos los trajo a criarse en nuestra ciudad porque sus padres comenzaron a trabajar en Correos y posteriormente en la Caja Postal. Eran y son personas muy queridas y conocidas en estos mentideros locales.

 Su padre, según nos cuenta Johny, fue sindicalista, miembro del comité de empresa del banco y sobre sus hombros, conoció nuestro rubio amigo las primeras movilizaciones contra la OTAN allá por los años 80. ¡Qué tiempos!

Vivieron, el hogar y el padre aún permanecen allí, en los pisos verdes cercanos a la comisaría de la Policía Nacional portuense y, bendecido por la zonificación escolar de esos días, Johny conoció las buenas maneras docente de Rafael Bermudo, al que tanto agradece y admira el que escribe estas líneas, y de Antonio Natera entre otras y otros, en su paso por el Colegio Público Sagrado Corazón. Pero reconoce que como estudiante no se esforzaba especialmente y que gran parte de ese período escolar lo pasó haciendo “robonas”, como decimos por aquí,  complicado con frecuencia en aventuras  más atractivas y más peligrosas que las clases de “Mates” o Sociales  en compañía de otros colegas del barrio, menudeando por la vallita de las casitas bajas de La Puntilla, la plazoleta de la Barriada de la Playa o  los arcos que hay debajo de la extinta Casa de la Cultura, hoy Biblioteca “María Teresa León”, tristemente cerrada al público por peregrinas razones. 

Algo sabe, aunque lo niegue, de algún incendio que se desató en aquellos lugares mientras los maestros y las maestras del Centro de Adultos y de la Escuela Compensatoria, que dábamos nuestros primeros pasos allá por el año 90, nos esforzábamos en las aulas de las plantas superiores por generar nuevas oportunidades para jóvenes como él que habían desertado de la senda escolar. 

Allí, en aquellas casi diarias reuniones de insumisos escolares comenzó su coqueteo con porros y pastillas que iría aumentando hasta provocarle un auténtico desastre en lo personal. Siempre tuvo recursos para no delinquir “demasiado” --o eso dice, corramos un velo de complicidad-- en la búsqueda de recursos para el consumo de sus tóxicos preferidos. Se reconoce en aquella época como un adicto solitario y llegó a vivir en la calle un par de años, cuando tenía veinte años, conociendo la miseria de las noches de frío y de lluvia, de cartones como mantas y cajeros como techos mientras se adentraba con constancia digna de mejor causa por la senda de la adicción a la cocaína.

Cada persona camina con los zapatos que le da la vida y Johny, cuando quiso cambiar, peregrinó por centros de desintoxicación de todo el estado con poco resultado hasta principios del siglo XXI en que fue parar al centro de inspiración evangelista de la mano de un amigo portuense, Javier ‘el Melón’, en un lugar llamado Las Tablas, cercano a Jerez. Aquí, a la postre, vendría su oportunidad definitiva. Allí surge Dios, según sus propias palabras y se encuentra con Johny. O viceversa, surge el Johny y se encuentra con su fe. O eso cuenta él. Y su vida cambia y se da la vuelta como un calcetín

Por aquella época conoce a Chari Garrido Garrido, Chari, ‘la Gorda’, una mujer inmensa, muy querida por mí que se merece también unas líneas futuras de homenaje por su labor con las personas más excluidas.  Con Chari, Johny comparte fe y vivencias religiosas entre otras “cosas peores”, como diría el recién fallecido Patxi Andión. 

Jonhy consigue “curarse” en este lugar y pasa con rapidez de ser usuario del centro de Las Tablas a ser uno de sus puntales en el trabajo.  En esta etapa conoce con una carambola del destino que reservo para su intimidad, a Rocío Mateos Gago que a la postre será su compañera en la vida, en el trabajo y en los proyectos futuros. Rocío, se pondrá a la faena con igual o mayor capacidad de carga y dedicación. Traen juntos al mundo a tres criaturas que son la otra pata indispensable de su vida.

Cuando abandona el centro, se mudan a Cataluña y se ubican en Villafranca del Penedés donde Mercadona les ocupa y roba el tiempo y el trabajo. Poco después, alrededor del año 2012, desde el Sur ofrecen a Johny hacerse cargo de la dirección del centro de Las Tablas y la buena suerte, sí, de nuevo nos lo trae a aquí. Se vienen a Jerez donde Rocío sigue en su trabajo en el supermercado de los Roig. Johny trabaja en esos años como agente inmobiliario, como profesor de inglés y como representante de productos extremeños porque y esto es de destacar, toda la labor que hacen Rocío y él en Las Tablas y posteriormente en Nuevo Ciclo tiene carácter voluntario. 

El antiguo centro de Las Tablas en la campiña de Jerez, se montó en una finca que una familia agradecida cedió para ese proyecto. Pero desde que Johny y Rocío se hicieron cargo comprendieron que ya ese lugar se quedaba pequeño y que había al menos dos perfiles de personas que no podían ser atendidas en sus instalaciones.  Empiezan a soñar con proyectos mayores donde poder atender a ese tipo de personas: las mujeres víctimas de la violencia machista y las personas mayores sin recursos y con problemas de dependencia. Estos eran los dos perfiles qué por razones de espacio y organización no podían ser atendida en sus instalaciones además del perfil de siempre, es decir, las personas politoxicómanas. 

Para eso, tanto Johny como Rocío han continuado sus procesos formativos relacionados con el tema que les ocupa la vida. Rocío se ha especializado en temas de salud relacionados con las adicciones y presume, con razón seguramente, de tener en ocasiones más conocimientos farmacológicos que los propios licenciados en farmacia que atienden sus demandas ocasionalmente. Rocío se encarga de organizar las tomas de los infinitos tratamientos de los usuarios y las usuarias de 'Nuevo Ciclo' y también es la responsable última de los controles de doping que se realizan periódicamente.

Johny, por su parte, cursó un ciclo superior de trabajo con personas con problemas de toxicomanías.  Ninguno descarta seguir estudiando y avanzando en su formación. 

 

El 22 de diciembre de 2017 comienzan un nuevo proyecto con la ONG ‘Nuevo Ciclo’, inaugurando un centro también situado en la campiña jerezana. Un acuerdo ventajoso con los propietarios de la finca les ha permitido arrendar una casa de gañanía por un alquiler modesto con el compromiso de restaurarla y no vean de qué manera. Ocuparon la casa con los mismos usuarios desde el principio como termitas inversas y cada día avanzaban en la obra de restauración sorprendiendo a propios y extraños:  comiendo a diario entre escombros, durmiendo y gestionando allí mismo los procesos de terapia entre barro y frío mientras la obra avanza, los tabiques se corren y la pintura borra las huellas de las ruinas personales y… también las de la casa.  

Y yo, de la mano de un amigo al que nunca agradeceré lo suficiente todo lo que ha traído a mi vida, me llegué hasta allí en medio del medio del frío noviembre cuando aún no había acabado el proceso de restauración y encontré 36 personas atendidas, 28 hombres y 8 mujeres, que convivían con alegría.  

Conflictos hay, claro que los hay, pero también existe la voluntad, los medios y la metodología para superarlos. Nos encontramos con personas en proceso de superar adicciones al alcohol y a las drogas de todo tipo; y a personas abandonadas por su familia y por la Administración que allí encuentran sino la última al menos la penúltima oportunidad. Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, andaluces, castellanos, personas que han recorrido todo el estado en un turismo extraño y durísimo, de centro en centro, saliendo y recayendo.

Cuando les pregunto qué hay de diferente en ‘Nuevo Ciclo’, hubo respuestas muy diferentes: Luis, que lleva 7 meses en el centro y que ya tiene responsabilidades dentro del proyecto cómo hacer portes, colaborar en las terapias, etc, me dijo: “Aquí me dejan crecer”.  Sonrío. Otros quieren recuperar ya su familia y salir de allí. Hay quien afirma que el centro ha sido la palanca para recuperar “las cosas de la calle como la familia o los hijos”. Hay quien se queja: “Quiero irme ya”. Hay quién ya no tiene dónde volver, ninguna familia que los espere. Algunos lloran. 

Cuatro son las normas básicas que no se deben traspasar, cuatro reglas que   establecen para quienes se acogen a sus proyectos: No agredir, no insultar, no robar y no salir del centro sin permiso. Quien quiera pueda irse de allí, pero para estar, hay que comprometerse.

Pero la mayoría siente que la comunidad de Nuevo Ciclo es la nueva familia que ahora tienen porque han agotado las oportunidades con la otra, la que un día tuvieron.

Algunos pagan una parte de su pensión para sufragar parte de la gran necesidad de ingresos que tiene el centro. La mayoría aporta unos 200-300 € al mes y los más afortunados, como máximo, 400 euros. Pero Johny presume de que nadie queda excluido de la acogida por no tener recursos con los que contribuir a los gastos. “Siempre recuerdo que, a mí, cuando lo necesité, me ayudaron otras personas. No puedo hacer menos”, se sincera. Desde la altura de su vida de hoy no se olvida de amigos como Santi, como Rubén o Carmelo que se quedaron en el camino y agradece la sombra ayudadora y sufridora de su hermana Guadalupe.

¿Y el resto del dinero que necesitan, de dónde sale? ¿Cómo comen cada día, cómo se visten, cómo se paga la luz o los otros gastos como la gasolina, las reparaciones?  Me contesta Johny que hay socios que contribuyen pero que su ayuda no llega para mucho y que hay muchas empresas que colaboran: “…cada vez que viene el fontanero por ejemplo trae un saco de pan.”

“Algunos supermercados colaboran con nosotros y el Banco de Alimentos nos provee de algunas cosas. Pero siempre andamos a la última pregunta”. “No hay subvenciones con las que podamos contar regularmente aparte pero existen los milagros” me dice sonriendo Rocío --que no quiere salir en las fotos --, o Johny con tal seguridad que yo miro para el cielo para ver por dónde les caen los euros necesarios. Y sólo veo caer el agua que empapa El Puerto de Santa María y Jerez durante el rato de nuestra entrevista. 

Por si fuera poco, dos años después, ya se les han quedado pequeñas las instalaciones del primer edificio de Nuevo Ciclo y se han lanzado a arrendar una nueva casa --“La Finca”-- que necesita mano de obra,  materiales y  proyectos,  y me llevan a visitarlo.

Ya viven en la fina, cerca de Guadalcín, 20 personas en un barracón y “Ya hay lista de espera”, asegura Johny.  Allí veo como Carlos, Julio y Adrián entre otros, viven soportando un frío aún más helador que el de la otra casa pero sin parar de pintar, de poner ladrillos, de solar y enfoscar: “Este suelo…” --me revela Johny en confidencia a medias pícara y orgullosa-- “… me lo ha regalado mi tía de Madrid, y este otro lo iban a poner en un spa en Madrid y como quebró, mi tía me lo envío para el baño. Va a quedar de maravilla” y me lleva luego más adentro y me muestra cuatro paredes descascarilladas, sin techo, sin ventanas y sin puertas y me dice: “Aquí vendrá el gimnasio” --o la iglesia o la cocina, o los dormitorios…-- “y aquí al lado, estará la cafetería, abierta para la pequeña población de la que somos vecinos, Las Mesas de Santa Rosa”.

Y me asegura que las principales instalaciones de ‘La Finca’ como los dormitorios, las cocinas o las zonas comunes, estarán listas apenas dentro de un mes o dos para celebrar el segundo aniversario de ‘Nuevo Ciclo’.  Yo vuelvo a mirar al cielo queriendo adivinar por dónde le caerán los cables, el cemento y las pinturas. Ha escampado.  Pero no dudo. He hablado con Johny, con Rocío, con Carlos, con Joaquín, con Luis y con Javi y me dicen que lo lograrán. Yo quiero estar allí para compartirlo con ellas y con ellos. Ver a esta gente tan maravillosa empoderarse y recuperar la dignidad es mucho mejor que ver ganar al Jerez o al Cádiz; más emocionante que escuchar al Wilo, a Paz Vega o a Javier Ruibal.

Si hubiera una Operación Triunfo, un ‘gotalent’, una edición de La Voz, un “masterché” que pusiera en valor el esfuerzo solidario, generoso, humano, mi gente de ‘Nuevo Ciclo’ lo ganaría por goleada y yo gritaría desaforado:  “¡¡Tú sí que vales!!”  o “¡¡Pase de oro!!  o lo que hubiera que gritar.

Pero no podemos quedarnos de espectadores, de palmeros de este maravilloso proyecto de transformación. Necesitan de todo: materiales de construcción, ropa, dinero, voluntariado, amigos y amigas que vayan a llevar ladrillos, pizarras, estufas, besos, palabras y abrazos;  gente que dándoles la mano les ayuden a volver a pasear dignos por las ciudades por las que se arrastraron. 

Hay que ir a ver y contagiarse del prodigio que supone la recuperación de los edificios, pero más aún de la restauración de la dignidad de la gente que pasa por allí, unas 150 personas por año con una media de 7 meses cada persona. Aunque hay también quien no tiene ya dónde vivir y “Nadie aquí…”  --me juran y perjuran Johny y Rocío-- “…le va a poner fecha a su salida.” Y añade Johny machacando mi conciencia como si tuviera una metralleta que dispara dignidad: ¿Sabes cuánta gente muere cada día esperando las medidas de la Ley de Dependencia?

Yo me informo cada día, leo periódicos, veo las noticias de la televisión; sé cómo va el Cádiz, cómo siguen las encuestas que señalan nuestras preferencias políticas, estoy al corriente de cómo progresan o se truncan las negociaciones para formar gobierno o me espanto a diario por las propuestas de ciertas formaciones, pero la gente que muere al día por ese motivo, no lo sé. Johny y Rocío, sí. ¿Lo saben las personas que leen esta nótula? 80 personas cada día. 2.400 al mes. Casi 30.000 cada año.  Dos tercios, mujeres. Más del 50%, mayores de 80 años. 4 de cada 10 dependientes severos. El 60%, en Andalucía y Cataluña. 

Hay colegios y entidades sociales de El Puerto que ya les han donado pizarras, ordenadores, armarios, mesas, sillas, porterías, etcétera. ¿Habrá una mejor segunda vida, más digna, para estos viejos materiales desechados en nuestras aulas, en nuestros patios? Tienen página web, correo y teléfono.

Regálate estas fiestas un abrazo de la gente que pelea por sacar el cuello de la exclusión. Te esperan. | Texto: Juan Rincón.

6 comentarios en “4.202. Juan de Dios Frías Trenado. Recuperando hombres y mujeres. Por Juan Rincón

  1. Diego Utrera Sánchez.

    Estuve trabajando en los servicios sociales especializados del Ayuntamiento de Jerez entre los años 1989 y 2000. En esa época tuve ocasión de conocer a la Asociación evangélica "Vida Nueva", que gestionaba el Centro de las Tablas en un terreno cedido por un donante portuense, y a su responsable, Josué Sánchez Torralba, secundado por el portuense José Manuel Sucino. Por aquel entonces, la Asociación recibía una subvención municipal relativamente importante para la época. Veo, tras leer el reportaje del querido Juan Rincón, que se trata del mismo Centro, aunque parece que los responsables ya no son los mismos. Josué se licenció en psicología para poder optar a subvenciones de la Junta de Andalucía adecuando el Centro a la normativa en vigor sin renunciar a la filosofía religiosa de la Asociación. El Ayuntamiento colaboraba igualmente cediendo a la Asociación la explotación de un terreno de aparcamiento en el Cementerio por el Día de los Difuntos y en la Feria del Caballo, actividad que generaba un ingreso importante. Desconozco si la colaboración municipal sigue siendo tan activa, pero al menos veo que el Centro continúa funcionando y eso es importante, tanto como la formación de los responsables. Un abrazo, querido Juan Rincón.

  2. Carmen

    Toca la piel , me parece un gran trabajo solidario y el gran esfuerzo que supone cada uno de vosotros cada uno con su vivencia , esfuerzo total es muy duro salir de las adiciones, un camino muy duro, pero si se quiere se puede, olé valientes y a todos los colobadores afortunados todo el que se pone esa meta SALUDOS

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