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«Yo era un gran amigo del torero Ignacio Sanchez Mejía. Me decía que como poeta me iba a morir de hambre, que los poetas no ganan nada. Te voy a nombrar banderillero de mi cuadrilla y te voy a pagar muy bien aunque de pronto no pongas banderillas», recordaba Alberti. El matador cumplió su promesa un 3 de julio de 1927.

El poeta, que no llegó a poner ninguna banderilla, se llevó un buen susto. «Salí, hice el paseillo y me dijo: 'métete en ese burladero'. Y de frente sale un toro como la catedral de Burgos y se vino hacia mí. Le dio una cornada al burladero pero no lo rompió afortunadamente. Estuve viendo la corrida en el burladero, ante la burla de Ignacio, que me hizo pasar ese susto».

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