Saltar al contenido

4.752. Margarita Hernández Crooke y sus contactos con la ‘jet’ española. Anécdotas.

 

Será la hija más pequeña del que fuera alcalde José Luis de la Cuesta, María Cristina de la Cuesta la que entronque con el apellido Hernández Crooke, en la persona del malagueño Francisco Hernández Crooke, hijo de Enrique Hernández Granda, nacido en Chiclana, y de Adela Crooke Navarrot. Conocemos también la identidad de los abuelos maternos de Francisco, malagueños como él, Miguel Crooke Castañeda, miembro destacado de la burguesía y de la clase más opulenta del comercio marítimo de ésta capital andaluza, y de Margarita Navarrot Martínez. | En la fotografía, lápida que tuvo en el nicho de pared donde fue enterrada inicialmente Margarita Hernández Crooke,  en el cementerio portuense, y que por causas del estado ruinoso de todo el conjunto, fue desmantelado. | Foto: A.G.R.

Una posibilidad de aproximarnos a la realidad social de este antepasado nos la proporciona Teresa Sauret que escribe lo siguiente: “El testamento de Miguel Crooke Castañeda, a propósito de la relación de obras de arte, aparte de ilustrarnos sobre el ejercicio coleccionista de la sociedad local y de visualizarnos esos espacios abigarrados dominados por el horror vacui –estamos hablando de una relación de 107 cuadros distribuidos en siete habitaciones- nos informan sobre la especialización de los espacios domésticos. Su casa constaba de cuatro dedicados a actividades sociales y merecían un tratamiento especial al enriquecerlos con pinturas. Estos eran: salón de recibir, comedor, sala de piano y otra sala sin especificar su uso, además de los dormitorios de los propietarios y el corredor, que también colgaba pinturas de sus paredes”.

A los suegros de Cristina Cuesta, Enrique Hernández y Adela Crooke los hemos localizado en los padrones de 1880 viviendo en la casa número 68 de calle Larga con seis de los siete hijos que tuvo el matrimonio: Julián, Francisco, María, Adela, Julia y Margarita, todos ellos solteros, los cinco primeros nacidos en Málaga a excepción de la benjamina, que en esa fecha tenía cuatro años y había nacido en El Puerto. Falta por mencionar a Pedro, el primogénito, que en esa fecha contaba 24 años de edad y, no sólo había ya contraído matrimonio, sino que los había hecho abuelos, puesto que su esposa, Milagros Gaztelu Vega, hija de Manuel Gaztelu Hinojosa y Pilar de la Vega Gutiérrez y nieta del socio de Juan José Aldaz Astiz, Manuel Gaztelu Iriarte, había dado a luz unos meses antes de la fecha del padrón que hemos referido a una niña que sería la única descendiente que conocemos, bautizada con el mismo nombre de su madre. En esa fecha vivía Pedro Crooke con su familia y sus suegros en la casa nº 6 de calle Larga, aunque poco después, en 1881, se trasladaron a la casa de enfrente, el inmueble conocido como “Casa Palacio Ryan”, en el número 7 de calle Larga, en donde vivían arrendado el matrimonio, la hija de dos años y una pareja de sirvientas.

Deducimos de estos datos anteriores que los Hernández Crooke debieron llegar a nuestra ciudad entre 1871 y 1875, entroncando varios de sus miembros con familias vinateras, tal como hemos visto con el primogénito, posteriormente lo haría Francisco con la hija de José Luis de la Cuesta y, también Julia, que casó con José Arvilla Colón, otro reputado apellido bodeguero local.

Mundo aristocrático y festivalera Corte española

Un hermano de Adela Crooke, Juan Bautista Crooke Navarrot se convirtió en conde consorte de Valencia de Don Juan al casarse con Adelaida de Guzmán, XXIV condesa y será él quien abrirá las puertas del mundo aristocrático y de la festivalera Corte española, en los años finales del siglo XIX y los primeros del XX a sus sobrinas María y Margarita Hernández Crooke, primero, y en las siguientes décadas a Julia y sus hijas, las Arvilla Hernández, que solían pasar largas temporadas en Madrid. Allí trabajaba y residía su hijo Pepe Arvilla, hermano de Adelaida, Dolores, Margot y Julia, señoritas que en la década de los años veinte eran, veinteañeras, pues habían nacido en 1899, 1900, 1903 y 1905, respectivamente, en el orden antes citado.

 

 

Nosotros aquí solo vamos a citar un par de anécdotas o hechos, tomados de la prensa diaria de la época, --aún no existía el Hola!--. Y el primero de ellos que tiene por protagonista a María Hernández Crooke lo recogemos del suplemento dominical del periódico “La Época”, editado el domingo de resurrección de 1898. La Junta de Damas de Honor y Mérito realizaba una campaña para recoger fondos a favor de la Inclusa y el Colegio de la Paz, montando mesas petitorias atendidas por aristocráticas damas el jueves y el viernes santo del año antes citado, en las iglesias de la capital. En la de la Presentación, popularmente conocida como de las “Niñas de Leganés”, que presidías la marquesa de Guadalets, estaba entre otras caritativas señoras, de las que citaremos a la que ostentaban títulos nobiliarios, como la condesa de Zenete, la condesa de Albiz, la condesa de la Quinta Enjarada, la marquesa de Caracena y la duquesa de Fernando, como no, nuestra protagonista. Para los que gustan de conocer los datos numéricos, les informamos que en dicha mesa se recaudó 276 pesetas.

La segunda anécdota que tiene como protagonista a nuestra paisana Margarita y que quiero compartir la conocí leyendo la prensa rosa de la época, de donde les transcribo fragmentos de sus crónicas:

“Para describir la magnífica fiesta celebrada en el palacio árabe de la legación de Méjico, precisaría la inspiración de Zorrilla, cuya lira cantaba con arte inimitable las zambras moriscas, pintando con brillante colorido los árabes alcázares, con sus riquezas y esplendores sin cuento.

El jaspe, el oro, el mármol, los metales
Se ostenta en su espléndido recinto,
Y ansiaran sus recuerdos orientales
Los escombros de Atenas y Corinto.

Tal pudiera decirse con el vate inmortal del palacio de Xifré, que reproduce en su interior los artísticos tesoros de la Alhambra granadina; y con decoración semejante, revestidas nuestras hermosas con atavíos orientales, y los caballeros envueltos en el blanco albornoz y amplio turbante, formaban tan perfecto conjunto que no parecía, sino que nos habíamos transportados a la orilla del Bósforo…”

La fiesta de carnaval de los señores de Iturbe hizo época en los salones madrileños, señalaba el cronista del El Imparcial, y continuaba relatando con pelos y señales el desfile de los invitados, su identidad y caracterización, desfile que comenzó a las once de la noche a los acordes de la “Marcha Turca” de Mozart, finalizando la fiesta de madrugada, después de servirse una cena con el menú apropiado, servida en mesitas pequeñas, precedida del obligado y selecto baile de Rigodón. Desde los batidores rifeños hasta el Gran Oráculo decenas de personajes desfilaron ante los restantes y numerosos invitados por delante de un salón de trono formado por tapices orientales, iluminados con luz eléctrica, en donde estaban el personaje que encarnaba al Rey, el marqués de Castrillo, cuyo traje, al decir del cronista, tenía “la suntuosidad y magnificencia de las vestiduras de un Shah de Persia; el oro y las piedras preciosas le cubrían por completo”. Y la figura de la Reina, papel desempeñado por la esposa del organizador, la Señora de Iturbe, aún le superaba. “Vestía un suntuoso traje de brocado de oro sobre fondo granate; en su cabeza deslumbraban los inmensos brillantes de un gran sol y las perlas de su célebre collar orlaban su garganta, prendiéndose con broches en sus cabellos.”

Renuncio a reseñar los nombres de lo más granado de la corte allí presente y solo haré una excepción, aparte de la cita de nuestra protagonista, objeto de este extenso comentario realizado con carácter ilustrativo del entorno en el que se desenvolvía, y es la de Sol Stuart (Eugenia Sol María del Pilar Fitz-James Stuart y Falcó, Condesa de Teba (1880 - 1962) e hija de los duques de Alba), que hizo de princesa árabe, y que como su nombre indica, con los 20 o 21 años, resplandeció especialmente.

Margarita Hernández Crooke asistió como invitada y participó en el desfile, formando parte de un cuadro o “tribu” denominado “Moros del rey” integrado por ocho parejas que encabezaba las señorita de Xifré, propietaria del palacio, con el duque de Huescar. Hernández Crooke desfiló emparejada con el conde del Real y “otras hierbas” (*). Pensamos que, a pesar de que el poseedor del título en esa fecha era la persona reseñada en la nota precedente, nos parece poco apropiado como su pareja, dada la diferencia de edad: él con 59 años y ella con 25. Posiblemente la acompañase su hijo y heredero, Francisco Javier Azlor de Aragón y Hurtado de Saldivar, nacido en 1876, el mismo año en que nació Margarita.

***

La condesa de Valencia de Don Juan falleció ese mismo año de la fiesta de carnaval, heredando el título su única hija, Adelaida Crooke y Guzmán, prima hermana de Margarita que, desde su mayoría de edad estaba, prácticamente, de fiesta en fiesta, de sarao en sarao, siendo constante su mención en la prensa madrileña en las notas de sociedad. Acompañó a su tío, el conde viudo de Valencia de Don Juan a un viaje de placer a París que realizó en 1903, acompañados de la duquesa de Fernán Nuñez.

Su tío y mecenas, Juan Bautista Crooke falleció en Madrid en 1904 y dos años después localizamos en la prensa de Madrid la noticia de la petición de su mano por parte del ingeniero Jaime Llorens, “cuñado de Basilio de Avial” frase que reproducimos por figurar así en la nota de prensa, aunque no conocemos el significado de esta mención. El matrimonio se celebró y solamente hemos podido localizar una escueta nota de dos líneas, dentro del epígrafe “Gran Mundo” en la que se hace referencia a la celebración de la boda.

La siguiente información localizada de Margarita Hernández Crooke es luctuosa, figurando en el apartado “Noticias de sociedad” del periódico “La Época”, la noticia de su fallecimiento, según indican en Tánger, donde estaban por motivos laborales del marido. La ratificación de su óbito, y el traslado de sus restos a nuestra ciudad, suponiendo que la noticias del fallecimiento en Tánger fuese correcta, es un hecho, según confirma la fotografía que pudimos hacer de la lápida que tuvo en el nicho de pared donde fue enterrada inicialmente, y que por causas del estado ruinoso de todo el conjunto, fue desmantelado, en la que figura el día 14 de julio como la fecha de su muerte.

Posiblemente dejase una hija, que debió nacer en 1907 o 1908, llamada María Llorens Crooke que, pasando los años, contrajo matrimonio con el ingeniero de caminos Luís Llano Silvela. | Texto: Antonio Gutiérrez Ruiz | A.C. Puertoguía.

| (*) Francisco Javier de Azlor de Aragón e Idiáquez (1842-1919), XII conde del Real, VI duque de Granada de Ega, XII marqués de Cortes, VII marqués de Valdetorres, IX conde de Javier, vizconde de Zolina, XVI vizconde de Murúzabal de Andión, XVI duque de Villahermosa, XIII conde de Luna, IX conde de Guara, XII conde de Sinarcas, XXV vizconde de Villanova, y vizconde de Chelva

Deja un comentario

- Al enviar este comentario estoy aceptando la totalidad de las codiciones de la POLITICA DE PRIVACIDAD Y AVISO LEGAL.
error: Alerta: Este contenido está protegido